Historia de la Psicologa
Ctedra I
Modulo IV
Segunda Parte
Cynthia Acua
Julio Del Cueto
Hernn Scholten
- 2008 -
INDICE
1. INTRODUCCIN. MODERNIZACIN Y CULTURA EN LOS AOS
SESENTA
1. 1. Modernizacin y espacio universitario
La reforma universitaria. Identidad y crisis (1955-1966)
1.2. Creacin de las nuevas carreras universitarias de
psicologa
2.1 Psicoanlisis y dialctica materialista
2.2. El proyecto terico de una nueva psicologa
2.3. Higiene mental y psicohigiene.
3. LOS DEBATES EN PSICOLOGA HACIA FINALES DE LOS
SESENTA.
3.1
Psicologa, ideologa y compromiso social.
3.2 Los debates en la RAP: los psiclogos, el
psicoanlisis.
3.3.
Hacia una ciencia del inconsciente.
Listado de siglas
utilizadas.
APA: Asociacin
Psicoanaltica Argentina
CEAL: Centro Editor de
Amrica Latina
CONICET: Consejo Nacional
de Investigaciones Cientficas y Tcnicas
CPC: Cuadernos de
Psicologa Concreta
I TDT: Instituto Torcuato Di Tella
OMS: Organizacin
Mundial de la Salud
PC/PCA: Partido
Comunista/Partido Comunista Argentino
PCAP: Primer Congreso
Argentino de Psicologa
PEN: Poder Ejecutivo
Nacional
RAP: Revista
Argentina de Psicologa
UBA: Universidad de Buenos Aires
UNT: Universidad Nacional de Tucumn.
1. INTRODUCCIN. MODERNIZACIN Y CULTURA EN LOS AOS SESENTA
En
esta parte del mdulo abordaremos un segundo momento de la historia de la
psicologa en Argentina, aquel que se abre con la creacin de las carreras
universitarias y la consecuente profesionalizacin de esta disciplina. Es a
partir de este momento, como seala Vezzetti, que comienza la historia de los
psiclogos.
Presentaremos,
entonces, una etapa que se extiende desde 1957 hasta 1970 aproximadamente,
focalizando nuestro anlisis sobre lo que, a grandes rasgos, ha sido
caracterizado como los aos sesenta. Dicho perodo se inicia con la
Revolucin Libertadora que desplaza al peronismo del poder y ha sido definido
como una etapa marcada por el desarrollismo y la modernizacin.
El golpe del 16 de
septiembre de 1955 cont con el apoyo no slo de la cpula de las tres fuerzas
armadas, los principales partidos polticos y la Iglesia, sino tambin de las
federaciones de estudiantes universitarios, quienes se vieron en la situacin
de tener que apoyar a sectores conservadores para ponerle fin a un modelo
universitario que era vivido como una dictadura (Ter/1, 1988: 29)[1].
Como consecuencia de esta participacin en la Revolucin Libertadora, el
movimiento estudiantil adquiri una indiscutible influencia, llegando a ocupar
un papel indito en cuanto a la toma de decisiones acadmicas.
Por su
parte, el campo cientfico se caracteriz, durante este perodo, por la
destacada importacin de teoras extranjeras. La introduccin de nuevos modelos
de ciencia, de nuevos conceptos para pensar la sociedad y la cultura marc una
diferencia importante respecto del perodo anterior (Sarlo, 2001). Comenzaron a
desarrollarse nuevas lecturas del marxismo y del psicoanlisis, teoras que se
presentaban como privilegiadas para interrogar y explicar objetos tales como
las instituciones, los grupos, la familia, etc. Lo novedoso fue, ms que la
investigacin de estos temas, el cruce epistmico y el punto de partida
interdisciplinario como parte central del marco terico de los sesenta. Esta
apertura fue particularmente importante en sociologa y psicologa, en tanto
aparecan como las disciplinas privilegiadas para dar cuenta de algunos
interrogantes que planteaban los cambios sociales y psicolgicos producidos en
las ltimas dcadas. Segn Hugo Vezzetti, una [] voluntad de integracin
anti-ortodoxa, caracterizaba a algunas expresiones resonantes del universo
psi. Pichon-Rivire hablaba de epistemologa convergente, Bleger se
propona explcitamente rescribir una psicologa de la conducta que sera,
hegelianamente, la superacin de las corrientes anteriores de la psicologa y el
psicoanlisis; [] De modo que la oposicin a las ortodoxias y la voluntad
interdisciplinaria constituan rasgos mayores de esa renovacin y
sintetizaban algo de un clima de poca que era, sin duda, mucho ms complejo
(Vezzetti, 1996b: 29-30).
Si bien la
modernizacin cultural encontr, durante este perodo, un foco privilegiado en
la Universidad, excedi, no obstante, el campo acadmico y se desarroll en
muchos espacios de la sociedad. Por ejemplo: en el campo artstico con
la creacin, en 1956, del Museo de Arte Moderno bajo el impulso de Rafael
Squirru. Pero, sin duda, un hecho fundamental fue la creacin del Instituto
Torcuato Di Tella en 1958. Dentro del mismo fueron creados (entre 1963 y 1966)
centros de arte e investigacin que, en algunos casos, mantuvieron algn
vnculo con la Universidad: el Centro de Artes Visuales, el Centro de
Experimentacin Audiovisual, el Centro Latinoamericano de Altos Estudios
Musicales, y especialmente el Centro de Investigaciones Sociolgicas y el
Centro de Investigaciones Econmicas.
En el espacio
editorial, un hecho de gran importancia fue la creacin de EUDEBA
(Editorial Universitaria de Buenos Aires), en 1958, y del CEAL (Centro Editor
de Amrica Latina) en 1967, el cual lleg a contar con 41 ttulos y 446.000 ejemplares
al poco tiempo de ser creado. Por su parte EUDEBA, dirigida por Boris Spivacow,
lleg a publicar en el perodo 58-66 ms de 800 ttulos. Creada con la idea
de una produccin masiva de libros de calidad y a un precio accesible para un
pblico que no los consuma, facilit el acceso al libro a millones de lectores
del pas y del extranjero. La extensa red comercial de EUDEBA daba cuenta de
que la editorial apuntaba a un pblico ms amplio que el universitario (De
Sagastizbal, 1995). Esta editorial no se especializ en ciencias sociales pero
contribuy a la diferenciacin editorial del genero (Sor, 2004: 279). Los
libros no se agrupaban por disciplinas sino en distintas colecciones, entre
estas sera posible diferenciar un polo orientado hacia un pblico
especializado [...] y otro hacia un pblico general [...] A pesar de ello,
predominaba un intento por fundir ambos polos en un ideal de lector -
ciudadano (Sor, 2004: 279).
Este acceso al
libro por un nuevo pblico de lectores se relaciona, entonces, con
transformaciones en el mercado cultural en general y editorial en particular.
En este sentido, cabe destacar tambin la aparicin de nuevas casas editoras
durante la dcada del sesenta, como Jorge lvarez, Fabril, Centro Editor y De
la Flor, las cuales promovan la edicin de obras contemporneas.
Por su parte, en
1962 comienza a publicarse el semanario Primera Plana, fundada por
Jacobo Timmerman, que lleg a tener una circulacin de 100.000 ejemplares
(King, 1985: 22). Su objetivo modernizador estaba dirigido, segn Oscar Tern,
a acompaar y promover las innovaciones en diversos registros de la realidad
nacional, con una renovacin del estilo periodstico que inducir
modificaciones hasta en los diarios tradicionales (Tern, 1991: 81). La revista
Nueva Visin fue fundada en 1951 por Toms Maldonado; comenz como
revista trimestral y tuvo una enorme importancia en el mbito de la
arquitectura de los aos cincuenta. A partir de la fundacin de dicha revista
surge la Editorial Nueva Visin (que contina incluso luego de que desaparece
la revista), que desde sus inicios edit ttulos vinculados al arte y las
ciencias sociales[2].
Tambin los
mbitos privados (como la familia nuclear), estuvieron atravesados por la
modernizacin, lo que signific una transformacin de los hbitos y las
costumbres producto de un proceso social que Gino Germani caracteriz con
claridad en un libro ya clsico que trata el pasaje de la sociedad tradicional
a la sociedad de masas.
Las prcticas
intelectuales tambin cambiaron significativamente, al mismo tiempo que una
cantidad de espacios sociales se transformaron. A partir de la Revolucin
Libertadora de 1955 se inauguran nuevos mbitos de circulacin intelectual.
Durante los aos 50 y hasta mediados del 60 la calle Viamonte represent uno
de los centros de irradiacin cultural y comercial ms importante de Buenos
Aires. En sus alrededores, se ubicaban los principales centros del Instituto Di
Tella (Florida, entre Charcas y Paraguay), las oficinas de la prestigiosa revista
Sur, la Facultad de Filosofa y Letras, las libreras Verbum,
Galatea, la editorial Eudeba (Viamonte y Florida) y los bares, lugares de
encuentro de intelectuales y estudiantes: Chambery (Florida), el Cotto, el
Moderno (Paraguay entre Maip y Esmeralda). A esto habra que aadir las
galeras de arte y teatros de la zona. La conexin entre estos lugares, que
ofician de borde y de centro- respecto de la Universidad, bosqueja una
verdadera geografa intelectual.
1. 1. Modernizacin y espacio universitario
Segn Beatriz
Sarlo, la Universidad argentina no ha sido indiferente a las tensiones propias
de la vida poltica argentina (Sarlo, 2001). En este sentido, es posible
identificar a lo largo de unos cincuenta aos, sucesivos intentos de
refundacin de la Universidad que acompaaron a los diversos avatares de la
situacin poltica argentina. Aqu vamos a situar tan solo aquellos que nos
interesan en funcin del perodo histrico que estamos presentando.
El primer
intento de refundacin a destacar tiene lugar en 1947, durante el primer
gobierno de Pern, a partir de la promulgacin de la ley 13031, que remova los
principios de autonoma universitaria de la Reforma de 1918.
A la escasa y poco
valorada produccin intelectual y cientfica de la Universidad peronista, le
sucedi otra en la cual la creacin de centros de investigacin, nuevas
carreras a nivel universitario y nuevos programas de enseanza se constituyeron
en espacios propicios para el desarrollo de una importante produccin
intelectual. Gino Germani en Sociologa, Jos Bleger en Psicologa, Jos Luis
Romero en Historia, Ana Mara Barrenechea en Letras, encarnaron esa renovacin.
La investigacin
en ciencias sociales cobr un fuerte impulso a partir de la creacin del
CONICET en 1957, que otorg en sus comienzos ms de un centenar de becas
internas y externas (nmero que se increment en los aos siguientes). Fueron
muchos los estudiantes que optaron por realizar un doctorado en Francia,
Inglaterra o Estados Unidos. Entre 1958 y 1962, la UBA otorg 2570 becas a
estudiantes y 220 a diplomados. Incluso los docentes que hasta 1955 podan
adquirir cierto prestigio profesional por ensear en la Universidad recin
durante los aos sesenta comienzan a ver en dicha actividad tambin una fuente
de ingresos, debido al crecimiento del nmero de profesores con dedicacin
exclusiva (Sigal, 1991: 87-88).
Es en este perodo
que Beatriz Sarlo sita el segundo intento refundador, cuyo comienzo
ubica en 1955. Cuando la Revolucin Libertadora intervino las Universidades,
se abri la posibilidad de introducir un proyecto novedoso que pretendi sentar
las bases de una nueva Universidad por la va de la modernizacin, retomando
algunas de las consignas de la Reforma Universitaria (1918). Como veremos ms
adelante, las carreras de psicologa, sociologa y ciencias de la educacin son
producto de este proyecto modernizador.
El tercer
cambio en el proyecto de Universidad se produjo con el golpe de Estado de
1966. Un mes despus de la asuncin de las nuevas autoridades estatales, todas
las Universidades nacionales fueron intervenidas, desatndose una fuerte
represin sobre estudiantes y profesores, en lo que se conoce como la noche de
los bastones largos. Este hecho llev a la renuncia de gran parte del claustro
docente. Si bien uno de los principales objetivos del gobierno de facto era la
despolitizacin de la Universidad, lo que se produjo fue ms bien el efecto
contrario: aceler e intensific una progresiva y creciente radicalizacin
ideolgica y poltica del estudiantado, correlativa a la que tuvo lugar en
vastos sectores de la sociedad.
Correlativamente a
estas sucesivas refundaciones, entre 1947 y 1966, el movimiento estudiantil se
desplaza de un lugar marginal en la toma de decisiones en la poltica
universitaria como resultado de su oposicin al gobierno peronista- a una
participacin activa en la discusin de los problemas universitarios. Beatriz
Sarlo sostiene que la radicalizacin poltica e ideolgica, que se profundiz
an ms en la dcada siguiente, conduce a la creencia de que las luchas
verdaderamente importantes se desarrollaban, fundamentalmente, en mbitos
distintos al espacio institucional de la Universidad, por lo cual el problema
de la Universidad quedaba relegado a un plano secundario, subordinado a los
problemas polticos de orden ms general. En este sentido se sostena que no
poda, ni deba existir una isla democrtica en un pas dependiente y
oprimido.
La reforma universitaria. Identidad y crisis (1955-1966)
El
segundo de los proyectos de reforma universitaria mencionados tiene como
particularidad el poseer un proyecto cultural global (que desborda el mbito de
la Universidad y se extiende a la sociedad) y el contar con los medios y
recursos necesarios para efectivizarlo (Sigal, 1991). Ms que de una
restauracin de la Universidad preperonista se trata de un nuevo proyecto
nucleado en las facultades de Ciencias Exactas y de Humanidades, especialmente
de la Universidad de Buenos Aires que suma el espritu modernizador a las
consignas de la reforma sobre el gobierno universitario (Sarlo, 2001: 63).
La
idea de que la Universidad deba cumplir una funcin social puso en relacin
inmediata el proyecto universitario con el proyecto de pas que se esperaba
construir, extendiendo la Universidad ms all del espacio fsico de sus aulas.
La idea sostenida por los grupos reformistas era que la Universidad deba comprometerse
con el desarrollo cultural y social de la Argentina desde un rol que le es
propio: la produccin de saberes y conocimientos. La Universidad deba
constituirse en el instrumento de promocin de aquellos sectores econmica y
culturalmente desfavorecidos, es para ello que se crea la Secretaria de
Extensin Universitaria.
Ahora
bien, a medida que avanza el perodo que aqu analizamos se modific la forma
de entender esa funcin social de la Universidad. La idea de que la
Universidad es un espacio privilegiado para pensar la problemtica
nacional a partir de los conocimientos
que ella genera ser profundamente cuestionada.
En trminos
generales, puede decirse que, la reforma implic: la modificacin en la forma
de gobierno de la Universidad (co-gobierno); la eleccin de representantes
estudiantiles por voto directo; el espritu de autonoma; la consolidacin del
estudiantado como fuerza ideolgica y poltica.
Es
posible afirmar que la reforma, en este perodo, tuvo una doble cara: identidad
y crisis. La identidad se sostuvo en la oposicin al
peronismo, que aglutinaba a sectores muy heterogneos[3].
Tambin consolid elementos identitarios la incorporacin del movimiento
estudiantil y su novedoso papel en la toma de decisiones acadmicas.
La
otra cara de la reforma, es decir la crisis, fue el resultado de
mltiples factores. En primer lugar, el ya mencionado artculo 28 del controvertido
Decreto-Ley 6403/55 del PEN, que permiti la creacin de Universidades
privadas, las cuales quedaban capacitadas para expedir diplomas y ttulos
habilitantes siempre que se sometan a las condiciones expuestas por una
reglamentacin que se dictar oportunamente (Sarlo, 2001). Esta ley gener
importantes controversias ideolgicas entre laicos y libres en tanto los
que acompaaban el proyecto modernizador de la Universidad, vean en ella un
ataque contra los principios de la reforma universitaria. Las movilizaciones a
que dio lugar este debate tuvieron como efecto la renuncia del entonces
Ministro de Educacin Atilio Dell Oro Maini.
En
segundo lugar, como seala Federico Neiburg, la creciente incorporacin de
temas de la poltica nacional convirti a la Universidad, durante la etapa de
su normalizacin, en un mbito que reflej la crisis del gobierno nacional. Los
debates internos muestran que la UBA no se mantuvo ajena a los avatares
polticos que se producan en el pas; en cambio, se manifest como un espacio
privilegiado para observar las relaciones y luchas entre importantes sectores
de las elites sociales e intelectuales de la poca (Neiburg, 1999: 53).
Por
ltimo, los subsidios extranjeros de las fundaciones Ford y Rockefeller, entre
otras- promovieron un debate en torno a qu ciencia deba producirse en
la Universidad argentina y cul era la relacin de ese modelo cientfico con la
identidad nacional, debate que, hacia fines de los aos sesenta, comenz a ser
pensado en trminos de colonizacin y/o dependencia.
Es posible, en este sentido, establecer analogas
entre los subsidios a la investigacin de
origen extranjero en el mbito acadmico y cientfico universitario
y aquellas inversiones a nivel nacional, cuyo mximo
exponente es posible ubicar en relacin a los contratos para la extraccin
y comercializacin de petrleo con empresas forneas. Lo
interesante es que, paradjicamente, existieron
grupos de investigacin que, aunque
rechazaron los contratos para la explotacin petrolera, aceptaron
no obstante
los subsidios extranjeros. Esto implicara, para Silvia Sigal, una
disyuncin
que permita,
sin paradoja, rechazar el capital extranjero y aceptar los subsidios,
conservando las convicciones nacionalistas y antiimperialistas fuera del
espacio de la cultura (Sigal, 1991).
Lo cierto es que, ya en 1962, el trmino reforma no remita a un
significado unvoco. La idea de llevar la Universidad a la calle, que se
concretaba a partir de las actividades de extensin universitaria, se haba
transformado en hacer la Universidad en el pas y para el pas.
Anala Payr lo expone, ese mismo ao, de esta manera:
No queremos llevar
la Universidad a la calle; queremos que la Universidad este construida con
el pas y en el pas; no se quiere salvar la conciencia con cursos de extensin
cultural nocturnos, no se quiere que el mito del Departamento de Extensin
Universitaria subsista, porque se quiere que el estudiantado no encuentre en el
reformismo una religin de salvacin, ni que el reformismo sea paternalista,
[...]. Y no quiere porque el reformismo es otra cosa y as debemos ser
percibidos: como una fuerza que lucha por la liberacin nacional (Sarlo,
2001:360-361).
1.2. Creacin de
las nuevas carreras universitarias de psicologa
Es precisamente en
el marco de la modernizacin cultural y del mencionado segundo proyecto de
refundacin de la Universidad que tiene lugar la profesionalizacin de la
psicologa en nuestro pas casi sesenta aos ms tarde que en EEUU, pero con
una diferencia mucho menor respecto de sus pares latinoamericanos, e incluso
antes que en algunos centros europeos[4].
Se inicia un segundo momento de la historia de la psicologa en Argentina, ms
precisamente la historia de los psiclogos.
En efecto, desde
una perspectiva que apunte a lo estrictamente profesional, es posible afirmar
que, antes de los aos sesenta, no existan psiclogos en nuestro pas[5].
De hecho, cuando se organiza el Primer Congreso Argentino de Psicologa
(Tucumn, 13-22 de marzo de 1954), se renen all, junto a representantes de la
psicologa a nivel internacional, ms de un centenar de figuras locales ligadas
a diversas disciplinas (filosofa, medicina, pedagoga, psiquiatra, etc.) e
incluso provenientes de la iglesia catlica, como Ismael Quiles y Leonardo
Castellani. La Asociacin Psicoanaltica Argentina, fundada en 1942, se hace
presente a travs de cuatro de sus miembros: ngel Garma, Willy Baranger,
Mauricio Knobel y Emilio Rodrigu.
Adems de
evidenciar un marcado inters por la disciplina, la multiplicidad de temticas
y perspectivas de los trabajados presentados ordenados en diez comisiones
organizadas segn un eje temtico [Ver cuadro 1] muestra un panorama
sumamente ilustrativo de la produccin de conocimiento psicolgico durante esos
aos.
Se trataba de una
psicologa con escasas o nulas conexiones con las producciones de los centros
acadmicos y cientficos internacionales, ms all del desarrollo apreciable
sobre todo a partir del nmero de ponencias presentadas en cada comisin de una
psicologa aplicada con una clara orientacin psicotcnica, es decir del uso de
los test mentales como herramienta privilegiada de intervencin psicolgica[6].
En este sentido, es necesario tener en cuenta, por ejemplo, que para ese
entonces ya se haban organizado la carrera de Psicotcnico y Orientador
Profesional en la UNT (1950) y la carrera de Psicotcnico en la Universidad del
Litoral (1953). Por otra parte, se haba creado en el marco del Ministerio de
Educacin, el Laboratorio Psicotcnico del Instituto de Higiene y Medicina
Social (Universidad de Cuyo) y el Consultorio de Orientacin Profesional y
Escolar, entre otros; en el marco del Ministerio de Marina, el Centro de
Diagnstico de Aptitud; el Instituto Regional Psicotcnico y Orientacin Profesional
del Ministerio de Salud Pblica, etc.[7]
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Cuadro 1
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Ahora bien, junto
a esta orientacin en psicologa, conviva otra que se ubicaba en relacin
explcita con la filosofa y que remite a la enseanza y a las publicaciones de
algunos profesores universitarios entre las cuales se destacan figuras como Plcido Horas, Oscar
Oativia, Garca de Onrubia, Ravagnan y Luis Juan Guerrero ligados a una
concepcin de corte humanista en ruptura con el positivismo imperante a
principios del siglo XX. Se trata aqu de una psicologa cuyos temas giraban
bsicamente en torno de problemas filosficos o incluso epistemolgicos -por
ejemplo, los textos de Garca de Onrubia sobre la unidad de la psicologa que
toman como referentes a autores como Kurt Lewin y Daniel Lagache presentado en
el Primer Congreso Argentino de Filosofa (1949), y los trabajos presentados
por Oativia y Horas en el PCAP.
Pero si la
produccin de conocimiento psicolgico a nivel local, hacia comienzos de la
dcada de 1950, no presentaba un carcter homogneo ni una direccin claramente
delimitada esto no implica que no hubiera ninguna conexin en el desarrollo de
estas dos lneas que, muy esquemticamente, hemos mencionado. Esta conexin
puede ser ubicada ya sea bajo la forma de la crtica, de la consideracin
positiva o incluso de la promocin de los test mentales[8].
En todo caso, nos
interesa resaltar que la propuesta de creacin de las carreras universitarias
de Psicologa presentada en el cierre de este Primer Congreso Argentino de Psicologa,
pretenda ubicarla en relacin de explcita continuidad con lo ya instituido:
la carrera deba funcionar como seccin autnoma dentro de las Facultades de
carcter humanstico, aprovechando los institutos ya existentes y la enseanza
que se imparte en esas y otras Facultades que puedan ofrecer su colaboracin
(Medicina, Derecho, Ciencias Econmicas, etc.)[9].
Pero las
caractersticas de las futuras carreras acadmicas sern bastante diferentes de
lo sugerido en esta propuesta y, por otra parte, casi ninguna de las figuras
que se presentan en este Congreso tendr un papel destacado en el futuro de la
psicologa en nuestro pas.
En el caso de
Buenos Aires, el Consejo Superior de la UBA resuelve la creacin de la carrera
de psicologa el 14 de marzo de 1957, en el seno de la Facultad de Filosofa y
Letras, junto con la carrera de sociologa y al mismo tiempo que modifica la
denominacin de la carrera de pedagoga por el de ciencias de la educacin[10]
[ver cuadro 2]. Ese mismo ao comienzan a dictarse los cursos correspondientes
a las materias introductorias, en su mayor parte comunes a todas las carreras
que se cursaban en esa Facultad. La direccin del Departamento de Psicologa
quedaba en manos del Dr. Marcos Victoria, que asuma tambin la titularidad de
materias como Introduccin a la psicologa y Psicologa I.
Ahora bien, esta
carrera de psicologa implementada en el seno de la UBA no fue la nica ni
tampoco fue la primera: poco tiempo despus del PCAP se haba aprobado la
creacin de una carrera de psicologa en la Universidad del Litoral (Provincia
de Santa Fe), que comenz a funcionar pocos meses despus. Los avatares
polticos de fines de 1955, a los cuales hemos hecho referencia anteriormente,
interrumpen el dictado de clases que se reanuda, con un nuevo programa, el ao
siguiente.
Haca
finales de esa misma dcada ya existan carreras de psicologa en todas las
Universidades nacionales, e incluso haba sido implementada en una Universidad
privada. Pero, qu resultados se
buscaban a partir de la creacin
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Cuadro 2 |
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ING BABINI: [...] El
segundo despacho se refiere a otra cuestin ya ms fundamental. Puede parecer
mentira, pero en la Universidad de Buenos Aires no se estudiaba Sociologa.
Si hay en este momento en el mundo una disciplina que no podramos saber
donde clasificarla por su amplitud, es la Sociologa. [...] Con respecto a
esta carrera de Psicologa, no es la Universidad de Buenos Aires la primera
que la crea. La del Litoral se nos ha adelantado, pero de todas maneras es
importante que en una Facultad de humanidades se cree una carrera de una
especialidad que casi siempre ha estado vinculada a estudios mdicos, y por
ende, unilaterales. Debemos pensar
que la Psicologa es algo ms amplio que puramente una consecuencia del
funcionamiento del sistema nervioso; es el estudio del hombre en todas sus
manifestaciones, de manera que nos parece bien su inclusin en una Facultad
de esta naturaleza, sin que eso signifique olvidarnos de las conexiones de la
Psicologa con la Biologa. Precisamente aparece la materia Biologa en el
plan de estudios. De manera que tambin en este caso la Comisin de Enseanza
aconseja la aprobacin de la resolucin. DR. SALAS [Decano de la
Facultad de Filosofa y Letras]: [...] Realmente, la Facultad de Filosofa y
Letras presentaba un panorama y lo presenta an- bastante arcaico, as como
en general lo presenta la Universidad de Buenos Aires. Parece increble que
no hubiera carreras de importancia y la magnitud como lo son la psicologa y
la sociologa. Es algo ms que substancial el iniciar estos estudios y la
Junta Consultiva de la Facultad, trabajando con una absoluta armona, ha
obedecido al clamor del ambiente, a una exigencia cordial, al encarar y
enfocar esta solucin que proponemos al Consejo Universitario. Fuente: Actas del
Honorable Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires, sesin del 14
de marzo de 1957, en Dagfal, A. y Borinsky, M. 1999. |
de las carreras? Qu se esperaba
de este nuevo profesional? En todo caso resulta destacable el hecho de que, a
diferencia de lo que suceda en otros mbitos de la cultura y
la ciencia por
ejemplo, en el
campo del arte
y en el
campo de la sociologa a partir de figuras como Jorge Romero Brest
y Gino Germani respectivamente[11]
nadie haba proyectado, durante los aos del gobierno peronista, una nueva
psicologa que se propusiera una ruptura con lo ya instituido. Si bien
volveremos sobre este tema ms adelante, al ocuparnos de la problemtica de la
prctica profesional del psiclogo, es necesario sealar que el propio director de la carrera Marcos
Victoria, psiquiatra con una amplia gama de intereses que incluye la filosofa,
la psicologa, la literatura y la critica esttica, y que haba publicado
algunos libros sobre psicologa y psicoanlisis hacia comienzos de los aos
cincuenta[12]
es la ilustracin misma de la ausencia de un perfil disciplinar claro:
Formado en la
psiquiatra y la psicopatologa ms tradicional, sus incursiones en algunos
temas de la psicologa que le era contempornea venan acopladas a una relacin
divulgadora que careca de cualquier propsito de investigacin y de
consolidacin conceptual o profesional de la psicologa [Vezzetti, 1996b: 89].
La figura de
Marcos Victoria no pareca entonces la ms representativa de uno de los
bastiones de la modernizacin acadmica, de esa carrera de psicologa que haba
surgido en ese proceso renovador de la estructura universitaria que se iniciaba
a mediados de la dcada de 1950. En realidad, el hecho mismo de que la carrera
fuera creada dentro del mbito de las facultades de filosofa o humanidades,
pero que sus ctedras estuvieran prcticamente monopolizadas por mdicos y
psiquiatras permite pensar en un relieve profesional difuso y poco ntido ya
desde sus inicios.
En 1958 se introdujeron
las primeras modificaciones en el programa de la carrera en la UBA y, poco
despus, la presin de los estudiantes producir el alejamiento de Victoria.
Como resultado de este cambio fundamental, asumir Enrique Butelman[13]
como director de la carrera, lo que facilitar el ingreso de una nueva camada
de profesores, muchos de ellos provenientes de las filas de la Asociacin
Psicoanaltica Argentina (APA). Entre ellos figuraban Jos Bleger, Fernando
Ulloa y David Liberman, jvenes representantes de un nuevo psicoanlisis
cuyo principal referente era, sin duda, Enrique Pichon-Rivire que propona
una interpretacin y uso de los conceptos freudianos muy diferente del
planteado por la ortodoxia psicoanaltica. Se trataba, como se ver con mayor
detalle ms adelante [ 2.3], de un conocimiento psicoanaltico que poda ser
aplicado a los mbitos ms diversos: no solo a la clnica o a la psicoterapia
sino principalmente a la educacin, las instituciones, los grupos, la
psicoprofilaxis, etc.
Como lo seala Vezzetti,
es en este momento que tiene lugar el cruce de la historia de la psicologa y
la historia del psicoanlisis en nuestro pas[14]
... lo que se
produce es una suerte de encuentro, de interseccin de un campo
psicoanaltico (que tiene su propia historia y sus propias intersecciones) con
las derivaciones disciplinares de una psicologa acadmica que contaba ya con
medio siglo de vida... (Vezzetti, 1996b)
Junto con aquellas
figuras ligadas claramente a las instituciones psicoanalticas ingresaron a la carrera
un grupo de psiquiatras vinculados a la corriente de la reflexologa Jos
Itzigsohn, Gervasio Paz y Antonio Caparrs entre otros que ocuparon
importantes puestos en diversas materias de la carrera. Esta perspectiva, cuyos
representantes provenan de las filas del Partido Comunista Argentino, se
colocaba frente al psicoanlisis en una posicin terica e ideolgicamente
crtica. Si bien esta corriente no tendr una mayor incidencia en el marco de
la produccin de conocimiento psicolgico a nivel local, cabe destacar los
aportes de algunos de sus representantes en la difusin de autores como Piaget,
Vigotski, Wallon, Luria, etc.
En pocos aos la
inscripcin en la carrera se incrementar notoriamente y para fines de la
dcada de 1950 sus actividades se trasladarn, junto con las de Sociologa, a
un nuevo edificio ubicado en Florida 656.
no se puede ser psiclogo si no se es al mismo tiempo un
investigador de los fenmenos que se quiere modificar, y no se puede ser
investigador si no se extraen los problemas de la misma prctica y de la
realidad social que se est viviendo en un momento dado (Bleger, 1966: 46)
En el mbito de la psicologa
acadmica de los aos sesenta, Jos Bleger es una figura ineludible, en la
medida en que fue el primero que formul un proyecto terico-prctico, ms o
menos sistemtico, que propona la fundacin de una nueva psicologa. Se
constituy, de esta manera, en una figura central por ms de una dcada, de
modo tal que cualquier propuesta referida a la psicologa al menos a nivel
local deba tomarlo como referente, aun para objetarlo: con Bleger o contra
Bleger, esos sern los tpicos que van a dominar la produccin terica y la
discusin de los psiclogos durante el resto de la dcada (Vezzetti, 2004:
296).
Nacido en 1922 en
Ceres (Santa Fe), proveniente de una familia juda, concluy sus estudios
mdicos en la ciudad de Rosario. Poco despus ingres en las filas del Partido
Comunista Argentino. En 1949 se traslad a Santiago de Estero donde comenz a
desarrollar su prctica psiquitrica y dos aos despus public su primer
libro: Teora y prctica del narcoanlisis. Tambin por esa poca form
parte del comit de redaccin de la Revista Latinoamericana de Psiquiatra,
fundada por el psiquiatra Gregorio Bermann quien fuera profesor en la
Universidad Nacional de Crdoba y fundador del Instituto Neuroptico de la
misma ciudad. Hacia el ao 1953, se instal en Buenos Aires y, segn l
mismo relata, comenz su formacin psicoanaltica a instancias de Enrique
Pichon-Rivire.
En 1959, se hizo
cargo de la primera ctedra de psicoanlisis en la Facultad de Filosofa, Letras y
Ciencias de la Universidad del Litoral. Ese
mismo ao, reemplaz a Marcos Victoria en el dictado de la materia
Introduccin a la Psicologa en la carrera de psicologa de la UBA. El ao
1961 lo encontrar a cargo del primer seminario para graduados, sobre la
temtica de la higiene mental. Poco tiempo despus asumir la titularidad de
las materias Psicologa de la personalidad e Higiene Mental.
Sus escritos ms
significativos en el mbito de la psicologa son Psicologa de la conducta
publicado en 1963, en el cual presenta el proyecto terico de una nueva
psicologa, unificada en torno de la nocin de conducta y Psicohigiene
y psicologa institucional, publicado en 1966 -donde propone una
delimitacin del perfil profesional del psiclogo fundada en la promocin de
la salud.
Su extensa labor
docente, sumada a la amplia difusin y aceptacin de su obra[15],
lo convertirn en poco tiempo en el profesor ms reconocido dentro de la
carrera de psicologa y en un referente fundamental para los primeros
estudiantes y egresados.
En la medida en
que esta nueva carrera constitua un campo en formacin, presentaba la
condiciones ptimas para que Bleger, a partir del estatus que le provea su
formacin psicoanaltica, contribuyera a
la conformacin de un espacio nuevo, con valores, una
incipiente identidad, criterios de pertenencia y formacin, y un primer sistema
de prestigios y de reglas de legitimidad (Vezzetti, 2004).
En este sentido,
sin menospreciar la importancia de los escritos que hemos nombrado, su carta
de presentacin en el marco de las flamantes carreras de psicologa
corresponde a una obra anterior, publicada en 1958 bajo el ttulo Psicoanlisis
y dialctica materialista. Bleger conjugaba en dicho libro dos aspectos que
lo hacan potencialmente atractivo para los estudiantes: por un lado, el
psicoanlisis, considerado como una disciplina psicolgica moderna y
renovadora; por otro lado, un explcito posicionamiento poltico-ideolgico de
izquierda, acorde con los ideales progresistas sostenidos por los jvenes
universitarios (Plotkin, 2003).
Comenzaremos,
entonces, con una breve presentacin de las ideas que Bleger desarrolla en la
obra mencionada , debido a que all aparecen esbozadas algunas nociones que,
con algunas modificaciones, sern integradas ms tarde al proyecto blegeriano
de una nueva psicologa.
2.1 Psicoanlisis y dialctica materialista
A pesar de la
condena explcita que haba recibido la doctrina freudiana por parte del
Partido Comunista, Bleger se propuso examinar el psicoanlisis a partir de
los elementos provistos por la dialctica materialista, proyecto que el
propio autor ubic en el nivel de un anlisis epistemolgico.
Apoyndose en los
lineamientos conceptuales del marxismo busc explicitar y someter a una
rigurosa revisin los esquemas referenciales que estaran en la base de
la construccin de la doctrina freudiana[16].
Ms que buscar una
articulacin entre la obra de Marx y la de Freud o realizar un enjuiciamiento
de tipo ideolgico de las tesis freudianas, Bleger planteaba una superacin
dialctica del psicoanlisis, una sntesis que permitiera resolver sus
contradicciones a partir de un estudio epistemolgico que respetara su
autonoma cientfica
[ver cuadro 3].
Bleger encontr un
antecedente para esta tarea en la figura y la obra del filsofo franco-hngaro
Georges Politzer, quien haba publicando varios trabajos crticos sobre
psicologa. Suelen reconocerse dos perodos en la trayectoria
intelectual de este autor: durante la dcada de 1920, mostr un notable inters
por el psicoanlisis y por la renovacin de la psicologa, intento que qued
plasmado en la publicacin de su Crtica de los fundamentos de la psicologa
(1928). En este libro, consider al Psicoanlisis, junto con la Gestalttheorie
y el Behaviorismo, como el camino para una autntica renovacin de la
psicologa tradicional, renovacin que tomara la forma de una psicologa
concreta cuyo objeto es el drama.
Este proyecto
qued inconcluso: de los tres estudios crticos anunciados originariamente,
slo public el primero dedicado a la Interpretacin de los sueos de
Freud. A este deban suceder los tomos dedicados al Behaviorismo y a la Gestalttheorie,
y, finalmente, un cuarto tomo donde se estableceran los principios
fundamentales de la Psicologa Concreta.
El segundo
perodo de la trayectoria politzeriana se inici a comienzos de la dcada
de 1930, a partir de su afiliacin al Partido Comunista Francs, y se
extiende hasta su muerte en
1942, cuando fue fusilado por los nazis debido a su
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Cuadro 3 |
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Freud se plante el
propsito de hacer de la psicologa una ciencia natural [] Para cumplir ese
objetivo Freud utiliz el criterio de ciencia natural imperante en su poca y
juntamente con ello los esquemas referenciales con los que formul sus
teoras, hiptesis, conceptos, denominaciones, etc. [] Aunque en ninguna ciencia se
pueden considerar totalmente independientes entre s la forma y el contenido,
nosotros nos proponemos examinar los a priori conceptuales con los que
trabaj Freud. La forma en que se capta y expresa una realidad est
determinada por un previo contenido que sirvi de esquema referencial; la
forma implica la ideologa con la que se trabaja y a su vez acta
sobre el contenido, sobre la realidad sobre la cual se trabaja. [] Este estudio de los esquemas
referenciales o a priori conceptuales utilizados por Freud, nos parece
integrar el ncleo central de una epistemologa del psicoanlisis, de
tal manera que no queremos primariamente examinar ahora el conocimiento como
tal que aporta el psicoanlisis sino la estructura de los supuestos o
principios con los que Freud elabor sus hiptesis y teoras. [] Lo que hay que distinguir
con claridad es el hecho que no obstante haber partido Freud de un campo
concreto de la investigacin, su ideologa no se deduce a posteriori de lo
que va descubriendo, sino que a la inversa, ella preexiste en su inspiracin
fundamental y es introducida y utilizada en la textura ntima de las
hiptesis y teoras. []. Lo que sucede es que la investigacin en un campo
particular posibilita la formulacin o hace tomar conciencia de la ideologa
con la que se ha trabajado, presentndose esta como totalmente deducida de
los hechos investigados. [] El psicoanlisis es, bsica
y fundamentalmente, una psicologa que debe ser estudiada como tal y en la
prctica concreta; la psicologa
es una ciencia con un campo propio de operancia, e investigar en psicologa no
significa meramente una tarea de exgesis bibliogrfica. [] El marxista
puede quedar satisfecho con la rplica a la ideologa que implica el
psicoanlisis, pero el psiclogo marxista no puede darse por
satisfecho con ello; est obligado a entrar en la psicologa
psicoanaltica. [] El psicoanlisis no se
supera declarndolo falso, negativo, irracional o idealista; slo puede ser
superado dialcticamente con el Aufhebung hegeliano. Negar como lo subraya
Engels- no significa pura y simplemente decir no. La negacin implica la
continuidad; significa la asimilacin, el trabajo crtico y la unin en una
sntesis superior, de todo el pensamiento de vanguardia, de todas las
conquistas progresivas de la humanidad en el curso de la historia. Fuente: Jos Bleger,
1958: Psicoanlisis y dialctica materialista, Buenos Aires, Paids,
pp. 18-25. El subrayado es nuestro |
actuacin en la
resistencia francesa. En los pocos artculos que dedic al psicoanlisis
durante este perodo lo denunci y rechaz en trminos ideolgico-polticos,
considerndolo como reaccionario y burgus.
Bleger, por su
parte, sostena que haba una continuidad entre aquellos dos perodos, ya que
los juicios aparentemente contradictorios que Politzer emiti respecto del
psicoanlisis correspondan a diferentes perspectivas de anlisis,
complementarias entre s: cientfica en el primer perodo, ideolgico-poltica
en el segundo.
Es aquella primera
perspectiva de anlisis la que Bleger se propuso retomar, tanto en Psicoanlisis
y dialctica materialista como en su posterior Psicologa de la conducta
(1963), para completar el inconcluso proyecto politzeriano.
En 1958, siguiendo
a Politzer, Bleger situaba al drama como objeto de la psicologa, al
mismo tiempo que consideraba, como el problema fundamental del psicoanlisis,
el divorcio entre la dramtica y la dinmica. La innovacin freudiana en el
campo de la psicologa lo constitua la dramtica, esto es la descripcin,
comprensin y explicacin de la conducta en funcin de la vida del paciente, en
funcin de toda su conducta (Bleger, 1958: 88). Por el contrario, la dinmica
responda a una abstraccin terica con la que Freud buscaba dar cuenta de los
hechos que enfrentaba en su prctica. Segn Bleger, la prctica psicoanaltica
involucra una dramtica de mayor riqueza que la que hasta ahora alcanzamos a
captar y expresar y es al intentar formularla en trminos tericos que Freud
recurri a categoras abstractas como la de libido que explican la conducta
del sujeto particular como resultado de un interjuego de fuerzas impersonales y
ahistricas.
Pocos meses
despus de la publicacin de Psicoanlisis y dialctica materialista
tuvo lugar un debate en el seno del PCA en el cual se le reprochar a Bleger su
orientacin poltica e ideolgica, inducindolo a realizar una militancia
ms activa en el partido que le permitiera superar debilidades ideolgicas
y a encontrar una salida correcta en el campo concreto de la psicologa
(Espectador, 1959:78. El destacado es nuestro).
Hacia 1961, Bleger
ser expulsado de las filas del PCA. Si bien los motivos explcitos de esta
separacin no han sido an totalmente esclarecidos, sin duda, la publicacin
del libro y la polmica subsiguiente jugaron en ello un importante papel.
2.2. El proyecto terico de una nueva psicologa
En Psicologa
de la conducta, publicado en 1963, el drama ya no constitua el
centro de la reflexin de Bleger ni tampoco era aquel divorcio entre dramtica
y dinmica el problema fundamental que enfrentaba. A partir de una apreciacin
de la fragmentacin y segmentacin de la psicologa contempornea, buscaba
resolver su falta de coherencia y unidad merced a una teora general de la
conducta.
Esto no implica,
sin embargo, que no sea posible establecer ciertas relaciones entre las
propuestas de Psicoanlisis y dialctica materialista y Psicologa de
la conducta. En primer lugar, permanece la referencia a la filosofa
marxista, a partir de la cual las diferencias entre las diferentes escuelas
psicolgicas no son consideradas irreconciliables ya que Bleger asume que la
dialctica y la contradiccin son inherentes a la realidad misma. Por otra
parte, es posible apreciar una resonancia politzeriana en el rechazo de los
principales mitos sobre los cuales se han asentado las psicologas
tradicionales y la propuesta de una concepcin del hombre como ser concreto,
social e histrico.
Por otro lado, es
necesario destacar que tanto la nocin de drama como la nocin de conducta
cumplen, en cierta medida, la misma funcin crtica. En efecto, en la lectura
de Bleger una y otra implican un rechazo a la dicotoma, ya tradicional dentro
de la psicologa, entre una visin centrada en la vida interior y otra que pone
el acento en las manifestaciones externas del hombre.
A su vez, esta nueva
psicologa se presenta como una ruptura con cualquier tradicin psicolgica
local, autorizndose en referentes tericos de origen extranjero. En efecto,
como ya antes lo haba hecho Pichon-Rivire, Bleger ve la necesidad de
modernizar la psicologa a partir de la incorporacin de nuevas corrientes
psicolgicas tales como el neo-conductismo, la fenomenologa, la tradicin
comportamental francesa, fundamentalmente a travs de los aportes de Daniel
Lagache, el psicoanlisis, la Gestalttheorie y la teora del campo de Kurt
Lewin. En este aggiornamiento de la disciplina, el psicoanlisis ha sido
desplazado de aquel lugar central que haba ocupado en su obra anterior.
Al integrar
mediante una dialctica de la conducta los aportes de las escuelas
psicolgicas contemporneas, Bleger no hace ms que continuar y actualizar
aquel proyecto politzeriano de una psicologa concreta a partir de una
idiosincrtica nocin de conducta.
El punto de
partida lo constituye la definicin de conducta propuesta por Daniel Lagache y
a partir de all, merced a los variados referentes tericos a los que nos
referimos anteriormente, Bleger introduce una serie de precisiones cuyo fin era
complejizar dicha definicin inicial. Por un lado, la idea de reas de la
conducta rea de la mente, rea del cuerpo y rea del mundo externo a
partir de la cual enfatizaba la unidad y pluralidad fenomnica de la
conducta. A continuacin, introduce la nocin de campo [Lewin], segn
la cual la conducta debera ser entendida como el emergente de una situacin
dada y no como una mera exteriorizacin de cualidades internas del sujeto.
Por otra parte, la nocin de mbito haca referencia a las diferentes
perspectivas psico-social, socio-dinmica o institucional desde las cuales
toda conducta podra ser abordada. Finalmente, a partir de la idea de
diferentes niveles de integracin, cada uno de ellos con una
organizacin y una legalidad especfica, Bleger introduca una jerarquizacin
de las ciencias que se ocupan de la conducta. En este sentido, la conducta no
era ya el objeto exclusivo de la psicologa sino que sta se ocupaba de
aquellos fenmenos ubicados en el ms complejo de estos niveles de integracin:
el nivel psicolgico-social.
Ahora bien, adems
de constituir la elaboracin terica de una nueva psicologa, este libro abra
las puertas a una consideracin sistemtica de un nuevo perfil para el
psiclogo, a travs de la ya aludida nocin de mbitos de la conducta.
En efecto, ser a partir de la intervencin de Bleger que
comenzar a perfilarse una primera definicin de un rol y un espacio
profesional para el psiclogo en Argentina. Como lo afirma Vezzetti:
Por una parte, la
unidad de la psicologa como disciplina cientfica busca resolverse en la
unidad de la conducta, de acuerdo con la inspiracin de Lagache recibida a
travs de Pichon-Rivire. Por otra, la unidad y la consolidacin del quehacer
profesional busca sostenerse en un programa de accin social planificada: la psicohigiene
(Vezzetti, 2004: 297).
2.3. Higiene mental y psicohigiene.
A partir del momento en que comenzaron a graduarse los
primeros psiclogos, empez a adquirir un mayor relieve el problema de la
definicin y delimitacin de su quehacer profesional. En efecto, en los aos
que van desde la creacin de las carreras hasta comienzos de los sesenta, se
produjo una disputa con el campo mdico por el ejercicio de la psicoterapia. La
falta de reglamentacin de la profesin del psiclogo, la indefinicin de sus
incumbencias y la formacin clnica que comenzaban a recibir los estudiantes de
psicologa, parecan poner en peligro la exclusividad que hasta entonces haban
tenido los mdicos en la prctica psicoteraputica[17].
No obstante, muchos de los profesores de las recin creadas carreras de
psicologa eran mdicos o psiquiatras, algunos incluso aceptaban la posibilidad
de que los psiclogos fueran autorizados a curar por medio verbales, lo cual
llev estas disputas al interior mismo del campo psiquitrico.
En octubre de 1959, el Colegio de Mdicos de la Provincia de
Buenos Aires publicaba una solicitada en la que expresaba su preocupacin
porque la carrera de psicologa fomentaba el ejercicio ilegal de la medicina.
Ese mismo ao, en la Tercera Conferencia Argentina de
Asistencia Psiquitrica, se destacaba el dao que podan ocasionar, en el rea
de la patologa mental, seres extraos a la medicina. Se sostena, en las
conclusiones, que deben ejercer la psicoterapia nicamente los mdicos y que
a los psiclogos solo se les deba permitir colaborar en el estudio e
investigacin de la personalidad. Esto no exclua la posibilidad de que se
integraran a equipos asistenciales, siempre que permanecieran bajo la
direccin responsable de los mdicos (Klappenbach, s.f).
Esta campaa hostil frente a un rival an inexistente los
primeros psiclogos comienzan a graduarse hacia 1961- hallara eco en los
medios de comunicacin masiva. El primer director de la carrera de psicologa
de la UBA, Marcos Victoria, consideraba a la prctica de la psicoterapia por
parte de los psiclogos como ejercicio ilegal de la medicina. Esta postura
aparecera explicitada en tres artculos publicados en el diario La Razn
durante 1960 [Ver cuadro 4].
El seminario de higiene mental para graduados, que dict
Bleger en 1961, pretenda precisamente dar una respuesta a la cuestin de la
prctica profesional del psiclogo. En efecto, ya en la clase inaugural[18],
Bleger situaba el problema del rol del psiclogo en estrecha relacin con la
salud pblica y con la higiene mental, ms especficamente, con la
psicohigiene.
Tomando como
punto de partida
la clasificacin formulada
por la OMS, Bleger consideraba a la higiene mental
como una rama de la salud pblica.
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Cuadro 4 |
||
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EI primer
conflicto serio provocado en todos los pases en que el psiclogo profesional
ha comenzado a actuar, es el conflicto de jurisdicciones con los mdicos; con
los mdicos psiquiatras, por supuesto. Y no se trata de problemas cientficos
sino speramente profesionales, comerciales, si se quiere. (Entindase bien:
comprar un tarro de aceite o un traje de medida no es lo mismo que pagar los
honorarios de un mdico o el informe de un psiclogo. Empleo la palabra
comerciales para hacerme entender rpido) () Una resolucin inconsulta de la Universidad de
La Plata, destinada a facilitar el ejercicio de la profesin a los futuros
psiclogos que egresen de sus aulas, los autoriza a ejercer la psicoterapia
por medios verbales. Habrn pensado las autoridades de esa casa de estudios
que un psiclogo inexperto (y a quien no obliga ningn juramento mdico) puede
provocar el suicidio de un deprimido ansioso por una conducta teraputica mal
conducida? Habrn pensado lo que puede ocurrir en el seno de una familia,
uno de cuyos miembros presenta trastornos de conducta, con la entrada de una
psicloga improvisada (eso ocurre todos los das entre nosotros), sin la
debida experiencia para afrontar situaciones psicosociales complejas y que
ponen a prueba a los mdicos ms fogueados? En esas circunstancias, hemos
visto producirse divorcios y acentuarse crueles disensiones familiares; nios
se han fugado de sus hogares, despus de escuchar palabras imprudentes o
consejos librescos mal explicados a los interesados. Pero la falta de
responsabilidad de los psiclogos de pacotilla no se detiene all. Fuente: Marcos Victoria, 1960: El
psiclogo contra el mdico en Victoria, Marcos, 1965: Psicologa para
todos, Buenos Aires, Losada. Incluido en Dagfal, A. y Borinsky, M., 1999. |
||
Para ser ms precisos, se trataba de la administracin
de los conocimientos, actividades, tcnicas y recursos psicolgicos que ya han
sido adquiridos [por los psiclogos], para encarar los aspectos psicolgicos de
la salud y la enfermedad como fenmenos sociales y colectivos (Bleger, 1966:
28). Ahora bien, en la medida en que la higiene mental constitua hasta ese
momento una prctica mdico psiquitrica[19],
Bleger se vea en la obligacin de efectuar una operacin que permitiera, en el
marco de un seminario dirigido a psiclogos, articular dicha prctica con el
rol de este nuevo profesional.
En este sentido, comenzaba definiendo la psicohigiene como una
rama especial de la higiene mental que trascenda las fronteras de la
medicina, en la medida en que ella interesa particularmente al psiclogo
clnico. En efecto, el objetivo principal de la psicohigiene no era el
tratamiento y la curacin de las enfermedades sino su prevencin y, en
un sentido an ms amplio, la promocin de la salud:
El psiclogo clnico debe salir en busca de su
cliente: la gente en el curso de su quehacer cotidiano. El gran paso
en psicohigiene consiste en esto: no esperar a que venga a consultar gente
enferma, sino salir a tratar, intervenir en los procesos psicolgicos que
gravitan y afectan la estructura de la personalidad, y por lo tanto- las
relaciones entre los seres humanos, motivando con ello al pblico para que
pueda concurrir a solicitar sus servicios en condiciones que no impliquen
enfermedad (Bleger, 1966: 37).
Mas adelante, introducir nuevas precisiones en torno a su
concepcin de la psicohigiene y su relacin con la higiene mental y el campo de
la salud pblica. Efectivamente, Bleger afirmaba que los objetivos de la
psicohigiene estaban legtimamente por fuera del campo de la salud pblica
misma (Bleger, 1966: 108) y aquella era definida como la utilizacin de recursos
(conocimientos y tcnicas) psicolgicos para mejorar y promover la salud de la
poblacin (y no slo evitar enfermedades) (Bleger, 1966: 185). [Ver cuadro 5]
En este sentido, sostena Bleger, es en la psicohigiene donde
el quehacer del psiclogo encuentra su verdadera funcin social y por
ello no debera alentrselo al ejercicio de la psicoterapia:
...si las carreras de psicologa se dan como misin
fundamental la formacin de psicoterapeutas, en ese caso y desde el punto de
vista social, las carreras de psicologa constituyen un fracaso; [...] se les
debe munir [a los psiclogos] de los conocimientos e instrumentos necesarios
para actuar antes de que la gente enferme, dentro de actividades
grupales, institucionales y de trabajo en la comunidad. (Ibdem)
Bleger sostena que la funcin de la intervencin del
psiclogo en la comunidad era encaminar los cambios sociales en forma armnica
y progresiva de modo tal que el psiclogo, como psicohigienista, debera
convertirse en un autntico agente de cambio social. Esta funcin social
del psiclogo, sostenida en un marxismo reformista, se justificaba a partir de
una consideracin de la sociedad como un cuerpo relativamente integrado, en
cuyo seno el psiclogo estara llamado a operar desde un campo
cientfico autnomo con las herramientas que le provee su saber especfico.
Esta tarea centrada en la promocin de la salud podra ser
llevada adelante, como referimos anteriormente, en
distintos mbitos, entre
los cuales se destaca,
|
Cuadro 5 |
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Sin nimo de presentar una clasificacin exhaustiva o
integral, los tipos de situacin o de problemtica en los que el psiclogo
debe intervenir se pueden agrupar de la siguiente manera: 1) Momentos o
perodos del desarrollo o de la evolucin normal: embarazo, parto, lactancia,
niez, pubertad, juventud, madurez, edad crtica, vejez; 2) Momentos de
cambio o de crisis: inmigracin o emigracin, casamiento, viudez, servicio
militar, etc.; 3) Situaciones de tensin normal o anormal en las situaciones
humanas: familia, escuelas, fbricas, etc.; 4) Organizacin y dinmica de
instituciones sociales: escuelas, tribunales, clubes, etc.; 5) Problemas que
crean ansiedad en momentos o perodos ms especficos de la vida: sexualidad,
orientacin profesional, eleccin de trabajo, etc.; 6) Situaciones altamente
significativas que requieren informacin, educacin o direccin: crianza de
los nios, juegos, ocio en todas las edades, adopcin de menores, etc. Como
es fcil deducir, el psiclogo interviene en todo lo que incluye o implica
seres humanos, para la proteccin de todo lo que concierne a los factores
psicolgicos de la vida, en sus mltiples manifestaciones: se interesa, en
toda su amplitud, por la asimilacin e integracin de experiencias en un
aprendizaje adecuado, con plena satisfaccin de todas las necesidades
psicolgicas Fuente: Bleger,
Jos, 1966: Psicohigiene y Psicologa Institucional. Buenos Aires,
Paids. p. 40. |
por la atencin
que Bleger le dedic y por los desarrollos a que dio lugar, el de las
instituciones. En efecto, en Psicohigiene y psicologa institucional
(1966), el anlisis del problema de las instituciones ocupa ms de un tercio
del libro. El autor sealaba all que la psicologa institucional no es un mero
vstago de la psicologa aplicada, sino ms bien un mbito propicio para la
investigacin y el desarrollo de la psicologa como profesin. En este sentido,
la tarea primordial del psiclogo en una institucin sera investigarla y
analizarla, y no centralizarse en la atencin de los individuos enfermos que la
conforman. El cliente sealaba Bleger es la institucin misma en su
totalidad y dentro de ella el psiclogo es slo un colaborador. Esto no
significa que su quehacer pueda homologarse al de un agente de coercin dado
que sus objetivos siguen siendo la bsqueda de la salud y la plenitud del ser
humano.
Para la realizacin de dichos objetivos, el psiclogo deba
servirse del mtodo clnico, ms precisamente, del encuadre psicoanaltico
adaptado a las necesidades de este mbito y a los problemas que aqu tenemos
que enfrentar (Bleger, 1966: 66)
Es en este punto que podemos ubicar ese cruce entre la
psicologa y un psicoanlisis en extensin es decir un psicoanlisis volcado
hacia espacios que exceden el marco restringido del consultorio- que estara
llamado a constituirse en el fundamento terico-prctico de la psicohigiene y
que se plasma en el psicoanlisis operativo. Esta nocin, elaborada por
Pichon-Rivire, es una variante del psicoanlisis aplicado que, a su vez,
toma los aportes del psicoanlisis clnico entendido no slo como una
tcnica o una teraputica sino tambin como un mtodo de investigacin para
intervenir en las situaciones humanas de la vida concreta (Bleger, 1966: 178)[20].
La propuesta de Bleger buscaba, entonces, conciliar un
programa de intervencin pblica con un psicoanlisis que, descentrado de su
funcin asistencial e individual, estaba llamado a constituirse en el
fundamento de esa prctica psicolgica abierta a la comunidad (Vezzetti, 2004).
Ahora bien, en la medida en que la psicohigiene haca
referencia a la formacin y a la prctica profesional de los psiclogos, se
constituy en uno de los focos privilegiados de los debates para dirimir
conflictos de legitimidad dentro de este nuevo campo disciplinar. Las posturas
impugnadoras hacia Bleger no slo estarn dirigidas a su concepcin terica de
la disciplina, plasmada en su Psicologa de la conducta, sino tambin a
la forma en que considera la relacin entre psicologa y sociedad.
Cuadro 6 |
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Tres formas del psicoanlisis Hasta aqu nos hemos referido
exclusivamente al psicoanlisis clnico (a su valor y trascendencia en los
problemas de la salud y la higiene mental), pero debemos tambin hacer
mencin del psicoanlisis aplicado, cuyo origen y desarrollo se remonta al
mismo Freud. La denominacin "psicoanlisis aplicado" no
es totalmente correcta, ya que no se trata nicamente de la aplicacin del
psicoanlisis, sino de un verdadero procedimiento de investigacin, y para
corroborar lo dicho, basta recordar los estudios de Freud sobre la Gradiva de
Jensen, Miguel ngel, Moiss, el caso Schreber, el pintor Christoph Haizmann,
Dostoievski, etc.; y en otro sentido, tambin estudios como Ttem Y tab. El
psicoanlisis aplicado reduce tambin la complejidad de los fenmenos, como
tambin lo hace el Psicoanlisis clnico, pero en una direccin muy definida:
en la amortiguacin del impacto directo de la relacin
transferencial-contratransferencial, que hace que algunos problemas (como los
de la psicosis) puedan haber sido primero investigados ms profundamente con
el procedimiento del psicoanlisis aplicado. El estudio de obras literarias o artsticas
no es el nico campo en que resulta posible utilizar el psicoanlisis
aplicado, ya que el mismo puede ser beneficioso igualmente en el caso de
distintas manifestaciones culturales y de distintos comportamientos o
actividades (el espectador, el artista, el inventor, etc.), y tambin en el
estudio de pautas culturales y en el de la interaccin individuo-sociedad
(Kardiner, Erikson, etc.). [] Los resultados del psicoanlisis aplicado
tienen los mismos beneficios y las mismas limitaciones
sociales que los resultados del psicoanlisis clnico: no podemos basar
directamente en ellos un beneficio inmediato y directo sobre la salud mental
de una comunidad entera, pero sus aportes pueden ser vehiculizados, de la
misma manera como lo hemos sealado para el caso del psicoanlisis clnico. []Una tercera forma de psicoanlisis es
lo que quiero sealar en esta oportunidad (en relacin con el tema bsico que
en este captulo me interesa desarrollar) y que puede ser considerado como
una variante del psicoanlisis aplicado. Lo denominamos psicoanlisis
operativo. Este ltimo se caracteriza por ser un
psicoanlisis aplicado, es decir, se realiza fuera del contexto en el
que se lleva a cabo el psicoanlisis clnico, pero tiene algunas
caractersticas especiales que lo diferencian del psicoanlisis aplicado y
que quiero ahora sealar: a)
Se utiliza en situaciones humanas de la vida corriente,
en cualquier actividad o quehacer o en toda institucin en la que intervienen
eres humanos, es decir, en la realidad y la situacin viva y concreta
(educacin, trabajo, juego, ocio, etc.), y en situaciones de crisis
normales por las que necesariamente pasa el ser humano (cambios de lugar,
de estado civil, de empleo, paternidad o maternidad, muerte de familia-res,
etc.), adems de las crisis normales del desarrollo. b)
Se indaga al igual que en el psicoanlisis aplicado
los dinamismos y las motivaciones psicolgicas inconscientes, pero se
utiliza dicha indagacin para lograr modificaciones a travs de la
comprensin de lo que est ocurriendo, cmo y por qu. c)
Esta intervencin (operacin) se realiza a travs de
mltiples procedimientos, sea interpretando las relaciones, la tarea, los
procedimientos, la organizacin, la institucin, la comunicacin, etc., para
lograr una modificacin de las situaciones, la organizacin o las relaciones
interpersonales, en funcin de la indagacin realizada y de las conclusiones
obtenidas. Al introducir la modificacin o la interpretacin, ello se hace a
ttulo de hiptesis, de tal manera que la misma se ratifica o rectifica con
la continuidad de la observacin. Como se ve, no consiste en una operacin
nica, sino en una reiteracin enriquecedora del mismo circuito formado por
la observacin-intervencin-observacin. El desidertum es el de un
proto-aprendizaje, es decir, el logro de que los seres humanos puedan
reconocer y reflexionar sobre lo que ocurre en un momento dado, reconocer las
motivaciones, actuar de acuerdo con ese conocimiento. sin sucumbir de
inmediato a la ansiedad y recurrir a mecanismos de defensa
perturbadores. d)
Hemos tratado de sistematizar el encuadre (la
estrategia y la tcnica) del psicoanlisis operativo en un trabajo reciente
sobre psicologa institucional, basado en las experiencias realizadas
fundamentalmente a partir de los aportes de E. Pichon Rivire, por lo que no
entraremos ahora en los detalles del mismo, que nos apartara muchsimo de
nuestro tema central presente; sealaremos tambin aqu al respecto los
trabajos fundamentales de E. Jaques. De igual manera, toda la psicologa y
psicoterapia grupal de inspiracin psicoanaltica debe ser incluida como variantes
del psicoanlisis operativo. Un prximo paso todava necesario en la
psicologa grupal es el de su utilizacin fuera del consultorio, es decir, en
las situaciones e instituciones de la vida real y diaria. El psicoanlisis operativo abre perspectivas sumamente
importantes en el campo de la higiene mental y en el de la psicoprofilaxis,
en el hecho de posibilitar una utilizacin del psicoanlisis en una escala de
verdadera trascendencia social. El psicoanlisis operativo no es un
psicoanlisis nuevo y distinto; es una estrategia para utilizar los
conocimientos psicoanalticos. Fuente: Bleger,
Jos, 1966: Psicohigiene y Psicologa Institucional. Buenos Aires,
Paids. Pp.176 -180 |
3. LOS DEBATES EN PSICOLOGA HACIA FINALES DE LOS
SESENTA.
El programa
terico-prctico propuesta por Bleger y la posicin privilegiada que haba
conseguido como maestro de las primeras camadas de psiclogos profesionales en
los inicios de la dcada de 1960 comenzaron muy pronto a ser impugnados.
Como veremos en el siguiente apartado,
uno de los primeros cuestionamientos explcitos y pblicos hacia ese programa
tuvo lugar en una Mesa Redonda realizada en 1965. Bleger y su maestro
Pichon-Rivire, ambos representantes
de una primera versin del encuentro posible de la psicologa, el psicoanlisis
y el marxismo, bajo una inspiracin reformista
(Vezzetti, 2004: 306), se vieron
enfrentados all por dos figuras que rescataban los ideales revolucionarios y
de transformacin social tomando como referente fundamental a la Cuba
castrista: Antonio Caparrs y Len Rozitchner.
Este debate pone en
evidencia la apertura de un desplazamiento en los criterios de legitimidad de
la disciplina y en los modos de concebir eso que ya haba estado planteado
desde los comienzos: la funcin social del psiclogo (Vezzetti, 2004:
313).
Este ser uno de los
principales tpicos en las polmicas que tendrn lugar dentro del grupo
profesional hacia finales de la dcada, en las cuales tendrn un lugar
privilegiado las objeciones y cuestionamientos al proyecto terico-practico
blegeriano.
Como se ver en el 3. 2.,
esos debates giran en torno a, por una parte, una disputa respecto del estatuto
del psiclogo como agente de cambio. Esta cuestin tiene como
trasfondo el enfrentamiento entre diversas formas de pensar la relacin entre
prctica cientfica y transformacin social, entre ciencia e ideologa.
Por otra parte, hacia el
final del perodo, surgirn una serie de discusiones tericas cuyo eje central
ser la relacin entre psicologa y psicoanlisis. Algunos de estos
cuestionamientos sern realizados a partir de una lectura que incorpora una
serie de referencias tericas nuevas y variadas, entre las cuales tuvo un peso
fundamental las ideas del estructuralismo francs especialmente las de Louis
Althusser.
3.1
Psicologa, ideologa y compromiso social.
Como ya hemos
sealado, en aquella Mesa Redonda de 1965 es posible apreciar dos posiciones
enfrentadas respecto del valor social de las prcticas psicolgicas. Bajo el ttulo Ideologa y Psicologa
concreta, este evento tena por objetivo discutir acerca del significado y
sentido de la Psicologa Concreta y su relacin con la ideologa.
Organizado por una agrupacin
estudiantil, el Movimiento Argentino de Psicologa (MAP), fueron convocados,
por una parte, Enrique Pichon-Rivire y Jos Bleger. Ambos resaltaban en esta
Mesa el valor social del psiclogo a partir de las caractersticas propias de
su mbito de trabajo, esto es el psicoanlisis operativo y la
psicohigiene. Por otra parte, Len Rozitchner y Antonio Caparrs[21]
relativizaban la importancia de esa funcin social, en relacin con
otras prcticas socialmente ms valiosas en cuanto a su potencial
transformador, tal como la prctica militante. En este sentido,
planteaban una redefinicin de los lmites de la psicologa una redefinicin de
los lmites de la psicologa (Del Cueto y Scholten, 2003).
Bleger
destacaba la posibilidad de llevar adelante una practica profesional y
cientfica que no se confundiera ni subordinara a la poltica, ya que no era
como psiclogo que se poda ser militante. Ahora bien, era posible, no
obstante, asumir un compromiso social desde las prcticas reformistas en
la profesin tal como la psicohigiene- que hacian factible una participacion
poltica sin abandonar el propio campo[22].
En este sentido, la figura de Georges Politzer operaba como ejemplo, pero en
este caso como ejemplo negativo. Como ya referimos, a partir de su afiliacin
al PC Politzer abandon y repudi la tarea crtica que haba desarrollado en el
mbito de la psicologa y el psicoanlisis al cual denuncia ahora como
ideologa mistificadora [Ver 2.1]. En 1958 todava era posible, y hasta
necesario, para Bleger sostener una continuidad entre los dos perodos de la
obra intelectual de Politzer. Pero en 1965 haban cambiado tanto el contexto
como sus interlocutores, por lo cual aquella continuidad en la obra de Politzer
sostenida para justificar ante el PCA la pertinencia de un anlisis dialctico
y materialista del psicoanlisis ya no tena razn de ser. En este momento era
ms bien la radicalizacin ideolgica la que amenazaba diluir los lmites de la
ciencia subordinndola a las necesidades polticas. Es en este sentido que
Bleger sostiene ahora, retomando una caracterizacin de H. Lefevbre, que
Politzer se habra automutilado como psiclogo en funcin de una ideologa
cuando pas a la militancia poltica y se volc hacia un economismo (sic)
grosero. Los dos ltimos escritos de Politzer eran considerados por Bleger
como la expresin de la mutilacin stalinista del humanismo, que colocaba a
la economa en un lugar privilegiado para la comprensin de la realidad.
Por su parte,
tanto Rozitchner como Caparrs, efectuaban una evaluacin muy diferente de la
trayectoria intelectual de Politzer. En efecto, para estos autores no habra
una automutilacin politzeriana sino ms bien una necesidad. Para
Rozitchner, el pasaje de Politzer a la economa no era una automutilacin
sino un pasaje a un nivel ms general
que engloba y determina a la psicologa [Ver cuadro 7]. En este sentido, volver,
al igual que Caparrs, sobre esta figura de la mutilacin pero para invertir
sus trminos: la mutilacin consista para estos autores- en mantener la
ilusin de la autonoma y la especificidad de un campo cientfico (Vezzetti,
2004:309) y no en el pasaje a la economa y la militancia poltica.
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Cuadro 7 |
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Len Rozitchner: Yo querra ahora tomar un ejemplo,
continuar mejor dicho el ejemplo que tom el Dr. Bleger cuando habl de
Politzer, porque me pareci muy significativo. Politzer, como ustedes saben,
dej la psicologa, y fue enormemente lamentable que un hombre tan dotado
como l, dejara la psicologa. Pero habra que agregar que Politzer dej la
psicologa por la economa, y que dej al mismo tiempo la psicologa para
pasar a descubrir la necesidad de relacin con el mundo a partir de ese
mbito ms global. Que si bien se desentendera momentneamente del nivel de
lo psicolgico, se comprometi a nivel de una tarea que l tal vez
descubriera como ms urgente que la del drama psicolgico. Quiero decir que
descubri la necesidad, en el momento crucial por el que pasaba Europa, de
dedicarse al anlisis de los procesos econmicos y a la militancia poltica.
Yo creo que en ese sentido, desde el exclusivo ngulo de la psicologa si se
le puede reprochar a Politzer el haberla abandonado. Pero la comprendiramos
ahora desde el ngulo filosfico, (y se es el privilegio de la filosofa),
podramos comprender tambin que la eleccin que realiz Politzer la hizo a
partir de los anlisis que l tom del psicoanlisis. El descubri tal vez
los lmites del anlisis individual en el estudio, en la profundizacin de la
teora que l aprendi en Freud. Antonio
Caparrs: Yo iba a
comenzar planteando lo mismo que plante Rozitchner al final, es decir,
retomar el anlisis de Politzer. [] El problema de que puede estar
equivocado Politzer, como deca Rozitchner, en cuanto a haber dejado la
Psicologa, sera muy dudoso y muy difcil saberlo, pues evidentemente l no
dej la Psicologa para abstenerse de toda actividad. La cambi, y eso es
legtimo por otra rea de conocimiento donde l se senta ms valioso, ms
trascendente, ms importante, para lo que se jugaba en ese momento. El fue
uno de los fundadores y directores de la Universidad Obrera y uno de los
primeros fusilados por los nazis en Francia. No creo que eso sea un
automutilamiento de nadie. Por otra parte se planteaba cmo integrar esas
tareas, yo dira cmo integrar al psiclogo. Quisiera decir que no slo debemos
ocuparnos de cmo se integra la Psicologa en el quehacer del hombre, de cmo
integra el psiclogo sus otras tareas sino tambin de como integra la
Psicologa al hombre que hace Psicologa. [] No basta con ser psiclogo
hace falta ser hombre, como hombre hace falta asumir su momento, su tiempo, su
etapa histrica y militar segn determinados objetivos. Y como psiclogo hay
que ser un militante que hace psicologa. Fuente: Bleger, Caparrs, Pichn-Rivire,
Rozitchner, 1969: Ideologa y psicologa concreta en Cuadernos de
psicologa, ao I, nmero 1. |
En efecto, segn
Rozitchner, los desequilibrios de los que se ocupa el psiclogo son el producto
de una estructura social determinada por la divisin de clases, que lo
determina a su vez a l como profesional. De esta manera, el psiclogo se ve
enfrentado, en tanto especialista, con la necesidad de transformar radicalmente
esa estructura social alienante. Desde este punto de vista, una prctica
profesional que se proponga tan solo abordajes parciales o intervenciones de
objetivos limitados es decir, un camino de rectificacin o reforma como el que
Pichon-Rivire y Bleger haban expuesto tenda solamente a la preservacin de
esa estructura social
Desde una perspectiva similar, Caparrs
privilegiaba la figura del militante por sobre la del cientfico profesional.
Para este autor, la actividad militante es la actividad del hombre, es la
actividad que nos conecta con el todo social, mientras que, por el contrario,
la actividad cientfica, la del especialista, es la que nos diferencia de este
todo social. Desde este punto de vista, la postura de Bleger, al exaltar la
especificidad del campo cientfico, resultara peligrosa en la medida en que
podra profundizar la alienacin del psiclogo. El desarrollo cientfico y
profesional contina Caparrs constituye slo una faceta del hombre, el cual
es una totalidad histrico-social. El compromiso implicaba entonces una
toma de posicin en la lucha de clases, colocando al psiclogo en la necesidad
de elegir entre ser hombre y ser especialista[23]. La
primera opcin conducira, en ltimo trmino, al abandono de la disciplina,
como lo haba hecho Politzer.[24]
Una trascripcin de esta Mesa Redonda
ser publicada en 1969, cuando vea la luz el primer nmero de los Cuadernos
de Psicologa Concreta (CPC) primera publicacin peridica, en el
pas, dirigida exclusivamente por psiclogos. No deja de resultar llamativa la
decisin de inaugurar esta revista con la publicacin de una mesa redonda que
haba tenido lugar cuatro aos antes.
Esta trascripcin parecera indicar que
los temas que se debatan en 1965 continuaban teniendo algn grado de vigencia.
Sin embargo, es preciso sealar que el contexto poltico, social e
institucional era completamente diferente. En efecto, un mes despus del ascenso de Ongana al poder, en 1966, se haba
producido la intervencin de todas las Universidades nacionales por el PEN. El
caso de la UBA fue particularmente conflictivo: a la toma de diferentes sedes,
la polica respondi con una violencia inusitada, encarcelando a un significativo
nmero de estudiantes y docentes. Como consecuencia de este episodio, conocido como la noche de los bastones
largos, una gran cantidad de profesores presenta inmediatamente su renuncia
fenmeno que tiene una especial repercusin en el caso de la carrera de
psicologa, que quedo prcticamente vaciada*
y cuyas clases se suspendieron casi un ao. Esa verdadera zona cultural
(libreras, bares, centros de investigacin y galeras de arte) que estaba
ubicada en los alrededores de la Facultad de Filosofa y Letras fue
desmantelada al distribuir las diferentes carreras a sedes muy alejadas entre
s. Desde ese momento, la carrera de psicologa traslad todas sus actividades
a una nueva sede sita en Independencia 3065.
El problema de la
relacin entre ciencia y poltica, entre conocimiento cientfico e ideologa
pasar a ocupar un lugar cada vez ms central en el mbito intelectual y
cientfico, fundamentalmente a partir de los movimientos populares que tuvieron
lugar en 1969 (entre ellos el ms significativo es el Cordobazo). Es con
ellos que se produce una vertiginosa aceleracin del proceso de radicalizacin
poltica e ideolgica, cuyos inicios es posible rastrear hacia comienzos de la
dcada, de amplios sectores de la intelectualidad verncula.
En el mbito
especfico de la psicologa, ya en octubre de 1968 se haba organizado el
Primer Encuentro para la Revisin Crtica de la Psicologa, como consecuencia
de ciertos desacuerdos surgidos durante la organizacin del III Congreso
Argentino de Psicologa. En aquel Encuentro, se abordaron algunos de los temas
que haban sido centrales en aquella Mesa Redonda, tales como psicologa e
ideologa y el rol del psiclogo en la Argentina. Algunos de los organizadores
de este Encuentro formaran parte, un ao despus, del Consejo Editorial de los CPC.
En aquel primer nmero de los CPC se publicaba,
junto a la Mesa Redonda sobre Ideologa y Psicologa Concreta, un artculo de
Hernn Kesselman[25]:
Responsabilidad social de psicoterapeuta. El autor se propona all abordar
el problema de la relacin entre prctica profesional y compromiso poltico.
Respecto a este artculo interesa
destacar el hecho de que se le otorgue un lugar al problema de la psicoterapia
en una revista dirigida por y para psiclogos, quienes en virtud de la
legislacin vigente no podan ejercerla -aunque es ampliamente conocido que
esta restriccin legal no impedir que la actividad de los psiclogos se
oriente casi exclusivamente en esa direccin ya desde el egreso de las primeras
camadas a comienzos de la dcada del sesenta.
En trminos generales, el autor pretenda poner de
manifiesto que los
profesionales de la salud haban sido vctimas de una falsa opcin al tener que
elegir entre una mutilacin profesional, que dejara fuera de su campo de
observacin toda referencia a la realidad poltico-social, o una aceptacin
resignada, que los llevara a defender teoras y tcnicas psicolgicas
obsoletas e inadecuadas pero no contaminadas por la burguesa. Cualquiera de
estas opciones, sostena Kesselman, produca una vida profesional disociada y
contradictoria.
Un
cuestionamiento directo a Bleger se revelaba cuando sostena que el
psicoterapeuta no se convierte en agente de cambio social a travs de su
practica profesional. En efecto, si el campo profesional es solo una parte
subordinada del contexto social, el alcance de los efectos del ejercicio
profesional sobre la sociedad no podra ser ms que limitado[26].
Los
debates que hemos presentado en este apartado constituyen el inicio de una
serie que, en los aos inmediatamente posteriores, no harn ms que
multiplicarse y extenderse a diversas publicaciones y eventos. Este ambiente
polmico ser finalmente clausurado hacia mediados de la dcada de 1970, tras
el fugaz retorno de Pern a la presidencia y su muerte en 1974.
3.2 Los debates en la RAP: los psiclogos, el
psicoanlisis.
Obviaremos, por intiles, los habituales augurios y
autojustificaciones, para hacer de entrada una advertencia: esta revista
reflejar las contradicciones del grupo profesional que la publica. No se busc
suprimirlas en procura de mayor coherencia, ni de una coincidencia ideolgica
cientfica, o de otro tipo, con las opiniones de la Direccin. (Presentacin
en RAP, ao I, nmero I, 1969)
Otro espacio de
polmica dentro del mbito de la psicologa, hacia fines de la dcada de 1960,
lo constituy la Revista Argentina de Psicologa, rgano oficial de
difusin de la Asociacin de Psiclogos de Buenos Aires[27].
En esta publicacin se pondrn de relieve, en algunos casos de manera
explcita, las contradicciones del grupo profesional que las publica (RAP,
I, 1969). Ms all de la
diversidad de temas abordadas por los diferentes autores, dos textos incluidos
en el primer nmero de la RAP ponen claramente de manifiesto las referidas
contraposiciones en el seno mismo de la institucin que esta revista pretende
representar.[28]
El primero de los textos aludidos es una abreviada
trascripcin de la Mesa Redonda sobre "El quehacer del psiclogo en la
argentina de hoy", llevada a cabo en 1968. Entre otras otros
participantes, Isabel Calvo y Diana Averbuj, dos psiclogas con un perfil
claramente diferente[29],
muestran apreciaciones coincidentes respecto de la situacin del psiclogo en
la Argentina de hoy, el desconocimiento recproco y la falta de
comunicacin y necesidad de contacto entre los psiclogos, dentro y fuera de la
Asociacin.
Pero aqu nos interesa ms destacar un segundo
texto, el cual introduce una temtica que se constituira en uno de los ejes
centrales de los debates tericos dentro de la RAP: el psicoanlisis. En
efecto, El psiclogo y el psicoanlisis de Juana Danis se dirige
explcitamente a quienes buscan su identidad de psiclogos en una modalidad de
trabajo profesional que no implique un rechazo del psicoanlisis ni tampoco
una indiferenciacin entre psiclogo y psicoanalista.
Siguiendo una veta de neto cuo blegeriano, la
autora presentaba una clara distincin entre el psiclogo y el psicoanalista en
lo que se refiere a su mbito y modo de intervencin.
En un momento en que, segn Danis, comenzaban a
tomar un notorio relieve la dinmica social y la interrelacin humana, se
introducen cambios en el campo laboral que obligan al psiclogo a dejar su rol
de testista y a asumir un nuevo rol social distinto al del psicoanalista y
distinto al del psiquiatra. La investigacin de graves perturbaciones de la
personalidad (psiquiatra) o la investigacin del inconsciente (psicoanlisis)
no sern su principal misin pero tampoco las excluir de su esfera.
La esencia profesional del psiclogo era, afirmaba
la autora, la psicoprofilaxis, la higiene mental y an ms: el psiclogo es
engendrado, se desarrolla y lucha con el fin de estar en todos los lugares
donde se necesita del especialista que sabe asistir los momentos de cambio
(Danis, 1969: 79). El encuadre del psiclogo sera entonces ms amplio y
flexible que el del psiquiatra y el psicoanalista. Su disponibilidad o
accesibilidad deban ser mayores a la de sus colegas de otras profesiones
puesto que su tarea era la de ser partero de los cambios de la comunidad en
que vive. En este sentido, su mbito de intervencin lo acercaba ms a las
tareas del socilogo y del antroplogo que a la del psicoanalista, an cuando
el psiclogo contara con los conocimientos psicoanalticos dentro de su bagaje
instrumental.
En el tercer nmero de la RAP, su director, Roberto
Harari, publica un artculo en el que se propona desmantelar los presupuestos
que sostienen la argumentacin de Danis.
Inscribindose en una posicin que lo ubicara en
la entraa misma del pensamiento y el quehacer cientfico contemporneo, el
autor buscaba profundizar entonces la problemtica propuesta en el artculo de
Juana Danis aunque ms no fuese, afirma el autor, en su ttulo.
En efecto, a partir de una combinacin de
referentes tericos que, vista desde el presente, podra ser considerada como
eclctica Foucault, Lvi-Strauss, Althusser y Lacan son conciliados con
Politzer, Sartre y Wallon- se trataba all de remarcar la importancia
fundamental de la teora y la construccin de los conceptos cientficos por
sobre los aspectos tcnicos, prcticos o profesionales[30].
Harari defina al psicoanlisis como una teora, una terapia y un mtodo de
investigacin, argumentando que aquel no es un significante que, por s mismo,
exprese una profesin sino que
El
psicoanlisis es, en primer lugar, una ciencia como tal, teora- con su objeto
de estudio especfico: el inconsciente (Harari, 1970)
Los trminos psiclogo y psicoanalista refieren
a profesiones y el trmino psicoanlisis remite a una ciencia. Por lo tanto,
la empresa de Danis diferenciar el rol del psiclogo del rol del
psicoanalista- se presenta como problemtica en tanto que, ya desde el ttulo
del artculo, intenta articular significantes que no son ni con mucho
superponibles.
Es necesario, entonces, otorgar preeminencia a los
aspectos terico-conceptuales que hacen del psicoanlisis una ciencia y no una
profesin. La investigacin de lo inconsciente, contina Harari, es aquella que
valida y legaliza cientficamente la prctica del psiclogo. Una prctica que
no debe limitarse al empirismo ingenuo en el que quedan atrapadas las
propuestas de Danis, sino que debe traspasar la observacin pura y simple y
fundamentarse en la interpretacin del inconsciente, que se exhibe y se
oculta inscripto en el discurso relatado y significativo del sujeto.
El trasfondo de esta polmica es, finalmente, la
discusin por las formas en que los
psiclogos deberan apropiarse del psicoanlisis. En este sentido, el verdadero
objetivo de la crtica de Harari no puede menos que ser Bleger en tanto fue
quien, a travs de su enseanza, introdujo los aportes del psicoanlisis como
una herramienta fundamental en la formacin de los psiclogos. No obstante,
como el propio Harari reconocer ms tarde, en la medida en que el prestigio de
Bleger obstaculizaba una crtica directa a su persona esta sera dirigida a un
eslabn intermediario: su discpula Juana Danis[31].
Una perspectiva fructfera para entender estas
polmicas surge a partir de la categora de campo propuesta por el
socilogo Pierre Bourdieu. En trminos generales, la autonoma de un campo
cientfico o profesional se constituye a partir de una operacin que permite
delimitar sus caractersticas especficas y diferenciales respecto de otro u
otros campos. En este sentido,
un
campo profesional no puede separarse de la constitucin de una comunidad con
sus criterios de pertenencia y de legitimacin, normas "internas" e,
inevitablemente, lneas de fractura y de luchas internas y externas. (Vezzetti,
2004:319)
Las luchas internas por las posiciones
privilegiadas dentro de cada campo estn determinadas por la configuracin
particular del propio campo. Ahora bien, quienes se encuentran en posiciones
marginales en el interior del campo (heterodoxia), en la medida en que
pretendan desplazar y reemplazar a quienes ocupan las posiciones hegemnicas (ortodoxia),
deben realizar ciertas operaciones tendientes tanto a una mayor acumulacin de
capital simblico como a lograr una mayor valoracin del capital ya
disponible.
Esta polmica as como muchas otras del mismo
perodo puede ser pensada en trminos de campo, en el cual los debates
tericos, pero tambin los ideolgicos, se articulaban con las luchas entre
los viejos y los nuevos, los establecidos y los que pugnaban por imponer una
nueva legitimidad (Ibdem). En este sentido, el estructuralismo -y
particularmente el pensamiento de Althusser- se constituy en una herramienta
terica e ideolgica eficaz para intervenir en estas disputas de campo, en
tanto remiten a ese doble horizonte marxismo y psicoanlisis- que Bleger haba
ya intentado articular desde finales de la dcada de 1950.
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Cuadro
8 |
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Un
eje fundamental de las ideas propuestas por Louis Althusser es la distincin
entre ciencia e ideologa, explcitamente inspirada en las
nociones de obstculo y de corte epistemolgico de Gastn
Bachelard. A partir de estas nociones, este ltimo busca poner de relieve,
por un lado, la inercia o el retraso que ciertas tendencias o hbitos
intelectuales imponen al progreso del conocimiento cientfico. Tal es el caso
de las generalidades que se establecen a partir de la observacin natural,
de una especie de registro automtico que se apoya sobre los datos de
los sentidos lo cual busca demostrar en la abusiva extensin de conceptos
como coagulacin y fermentacin durante el siglo XVII
(Bachelard, 1934:74-79). Es en este sentido que Bachelard sostena que hay un
corte, una discontinuidad entre una mera fenomenologa y un conocimiento
autnticamente cientfico. [Vase Fenomenotcnia en Una historia crtica
de la psicologa de Nikolas Rose]. A
grandes rasgos, una de las principales novedades que Althusser introduce en
este esquema es el establecimiento de una articulacin entre aquellas
nociones de obstculo y corte epistemolgico* con la nocin de ideologa. Son estas nociones, por ejemplo, las que le
permiten establecer una periodizacin de la obra de Marx y diferenciar un
perodo ideolgico (las obras de juventud, que sirvieron de base para una
interpretacin humanista de Marx) de un perodo cientfico que es
posterior a la ruptura de 1845 (Althusser, 1965: 25). En
este sentido, all donde el conocimiento empirista establece una
identificacin entre el objeto de conocimiento y el objeto real, sensible,
perceptible (o al menos una parte de l), Althusser ubica una diferencia. El
objeto real y el objeto del conocimiento difieren en tanto responden a
distintos procesos de produccin y generan efectos diferentes (efectos de
conocimiento, efectos de reconocimiento, etc.). Para
Althusser, el proceso de produccin de un conocimiento cientfico es el
resultado de una prctica terica que define, citando a Marx, como un
trabajo de transformacin de la intuicin y de la representacin en
conceptos [] El conocimiento [] no trabaja, pues, sobre el objeto real,
sino sobre su propia materia prima, que constituye en el sentido riguroso
del trmino- su objeto (Althusser, 1967:48) Este
autor buscar distanciarse as de una concepcin empirista o de un realismo
ingenuo que entiende al conocimiento como una abstraccin que separa,
en un objeto real, sus aspectos secundarios o accesorios de su esencia.
El producto y los efectos de una prctica de este tipo correspondera, en el
esquema althusseriano, a un conocimiento pre-cientfico, al igual que el
conocimiento que se produce a partir de lo que denomina la prctica
ideolgica. As
como para Bachelard se conoce en contra de un conocimiento anterior,
destruyendo conocimientos mal adquiridos, es posible afirmar que para
Althusser un conocimiento cientfico se establece contra la ideologa,
esta ltima constituye la prehistoria de la prctica terica cientfica lo
cual no implica que la primera pueda llegar a sustituir a la segunda. La ideologa
sistema (que posee su lgica y su rigor propios) de representaciones
(imgenes, mitos, ideos o conceptos segn los casos), dotados de una
existencia y de un papel histricos en el seno de una sociedad dada
(Althusser, 1965:191) al tener una funcin prctico-social ms que terica
(o de conocimiento) encuentra su fundamento en lo sensible, en el
sentido comn, en lo cotidiano. La ideologa est compuesta esencialmente de
elementos ilusorios, imaginarios, que expresan voluntades, vivencias,
necesidades o sentimientos pero no llegan a producir un conocimiento
cientfico. En realidad, la ideologa tiene muy poco que ver
con la conciencia, si se supone que este trmino tiene un sentido unvoco.
Es profundamente inconsciente [] La ideologa es, sin duda, un
sistema de representaciones, pero estas representaciones [] se imponen como estructuras
a la inmensa mayora de los hombres, sin pasar por su conciencia. Son
objetos culturales percibidos-aceptados-soportados que actan funcionalmente
sobre los hombres mediante un proceso que se les escapa. [] la relacin
vivida de los hombres con el mundo, comprendida en ella la Historia (en la
accin o la inaccin poltica), pasa por la ideologa, es la ideologa
misma. (Althusser, 1965:193) |
3.3. Hacia una ciencia del
inconsciente.
Psiclogo de formacin, perteneciente a la segunda
camada de egresados de la carrera de la UBA, Carlos Sastre haba sido alumno de
Bleger y haba formado parte del plantel docente de la ctedra Psicologa II,
a cargo de Antonio Caparrs.
Ms tarde, asistir a los grupos de estudio
organizados tanto por Eliseo Vern como por Oscar Masotta[32], en
los cuales se provee de las herramientas tericas del estructuralismo
althusseriano y del psicoanlisis lacaniano.
En el nmero 4 de la RAP, Carlos Sastre public un
artculo crtico en el cual pona en entredicho el proyecto terico expuesto
por Bleger en su Psicologa de la conducta, al sealar sus
defectos epistemolgicos, tericos y
prcticos (Sastre, 1974:149).
Este artculo fue posteriormente publicado en su
primer libro, en donde defina a la psicologa como una red ideolgica,
donde se anudan mltiples discursos
seudocientficos[33], que
encuentran su ncleo organizador en la confluencia de fenomenologa,
psicoanlisis y marxismo humanista preconizada por Politzer, Lagache y Bleger.
Sastre se propona invertir la direccin trazada por estos autores y, ms que
una unificacin, llevar adelante una desarticulacin conceptual que permitiera
poner en evidencia su carcter ilusorio o imaginario.
Con este objetivo, los cuestionamientos giraban en
torno a tres ejes:
En primer lugar, realizaba una critica
terico-epistemolgica, al sealar la degradacin a que se vera sometido un
psicoanlisis que, integrado a una teora general de la conducta, se vera
despojado de aquello que constituira su verdadero fundamento: el inconsciente.
Por otro lado, presentaba un cuestionamiento
terico-ideolgico que apuntaba al corazn mismo del proyecto blegeriano de una
nueva psicologa, esto es, el eclecticismo que pretenda superar la
dispersin y fragmentacin terica de la disciplina. Sastre sealaba all el
carcter ideolgico que persista en el centro de esta propuesta al diluirse la
distincin entre objeto de conocimiento y objeto real. En este punto es posible
reconocer la impronta del pensamiento estructuralista de Althusser, ya que para
este autor la ciencia se constituye siempre contra la ideologa, en
ruptura con sta, y define as su objeto como algo distinto de lo
perceptible, del objeto sensible,
real.
Finalmente, Sastre dirige un cuestionamiento
terico-poltico, cuando objeta el marxismo humanista de Bleger. En efecto,
Sastre pone en cuestin el uso que Bleger le imprime a las categoras del
materialismo dialctico e histrico para fundamentar su pretensin de una
psicologa unificada en torno a la nocin de conducta. Segn Sastre, poco
quedara del marxismo cuando se lo lee a travs de categoras fenomenolgicas
que identificaran, segn la particular lectura de Sastre, al mundo sensible
con el mundo real. Las nociones
de contradiccin, de totalidad y aufheben, se volveran, en la obra de
Bleger, meros formalismos que pierden, de esta manera, su potencial crtico.
Hacia el final del artculo, el autor caracteriza
al proyecto de Bleger como una fenomenologa del comportamiento, que
debe ser reemplazada por una ciencia del inconsciente que posibilitara
desarrollar los caminos trazados por Freud y Marx.
Es necesario destacar aqu que de esta forma,
Sastre traslada al mbito de la psicologa en Argentina la impugnacin general
que, en el campo cultural francs, haba recibido la tradicin fenomenolgica
-especialmente las ideas del filosofo Jean-Paul Sastre- de los autores
enmarcados dentro de la corriente estructuralista (Lvi-Strauss, Lacan,
Foucault y Althusser)
En este sentido, puede pensarse esta impugnacin
hacia Bleger en trminos similares a los que ya hemos presentado en el apartado
anterior. Se tratara, por un lado, de reproducir a nivel local estrategias que
en Francia haban resultado eficaces
para imponer una nueva ortodoxia; por otro lado, vemos aqu nuevamente
articuladas cuestiones generacionales, tericas e ideolgicas en una lucha por
la legitimidad dentro del campo profesional en Argentina.
Esta posicin crtica de los jvenes psiclogos
frente a quien haba sido una figura clave durante su formacin se volver an
ms explicita a partir de la muerte del propio Jos Bleger en 1972. En efecto,
volmenes como El rol del psiclogo (1973), La psicologa, red ideolgica
(1974) y Teora y tcnica psicolgica de comunidades marginales (1974)
no harn ms que ampliar y profundizar la impugnacin de aquella psicologa de
la conducta y aquel perfil psicohigienista que Bleger haba ofrecido a los
psiclogos diez aos atrs.
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[1] Segn lo expresa Emilio Gijaba (que perteneca a la Facultad de Derecho desde 1949, as como al Centro de Estudiantes): El proyecto peronista estaba dado claramente, la Ley Universitaria del 47 lo marcaba, era una Universidad autoritaria, enmarcada en cnones rgidos dirigidos por el Ministerio de Educacin. Se elegan los rectores y decanos a dedo, sin participacin estudiantil y con los delegados que se elegan de los estudiantes a dedo- por el decano. [...] El nuestro era el proyecto reformista que [...] se plasma despus del 56 con los rectorados de Jos Luis Romero, Rizieri Frondizi y Fernndez Long, que era abierto, reformista, con gobierno tripartito, igualitario, [...] con los concursos libres, con la famosa ctedra paralela, con libertad de ctedra (Ter/1, 1988: 22-23).
[2] El catlogo de septiembre de 1958, por ejemplo, presenta ttulos en arte y esttica; arquitectura contempornea; msica; poesa y literatura; coleccin interciencia; coleccin historia de la arquitectura; coleccin ideas de nuestro tiempo; coleccin el hombre, la sociedad y la historia.
[3] Como ya hemos sealado, los profesores que haban participado en la Universidad durante el gobierno peronista fueron expulsados de la misma. A partir del 1955 para ser profesor en la UBA era preciso demostrar - mediante una serie de mecanismos- que no se haba tenido vinculacin alguna con el antiguo rgimen.
[4] En EEUU, en 1892 ya se haba fundado la American Psychological Association que agrupaba a los primeros psiclogos profesionales. Las carreras de grado en Amrica Latina surgirn medio siglo despus: en Guatemala en 1946, en Colombia y Chile hacia 1947, en Brasil en 1953 y en Per en 1955. En Francia la carrera se instituye en 1944 y ms tardamente en Suiza (1965), Rusia (1966) y Espaa (1968).
[5] Lo cual no quiere decir que no hubiera psicologa antes de esa fecha, sino que se trataba de una psicologa sin psicolgos tal como puede concluirse a partir de lo desarrollado en el Mdulo IV- Primera parte.
[6] De hecho, y segn lo consignado en sus Actas, la iniciativa para la organizacin de este Primer Congreso provino inicialmente del Instituto de Ciencias de la Educacin dependiente de la Facultad y Filosofa y Letras (UNT).
[7] Tanto Alejandro Dagfal (1998b) como Hugo Klappenbach (s/f), a partir de lo desarrollado por Mangone y Warley (1984), han propuesto articular este sesgo de la psicologa hacia comienzos de la dcada de 1950 con las caractersticas de la produccin acadmica durante el gobierno peronista del perodo 1946-1955, ms precisamente con las polticas plasmadas en los planes quinquenales y en la Constitucin de 1949.
[8] Los casos ms ilustrativos en este sentido, pero no los nicos, son: uno de los artculos presentados por Garca de Onrubia en el Primer Congreso Argentino de Filosofa (1949), que sostiene una explcita impugnacin de las tesis de Sperman sobre la inteligencia; el de Plcido Horas, que dirigi el Instituto Pedaggico de San Luis y present al Primer Congreso Argentino de Psicologa una Comparacin entre las pruebas de Goodenough y de Koch, aplicadas a nios de grados inferiores; y el de Oscar Oativia que poco aos despus lleg a disear su propio test.
[9] Annimo (1954) Primer Congreso Argentino de Psicologa, Humanidades, 4, p. 122. Incluido en Dagfal, A. y Borinsky, 1999: Compilacin de bibliografa primaria sobre la profesionalizacin de la psicologa en Argentina.
[10] Pablo Buchbinder afirma que en 1952 y 1954 se presentaron dos proyectos en la UBA que apuntaban a la creacin del ttulo de psiclogo y que fueron rechazados, con distintos argumentos, por el Consejo Superior (Buchbinder, 1997).
[11] Sobre las producciones de Romero Brest durante el gobierno de Pern puede consultarse el captulo I (El arte moderno en los mrgenes del peronismo) del libro de Andrea Giunta, Vanguardia, internacionalismo y poltica. Sobre el proyecto de Germani de una sociologa cientfica, vase Los intelectuales y la invencin del peronismo de Federico Neiburg y la reciente biografa de Ana Alejandra Germani publicada bajo el ttulo Gino Germani. Del antifacismo a la sociologa.
[12] Por ejemplo: Introduccin a la psicologa, Buenos Aires, Ed. Columba, 1955..
[13] Enrique Butelman estuvo adems a cargo de diversas materias de la carrera de psicologa en la UBA y, junto a Jaime Bernstein, tambien docente de la carrera, haba fundado la editorial Paids en 1945. Marcos Victoria haba redactado el prlogo del primero libro publicado por esta editorial: Conflictos del alma infantil de Carl Gustav Jung.
[14] Sobre la recepcin de las ideas freudianas y la historia del psicoanlisis en la Argentina, vease Vezzetti (1996), Plotkin (2003), Baln (1991).
[15] Si nos limitamos solamente a Psicologa de la conducta, vemos que este libro agota cuatro ediciones, a travs de EUDEBA, entre 1963 y 1967. En 1973, es editado a travs de la Editorial Paids que, a lo largo de nueve aos, realiza diez reimpresiones del libro. En 1983, esta misma editorial, lanza una segunda edicin que ser reimpresa un ao despus.
[16] La nocin de esquemas referenciales, tomada de su maestro Pichon-Rivire, refiere al hecho de que siempre pensamos y actuamos guiados por ciertas ideas, actitudes, experiencias previas, etc., que operan un recorte y condicionan nuestra manera de concebir el mundo, nuestra manera de ver la realidad.
[17] Es necesario tambin tener presente que, en 1954, la resolucin N 2282 del Ministerio de Salud Pblica haba establecido que la prctica del psicoanlisis solo poda ser llevada a cabo por quienes posean un ttulo mdico
[18] Esta clase inaugural fue publicada originalmente en Acta psiquitrica y psicolgica Argentina, en 1962. Posteriormente ser incluida en su libro Psicohigiene y psicologa institucional de 1966. Las referencias remiten aqu a esta ultima edicin.
[19] En el seno de la Sociedad de Neurologa y Psiquiatra de la Asociacin Mdica Argentina se fundaba, en diciembre de 1929, la Liga Argentina de Higiene Mental, bajo la presidencia de Gonzalo Bosch director del Hospicio de las Mercedes (actual Hospital Jos T. Borda). Vase Klappenbach, Hugo (Klappenbach,1999)
[20] Bleger sostiene que el valor social del psicoanlisis, en cuanto terapia es bastante limitado. [...] El psicoanlisis clnico no puede, de ninguna manera, resolver por s mismo el problema de la salud mental, en la amplitud y extensin en que ello se hace necesario en el presente (Bleger, 1966: 172). El psicoanlisis slo adquiere relevancia social merced a los conocimientos que aporta como fruto de su prctica; son estos resultados los que podran ser aplicados en los programas de higiene mental [Ver cuadro 6].
[21] Antonio Caparrs: haba nacido en Espaa en 1926.
Mdico-psiquiatra de formacin y miembro del Partido Comunista Argentino
hasta comienzos de la dcada del sesenta, dict en el Departamento de
psicologa de la Facultad de Filosofa y Letras de la UBA, las materias
Psicologia I y Psicologa II. Hacia 1964, fund y dirigi el Instituto de
Psicologa Concreta, cuyas actividades se centraban en la formacin terica y
la prctica clnica en psicoterapia. En esos aos, mantuvo contacto con Ernesto
Che Guevara y realiz al menos una visita a la Cuba castrista. Su posterior
alejamiento del PC encontr un motivo fundamental en la postura de esta
agrupacin poltica respecto de los movimientos revolucionarios en Latinoamrica.
Len Rozitchner: naci en Chivilcoy en 1924.
Doctorado en filosofa, estudio en la
Facultad de Filosofa de la Universidad de Buenos Aires y en La Sorbona de
Pars. Entre 1964 y 1966 dict en el Departamento de psicologa de la Facultad
de Filosofa y Letras de la UBA una serie de seminarios bajo el ttulo Freud y
Marx. Durante su estada en la Cuba revolucionaria en el ao 1962 escribi su
libro Moral burguesa y revolucin, en donde presentaba un anlisis
detallado de las entrevistas realizadas a los prisioneros que haban
participado en la invasin a Baha de Cochinos.
[22] Respecto a esta figura del intelectual comprometido observa Silvia Sigal que existen diferencias sustanciales entre el saber sobre la sociedad que sustenta una militancia politica -la dimension letrada de los militantes-, y las consecuencias ideologicas de una actividad organizada alrededor del conocimiento -la dimension ideologica de los letrados (Sigal, 2002:8).
[23] Como afirma Vezzetti El problema planteado se refera a la autonoma de la psicologa como prctica y como saber sobre el sujeto humano. Y la discusin sobre la ideologa y el compromiso vena a situarse en el punto en que esa autonoma quedaba desmentida o cuestionada (Vezzetti, 2004: 306-307).
[24] Ese mismo ao, 1965, Caparrs desarroll argumentos similares en algunas de las ponencias que present en el Segundo Congreso Argentino de Psicologa. En estos trabajos presentaba formas alternativas para pensar el tema del compromiso y la funcin social del psiclogo. Este evento evidenci, a su vez, el protagonismo que haban adquirido los nuevos docentes, graduados y estudiantes de las diferentes carreras e instituciones de psicologa que se encontraban en funcionamiento a lo largo del pas.
* Bleger fue uno de los primeros en presentar su renuncia al cargo de Profesor.
[25] El autor era mdico-psiquiatra, formaba parte de la APA y ya para ese momento haba participado en la fundacin del grupo Plataforma Internacional, que conformaba una franja crtica en el interior de la propia International Psychoanalytical Association. Tambin formaba parte del equipo asistencial del Lanus (Hospital Araoz Alfaro) donde coordinaba las actividades de un grupo de psiclogos, junto a los cuales publicar en 1970 el libro Psicoterapia Breve, prologado por Bleger.
[26] En trminos similares se manifestaba A. Caparrs en una segunda mesa redonda tambin referida a la temtica Ideologa y Psicologa concreta. All se preguntaba si es pertinente la comparacin de la actividad de un psiclogo, definido en trminos de agente de cambio, con la tarea del militante que participa en un movimiento tendiente a una transformacin profunda del pas. Para Caparrs esta comparacin era improcedente en tanto los cambios o transformaciones que realiza el psiclogo mantendran el sistema en lugar de transformarlo. Al restringir su campo de accin a aquello que les es pedido sera imposible incluir cuestiones ideolgicas en la prctica del psiclogo. Entonces, para Caparrs, la prctica psicolgica es un momento particular de la praxis del psiclogo que debera guiarse hacia la actividad ideolgica y ms precisamente hacia una actividad militante que es su fundamento. No hacerlo de este modo solo llevara al psiclogo por un camino que conduce a la alienacin.
[27] La Asociacin de Psiclogos de Buenos Aires (APBA) haba sido creada en el ao 1962 a instancias de la primera camada de egresados de la carrera, conformada casi en su totalidad por mujeres.
[28] La explicacin de estas contradicciones no se agota en simples esquemas generacionales o de gnero: no se trata exclusivamente de un enfrentamiento entre quienes fundaron la APBA, que en su gran mayoria eran mujeres, y una segunda generacin de psiclogos, cuyos representantes masculinos comenzaron a asumir un rol crecientemente directivo dentro de esta Asociacin.
[29] Isabel Calvo form parte del grupo fundador y fue la primera presidente de APBA. Diana Averbuj era una joven profesional que perteneca a la segunda generacin de psiclogos y poco ms tarde sera miembro del consejo de redaccin de los CPC.
[30] En este punto es posible apreciar la impronta de las ideas de Louis Althusser respecto de la relacin entre teora y prctica cientfica [Ver cuadro 8 y 3.3].
[31] Por otra parte, no hay que olvidar que Bleger no particaba de la actividad acadmica desde la renuncia en 1966 a sus cargos en la carrera de psicologa de la UBA.
* Es necesario tener en cuenta que, en las versiones castellanas de la obra de Althusser, se ha traducido la coupure epistemologique de Bachelard como ruptura epistemolgica, a pesar de que la referencia es explcita y, en el original, los trminos son idnticos.
[32] Oscar Masotta (1930-1979). Intelectual autodidacta, sus primeras publicaciones se sitan principalmente en el terreno de una crtica literaria con una explcita inspiracin sartreana. Hacia mediados de la dcada de 1960, comenz a incursionar en el terreno del arte experimental, dictando conferencias y dirigiendo seminarios en el ITDT y publicando textos dedicados al pop-art y los happenings. Paralelamente, comenz a interesarse por la obra del psicoanalista francs Jacques Lacan, cuya enseanza comenz a difundir a partir de entonces a travs de diversos grupos de estudio y seminarios. En 1971 fund los Cuadernos Sigmund Freud, dedicados a difundir una lectura de los textos freudianos de explcita orientacin lacaniana. En 1974 promovi la creacin de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, institucin que toma como modelo la Escuela fundada por Lacan en Francia. Poco despus debi trasladarse a Europa, instalndose finalmente en la ciudad de Barcelona. All continu con su labor de promotor del psicoanlisis de corte lacaniano hasta su muerte, hacia finales de 1979.
[33] Ms precisamente, para Sastre la psicologa es una coleccin y entrecruzamiento de discursos que se contradicen, carente de un instrumental terico y tcnico unitario que delimite un objeto propio de conocimiento, dominada por el efecto de reconocimiento, siempre dispuesta a abrirse hacia todos los temas y a caer sobre innmeros objetos reales sealados por el sentido comn, dotada de lenguajes semnticamente vagos y peligrosamente seductores gracias a su familiaridad con las representaciones espontneas de sus usuarios (Sastre, 1974: 87)