Estudio Preliminar a 
Freud en Buenos Aires 1910-1939

Hugo Vezzetti


 

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Prlogo a la segunda edicin

    Transcurridos siete aos desde la primera edicin, la reedicin de esta obra se justifica en la medida en que sigue siendo el nico estudio y la nica compilacin documental de un perodo importante de la recepcin del freudismo en la Argentina. Por otra parte, el libro que vengo de publicar (Aventuras de Freud en el pas de los argentinos, Paids, 1996) no se superpone ni con los propsitos ni con los contenidos de esta compilacin, que fue armada como una presentacin inicial y tentativamente exhaustiva de escritos que se refieren al creador del psicoanlisis en este rincn del planeta hasta su muerte. Y aunque siempre es posible que aparezcan algunos textos dignos de engrosar el corpus presentado, en el estado actual de la investigacin sigue constituyendo un conjunto representativo y relativamente integral de las operaciones de lectura y las vas de circulacin de enunciados atribuidos a Freud y al psicoanlisis.

He mantenido prcticamente inalterado el Estudio preliminar, con excepcin de algunas mnimas rectificaciones y del agregado de una cita de Alejandro Korn (1927) sobre la recepcin de Freud que no haba registrado en la primera edicin. En cuanto a la antologa, slo agrego el artculo que el padre Leonardo Castellani (1939) escribi en ocasin de la muerte de Freud, del cual ya me haba ocupado en la edicin anterior.

 Buenos Aires, julio de 1996.

 

Estudio preliminar

 Un mdico de Chile (probablemente un alemn) se pronunci en el congreso internacional que sesion en Buenos Aires, en 1910, a favor de la sexualidad infantil, y encomi los xitos de la terapia psicoanaltica en el caso de los sntomas obsesivos.1
As se refiere Freud, en 1914, a la temprana presencia del psicoanlisis en Buenos Aires. El mdico en cuestin no era alemn sino chileno y, en todo caso, esa primera mencin de Freud en la capital argentina no tuvo repercusiones. Slo hacia mediados de la dcada del veinte y, sobre todo, en los aos treinta, se encuentran referencias al psicoanlisis, aunque no puede decirse que el tema adquiera un relieve muy destacado ni en el dispositivo psiquitrico ni en el campo intelectual y literario. Esa progresiva y limitada difusin e implantacin de nociones y enfoques del psicoanlisis era correlativa al clima de ideas entre las dos guerras mundiales y a las modalidades de circulacin y refraccin de ideas y valores modernos en Buenos Aires, tanto en la cultura letrada como en el discurso psiquitrico y psicolgico.
Hasta ahora, los trabajos histricos sobre el psicoanlisis en la Argentina han acentuado, en general, el carcter inaugural y novedoso de su nacimiento institucional en 1942, con la creacin de la Asociacin Psicoanaltica Argentina (apa), descuidando el anlisis de las condiciones previas.2 Por una parte, en el espacio propio del discurso y las prcticas de la medicina mental encuentra Freud algn anclaje inicial, reducido y polmico, que est asociado, sobre todo, a los usos posibles, en la clnica de la neurosis, de un mtodo que se conoca poco y mal. Ms adelante, hacia el final del perodo considerado, la muerte de Freud va a ser la ocasin que muestre una renovacin y diversificacin de lecturas que vienen a sealar, ante todo, que sectores del medio intelectual porteo no son inmunes a la relevancia que su figura haba adquirido en Occidente como exponente del pensamiento y la conciencia moral de esos tiempos de crisis e incertidumbres.
    Dado que hay ms de un Freud, a partir del abanico de lecturas que lo toman por objeto, en qu campo preexistente de ideas y valores se van a ir inscribiendo esas referencias? Cules fueron los nuevos problemas que esa constelacin de discursos vino a encontrar y, en parte, a producir? Cules los canales y los modos de su incorporacin y difusin? En todo caso, la constitucin fragmentaria del psicoanlisis como objeto discursivo no es separable de condiciones de recepcin en las que se aprecia la presin por incluir a Freud en alguna tradicin preconstituida: cientfica, ideolgica, esttica o moral. Por otra parte, en un perodo en el cual estn escasamente definidos los criterios de pertinencia, consistencia y legitimidad de la disciplina psicoanaltica, se tornaba posible la integracin de un cuerpo bastante heterogneo y arbitrario de referencias bajo la rbrica de Freud.
Entre 1880 y el Centenario la psiquiatra argentina, concentrada en Buenos Aires, haba concluido la construccin y consolidacin de un dispositivo institucional asistencial y acadmico inspirado en la tradicin del alienismo. Si a partir de all se advierte una diversificacin de las referencias cientficas y doctrinarias (neuropsiquiatra, psicofisiolgica y psicologa experimental, hipnosis y sugestin, higiene mental), esa crisis relativa del paradigma pineliano es correlativa al desplazamiento del alienista desde su reducto en el manicomio hacia los conflictos y desequilibrios de la vida urbana. En las huellas del viejo tratamiento moral emerge, limitadamente, la cuestin de la psicoterapia, a la vez como tpico acadmico y como un desarrollo tecnlogico virtual de la psiquiatra.
Ms tempranamente, el tema se instala bajo la directa influencia de las polmicas francesas en torno a la hipnosis, la histeria y la sugestin; Charcot y Bernheim, Janet y Grasset son los autores que dominan el planteamiento de la cuestin, reducida a los mbitos acadmicos. En 1904 Jos Ingenieros publica una obra que ser reeditada muchas veces, Los accidentes histricos y las sugestiones teraputicas (desde la segunda edicin, en 1906, lleva por ttulo Histeria y sugestin. Estudios de psicologa clnica), escrita bajo la influencia de P. Janet, que viene a cumplir el papel de introducir y, en parte, legitimar ese nuevo campo de problemas. Ya en la primera edicin, el nombre de Freud es mencionado, junto con Breuer, entre los autores que han contribuido al estudio de la histeria, insertado en una larga serie que inicia Janet y en la que domina abrumadoramente la corriente neuropatolgica y psiquitrica francesa. De algn modo se revela all anticipatoriamente una matriz de lectura, propiamente cultural, que va a hegemonizar las operaciones de importacin de la obra de Freud en las siguientes tres dcadas.
  
Por otra parte, con el surgimiento y expansin del movimiento de la higiene mental, en una perspectiva de consideracin e intervencin profilctica sobre las formas menos visibles de la locura, el tema de la psicologa mdica que es casi sinnimo de psicoterapia encuentra condiciones ms favorables para su formulacin, y aun para cierto ejercicio emprico. Hacia fines de la dcada del veinte, la Liga Argentina de Higiene Mental inaugura sus consultorios externos; por entonces una figura destacada (E. Mouchet, 1931) del campo psiquitrico y psicolgico propone sin mucho xito, por otra parte la inclusin de la psicologa en el plan de estudios de la Facultad de Medicina. Pero esa y otras expresiones, ms bien aisladas, estn lejos de sostenerse en un movimiento decidido de renovacin de la psiquiatra. No slo porque la vieja medicina mental mantena su posicin hegemnica en hospitales y ctedras, sino porque los puntos de vista innovadores surgan ms bien de cierto ejercicio de divulgacin, sin que alcanzaran mayores consecuencias en el dominio de las prcticas clnicas. Ms aun, a menudo en el mismo planteo que incluye referencias innovadoras es posible encontrar el lastre de un eclecticismo sin conceptos que mezcla y confunde sus nociones con los temas ms tradicionales de la psiquiatra del siglo xix.
    En la medida en que las tesis de la degeneracin mantienen una vigencia que va a perdurar, como una matriz de diagnstico del campo mltiple de las manifestaciones de la locura, el recurso prctico a la psicoterapia o la posibilidad de un inters amplio por la vertiente teraputica del psicoanlisis, en el campo de la psiquiatra establecida, muestran un escaso desarrollo.3 Y sin embargo, bajo formas fragmentarias, mezclado con lo viejo o importado a partir del despliegue del psicoanlisis en la cultura europea sobre todo francesa algo de Freud llega a Buenos Aires por esos aos.
   
El texto de Ingenieros de 1904 parece corresponderse con un inters nuevo en el mbito acadmico por los temas de la sugestin, la hipnosis y la histeria, cuestiones que quedan colocadas en la perspectiva de una apropiacin, por parte de la ciencia positiva, de recursos hasta entonces abandonados a las prcticas mgicas. El ejemplo de Charcot y su legitimacin de la hipnosis como procedimiento mdico viene a constituirse, en ese sentido, en el ejemplo mayor y paradigmtico.
Por qu no deberan los hombres de ciencia repetir en sus clnicas los milagros practicados por taumaturgos incultos? Jess en Galilea, y Pancho Sierra, en Buenos Aires, tuvieron conocimientos que a Charcot le fuera vedado descubrir en la Salptrire y a nosotros confirmar en San Roque. En la pregunta de Ingenieros, el sealamiento de ese cruce entre la ciencia y la magia, entre el mdico y el taumaturgo, revela uno de los ejes ms problemticos de la cuestin. Y no slo por las dificultades de un pensamiento de cuo naturalista para teorizar y, sobre todo, tecnificar el tratamiento psquico, sino porque precisamente all queda marcada una zona de inconsistencia, propiamente un flanco vulnerable (cmo ser a la vez hombre de ciencia y taumaturgo?) que parece estar en la base de esa posicin a la defensiva que caracteriz, en general, la recepcin de las nuevas ideas.
  
En la quinta edicin de Histeria y sugestin (1919), Ingenieros incluye un agregado sobre Freud en el que sostiene, bsicamente, que el psicoanlisis no difiere del anlisis psicolgico, con lo cual, implcitamente, se pone del lado de Janet en la disputa por la prioridad del mtodo. Tambin es de inspiracin janetiana la comparacin de la tesis freudiana sobre la etiologa sexual de la histeria con las antiguas teoras uterinas de la medicina griega (P. Janet,1914).4 Pero lo ms importante de esta breve referencia de Ingenieros a Freud es que viene a establecer, por primera vez entre nosotros, una divisoria de aguas respecto del campo de la medicina. Qu clase de ciencia?, y ms aun con todo el peso de los emblemas de ese apostolado laico qu clase de medicina es el psicoanlisis? Es indispensable agregar que Freud y sus secuaces parecen deleitarse singularmente en la exposicin de sus ideas dndoles proyecciones ajenas a la medicina y resbalando a un terreno demasiado prctico y mundano. En todo caso, no deja de ser curioso que una amonestacin como la citada provenga de una figura intelectual que en su obra y en su actuacin pblica desbordaba ampliamente los espacios, las nociones y los valores de la medicina establecida.
    La mencin que Freud hizo del trabajo de Germn Greve lo convierte en una referencia obligada de la historia del psicoanlisis en la Argentina. Sin embargo, ms all de su presentacin en el Congreso Cientfico de 1910, no tuvo difusin en Buenos Aires; no fue publicado en ninguna revista mdica ni es citado por los autores argentinos que se ocuparon del tema, hasta que fue rescatado por Ludovico Rosenthal en la Revista de Psicoanlisis en 1945.5 Como sea, la exposicin de Greve se esfuerza por colocar a Freud en la zaga de la psiquiatra francesa, de Charcot a Janet e insiste en que las respectivas teoras son conciliables. Lo ms significativo, quizs, es que defiende el papel de la sexualidad en la etiologa de la neurosis devolviendo el mismo argumento empleado por los detractores de Freud: los ataques son anticientficos y fundados en razones de orden convencional y social. Al mismo tiempo, se refiere al procedimiento psicoteraputico en las neurosis y las modificaciones tcnicas introducidas por Freud, para concluir admitiendo que, en realidad, practica el mtodo de un modo incompleto.
Muy distinta es la difusin que alcanza un texto breve publicado en La Semana Mdica (W. F. Waugh, 1912) cuyo autor, un mdico de Chicago, promete una aplicacin de las teoras de Freud. Para ello se propone usar lo que entiende es el mtodo psicoanaltico en el anlisis de un caso policial, el episodio de un marido abandonado que asesin a su esposa, y postula en nombre de Freud que se trata de un retorno a un estado primitivo, es decir, la manifestacin brutal de la persistencia de una naturaleza brbara y troglodita por debajo del barniz de la civilizacin. Que Freud sea asociado, en la revista mdica ms importante de Buenos Aires, a esta versin vulgarizada de Lombroso muestra hasta qu punto el psicoanlisis debe su difusin inicial ante todo a sus expresiones silvestres. Como sea, si se trata de sealar un comienzo, Freud ingresa al espacio discursivo de la medicina portea a travs de este texto inslito, de apenas dos pginas, sobre un srdido drama conyugal y es ledo en el marco de las doctrinas del atavismo propias de la antropologa criminal del siglo anterior.
Dos aos ms tarde es presentada en la Sociedad Mdica Argentina la primera comunicacin sobre el psicoanlisis que incluye alguna forma de prctica clnica inspirada en el descubrimiento freudiano (L. Merzbacher, 1914). La primera circunstancia destacable, respecto de todos los que van a referirse a Freud en Buenos Aires, es que Merzbacher lo lee en alemn. Al mismo tiempo viene a decir, bastante tempranamente, que no se puede ignorar una doctrina que ha alcanzado considerable difusin en Europa y a manifestar su extraeza por el desconocimiento local de las tesis de Freud. Aunque destaca que la obra del maestro viens encierra un inters que excede el mbito de la psiquiatra, por cuanto constituye un captulo curioso de la psicologa, y especialmente de la psicologa de todos los das, lo ms importante es su presentacin y ejemplificacin del mtodo psicoteraputico, de acuerdo con las primeras formulaciones de Freud y Breuer. En rigor de verdad, no diferencia la terapia analtica de la sugestin bajo hipnosis, pero distingue entre un mtodo complicado, de laboratorio que corresponde a la tcnica jungiana de la asociacin de palabras y otro, de consultorio, que es ilustrado con una presentacin clnica. En todo caso, esa distincin parece anticipar un enfoque pragmtico que ser reiteradamente expuesto: adjudicar al mtodo psicoanaltico requisitos bastante estrictos para despus preferir un uso simplificado e impreciso.
 
Esa aislada invitacin al pragmatismo tiene que ver menos con la actitud del campo psiquitrico porteo que con la obra del peruano Honorio Delgado, difundida en Buenos Aires desde 1918 (H. Delgado, 1918, 1919 y 1920). Se trata del esfuerzo ms ambicioso, sistemtico y continuado de exposicin y promocin del psicoanlisis en Amrica Latina, por parte de un autor que lee a Freud en alemn, que conoce y cita las traducciones inglesas y que polemiza con las crticas provenientes de la psiquiatra francesa, especialmente las de Janet y de E. Regis y A. Hesnard. Pero, al mismo tiempo, su adhesin se sostiene en una actitud ampliamente integrativa, tanto en el nivel de las disciplinas psiquiatra clnica, neurobiologa, psicologa experimental como en el de los autores. As es como los disidentes Jung y Adler pueden ser incorporados en una versin de la teora psicoanaltica en la que las diferencias conceptuales y metodolgicas quedan reducidas a meros matices. Finalmente, viene a decir Delgado, si las explicaciones pueden ser pasibles de objeciones, no sucede lo mismo con el mtodo, y con esa disociacin entre teora y mtodo sobre la que van a insistir todos los crticos del psicoanlisis se instituye una modalidad de asimilacin que acenta la autonoma del procedimiento teraputico y busca incluirlo, a contrapelo de lo que Freud proclamaba, en el arsenal tcnico de la psiquiatra.
Si algo se destaca de modo sorprendente en este perodo es que las obras de Freud estn ausentes de las revistas porteas, y esto no slo bajo la forma directa de la traduccin, sino aun al modo del comentario o la resea. La nica excepcin es una breve recensin de Duelo y melancola, sin firma y simplemente descriptiva, publicada en la Revista de Criminologa, Psiquiatra y Medicina Legal en 1923. En todo caso, aun despus de la edicin espaola de Freud, a partir de 1922, su obra sigue llegando a Buenos Aires, para los pocos que se interesan en ella, en versiones de segunda mano y es citada generalmente en francs. Ms aun, la temprana traduccin del largo trabajo crtico de Janet en los Archivos de Ciencias de la Educacin, de La Plata, sugiere que los cuestionamientos al psicoanlisis son conocidos antes que los textos freudianos. Por entonces, las pocas referencias suelen corresponder a traducciones, por ejemplo, un caso publicado en la citada Revista de Criminologa, Psiquiatra y Medicina Legal (E. Minkowski, 1923) que revela la lgica que va a encontrar un eco bastante generalizado entre quienes se ocupen del tema en la Argentina. Por una parte, resalta el dogmatismo de Freud y sus adeptos para apelar a una posicin de neutralidad y objetividad, slo dispuesta a las convicciones empricas. Pero, al mismo tiempo, sita al psicoanlisis en el lugar paradjico de ser, a la vez, una doctrina sospechosa y un procedimiento teraputico rescatable, aunque slo sea en la medida en que se lo use de un modo atenuado, distante de su forma clsica.
De las versiones provenientes de Europa sobre todo de Francia que van sancionando e instituyendo cierta significacin de Freud, la ms difundida parece ser la ya citada de Janet, con argumentos crticos que se repiten y difunden por ms de dos dcadas. Por otra parte, una va alternativa de incorporacin y transmisin de ideas psicoanalticas es la presencia en Buenos Aires de algunos viajeros que traen a Freud entre las novedades que se ofrecen desde el Viejo Continente. El primero de ellos es el espaol Gonzalo Lafora (1923), quien a travs de conferencias de divulgacin y algunos artculos logra una considerable repercusin e influencia, particularmente en el argentino Juan R. Beltrn.
   
Psiquiatra que busca hacer compatible el psicoanlisis con la religin catlica,6 no disimula sus reservas ni su propsito de expurgarlo, a partir de definirlo como mtodo de investigacin del espritu, en una orientacin que remite a la obra del pastor Pfister. As es como advierte contra la unilateralidad de la doctrina pansexualista y afirma la importancia de los factores provenientes del instinto de conservacin, tal como procura demostrarlo con la presentacin de un ejemplo clnico. Por otra parte, el estatuto cientfico del psicoanlisis parece depender, en su ptica, de su compatibilizacin con los enfoques de la psicologa experimental, lo que lo lleva a destacar el test de asociacin de palabras de Jung y a ilustrarlo con un ejemplo que vendra a demostrar que el psicoanlisis, pese a lo que muchos afirman, es asimilable a las corrientes cientficas ms legtimas en el campo de la psicologa. Pero all donde el experimento amenaza salirse de control, la impostacin cientfica cede ante la apelacin moral. Es lo que sucede cuando se esboza la cuestin de la transferencia afectiva y se sita all el peligro mayor del mtodo, a saber, el desencadenamiento de un amor correspondido entre mdico y paciente. Finalmente, afirma, el psicoanlisis es una forma de confesin y la confesin, un psicoanlisis sin psicologa, con lo que vendra a resaltar la idea de un encuentro entre ciencia y moral, ncleo central de muchas paradojas en torno del ejercicio teraputico del psicoanlisis.
Ms relevante desde el punto de vista de su trascendencia intelectual y el alcance de su difusin hacia un pblico letrado que excede el de los especialistas mdicos es la visita de Charles Blondel. En 1927 dict una serie de conferencias en la Facultad de Filosofa y Letras, la ltima dedicada al psicoanlisis y publicada en la Revista de Filosofa (Ch. Blondel, 1927). Coroliano Alberini, decano de la Facultad, haba realizado la presentacin del disertante y en ella se dedicaba a sealar los vnculos que mantena con el pensamiento de Bergson, en una lnea enteramente contraria a la orientacin positivista de la revista. Ms aun, es sa la nica oportunidad en que se publica algo de Alberini en el rgano fundado por Jos Ingenieros. Slo puede concluirse que si la revista, que escasamente haba dedicado algunas pginas a Freud a lo largo de una dcada, acoge de ese modo un pensamiento cuya filosofa repudiaba ntimamente, es slo porque coincida en el cuestionamiento al psicoanlisis. Las tesis de Blondel, sintticamente, sostienen que lo que puede haber de valioso en las teoras y el mtodo freudiano era ya conocido y carece de originalidad; por otra parte, insiste, Bergson se anticip a Freud en el problema del inconsciente. El verdadero dominio del psicoanlisis, concluye, es la literatura: Freud viene a ser, finalmente, un Balzac que ha errado su vocacin.

    Por entonces, Enrico Morselli haba publicado en Italia un libro sobre el psicoanlisis que estaba destinado a una repercusin considerable en el medio psiquitrico. En 1926, casi al mismo tiempo, dos revistas porteas ampliamente interconectadas entre s la Revista de Filosofa y la Revista de Criminologa, Psiquiatra y Medicina Legal inexplicablemente reproducen el primer captulo (E. Morselli, 1926) que constituye el cuestionamiento mdico ms fuerte a las concepciones freudianas hasta entonces publicado en Buenos Aires. Permanecer dentro del terreno mdico y no separar el rgano de la funcin son las directrices de una exposicin destinada a enfrentar la amenaza del hiperpsicologismo en la clnica psiquitrica. En todo caso, queda demostrado que el blanco es bien amplio por el modo en que Freud es incluido en las corrientes teutnicas (expresin antigermana que verdaderamente no parece haber encontrado resonancias entre los crticos locales de Freud), junto con Jaspers, Bleuler y hasta Kretschmer, para sealar un supuesto extravo de la psiquiatra respecto de sus fundamentos somticos. Si el ncleo del cuestionamiento, en el marco de una lectura chatamente materialista, radica en ver en el psicoanlisis la expresin actualizada de la vieja metafsica, lo llamativo es ese inters redoblado que indica prcticamente una toma de posicin de las revistas y el empeo por difundir una lnea crtica que tiende al arcasmo. Mientras en el mundo se admita la crisis de la psiquiatra del siglo xix y algunos se empeaban en buscar nuevos caminos y promover innovaciones tericas y tecnolgicas, en Buenos Aires la vieja medicina mental se aferraba a sus fueros, movilizada por el fantasma de una conjura que pretendera reducir la psiquiatra a simple domstica del freudismo.
    De cualquier manera, los argumentos de Morselli se acumulan sin mucha lgica y si, frente a la seriedad de la psiquiatra, la prctica del psicoanlisis le evoca la frivolidad y aun la inmoralidad del chaisse-longue, a rengln seguido puede denunciar esa investigacin sugestiva y opresiva, en una vuelta de tuerca sobre la acusacin al mtodo inquisitorial. Por otra parte, no deja de ser curioso que la misma revista que haba alabado como magistral esa crtica de Blondel en nombre de Bergson, celebre igualmente una posicin que pone a ste en la misma bolsa con el creador del psicoanlisis. Me parece ver al auditorio [se refiere al de Freud] igualmente compuesto e igualmente incompetente, de mayora femenina, que se aglomeraba en las elegantes conferencias filosficas de H. Bergson, en un todo dedicado a proclamar la superioridad de la intuicin sobre la reflexin, del instinto sobre la razn: argumentos simpticos, especialmente para mujeres. En sntesis, este positivista tardo lanza contra el psicoanlisis un triple anatema: doctrina metafsica, mtodo moralmente peligroso, moda frvola. Como se ver, su juicio tuvo considerable influencia entre quienes se ocuparon del tema en Buenos Aires.

 

II

    Hasta aqu, entonces, salvo esa ocasional incursin de Luis Merzbacher, las ideas del psicoanlisis han desembarcado en Buenos Aires tradas por autores y viajeros forneos, bajo una modalidad de divulgacin que oscilaba entre una aceptacin atenuada y diluida y el franco cuestionamiento crtico. De cualquier manera, distintos testimonios coinciden en destacar la importancia que la corriente freudiana ha alcanzado en el continente europeo desde los aos veinte y en sealar el contraste con su escasa presencia en el medio porteo. El nombre de Freud viene asociado menos al campo de problemas de la psiquiatra que como protagonista de un movimiento intelectual con vastas repercusiones en la cultura de su tiempo. Y el fenmeno, mayormente, viene de Pars, no slo porque se lo lee en francs, sino porque es la circunstancia de su difusin en ese pas connotada por la aureola de una moda frvola entre gente de letras la que parece presionar en el sentido de su inclusin y consideracin entre nosotros.
   
Justamente, es la moda europea, es decir, el impacto cultural de la obra de Freud lo que tiene en la mira el joven Anbal Ponce en La divertida esttica de Freud (A. Ponce, 1923 a). En la medida en que concibe al psicoanlisis como un movimiento superficial y transitorio puede ocuparse de l con ligereza, en un estilo que est a tono con la frivolidad que atribuye al fenmeno, y que no es habitual en su produccin intelectual. Slo conoce la versin francesa de la Introduccin al psicoanlisis, y es evidente que est bajo la influencia de la actitud general de resistencia y menosprecio que haba caracterizado la recepcin de Freud en Pars. Ponce compara la difusin del psicoanlisis a la del tango o el shimmy, y con ello parece coincidir en trminos chistosos con la tendencia bastante generalizada a recurrir a las analogas para dar cuenta de la difusin cultural de esas nuevas ideas. Slo que, como se ver, otros intentos de explicacin buscaban equivalencias propiamente intelectuales al comparar la vigencia de Freud con el impacto de figuras como Nietzsche, Spengler o Bergson.
   Ponce tiene 25 aos, hace apenas tres que conoci a Jos Ingenieros y se encuentra bajo el impacto del maestro no slo en cuanto a los parmetros que deben definir una empresa cientfica, sino tambin en la caracterizacin de las corrientes intelectuales que deben ser enfrentadas en la lucha cultural.7 Hasta qu punto el estilo satrico que era tan propio de Ingenieros no seala la marca profunda de su influencia? En todo caso hubo una atribucin del artculo a Ingenieros en Nosotros en 1939.8 Reeditado entonces, se consignaba que el texto, firmado por Luis Campos Aguirre, pas poco menos que inadvertido en la fecha de su publicacin y est hoy enteramente olvidado, y se atribua su autora a Ingenieros. No cabe duda de que el artculo es de Ponce, quien usaba el seudnimo Luis Campos Aguirre o L. C. A. habitualmente en la Revista de Filosofa. Si embargo, ese notable acto fallido de los directores de Nosotros, que conocan bien la obra de Ingenieros y la de Ponce, al mostrar que esa atribucin resultaba creble (y aparentemente no fue rectificada) viene ms bien a revelar el peso y la presencia de las ideas del maestro sobre el discpulo.
   
Pertrechado en el paradigma del cientificismo naturalista, Ponce sostiene su ataque en la conviccin de que el psicoanlisis forma parte de la reaccin espiritualista y anticientfica, es decir, impulsado por un diagnstico que es a la vez filosfico y poltico: el renacimiento evidente del misticismo colectivo ha despertado la curiosidad del grueso del pblico por todo aquello que, en el psiquismo humano, conserva los prestigios seductores del misterio. Si su diagnstico combina las miradas del psiclogo y el crtico de la cultura, en el primer sentido su posicin es muy clara: es la biologa la que debe proporcionar el fundamento de la psicologa. En realidad, en este perodo de la obra de Ponce es la psicoterapia misma la que aparece cuestionada en su real eficacia a partir de una toma de posicin que ve lo determinante en las alteraciones simpticas, endcrinas y viscerales (A. Ponce, 1923c). Pero, al mismo tiempo, una verdadera militancia materialista lo lleva a encarar los trminos de un imaginario combate ideolgico, de modo bastante simplificado, como una lucha entre la ciencia y la religin, representadas respectivamente por la jeringa hipodrmica o el Evangelio. Afirmado en una posicin intelectual algo envejecida, el joven Ponce se coloca frente a los nuevos problemas de un modo que parece seguir, anticipadamente, el consejo por dems elocuente por el cual recomendaba en 1928! tener siempre sobre el escritorio un busto de Voltaire sobre un libro de Taine (A. Ponce, 1928). Ni siquiera la psicologa de Janet se salva del cuestionamiento fundado en la sacralidad del paradigma naturalista y cuando asiste a sus clases no disimula su desencanto: el que ha ido a escucharle buscando la observacin rigurosa, el lenguaje y el mtodo de las ciencias naturales, se retira pensando que acaba de or tal vez al ltimo profesor de una psicologa que concluye (A. Ponce, 1927).
   
No es extrao, entonces, que para Ponce el psicoanlisis forme parte globalmente de la reaccin metafsica y que busque en l analogas con una cosmovisin religiosa. Y el registro satrico de la Divertida esttica viene a ser un modo de descalificar la posibilidad de asumir frente al psicoanlisis una tarea seria de estudio y, eventualmente, polmica. Freud vendra a ser, afirma Ponce, la ms alta figura del humorismo contemporneo, y con ello justifica el tono del escrito que le dedica. Pero, al mismo tiempo, la forma en que enumera la amplitud de disciplinas que la obra de Freud abarca (psicologa, higiene, teraputica, pedagoga, clave de los sueos, sociologa, charadas, ciencia de los mitos y de las religiones) deja traslucir la preocupacin dominante por las repercusiones de una corriente de pensamiento a la que toma como sntoma de la crisis cultural e ideolgica de esos tiempos que el autor querra de socialismo y de extensin universitaria. Para denunciar ese desorden en el mundo acumula calificativos sobre el psicoanlisis: opereta de la psicologa, epopeya cientfico-burlesca, pedantismo cientfico de un sabio disciplinado a la alemana, monumento de la literatura cmica.
   
En todo caso, en el elogio que va a dedicar a la obra del psiquiatra y psicoanalista A. Hesnard sobre el inconsciente (A. Ponce, 1923 b) puede leerse aquello que Ponce querra ver escrito en lugar de la novedad freudiana. En efecto, al resaltar la sobresaliente formacin biolgica del autor que comenta (y que contrasta, como se ver, con las extravagancias de Madame Sokolnicka) seala cmo ha sabido encontrar el inconsciente donde se debe, a saber, en la oscura sensibilidad de la vida orgnica y en las ricas manifestaciones de la actividad sensorial, en los hechos de la motricidad y las deformaciones afectivas.
    Aos ms tarde, en sus trabajos ms maduros sobre la psicologa infantil y de la adolescencia, Ponce volver sobre el psicoanlisis con opiniones ms equilibradas, que no excluyen una prudente valoracin positiva. De cualquier manera, esa boutade juvenil denuncia, antes que nada, el malestar y el desconcierto frente al empuje innovador de esa corriente de ideas que por sus conceptos y su estilo de difusin intelectual chocaba abiertamente con la tradicin positivista. Y quiz, la forma reiterada en que insiste con que se trata de una moda opera como una suerte de denegacin de lo que para muchos empezaba a ser evidente, esto es, que la figura de Freud y sus efectos eran ya parte central del panorama intelectual de la primera posguerra, algo que, por otra parte, va a ser afirmado explcitamente en Buenos Aires en pocos aos, y quedar consagrado con ocasin de la muerte del creador del psicoanlisis. Pero, en todo caso, esa lectura brutal que adscriba el psicoanlisis a un espacio inasimilable para el clima de ideas hegemnico en el campo intelectual porteo se equivocaba menos, en cierto sentido, que los intentos de asimilacin de Freud al dispositivo psiquitrico mediante la operacin ramplona de una yuxtaposicin de referencias carentes de todo sustento conceptual.

    Algunos aos ms tarde Ponce va a ocuparse de Madame Sokolnicka y el psicoanlisis francs (A. Ponce, 1929), escribiendo desde Pars, esa ciudad por la que senta una fascinacin slo comparable a la que le provocaba Buenos Aires.9 No puede decirse que, en verdad, tena a Buenos Aires en la mira, aunque hablara de Pars? En efecto, por un desplazamiento exorcizaba el riesgo de esa desviacin en la capital francesa anticipndose a la casi inexistente presencia del psicoanlisis en el espacio cultural porteo. Como sea, el artculo tiene el tono ligero propio de una nota periodstica destinada a un pblico mundano, para dar cuenta de las novedades producidas en los ambientes literarios parisinos. Por otra parte, es la ocasin de reafirmar una tesis central, que ya es casi un lugar comn, acerca de la colocacin torcida del psicoanlisis respecto del dispositivo cientfico mdico. Segn la versin de Ponce, en la difusin del psicoanlisis en Francia se combinaban la tenacidad y la fortuna de una aventurera mundana y su capacidad para atraer a sectores de los crculos literarios, con el olfato comercial del editor Payot, quien encar la edicin de Freud mediante los oficios de un traductor que ni era psicoanalista ni dominaba del todo bien el alemn y el francs. En todo caso, es fcil advertir que Madame Sokolnicka es objeto de un desplazamiento respecto de la figura de Freud y, en parte, viene a ser tratada de modo anlogo a aquella primera versin ridiculizada del creador del psicoanlisis.
   
Por otra parte, la caricatura que construye de esa apstol femenino del psicoanlisis (En otro siglo o en otro medio hubiera fundado una secta religiosa, una sociedad teosfica, un comit para explorar el ms all) viene a confirmar lo que Ponce ya crea saber: la afinidad de las corrientes freudianas con un movimiento religioso. Finalmente, entre los efectos perturbadores del psicoanlisis no es el menor esa disposicin a saltearse el crculo reducido de los especialistas para dirigirse directamente a un pblico letrado que es concebido como voluble y mundano. En todo caso, ese juicio condensa una valoracin dominante, ms bien negativa, del encuentro posible entre psicoanlisis y literatura, y puede ser correlacionado con la circunstancia de que en Buenos Aires, a diferencia de Pars, Freud no ocupa casi ningn papel en el movimiento de las vanguardias literarias en esos aos.

Tambin la revista Nosotros da cuenta por entonces (J. A. Garca Martnez, 1924) de esa significacin cultural del psicoanlisis que se impone sobre una consideracin ms atenta a la obra, y lo hace, como en el artculo de Ponce, curioseando la escena parisina. La publicacin inaugura una serie ms bien escasa de referencias a Freud con una nota breve sobre la novedad del fenmeno psicoanaltico, dernier cri de algunos crculos intelectuales en la capital francesa. Con todo, el registro es menos frvolo que el de Ponce y tiende a expresar ms abiertamente su preocupacin y su disgusto por esa descomunal batalla que estara librndose en torno del psicoanlisis. Freud habra superado la popularidad que Nietzsche alcanz a principios del siglo y despierta ms inters que Spengler o Einstein. En la principal revista portea de cultura como en las de medicina es a partir de los avatares de la obra de Freud en Pars que el campo intelectual local toma alguna noticia de su existencia y se esfuerza por esbozar un juicio. Si esto, por una parte, est en relacin con un modo de organizacin y legitimacin de autores y temticas en el medio intelectual de Buenos Aires que hizo del cosmopolitismo y la traduccin del francs uno de sus rasgos esenciales, a la vez corresponde a una toma de posicin y un modo de difusin del psicoanlisis en el seno del pblico ilustrado ms tradicional.
    La circunstancia de que dos revistas de habla francesa (Le Disque Vert y Mercure de France) se hayan ocupado casi simultneamente de Freud parece justificar la atencin dispensada por Nosotros, con el propsito explcito e imparcial de hacer conocer las conclusiones de esas publicaciones. Y sin embargo, como al descuido se deja caer la propia opinin ponciana: las ideas de Freud son una abracadabrante humorada. En general, destaca las crticas y las reservas y, lo que resulta curioso tratndose de una revista de cultura y literatura, ve en la relacin del psicoanlisis con el mundo de la literatura, particularmente la novela, un signo central de su extravo y descalificacin, incapaz siquiera de formular alguna interrogacin acerca de las razones que podan impulsar ese encuentro en el nuevo panorama de las letras. Finalmente, el artculo elige dejar la ltima palabra a los alienistas franceses, quienes no ahorran calificativos en su juicio antifreudiano: tejido de tonteras, obscenidades y errores, escolstica de la pornografa, cochinadas cientficas.

    El socialista Enrique Mouchet, profesor de psicologa en Buenos Aires, se propuso realizar una crtica seria y equilibrada de las ideas de Freud, desde una posicin distanciada respecto de la humorada de Ponce. Durante 1925 haba dictado un curso sobre el tema en la Facultad de Filosofa y Letras, con un xito de pblico que por su nmero y su composicin pona en evidencia el inters que despertaba ese tpico entre el pblico culto porteo.10 Un resumen de ese curso fue publicado en la revista Humanidades, de La Plata (E. Mouchet, 1926) que l mismo diriga, y tuvo alguna repercusin, ya que fue citado por Blondel en sus charlas en Buenos Aires y de acuerdo con A. Foradori tambin por George Dumas.
   
Mouchet busca una posicin intermedia entre los dos partidos que disputan en torno al psicoanlisis: por un lado, los que ven en Freud un genio creador y un apstol; por otro, los que niegan todo valor a sus teoras y, aun ms, las consideran peligrosas e inmorales. Despus de citar extensamente el artculo de Ponce, define su propia posicin: Para m, en cambio, Freud no es ni un genio ni un apstol, ni tampoco un humorista ni un depravado. Es un hombre de mucho talento que ha consagrado toda su vida a elaborar y perfeccionar su sistema ideolgico, y creo, por lo tanto, que sus ideas deben ser estudiadas y merecen ser conocidas y aun tratadas desde la ctedra universitaria, a pesar de que no las aceptemos. En todo caso, su posicin acadmica no es ajena a esta colocacin intermedia, a partir de la cual busca enumerar los puntos vulnerables tanto como los mritos del psicoanlisis, de un modo que puede ser considerado como una recopilacin de los argumentos ms difundidos.
   
Las objeciones pueden agruparse en cuatro tems: 1) falta de rigor cientfico: no hay control posible por parte de los especialistas y hay que aceptar la doctrina como se acepta una religin; 2) es la obra de un artista ms que de un hombre de ciencia, definido este ltimo como el que somete sus afirmaciones a la comprobacin de los hechos; 3) representa una verdadera reaccin contra la psicologa cientfica, es decir, la que est basada en la observacin de los hechos y, con frecuencia, en la experimentacin; ms aun, sus principios, ms que representar nuevas conquistas para la ciencia psicolgica, pretenden destruir la psicologa y reemplazarla totalmente como nica doctrina psicolgica de valor; 4) su xito proviene de que los espiritualistas y telogos ven en ella una tabla de salvacin para su ideologa, comprometida seriamente por las corrientes positivistas, evolucionistas y experimentalistas; por su mtodo y sus principios, argumenta Mouchet, el psicoanlisis es un retorno al escolasticismo, ya que define entidades metafsicas por ejemplo, la censura de modo anlogo a las viejas facultades del alma.
   
Seguidamente, y puesto a enumerar los aspectos favorables de la doctrina freudiana, Mouchet destaca de modo poco congruente con su crtica anterior los servicios prestados a la psicologa en esos momentos de crisis y decaimiento de las expectativas depositadas en los procedimientos experimentales. Si la psicologa ha vuelto a ser una ciencia de actualidad, sera debido al impulso de la corriente freudiana, que ha reanimado el inters y, lo que es ms importante para la ptica del autor, lo ha extendido al campo de la medicina. Otra contribucin que rescata del psicoanlisis es haber dado al problema sexual su debida importancia, en particular a sus manifestaciones en la infancia, con lo cual se separa claramente de las crticas conocidas al pansexualismo freudiano.
   
Finalmente, su pronstico acerca del desenvolvimiento futuro del psicoanlisis es negativo, por razones que, bsicamente, insisten en que slo en el cauce de la medicina puede encontrar un lugar legtimo. La excesiva expansin de la doctrina ser la causa originaria de su descrdito y de su ruina, anticipaba Mouchet, en una profesin de fe cientfico-natural que pareca desconocer las razones y las consecuencias de esa crisis del paradigma positivista que, sin embargo, haba sido capaz de sealar con relacin a la psicologa.

    

III

     Tanto en la medicina mental como entre los hombres de letras predomina, entonces, la oposicin o la reticencia a las ideas y el impacto cultural de Freud. Y sin embargo, desde la segunda mitad de de los veinte, unos pocos psiquiatras muestran algn inters por ensayar teraputicamente recursos extrados de una lectura generalmente de segunda mano del psicoanlisis. En 1926, un comentario destinado a una obra de Honorio Delgado (A. Ratzin, 1926) incluye prrafos elogiosos hacia el psicoanlisis y sugiere las ventajas de la neutralidad frente a la batalla que enfrenta segn el autor a franceses y alemanes en torno de Freud. Sus conclusiones van en el sentido de que ya no es posible desconocerlo y recomienda la organizacin de su enseanza en la universidad. En ese sentido, manifiesta su admiracin por el psiquiatra y psicoanalista peruano Honorio Delgado y termina proponiendo que alguna institucin lo invite a dar un ciclo de conferencias. Todo parece indicar que la recomendacin fue desoda; ms aun, es obvio que pese a su lejana geogrfica los viajeros y autores europeos alcanzaron en los crculos psiquitricos y los claustros universitarios de Buenos Aires una influencia mucho ms profunda que la del eminente especialista peruano. En cuanto a la prctica de alguna forma de psicoanlisis clnico, un testimonio define, hacia el final de la dcada, el estado de la cuestin, al sealar que entre nosotros no existe un solo autor serio entre los que se dedican a psiquiatra o psicologa que haya consagrado tiempo a las investigaciones psicoanalticas (A. Sierra, 1929), salvo consigna el mismo autor el doctor Juan R. Beltrn.
   
Profesor de Psicologa en la Facultad de Filosofa y Letras y en el Colegio Militar, as como de Medicina Legal e Historia de la Medicina en la Facultad de Ciencias Mdicas, Beltrn public en 1923 La [sic] psicoanlisis al servicio de la criminologa, y desde entonces, a lo largo de ms de veinte aos escribi no menos de dos docenas de artculos sobre el tema, lo que lo convierte, desde el punto de vista cuantitativo, en el autor ms importante hasta la fundacin de la apa (J. R. Beltrn, 1923, 1928, 1932). Reiteradamente se vanagloria en sus trabajos de haber sido el primero en divulgar el psicoanlisis en Buenos Aires, as como de mantener comunicacin con Freud y, sobre todo, con Pfister. En 1931 pronunci una conferencia sobre las aplicaciones del psicoanlisis a la criminologa en la Sociedad Psicoanaltica de Pars, entidad de la que era miembro adherente (J. R. Beltrn, 1936 c).
   
En el caso de Beltrn, el intermediario hacia Freud era el pastor Pfister, probablemente a partir de la divulgacin que el espaol G. Lafora haba hecho en Buenos Aires. Los estudios de O. Pfister han llevado a la psicoanlisis a su ms certera concepcin filosfica, aparte de darle eficaz aplicacin al confesionario y a la educacin. Bajo ese punto de vista, la teora de Freud ha tenido en Pfister su verdadero filsofo (J. R. Beltrn, 1928). En todo caso, esa influencia religiosa se nota en el modo como elimina las aristas conflictivas de las tesis sexuales freudianas, proponiendo, a la vez, que se trata del instinto biolgico y del amor espiritual. De los dos instintos fundamentales conservacin y reproduccin Beltrn afirma que, para Freud, el ms importante no es el de conservacin (como tenda a sostenerse en el marco de las tesis vulgarizadas del darwinismo acerca de la lucha por la vida) sino el de reproduccin, definido como aquel que asegura la perpetuidad biolgica de las especies. Con ello, la preeminencia de la sexualidad encuentra, para Beltrn, su legitimidad en una fundamentacin de tipo naturalista que slo desplaza su centro del individuo a la especie. La argumentacin no es nada original y es posible conectarla con los temas de la eugenesia y la higiene social y mental, ampliamente desarrollados por entonces; la nica novedad es la inclusin de Freud en ese registro positivista, operacin inslita desde la ptica de Ponce o del articulista de Nosotros. Pero, inmediatamente despus, en un giro sorprendente, propone una versin espiritualista y contradictoria con la anterior, segn la cual la libido es la expresin de la necesidad de amor y el psicoanlisis, al declarar que en el amor sexual el factor moral es el ms importante, cimenta las bases de un idealismo moral y religioso.
    Beltrn afirma que el psicoanlisis es una ciencia y se distancia de ese modo de la posicin del profesor titular de Medicina Legal, Nerio Rojas, para quien las ideas freudianas haban fundado una doctrina entre cientfica y pornogrfica (N. Rojas, 1925), pero, puesto a fundamentarla, hace radicar su validez simultneamente en la naturaleza biolgica del instinto y en el carcter trascendente y espiritual del amor. La lgica de tal planteamiento slo parece sostenerse en el propsito de conjurar cualquier vestigio del cuestionado pansexualismo freudiano. Por otra parte, la influencia del pastor Pfister se hace notar en el inters por la aplicacin extramdica del psicoanlisis, en particular la pedagoga, y la consiguiente preocupacin moral no deja de tener consecuencias en el modo en que concibe los procedimientos teraputicos, segn el modelo de la relacin educativa y la direccin espiritual. Como sea, Beltrn es la figura ms importante en la difusin del psicoanlisis en su particular y contradictoria versin en estos aos y, adems de promover su uso terapetico, es, junto con F. Gorriti, de los primeros en publicar sus propias experiencias clnicas; por otra parte, se presenta a s mismo como psicoanalista, avalado por su pertenencia a la entidad francesa.11
   
Desde el punto de vista de las ideas, lo que ofrece, con una persistencia digna de mejor causa, es un conglomerado eclctico y conceptualmente inconsistente, que no escap en su faz espiritualista a las ironas de A. Ponce (A. Ponce, 1924). Asimismo, sus trabajos clnicos mezclan nociones psicoanalticas con teoras y enfoques de la psiquiatra dominante en el medio porteo, como se demuestra en la presentacin que realiza de un caso criminal (un pastelero de nacionalidad suiza que asesin a su ex jefe en el Plaza Hotel de Buenos Aires), en la que sin solucin de continuidad puede hacer intervenir en el diagnstico al complejo de Edipo y los estigmas orgnicos de la degeneracin (J. R. Beltrn, 1932).
    Por otra parte, otro maridaje no menos inslito caracteriza, desde el punto de vista ideolgico, la obra intelectual de Beltrn, quien se declara admirador de Freud y, a la vez, desde su posicin docente en el Colegio Militar, proclama su simpata con la hora de la espada, y es capaz de escribir que los militares son la casta mejor organizada de la colectividad y que deben penetrar en todas las esferas de la vida nacional: el militar es el nico elemento que permanece incontaminado en el medio de la vorgine social (J. R. Beltrn, 1936 b).12

    En 1924 la Revista de Filosofa incluy un artculo llamativamente elogioso hacia el psicoanlisis (J. D. Crespo, 1924) que contrastaba con la lnea establecida por Ponce. Su autor no slo insiste en el valor teraputico del nuevo mtodo sino que coloca a las ideas de Freud entre los ms trascendentes descubrimientos del espritu humano, como la teora de la gravitacin y de la evolucin. Admite que hay mucho que modificar en el psicoanlisis, al que considera una nueva ciencia, pero, a la vez, sostiene en trminos que evocan a Francis Bacon que las resistencias que se le oponen obedecen a que viene a derrumbar viejos dolos, y concluye que se trata de la ms grande contribucin a la ciencia psicolgica de los tiempos modernos.
   
Los trabajos de Fernando Gorriti (subdirector de la Colonia Nacional de Alienados), por otra parte, ofrecen el inters, ante todo, de incluir el esbozo de una polmica que permite calibrar los recursos conceptuales con que podan leer a Freud aun los que guardaban una actitud favorable. A ello se agrega la evidencia de un inters sostenido por la aplicacin de ideas de Freud tanto a la clnica como al anlisis de fenmenos de la cultura y la vida cotidiana. Reparos al complejo de Edipo (F. Gorriti, 1926) intenta discutir las tesis freudianas desde una posicin explcita de admiracin y respeto. En todo caso, Gorriti se propone ampliar los recursos de la vieja psiquiatra convencido de que el psicoanlisis puede constituirse en un complemento adecuado de las teoras de la degeneracin. En esa asociacin encuentra no slo la ventaja de agregar al estudio de la forma un abordaje del fondo de la personalidad, sino que, lo que es ms importante, as enmarcada la doctrina freudiana quedan conjurados los riesgos de interpretaciones fantsticas o disquisiciones literarias, a las que se presta por poco que se d rienda suelta a la imaginacin.
   
La anunciada refutacin de Freud parte de una evidencia emprica: es desde los padres particularmente la madre de donde nacen los afectos que los ligan a sus hijos. Por otra parte, cuando se consuma el incesto es fcil demostrar que son los padres los que asumen la iniciativa y, adems, son siempre casos de degeneracin, ya que habra una ley natural de repulsin sexual entre padres e hijos. De cualquier modo, Gorriti se muestra dispuesto a explorar la vida sexual de sus pacientes y da muestra de ello en un ejemplo clnico. Lo ms importante es el reconocimiento del beneficio que sobreviene al paciente en cuanto puede hablar de sus obsesiones; a partir de ello se afirma en la distincin ya establecida entre la teora y el procedimiento teraputico. El concepto freudiano de complejo de Edipo puede ser cuestionado a partir de considerarlo equivalente al fenmeno del incesto que, para Gorriti, corresponde a una etiologa degenerativa. En cambio, el psicoanlisis puede ser acogido en el terreno del tratamiento y asimilado a una confesin a tiempo, que procede desintoxicando al doliente de sus venenos morales y empobreciendo en lo posible su material delirante. No deja de ser contradictoria la coexistencia de esa afirmacin doctrinaria de la etiologa degenerativa con el reconocimiento del valor teraputico de un recurso psquico, asimilado al modelo de la confesin catlica. En todo caso, probablemente expresa los primeros signos de la crisis de ese paradigma etiolgico y nosogrfico y anticipa la temtica, propia de las dcadas siguientes, de la psiquiatra dinmica.
   
Cuatro aos ms tarde (F. Gorriti, 1930) el mismo autor publica un libro, Psicoanlisis de los sueos en un sndrome de desposesin, que lleva como subttulo Estudio psicosexual freudiano de setenta y cuatro sueos de un alienado que termin por curarse de este modo. De acuerdo con una informacin publicada por La Semana Mdica al ao siguiente, Freud acus recibo de la publicacin y manifest su complacencia.13 Gorriti reconoce que comenz esa experiencia de aplicacin clnica de la interpretacin de sueos con espritu prevenido y cierta animadversin hacia la doctrina de Freud, pero finalmente, salva al maestro de los cuestionamientos morales mediante un desplazamiento: lo inmoral no es la doctrina sino los procesos sexuales que procura investigar, slo para tornarlos altamente morales por medio de la autorreeducacin que el mismo enfermo efecta.
   
El libro expone un caso clnico mediante la transcripcin cronolgica de una larga serie de sueos que el paciente pone por escrito, a solicitud del mdico, y comenta luego con l. Frente al trabajo de su paciente, que literalmente suea para l, Gorriti asume la posicin de un investigador tolerante y prolijo. A la vez, ciertas convicciones tericas, provenientes de una lectura de la Interpretacin de los sueos, pautan el objetivo teraputico finalmente alcanzado. No se trata solamente de la confesin en la conciencia de deseos sexuales infantiles, sino de que tal emergencia de su pasado sexual se exprese de modo directo en el sueo. En efecto, como resultado de esa enorme produccin onrica la mayor parte explcitamente sexual en el marco de una transferencia que Gorriti es capaz de advertir, aunque no sabe qu hacer con ella, ceden los sntomas delirantes. El paciente suea directamente el contenido de sus deseos sexuales y la satisfaccin de una fantasa no disfrazada (o sea, la coincidencia del contenido latente con el contenido manifiesto segn el modo infantil) explica, para Gorriti, la remisin sintomtica. La importancia atribuida a la constitucin psicoptica (la madre del paciente estaba internada con un diagnstico de demencia precoz) le hace pensar que la curacin no es definitiva. Como sea, en la medida en que no se limita a una aplicacin diagnstica puede decirse que Gorriti produce el primer psicoanlisis clnico del que se tenga noticias en Buenos Aires.
    Al mismo tiempo, es destacable el uso que Gorriti hace de nociones provenientes del psicoanlisis ms all de la clnica, en abierta oposicin a los cuestionamientos que justamente centraban su ataque en esa extensin al mundo de la cultura y de la vida cotidiana. En La Semana Mdica (F. Gorriti, 1929) realiza un ejercicio de crtica literaria psicoanaltica que toma como objeto un drama de pasiones, incesto y suicidio de Vicente Martnez Cuitio. Y no deja de ser llamativo que su interpretacin de la pieza ponga el acento en la aplicacin un tanto esquemtica de las tesis de ese mismo complejo de Edipo al cual haba opuesto sus reparos pocos aos antes.
    Finalmente, pocos aos ms tarde (F. Gorriti, 1932) dedica un artculo a la psicopatologa de la vida cotidiana, y, con el propsito explcito de enfrentar las resistencias de sus colegas a admitir la existencia del inconsciente, se ilusiona con el valor probatorio de ejemplos propios y ajenos de lapsus y actos fallidos, entre ellos uno muy notable del general Uriburu en el momento en que se dispona a iniciar su alzamiento. Pero no menos llamativo es que dedica gran parte del artculo a investigar un tema que le apasiona: los dibujos y escritos pornogrficos en los baos de Buenos Aires. Y si bien el tema no era enteramente novedoso, ya que Lombroso se haba ocupado de l en las crceles, es bastante original en su eleccin del material al trasladar el objeto de su investigacin a los baos de facultades y colegios y contrastarlos, en parte, con los de cabarets y cementerios.

 

IV

     Hacia los aos treinta algunas referencias a Freud lo despegan de los temas y los rganos del dispositivo psiquitrico para ubicarlo en la mira de una consideracin que atiende a su significacin cultural. Si algo de eso pudo insinuarse en la dcada anterior, gradualmente se acenta, para algunos, esa reubicacin de Freud como figura intelectual, algo que, por otra parte, viene a legitimar que se ocupen de l tambin los que no son mdicos. Es cierto que esa emergencia del psicoanlisis como tema en algn sector de la cultura letrada es bastante limitada y no altera el predominio de una consideracin centrada en los temas clnicos y psicoteraputicos, pero, con todo, es importante destacar, a lo largo de la dcada, las evidencias de una lectura que, ms all de la valoracin que le atribuya, parte de tomar a Freud como un pensador definitivamente incorporado al panorama de la poca.
    La publicacin de la obra de Stefan Zweig sobre Freud (S. Zweig, 1933) por la editorial Tor muestra que hay un pblico lector ampliado en su base social, abierto a las nuevas temticas y, lo que es ms importante, pone en evidencia que en el marco del proceso de modernizacin cultural del espacio porteo, se constituyen polos alternativos en la definicin y circulacin de ideas y autores.14 Al mismo tiempo, la influencia de la obra de Zweig es notoria en el sentido de una lectura de poca que colocaba a Freud en la saga de los reformadores morales, como exponente mayor del pensamiento crtico y la conciencia tica de ese nuevo mundo social y cultural que vendra a sepultar el viejo orden. Pero, en todo caso, en la medida en que esa promocin de las ideas de Freud al lugar de una clave explicativa de su tiempo lleg a Buenos Aires despus de la crisis del treinta no poda dejar de cargar con el peso de la incertidumbre respecto del futuro.
    En una direccin a la vez parecida y diferente hay que colocar la iniciativa de publicacin, por la misma editorial y desde 1935, de la coleccin Freud al alcance de todos, debida a J. Gmez Nerea.15 Es cierto que tambin insista en asociar a Freud a las nuevas ideas y al movimiento de reforma de la ciencia y de las costumbres. Pero, al mismo tiempo, el registro dominante era la divulgacin sexolgica, gnero bien establecido en esos aos y que inclua la traduccin de El matrimonio perfecto, de Th. Van de Velde (el ms clebre y difundido texto sexolgico en Buenos Aires) y la Coleccin Cientfico-sexual de la Editorial Claridad.16 Por otra parte, una mirada de conjunto a la obra de Gmez Nerea, que se extiende por ms de una dcada, permite advertir que se coloca en el lmite de una popularizacin transgresiva de la doctrina pansexualista a la que elogia ampliamente mientras combina del modo ms libre y arbitrario textos de Freud con temas y autores de la vieja psiquiatra de la degeneracin y de la sexologa mdica.

    De cualquier manera, en la constitucin de un registro discursivo renovado que toma a Freud ms globalmente, como figura de actualidad y a partir de una influencia ms bien genrica en la cultura, no estn ausentes autores que, como Nerio Rojas, eran miembros conspicuos del staff de la Facultad de Medicina. Pero, en todo caso, la circunstancia de que publicara sus notas sobre Freud en el suplemento literario de La Nacin le otorgaba una significacin que es posible diferenciar, en parte, de su produccin propiamente mdica. Por su parentesco con el escritor Ricardo Rojas y su inters por la literatura (evidenciado en su tesis sobre La literatura de los alienados) ocupaba un lugar especial, intermedio entre el mdico y el hombre de letras, y la relativa amplitud de intereses y formacin que ello supone est presente en su posicin frente a Freud.
    En 1930, Nerio Rojas visita a Freud en Viena y deja un testimonio de ese encuentro en La Nacin (N. Rojas, 1930). Algunos aos antes (N. Rojas, 1925), poco despus de hacerse cargo de la ctedra de Medicina Legal se haba ocupado circunstancialmente del psicoanlisis en un artculo dedicado a la histeria. All postulaba un ncleo de ideas que estarn presentes en su conversacin con Freud; no tanto su crtica a la teora sexual (Rojas haba definido al psicoanlisis con una frmula que por lo repetida y citada demostr ser bien aceptada: doctrina entre cientfica y pornogrfica) sobre la cual no abre juicio ante el maestro viens, sino la objecin que sealaba la falta de una atencin suficiente, por parte del psicoanlisis, a la dimensin constitucional en la neurosis. Si en la visita de 1930, ms all de su valor testimonial y anecdtico, se daba as cuenta de la continuidad esencial de ese ncleo duro del pensamiento psiquitrico de la poca, a la vez aada otro arco temtico y polmico alrededor de la relacin de Freud con Bergson.
    Un juego de oposicin y comparacin viene a sostener el abordaje elegido para situar la obra de Freud, frente a la cual no oculta sus reservas. En todo caso, cautamente, compensa esa pblica atencin dispensada al creador del psicoanlisis con la mencin simultnea del psiquiatra viens Wagner-Jauregg (creador de la malarioterapia), como expresin de equidistancia en trminos del propio autor entre las corrientes orgnica y psicolgica. Nerio Rojas se coloca en un primer momento como psiquiatra ante Freud, y hablando desde ese lugar le formula el cuestionamiento central: el psicoanlisis descuida los factores constitucionales. En un segundo momento, desplazado a una posicin de psiclogo y filsofo plantea otro tema igualmente espinoso al interrogar a Freud sobre las relaciones de su pensamiento con la obra de Henri Bergson. Tambin aqu manifiesta Rojas una posicin que declara ser equidistante, ya que alega mantener idntico respeto por ambos autores. En todo caso, la posicin que adopta en su bsqueda de analogas doctrinarias en dos obras tericas tan diversas y complejas, adems de sostenerse en una visin bastante esquemtica de la historia de las ideas psicolgicas y psiquitricas en el fin de siglo, da cuenta de una vocacin eclctica que lo lleva a encontrar en esos autores exactamente lo que necesita para alimentar su construccin de las semejanzas. 
   
De cualquier modo, ese horizonte de integracin y mezcla que, en diferentes autores y con diversidades temticas, haba caracterizado cierta estrategia de lectura de Freud, encuentra en Rojas una formulacin mucho ms explcita, y en ella corresponde al bergsonismo el lugar predominante como doctrina luminosa. Si la distincin entre teora y mtodo haba dominado en ciertas zonas del discurso psiquitrico la perspectiva ms bien virtual de una apropiacin del procedimiento teraputico que simplemente repudiaba la doctrina, se trata ahora de un objetivo ms ambicioso que se sita en el terreno de la construccin hipottica de un sistema completo, articulador de la teora de Bergson con el mtodo de Freud.
    Despus de la muerte de Freud vuelve a publicar en La Nacin (N. Rojas, 1939) un artculo que viene a ser como la continuacin de esa polmica iniciada en presencia del creador del psicoanlisis. Si el texto desarrolla ms ampliamente los fundamentos de esa supuesta afinidad doctrinaria entre Bergson y Freud es importante resaltar que, respecto del anterior, ha agregado como argumento fuerte la existencia de un clima de poca, que justificara el parentesco que propone. Ante todo, Rojas parte de atribuir al pensamiento de Bergson una influencia decisiva y vigente en la filosofa moderna; en virtud de ello, es el filsofo francs, ms que Freud, el polo dominante de esa relacin y protagonista principal de esa atmsfera de ideas a la que el creador del psicoanlisis no habra podido sustraerse. Si esa interpretacin poda tener alguna vigencia veinte aos antes,17 resultaba ms bien anacrnica en el momento en que escribe Rojas, cuando era Freud el que tenda a ser sealado como figura principal del escenario intelectual.
    Como sea, frente a la casi ausencia de referencias a Freud por parte del ncleo filosfico porteo (con la excepcin de algunos comentarios circunstanciales de Francisco Romero y Alejandro Korn a los que habr de referirme) hay que sealar que se debe a este culto y refinado mdico legista capaz de criticar el gusto esttico de Freud en la eleccin de su mobiliario uno de los pocos textos que buscaron pensar la obra freudiana en relacin con la filosofa del siglo xx.

El papel del psicoanlisis en la renovacin de la psicologa tradicional es otra de las perspectivas de lectura de la obra de Freud que busca colocarse por fuera de esa captura inicial en los temas y los estereotipos del discurso psiquitrico. Es cierto que ya Mouchet, en el artculo citado, haba reconocido un papel dinamizador a las corrientes freudianas frente a las impasses de la psicologa experimental, pero lo haca con referencia, ante todo, a esa relacin extensa con su pblico, mientras, en nombre de los especialistas, formulaba sus objeciones. Otra es la posicin desde la cual Marcos Rabinovich se ocupa del tema en la revista Nosotros (M. Rabinovich, 1930), y no slo porque expone una valoracin enteramente contraria de una obra que pocos aos antes y en la misma publicacin haba sido calificada de humorada, sino porque se orienta en el nivel de los conceptos para proponer que con Freud ha nacido una nueva psicologa. En ese sentido, explcitamente viene a destacar que desde los primeros escritos el psicoanlisis ha sido mucho ms que un procedimiento teraputico y con ello, en la medida en que acenta el lugar de la teora, se distancia de aquellos que reiteradamente sancionaban la autonoma entre el mtodo y los conceptos.
    En la exposicin de las nociones que considera fundamentales de esa psicologa freudiana, Rabinovich se atiene a un principio ordenador, que es a la vez una matriz de oposiciones: los caracteres diferenciales respecto de la psicologa acadmica. De all el acento puesto en la presentacin de la cuestin del inconsciente y en la formulacin de las condiciones dinmicas que caracterizan sus relaciones con la conciencia. De cualquier modo, su lectura del psicoanlisis como psicologa dinmica mantiene por lo menos en un aspecto esencial el respeto a las restricciones propias de la psicologa acadmica, en la medida en que no hace casi referencia al papel de la sexualidad en el conflicto.
    Pero el artculo de Rabinovich no debe ser tomado como un cambio ms o menos general en la valoracin establecida, respecto de Freud, por los colaboradores de Nosotros. El mismo ao (F. Brughetti, 1930) se public un artculo dedicado al tema del subconsciente, de contenido espiritualista y neorromntico, sin mencionar siquiera el nombre de Freud. 

    El psicoanlisis como discurso y como fenmeno cultural estableci una relacin con su pblico, bsicamente lector, que difera de los cnones establecidos de transmisin y circulacin de las obras cientficas. Eso fue sealado ms de una vez como uno de los factores de distorsin y falseamiento de su validez para los especialistas. Si los tpicos de la sexualidad y la promocin del inconsciente han sido como lo seal Freud los blancos de las mayores resistencias, esa modalidad de difusin abierta en la cultura, que afectaba los fueros y las reglas de la corporacin cientfica en general y mdica en particular, contribuy a la consolidacin de obstculos propiamente institucionales en los medios acadmicos. Cuando a esa valoracin negativa del papel de la relacin directa con el pblico se haca coexistir con el reconocimiento de un impacto cultural que, al renovar el inters por los temas de la psicologa, promova el crecimiento de la disciplina, se estableca una conexin ambigua, cuando no una franca disociacin entre el psicoanlisis como discurso y saber terico y ese cuerpo de opiniones y representaciones sociales.18 
    Alejandro Korn se ocupa brevemente de Freud (entre Spengler y el conde de Keyserling) en un fragmento dedicado a situar las modas intelectuales que asolaban a Buenos Aires: Otro caso es Freud. Nadie ha de negar el valor de sus investigaciones de psiclogo y de psiquiatra, pero hay quien supone que ha descubierto la importancia del problema sexual. Antes de Freud no la hemos sospechado; despus de Freud sabemos que toda la humanidad padece de una obsesin subconsciente que la obliga a ver en el ms inocente adminculo un trasunto del falo. Ya Platn habl de la bestia que se agita en nosotros, Pascal lo repiti, Darwin volvi a insistir en ello; tambin el psicoanlisis arrima al caso algunos datos. Se desprende de ah que se debe alimentar a la bestezuela? Sin duda es una crueldad tica pedir ms bien que se la estrangule. Sed compasivo con el animal, sobre todo si lo llevis en las entraas. El xito del freudismo se explica. No tanto que ante jvenes alumnos y alumnas se le exponga como espcimen de la filosofa contempornea. Tambin esta rfaga ha de pasar (A. Korn, 1927).
    La cuestin de la relacin del psicoanlisis con su pblico est igualmente en la mira del breve comentario que Francisco Romero dedic a El porvenir de una ilusin (F. Romero, 1931). Y repite la serie de Korn para sealar que un destino semejante rene a Freud con Spengler y Keyserling, en la medida en que los tres por igual han saltado la barrera de la propia comunidad cientfica para dirigirse directamente a sus lectores; el xito que alcanzaron habra sido pagado con el precio del desdn recibido por parte de las minoras especializadas. Esa perspectiva de anlisis lleva a Romero a interesarse por una incipiente sociologa del conocimiento, a partir de ideas recientemente expuestas por Max Scheler, con lo cual, al menos, se hace cargo de sealar la existencia de un problema que debe ser analizado all donde hasta entonces slo se vea una distorsin que mereca una casi unnime condena. En todo caso, el tema queda apenas esbozado en general y no hay hiptesis ni avances en la consideracin de las demandas implicadas, del lado del pblico, en ese arraigo y difusin cultural de las ideas de Freud.
   
Por otra parte, en la resea de Romero se nota el cuidado por guardar un equilibrio que eluda tanto la aprobacin como el cuestionamiento, pese a tratarse de un texto de Freud que, por su conexin con la filosofa moral y la historia de las civilizaciones, se prestaba como pocos a una lectura crtica y a una polmica franca. Se limita, entonces, a una justificacin circunstancial de la importancia del tema (Freud es un autor que no puede desconocerse), y slo consigna algunas crticas de forma que aluden al excesivo casuismo y a algunas generalizaciones prematuras o demasiado osadas. A esto se reduce este fugaz y algo tardo encuentro de Freud con un miembro prominente de la comunidad filosfica de Buenos Aires.
   
Otra zona de esa colocacin atpica del psicoanlisis en la cultura de su tiempo, denunciada repetidamente como una desviacin de su lugar posible en el dispositivo psiquitrico, estaba constituida por su impacto sobre la literatura del siglo. En todo caso, hay que sealar que en Buenos Aires esa influencia fue escasa o nula hasta los aos cincuenta, excepto, bajo una forma vulgarizada en torno de los temas del erotismo, en zonas de la narrativa de Roberto Arlt o en pginas de El hombre que est solo y espera de Ral Scalabrini Ortiz y en Radiografa de la pampa de Ezequiel Martnez Estrada. Freud no lleg a entrar en el espacio literario porteo, no slo en la tradicional Nosotros, sino tampoco en el movimiento de renovacin y ruptura que caracteriz al movimiento de las vanguardias. Por el lado de Sur, en esa primera dcada, desde 1931, si se excepta la nota publicada a la muerte del creador del psicoanlisis y una traduccin sobre Bergson y Freud (B. Fondane, 1935), slo se encuentra un artculo, escrito por su secretario de redaccin (G. de Torre, 1936), como homenaje a Freud por sus ochenta aos. En realidad, hay que decir que la oportunidad coincida con el pedido de adhesin de un conjunto de intelectuales (Th. Mann, R. Rolland, J. Romains, H. G. Wells, V. Woolf, S. Zweig) que impulsaban la iniciativa de un reconocimiento internacional al maestro viens. Como sea, el registro del texto y el lugar en que se coloca su autor lo convierten en una pieza nica, ya que G. de Torre no slo da muestras de su admiracin y respeto por Freud sino que, con objetivos que exceden el homenaje circunstancial, produce en Buenos Aires lo que parece ser el primer trabajo que se propone indagar la relacin de Freud con la literatura.
   
El retrato moral de Freud resalta su integridad tica e independencia de espritu en su lucha contra las convenciones y la hipocresa, as como su revolucionarismo no voluntario que impulsaba la verdadera liberacin, a saber, la del individuo en cuanto conciencia. En esa lnea de interpretacin es fcil reconocer la influencia de S. Zweig, quien, comparndolo con Nietzsche, haca recaer el sentido de la reforma histrica que atribua a Freud en la afirmacin tica del individuo enfrentado al conformismo de la colectividad.
    Pero, seguidamente, la consideracin de Freud como literato, quizs alentado por esas circunstancias que lo asociaban a tantos nombres ilustres de la repblica universal de las letras, lleva a De Torre a una interpretacin de la obra del creador del psicoanlisis que viene a afirmar que su lugar ms propio es el campo de la literatura. Esa misma tesis que quince aos antes sancionaba para el psicoanlisis el estigma de una exclusin del templo de la ciencia, en este nuevo enfoque se convierte en una fuente de valor. Si en cierto sentido el juicio pretrito que asimilaba a Freud a un Balzac extraviado vena as a ser corroborado, sin la anterior carga peyorativa y con ese acompaamiento de los grandes escritores de Occidente, a la vez, se converta en lo contrario: la obra de Freud promovida a lo universal de la cultura. No slo, argumentaba De Torre, gran parte de la obra del insigne viens es literaria, sino que quienes mejor la entendieron y la difundieron lo han hecho desde el campo de la literatura. Por otra parte, ese descubrimiento del mbito de las letras como la verdadera morada del psicoanlisis haba sido propuesta en un texto ligero y ms bien irnico de Giovanni Papini (1931) que inclua una entrevista inventada por el autor con el creador del psicoanlisis. En ella Freud se defina a s mismo como un artista ms que como un hombre de ciencia, proclamaba que Goethe era su modelo y explicaba que el psicoanlisis haba nacido como la transposicin cientfica de tres escuelas literarias: el romanticismo (Heine), el naturalismo (Zola) y el simbolismo (Mallarm). Guillermo de Torre parece tomar en serio la indicacin y procura encontrar, en un recorrido superficial y poco actualizado de la biografa de Freud (a quien, siguiendo el libro de Zweig, atribuye una salud perfecta, cuando haca ya quince aos que padeca el cncer que lo llevara a la tumba tres aos despus), las seales de su verdadera vocacin.
    Finalmente, en el ltimo giro de lectura que propone, en torno de los problemas de la creacin esttica, el trabajo de De Torre alcanza sus rasgos ms singulares. En efecto, apunta al mecanismo del sueo como punto de interseccin de nociones freudianas y proceso creador y, al mismo tiempo, pone en evidencia un conocimiento bastante amplio y actualizado de la bibliografa, desde Freud y los psicoanalistas franceses hasta los ensayos del ingls D. H. Lawrence. Slo nueve aos separan este texto de las aplicaciones que F. Gorriti haba hecho del psicoanlisis a una pieza teatral (F. Gorriti, 1929) y, sin embargo, la distancia es equivalente a la separacin de dos pocas; es tan acentuada como la que separa literariamente los dramas de V. Martnez Cuitio de los ejemplos que plantea G. de Torre, cuado de Borges, en esta presentacin erudita de crtica literaria psicoanaltica: la escritura automtica y el monlogo de Molly Bloom.

Si, como es sabido, no es la fecha cronolgica lo que da cuenta ms propiamente de la antigedad de una idea, la publicacin de Psicoanlisis sexual y social (E. Castelnuovo, 1938), dos aos despus del artculo de Guillermo de Torre y de la aparicin de la revista Psicoterapia, es la expresin palpable de una pervivencia anacrnica. Publicado por la editorial Claridad, no es posible desconocer que se dirige a un pblico que es, en gran parte, diferente al de Nosotros y bsicamente ajeno al de Sur. Respecto del volumen de ese pblico, si es un hecho que esa editorial sacaba grandes tiradas a precios muy baratos, tambin hay que sealar que slo en 1966 sali la segunda edicin de la obra de Castelnuovo (mientras El matrimonio perfecto de Th, Van de Velde se reeditaba dos veces por ao), lo que no habla en favor de un gran xito. Al mismo tiempo, Castelnuovo un miembro del grupo de Boedo se instala en esa tradicin de izquierda que valorizaba la divulgacin pedaggica, con pretensin cuestionadora de los problemas de la cultura contempornea, a partir, muy frecuentemente, de un limitado fundamento conceptual y una confianza excesiva en las virtudes de la formacin autodidacta.
    Desde el ttulo, ese discurso popularizador propone una asociacin del psicoanlisis con la temtica, muy difundida, de la sexologa (a la que Claridad dedicaba una considerable atencin) con la intencin de un ajuste de cuentas propiamente militante, que retoma, en todo caso, esa originaria posicin de ruptura y rechaza cualquier compromiso eclctico. A la vez, el hecho de que se ocupe del tema y le dedique doscientas pginas muestra un relieve establecido del psicoanlisis como tema de opinin, y que, en todo caso, parece encontrar condiciones de recepcin ms favorables en estos nuevos lectores, provenientes de sectores populares y ms bien marginales respecto de las tradiciones de la cultura alta.         En efecto, a esta iniciativa de Claridad hay que aadir las obras dedicadas a Freud por la editorial Tor, que bsicamente se orientaban hacia el mismo pblico, y que incluan tanto la coleccin dirigida por J. Gmez Nerea como la clebre biografa escrita por S. Zweig. De todos modos, la coexistencia de textos con enfoques y valoraciones tan diferentes, particularmente el contraste entre el ataque de Castelnuovo y la reivindicacin progresista que S. Zweig haba hecho de la figura intelectual de Freud, muestra que en el espectro de la izquierda cultural haba ms de una posicin al respecto. Por esos aos, Ral Gonzlez Tun poda asociar a Freud con Lawrence en el horizonte de un programa utpico que combinaba los temas de la vanguardia esttica con las tareas de la revolucin social.19
    Castelnuovo se embarca en una lectura de denuncia del psicoanlisis desde la ptica de su significacin ideolgica y poltica, algo que ya se anuncia desde la disyuntiva que el ttulo parece proponer entre lo sexual y lo social. Pero, en rigor, sobre esa oposicin, que remite al par individuo/sociedad, se superpone otra, que enfrenta a la materia, en su significacin vulgar, con el espritu, en trminos propios del positivismo del siglo xix. En ese sentido, en la Introduccin, el axioma naturalista hay que empezar por el cuerpo para explicar el alma precede y explica, en la concepcin del autor, el otro ms propiamente marxista, si se quiere que establece que hay que empezar por la sociedad para explicar al individuo.
    All donde insina un tratamiento del tema cercano al anlisis crtico de la sociedad por momentos casi un contrapunto con El malestar en la cultura parece posible el comienzo incipiente de una confrontacin conceptual entre psicoanlisis y marxismo, particularmente en torno a una presentacin sociolgica de la lucha de clases como punto ciego de las teoras freudianas. Pero salvo unas pocas pginas, la trayectoria de su discurso no se mantiene y recae en la reiteracin ad nauseam de los temas de la dialctica materialista de la naturaleza, en su versin ms mecanicista e improvisada. Cuando se pregunta el fin del amor es el orgasmo o la reproduccin?, para concluir en una exaltacin de la exigencia biolgica, ya no slo convierte al marxismo en una caricatura sino que, incluso, retrocede respecto de los anlisis mucho ms elaborados y sugestivos que Jos Ingenieros haba plasmado sobre el amor mucho antes.
    El prejuicio naturalista, propio de esa tradicin que encarnaba el joven Ponce, se pone en evidencia quince aos despus, en la direccin que toma su crtica fundamental al psicoanlisis al que considera sobre todo como discurso sobre la sexualidad cuya arquitectura, propone Castelnuovo, se sostiene sobre un doble desconocimiento: que la necesidad biolgica es originaria respecto del placer y que la necesidad primordial es el hambre y no la sexualidad. A partir de esos postulados, bastante viejos, produce un pastiche en el cual la sexualidad queda ubicada entre las funciones fisiolgicas, subordinada a la nutricin, y definida como hambre sexual, es decir, un aspecto focal del hambre en general.
    El texto lleva las marcas de una formacin intelectual desordenada y es casi un compendio en el que se mezclan los temas que las ediciones de divulgacin hacan circular por Buenos Aires, pero al mismo tiempo no es aventurado pensar que vuelca en el libro, a su manera, algo de lo que ha recogido en su viaje a la Unin Sovitica a principios de la dcada.20 De cualquier modo, la obra acumula un repertorio de referencias que rene a Engels y Lenin con los viejos temas de la medicina y las ciencias naturales: evolucionismo, teora de la degeneracin, puericultura e higiene.
    Muy diferente de este enfoque decididamente antimoderno era la ptica del marxista peruano J. C. Maritegui quien, ya en 1926, por la misma poca en que Ponce se dedicaba a ridiculizar a Freud, propona una lectura actualizada que vea en el freudismo la traduccin del pensamiento de una poca.21 Finalmente, por los mismos aos en que Castelnuovo publicaba su libro, desde un movimiento de renovacin de la psiquiatra, con sede en Crdoba, y en particular alrededor de la reformulacin de la cuestin de la psicoterapia, por un perodo breve, algo del marxismo vendr a cruzar su discurso con el del psicoanlisis.

 

V

    Hasta los aos treinta la cuestin de la psicoterapia slo haba interesado a algunos psiquiatras aislados y, salvo quizs el caso de Beltrn, de un modo ms bien espordico. Sin embargo, desde 1925, el italiano James Mapelli, que no era mdico y provena del teatro, ilustra el caso de un ilusionista aceptado por algunos, al menos en el recinto severo del hospital, en este caso el consultorio externo del Pirovano.22 Despus de haber actuado en Europa y Amrica realizando experiencias de hipnotismo y transmisin de pensamiento, decidi concentrar sus actividades en el campo de la psicoterapia y cre un mtodo que llam de psicoinervacin (J. Mapelli, 1928 a y 1928 b). En El Da Mdico relata la curacin, por medio de su mtodo, de una parapleja funcional, lograda en slo nueve sesiones, mediante estmulos sugestivos cuyo poder dice Mapelli reside exclusivamente en la fe, bajo la forma de credo teraputico. Que la fe produce curaciones era una idea ya establecida, que provena directamente de Charcot y que, por otra parte, haba estado presente en la presentacin del tema de la sugestin hecho por Ingenieros veinte aos antes. Pero, en todo caso, resulta ser Mapelli, que no es mdico y viene del mundo del espectculo, el autor de un libro que lleva ms lejos que ninguno hasta entonces la pretensin de formular ese poder en trminos de una sistematizacin tcnica que siga los cnones de la medicina cientfica.
    Con excepcin de Mapelli y los casos aislados ya comentados, no hay casi comunicaciones clnicas que exhiban el uso de procedimientos psicoteraputicos. E. Mouchet (1930) aporta un testimonio aislado que confirma la pervivencia del modelo sugestivo, en el caso de una mujer de 36 aos afectada de mutismo desde los das posteriores al golpe militar de 1930. Qu cadena asociativa sostena ese sntoma a la vez personal y colectivo?, de qu modo esa historia personal haba encontrado en la poltica la herida de un trauma propiamente nacional? En fin, nunca lo sabremos, ya que Mouchet se enorgullece de haberla curado en una sola sesin de pocos minutos, por medio de una sugestin imperativa acompaada de una ligera presin a ambos lados de la laringe.
    J. R. Beltrn, por su parte, agrega algo al estado de la cuestin en una disertacin sobre psicoterapia y curanderismo ante la Sociedad de Medicina Legal y Toxicologa (J. R. Beltrn, 1936 a). Y lo hace desde una posicin ante los legos que contrasta con la permisividad que haca posible a Mapelli actuar en el Hospital Pirovano. En efecto, insiste en calificar como curanderismo cualquier uso por parte de no mdicos de las tres formas que reconoce de psicoterapia: sugestin, hipnosis y psicoanlisis. Aclara que la hipnosis ha sido relegada a un plano secundario dentro de la terapetica psiquitrica y que, segn su experiencia, es ms frecuente que los curanderos empleen la sugestin o la hipnosis, por lo que llama a las autoridades sanitarias y policiales a perseguir esa prctica ilegal. En cuanto al psicoanlisis, segn Beltrn no ha sido empleado frecuentemente fuera del mbito mdico, salvo casos aislados, de los cuales existe uno reciente en nuestro medio social. No ha sido posible saber a quin se estaba refiriendo.
    Si en la dcada del treinta se hace evidente un inters ms fundado por la cuestin de la psicoterapia, es importante sealar que ya no se trata de incorporar un recurso de tratamiento a un dispositivo discursivo y tecnolgico que se conceba como inconmovible. Un ncleo de psiquiatras de izquierda encara la promocin de la psicoterapia, no slo como un esfuerzo sistemtico de estudio y entrenamiento especfico sino apuntando a una perspectiva de amplia transformacin del paradigma psiquitrico hegemnico. Ya en 1928 Jorge Thnon daba cuenta en una conferencia de la intencin de producir una actualizacin y puesta al da del libro ya clsico de Jos Ingenieros (J. Thnon, 1928). Y lo hace a partir de afirmar el valor de la psicoterapia en la medicina prctica, en cuyo marco formula una primera diferencia entre las tcnicas sintomticas, que pueden ser usadas en la medicina general, y las tcnicas profundas (entre las que se incluye la psicologa individual de Adler, la terapetica psicopedaggica y el psicoanlisis freudiano) que slo deben ser empleadas por especialistas, psiquiatras psicoterapeutas. El planteamiento, ms bien novedoso, de la especializacin como requisito habilitante es correlativo con la formulacin implcita de un programa de fundamentacin y sistematizacin del recurso psicoteraputico, abierto a un repertorio amplio y diversificado de referencias. En este primer texto de Thnon el psicoanlisis apareca incluido en las corrientes modernas de la psicologa cientfica como el intento ms grande para realizar la psicologa de lo subconsciente mediante los mtodos intra y extrospectivos. Como sea, es la hipnosis el inters primero del autor, y el mtodo psicoanaltico no est casi diferenciado de la sugestin.
    Ese temprano inters por la cuestin se evidencia tambin en el tema de su tesis, Psicoterapia comparada y psicognesis (J. Thnon, 1930 b), enviada a Freud y retribuida con una carta breve del creador del psicoanlisis (El Hospital Argentino, 1930). Su punto de partida es exactamente opuesto al del joven Ponce: la medicina cientificista ha sobrevalorado la dimensin somtica de la patologa y no ha tomado suficientemente en cuenta los aspectos psicgenos. Si por entonces tambin Mouchet (1931) se refiere a la necesidad de que el futuro mdico adquiera formacin y entrenamiento en los mtodos psicoteraputicos, lo hace planteando la cuestin en trminos genricos, cercanos al influjo moral, sin la preocupacin tcnica y prctica que evidencia Thnon.
   
De cualquier manera, como ya se ha visto en otros, el propsito sistematizador se sostiene en una modalidad ampliamente integrativa, que comienza por afirmar la importancia de las conexiones somatopsquicas, en un recorrido que incluye la reflexologa, el conductismo y la temtica de la constitucin: Kretschmer, Pende y Viola. En ese marco, el descubrimiento freudiano viene a situarse inicialmente en la matriz terica evolucionista: Lo inconsciente est constituido por una serie de personalidades superpuestas producto de experiencias estratificadas en el curso del desarrollo filogentico y que en cierto grado se descubren en la evolucin ontogentica y en las modalidades reaccionales de la edad evolutiva. Pero no es en esas formulaciones genricas y apegadas a las viejas ideas donde puede verse el valor ms original de la tesis de Thnon. Su importancia reside ms bien en la cuidadosa presentacin que realiza de las diversas tcnicas psicoteraputicas, en una serie que comienza por la sugestin y la hipnosis y prosigue con el psicoanlisis y las escuelas derivadas, es decir Adler y Jung. El captulo dedicado a Freud haba sido publicado, con ligeras variantes, en la Revista de Criminologa, Psiquiatra y Medicina Legal (J. Thnon, 1930 a); en l se ocupa de una exposicin de la teora y la tcnica de la interpretacin de los sueos e incluye en la tesis un extenso historial clnico que permite apreciar un encuadre en el que combina algn rasgo tpico del procedimiento hipntico como el oscurecimiento del consultorio con condiciones bastante precisas del mtodo psicoanaltico: actitud pasiva, frecuencia de dos o tres veces por semana, posicin ligeramente detrs del paciente, aunque sin empleo de divn.
    Por otra parte, establece al pasar una comparacin entre el impacto cultural del psicoanlisis y el del marxismo (sobre el gran capital tico de la humanidad, la teora psicoanaltica ha producido una conmocin y una inquietud semejante a las doctrinas econmicas del comunismo sobre el trabajo y el capital) que no slo es la primera mencin de esa relacin posible ocho aos antes del manifiesto antifreudiano de E. Castelnuovo sino que, a la vez, muestra que por entonces esa perspectiva de izquierda va a impulsar las iniciativas ms consistentes y programticas de lectura y apropiacin de Freud.
    La creacin, en Crdoba, de la revista Psicoterapia, en 1936, dirigida por Gregorio Bermann, viene a ser, en todo caso, una expresin palpable de las nuevas ideas y valores acerca del tema, y en ellas se combinan razones propiamente mdicas, ligadas a la necesaria modernizacin del dispositivo psiquitrico con la percepcin imprecisa de demandas provenientes de un escenario social y cultural en vas de transformacin. El subttulo de la publicacin revelaba el carcter eclctico de la empresa: Revista de Psicoterapia-Psicologa Mdica-Psicopatologa-Psiquiatra-Caracterologa-Higiene Mental. En la misma direccin puede interpretarse la larga nmina de autores incluidos en la presentacin de la revista; englobados bajo el rtulo de una supuesta adscripcin a la psicologa mdica, Freud, Adler, Jung y Stekel coexisten, entre otros, con Janet, Jaspers, Klages, Kretschmer, Hesnard y Schilder.
    Pero, en todo caso, lo ms importante es el marco de poca que sostena esa apelacin, y que era caracterizado como un momento crucial, en el que predominaban la inquietud y la inestabilidad propias de los perodos de crisis. All vendra a radicar, para Bermann, ese necesario privilegio de la dimensin de lo psquico en la bsqueda de respuestas y caminos hacia un futuro que no repita los errores del pasado. Afirmar, entonces, que en esa nueva psiquiatra se conjugan los valores ms altos de la medicina presente, puede entenderse, precisamente, como expresin de un proyecto que supone, ante todo, la pretensin de colocar a la medicina mental en una camino activo de reformas, en un proceso de cambio social y cultural; en ese marco, la cuestin psicoteraputica se proyecta a lo universal y termina por ser puesta en lnea con la figura de Scrates como una gua proyectada de la conciencia colectiva.
    A la vez, esto supone el reconocimiento ms o menos explcito de que la psiquiatra atraviesa una crisis que debe alterar su fisonoma conocida. De all la insistencia en que la cuestin de la psicoterapia exige el concurso de un conjunto tal de saberes que exceden el repertorio de las disciplinas mdicas para proyectarse a las ciencias sociales y de la cultura. Basta atender al conjunto y la calidad de las disciplinas involucradas (antropologa y filosofa, artes y letras, psicologa y doctrinas y movimientos sociales, etc.) para advertir la profundidad del cambio de perspectiva respecto de aquel momento inicial en el cual el paradigma experimental de la medicina cientfica se proclamaba autosuficiente y rechazaba como una contaminacin y un retroceso cualquier encuentro con el saber humanstico.
    Si la cuestin de la psicoterapia con algo de Freud incluido encuentra un primer espacio de formulacin ms o menos sistemtica, hay que reconocer que en torno de ella se renen varias condiciones y perspectivas. Por una parte, necesidades prcticas de modernizacin y tecnificacin del viejo tratamiento moral, en el marco de una transformacin ms amplia de nociones y valores de la medicina mental. Pero, al mismo tiempo, esa bsqueda imprecisa y eclctica de respuestas en un repertorio vasto de nuevos saberes viene a hacerse cargo, como puede, de las demandas emergentes de un malestar que tiene diversos planos de manifestacin. En la clnica los sntomas ya no son los mismos; para advertirlo basta comparar esa paciente de Mouchet, enmudecida en su voz y en su carne por el golpe militar de Uriburu, con alguno de los casos de Melndez, entre los cuales sera inclasificable. Y si hay all, en el sntoma, amplificada, una distancia subjetiva que es propiamente cultural, esa revelacin que se abre a una conflictividad colectiva no es menos evidente en zonas de la narrativa urbana de los aos treinta: por ejemplo, Roberto Arlt.
    Pese a ser de los primeros en presentarse como psicoanalista, no hay trabajos de G. Bermann en este perodo que puedan ser equiparables a los de J. Thnon o E. Pizarro Crespo en el planteamiento de algn tema del campo freudiano. Lo ms aproximado es un artculo publicado en el primer nmero de Psicoterapia sobre los neurpatas que no quieren curar (G. Bermann, 1936), en el que aborda la cuestin de la resistencia de un modo ms bien limitado a las formas de oposicin al tratamiento y le aplica un trmino de reminiscencias nietzscheanas: voluntad de enfermedad. El repertorio de citas es bastante amplio e integra, de un modo bastante caracterstico, a Freud con Bleuler y Adler; por otra parte, la exposicin del criterio teraputico debe poco al tratamiento psicoanaltico de las resistencias en la medida en que a diferencia de los trabajos clnicos de J. Thnon no hay rastros de interpretacin: La labor mdica consiste en transformar el deseo de enfermedad en el de salud, haciendo sentir poderosamente al paciente cunto gana transformando su actitud ante la vida y adaptando su conducta al tono que exige el bienestar. Sin declaraciones de ndole moral hay que hacerle sentir las satisfacciones que proporciona la vida sana, alegre y eficiente.
    Pero, al mismo tiempo, el artculo se dirige a los mdicos no preparados, a los que no entienden que detrs de la enfermedad hay un conflicto y confunden el refugio en la enfermedad con una superchera. La resistencia, viene a decir Bermann, muy a menudo reside en que los mdicos no saben curar, y un amplio programa pedaggico sostiene la empresa de esa revista, que se public slo durante dos aos, hasta que su director, llamado por otros combates, march a defender la Repblica Espaola.23

    Psicoterapia, en ocasin de los ochenta aos de Freud le dedica un nmero, cuya presentacin escrita probablemente por E. Pizarro Crespo lleva un ttulo sugestivo, por la forma en que coloca la figura del creador del psicoanlisis en una perspectiva que desborda el dispositivo mdico y psiquitrico: Proyeccin histrica del psicoanlisis en las ciencias y en el pensamiento contemporneos (Psicoterapia, 1936). En ese sentido, si hace un hincapi particular en la condicin crtica de su pensamiento y lo sita en una relacin de continuidad con la obra de Charcot, es precisamente por la falta de prejuicios con que el profesor francs haba sido capaz de superar las estrecheces del conocimiento establecido.
    El psicoanlisis es, por una parte, antorcha del conocimiento y alcanza una amplia repercusin en el panorama de las ciencias y la cultura y, a la vez, constituye un nuevo mtodo teraputico, ms an, es la verdadera psicoterapia cientfica, afirmacin que va mas all de la presentacin que hasta entonces Thnon incluido clasificaba al psicoanlisis junto con otras tcnicas en un marco genrico. Esa definicin que estableca la preeminencia del mtodo freudiano de un modo tan definitivo provena de E. Pizarro Crespo ms que de G. Bermann, pero de cualquier modo queda all, en la apertura de ese homenaje, como la expresin de un reconocimiento que no tena antecedentes en nuestro pas.
    Al mismo tiempo, una consideracin histrico-social apunta a establecer las condiciones del surgimiento de la nueva disciplina: tanto Charcot como Freud habran encontrado un incremento de los trastornos psquicos que sera correlativo a momentos de serias transformaciones sociales. En esa misma direccin se orienta cuando busca establecer en cada poca la relacin entre el arte y la literatura, las ideas psicolgicas dominantes y las formas particulares de patologa mental; la psicopatologa y la esttica se iluminan mutuamente. As, al individualismo de la sociedad fin de sicle corresponde un arte que tiende al autismo y una clnica en la que la histeria cede su lugar a los cuadros esquizofrnicos. Finalmente, el autor se ocupa de una exposicin bastante elaborada y actualizada de la obra de Freud, a la que divide en cuatro etapas, de un modo que parece insistir en la diversidad de problemas tanto como en los giros y las rectificaciones de la teora, sin excluir una consideracin atenta a la extensin de las ideas freudianas a lo que llama una psicologa social e histrico-tnica.
    El nmero incluye Dostoievski y el parricidio de Freud, una traduccin del psicoanalista francs Ren Allendy y colaboraciones de Honorio Delgado, Angel Garma desde Madrid, Gonzalo Bosch, Juan R. Beltrn, Marcos Victoria y Paulina Hendler de Rabinovich, la primera mujer que escribe sobre el tema en Buenos Aires; la nmina de autores ilustra las diferencias de inters y de formacin. As, mientras H. Delgado produce una amplia exposicin acerca del ltimo tramo de la obra de Freud y A. Garma aporta un artculo propiamente psicoanaltico, Marcos Victoria quien se autodefine como psicoanalista heterodoxo presenta un ejemplo clnico en el cual recurre a la catarsis bajo hipnosis, en trminos propios de la Comunicacin de Freud y Breuer de 1895. G. Bosch director del Hospicio de las Mercedes, por su parte, es autor de un artculo ms bien circunstancial que insiste en reunir a Freud con Janet y llama a Adler dilecto discpulo, desconociendo las disidencias en el movimiento psicoanaltico. En cuanto a Beltrn, slo agrega a lo ya conocido de su obra particularmente el inters por lo que llama las aplicaciones extramdicas a la pedagoga, la criminologa y el confesionario una afirmacin sobre la que nadie haba insistido entonces: para practicar el psicoanlisis hay que ser previamente psicoanalizado; de cualquier modo, no hay evidencias de que l mismo haya cumplido esa condicin.
    Desde Buenos Aires, Paulina Hendler de Rabinovich aporta un artculo acerca del psicoanlisis y la reflexologa (1936). Esa misma voluntad que exhiban Thnon y Pizarro Crespo de producir una lectura y una apropiacin materialistas de Freud est en la base del cuidadoso ejercicio analtico comparativo por el cual la autora busca fundamentar la posibilidad de que Freud y Pavlov se integren en un nico sistema terico. Y si bien ese horizonte de relaciones habr de durar poco en el clima de ideas de la izquierda psiquitrica argentina, vale la pena puntualizar algunos hitos de su exposicin. En las antpodas de esa inicial prevencin que vea en el psicoanlisis la expresin del irracionalismo y el espiritualismo reaccionarios, el artculo desarrolla en una serie de tpicos los rasgos esenciales que el psicoanlisis compartira con la doctrina de los reflejos condicionados: a) el psicoanlisis es una disciplina emprica: el estudio de la vida psquica por el mtodo objetivo de las ciencias naturales; b) es monista, ya que afirmara la unidad de la vida y de la actividad del organismo humano; c) es igualmente materialista, a pesar de que su psicologa produce la impresin de una doctrina metafsica, ejemplo de ello son conceptos como el principio de estabilidad (se refiere al ms conocido como de constancia) y su concepcin del aparato psquico y el acto reflejo que son, para la autora, anlogos a los puntos de vista de la reflexologa; d) es determinista, y lo es en el mismo sentido que la doctrina de Pavlov, por cuanto ambas pondran a la actividad refleja en la base de la actividad psquica; y, finalmente, e) tambin Pavlov ha coincidido con Freud en la crtica a la psicologa acadmica, limitada al estudio de los fenmenos conscientes. En sntesis, dice P. de Rabinovich, las bases tericas estn preparadas y slo es necesario un esfuerzo de sistematizacin para construir una ciencia de lo psquico en la cual la reflexologa aportara el fundamento y el psicoanlisis la superestructura.
   
De cualquier manera, como se ver, E. Pizarro Crespo no comparta que se fuera el nico modo posible de plantear los caminos de un eventual encuentro entre psicoanlisis y marxismo. Lo importante, en todo caso, es sealar que junto a esa terminante posicin antifreudiana de E. Castelnuovo, en la segunda mitad de la dcada del treinta y por un perodo ms bien breve ese encuentro imposible entre Freud y Marx fue postulado y anunciado en ms de una manera. Como es sabido, el distanciamiento sobrevino rpidamente y no fue ajeno a las vicisitudes del debate sobre el psicoanlisis en la urss y en la izquierda francesa. Thnon se orient decididamente hacia la reflexologa mientras Bermann encarnaba una psiquiatra a la vez organicista y social en la que profundizaba su eclecticismo, al tiempo que intentaba la ms firme tentativa de refutacin del psicoanlisis desde el marxismo (Bermann, 1949, 1952 b). Recin a partir de los aos cincuenta, la obra de Jos Bleger, desde un campo similar de preocupaciones pero con marcadas diferencias en su bagaje conceptual, desde Psicoanlisis y dialctica materialista a Psicohigiene y psicologa institucional retomar alguno de los temas de esa empresa fallida.
   
Aunque no firma ninguno de los artculos publicados en el nmero dedicado a Freud muy probablemente porque escribi la Presentacin en nombre de la revista Emilio Pizarro Crespo, de Rosario, por sus escritos se constituye en la figura ms destacada del ncleo reunido alrededor de Psicoterapia, en cuyo staff ocupa una de las secretaras de redaccin. Era miembro adjunto de la Sociedad Psicoanaltica de Pars, en cuya revista public La role des facteurs psychiques dans le domaine de la clinique (E. Pizarro Crespo, 1935 a), y es notorio que recibi la influencia del psicoanlisis francs de los aos treinta, en particular de Ren Allendy, a quien llama su amigo. Haba viajado extensamente por Europa y en dos artculos bastante elaborados dio cuenta de su opinin acerca de la situacin de la psiquiatra y la psicoterapia en Francia, Alemania y la Unin Sovitica (E. Pizarro Crespo, 1936 a y 1936 b).
    El primero de ellos define la perspectiva con que aborda esa crnica viajera que es, al mismo tiempo, una puesta al da del estado de la cuestin; y lo hace saludando el costado promisorio de la crisis profunda que afecta a la medicina, en una doble dimensin. Por una parte, su testimonio lcido del escenario social advierte el marco de conmocin y descomposicin general que preanuncia la conflagracin. Pero, a la vez, ese sealamiento de la crisis se refiere a los parmetros cientficos y metodolgicos de las disciplinas mdicas y psiquitricas, en las que indica un movimiento saludable de renovacin hacia nuevas sntesis biopsicolgicas; all parece radicar, para Pizarro Crespo, la importancia del psicoanlisis y su inters por la medicina psicosomtica.
    La exposicin prolija que proporciona del panorama francs destaca en particular al grupo LEvolution Psiquiatrique, exponente, para el autor comentado, de un enfoque moderno de la disciplina, entendido bsicamente como un encuentro de la psiquiatra y el psicoanlisis bajo ese nuevo ideal psicobiolgico. Como sea, da cuenta de la produccin cientfica en Francia, en especial de las extensiones sociobiolgicas debidas a R. Allendy y dedica un inters especial a la tesis de J. Lacan sobre la psicosis paranoica y su relacin con la personalidad, trabajo sobre el que vuelve en otros artculos.
    En el segundo artculo, dedicado a Alemania y la urss, Pizarro Crespo hace aun ms explcito ese diagnstico de la patologa mental que ausculta la nosografa sobre el teln de fondo de la crisis contempornea: el problema de las enfermedades mentales, neurosis y suicidios se encuentra a la orden del da. La angustia creciente por el porvenir, la zozobra permanente en que viven las multitudes humanas por razn de las condiciones econmicas y polticas de casi todos los pases actan vulnerantemente sobre los individuos y sobrepasan la capacidad de resistencia psquica de la gran masa de poblacin. As como Viena, e implcitamente Freud, es sealada como el centro de irradiacin de las nuevas corrientes psiquitricas, no oculta su enfrentamiento con las tesis dominantes bajo el Tercer Reich, del mismo modo en que en su artculo anterior haba denunciado al rgimen fascista por la prohibicin de la Rivista Italiana di Psicoanalisi que diriga Edoardo Weiss. Es importante destacar que mientras una publicacin ligada al ncleo acadmico de la Facultad de Medicina, los Anales de Biotipologa, Eugenesia y Medicina Social, mantena por entonces una actitud por lo menos acrtica respecto de las tesis racistas de amplio desarrollo e influencia en el pensamiento mdico argentino, Pizarro Crespo afirmaba el carcter anticientfico y reaccionario de ciertas medidas seudohiginicas entre las que menciona las esterilizaciones en masa, las ideas de superioridad racial, las deformaciones impresas a las teoras de la constitucin, de la herencia, etctera.
    La cuestin de la psicoterapia en la Unin Sovitica le permite situar su enfoque acerca de la relacin entre marxismo y psicoanlisis, problema que si bien preocupa a todo el grupo parece tener en Pizarro Crespo al expositor ms formado y original, reacio a las ortodoxias. Esa afirmacin de principio acerca de la determinacin social de la patologa mental, en el marco de lo que se seala como una crisis irreversible del capitalismo, lo lleva a ver en la accin socialista sobre las condiciones de vida de las masas uno de los factores profilcticos ms decisivos y de importancia incalculable. Pero, en su balance del viaje a la repblica de los soviets, la admiracin que transmite acerca de la medicina socializada no le impide sealar los prejuicios teorticos mecanicistas que obstaculizan en Rusia la incorporacin de los enfoques modernos, dinmicos, en particular los referidos a los procesos inconscientes.
   
En ese sentido, el panorama que brinda de su visita seala y ejemplifica limitaciones y retrasos, en particular la hostilidad hacia el psicoanlisis, aunque procura explicar sus causas por razones histricas y expone en ms de un pasaje su confianza en que finalmente esas resistencias sern vencidas. No parece haber advertido que la posicin sovitica acerca del psicoanlisis iba en direccin contraria a su pronstico, probablemente formulado bajo la influencia de W. Reich, a quien haba ledo en francs, y de la crtica al psicoanlisis del sovitico I. Sapir, quien, de cualquier manera, reconoca la legitimidad de algunos conceptos freudianos.24 No hay evidencias de que Pizarro Crespo haya profundizado esa orientacin freudomarxista, y su trayectoria ulterior corta, por otra parte, ya que muri en 1944 a los 39 aos se orient hacia la medicina psicosomtica y psicobiolgica.
    Paralelamente Pizarro Crespo ha publicado trabajos clnicos en los que demuestra un conocimiento bastante extenso de la bibliografa psicoanaltica y evidencia un enfoque teraputico bsicamente psicoanaltico (E. Pizarro Crespo, 1935 b, 1936 c). Pero quizs lo ms singular de su produccin constituida por dos docenas de artculos y un libro en colaboracin es el artculo breve dedicado al narcisismo como enfermedad social del erotismo (1933-1934). Ante todo, porque se sita en un plano estrictamente terico para all buscar una aproximacin del punto de vista del desarrollo psquico con la concepcin materialista dialctica de la historia. Si el narcisismo es definido, en trminos de una concepcin evolutiva bastante simplificada, como involucin es decir detencin del desarrollo en una etapa normal, pero destinada a ser superada, de la evolucin psquica del individuo y de la humanidad, esa transposicin lineal a la dimensin colectiva lo lleva a postular la existencia de un psiquismo social, evolucionado, frente al cual el narcisista tipo psicolgico cabalmente asocial sera la expresin de un retorno a las formas del pensar primitivo, ancestral. En todo caso, esa consideracin que reduce el problema a la oposicin de los tipos narcisista y social es, a la vez, proyectada al devenir histrico, que es concebido segn el esquema que superpone la matriz de la evolucin natural con la idea-valor de una ruptura radical. Marx habra intuido, para Pizarro Crespo, el desarrollo futuro del psiquismo humano colectivo, en el que el cierre del ciclo de la prehistoria abrir paso a la sociedad humana o la humanidad socializada.

Los Anales de Biotipologa, Eugenesia y Medicina Social son un rgano de la asociacin homnima presidida por el profesor Mariano Castex que incluy entre sus pginas algunas referencias al psicoanlisis, entre ellas un temprano artculo de Enrique Pichon Rivire (1934) inspirado en Jung y Adler y que casi no menciona a Freud. Para situar esas referencias es importante puntualizar brevemente el carcter peculiar de esa publicacin nacida en los claustros de la Facultad de Medicina de Buenos Aires. Ya que, si por una parte integran su comit de direccin un grupo de figuras conocidas de los mbitos universitario y hospitalario G. Aroz Alfaro, G. Bosch, J. M. Obarrio, A. Mo, V. Mercante, al mismo tiempo el lema por la superacin de la vida humana y el formato corresponden a un rgano de divulgacin. En ese sentido, anticipa las iniciativas de un periodismo mdico destinado al gran pblico y, por otra parte, incluye entre sus redactores a varios de los responsables de la revista Viva Cien Aos, que poco despus va a asumir explcitamente esa empresa de vulgarizacin.25
    De acuerdo con la presentacin inaugural de M. Castex, los problemas de la estirpe y los valores de la eugenesia en su rol modelador de la raza del porvenir son el marco ideal de un proyecto que se diriga a formar la conciencia eugnica de las clases dirigentes y a promover una accin pblica que encuentra inspiracin explcita en la obra que N. Pende vena desarrollando en la Italia fascista. Esa cosmovisin genricamente racista, con eje en la especie, estaba suficientemente difundida en el medio en el que circulaba la revista; tanto como para que la publicacin, en 1934, de un artculo laudatorio de las leyes raciales del rgimen hitlerista no provocase ninguna reaccin local y haya debido ser refutada por F. Boas desde Nueva York.26
    Qu psicoanlisis poda incluirse en ese rgano? Federico Aberastury, que no era mdico, e integraba el grupo de la revista apadrinado por G. Bosch,27 publica un artculo (1933 a) sobre la medicina del espritu en el que se mezclan sin mucho orden temas de la psicologa tradicional con problemas psicosomticos y una promocin genrica de la psicoterapia, con menciones de Freud y Adler, aunque parece claro que es este ltimo el que le interesa ms. Ese mismo ao, otro trabajo sobre las teoras de Freud (F. Aberastury, 1933 b) es ampliamente elogioso hacia el creador del psicoanlisis, con argumentos que bsicamente estn extrados del libro de S. Zweig. De cualquier modo, poco tiempo despus (G. Bosch y F. Aberastury, 1936) va a dar cuenta de su distanciamiento respecto de Freud probablemente bajo la influencia de Bosch en particular con respecto a la teora sexual.
   
Pero el autor ms inslito de esa publicacin es Arturo Rossi, director de la revista y autor de un par de trabajos sobre el psicoanlisis que luego irn a formar parte de su Tratado terico-prctico de biotipologa, en tres tomos. Un primer artculo (A. Rossi, 1934) sobre los secretos del alma y el psicoanlisis defiende la inmortalidad del alma con argumentos que remiten, a la vez, a la fe religiosa y a los fenmenos parapsicolgicos, en el marco de una correlacin biotipolgica que es entendida como equivalente a la vinculacin del cuerpo y el espritu. La exposicin del psicoanlisis est plagada de errores y constituye una mezcla inconsistente, con mucho de Adler y de Jung, lo que le permite, con entera facilidad, dar por superado el pansensualismo freudiano.
    Ms extrao aun es el segundo trabajo (A. Rossi, 1937) que pretende ser una presentacin histrica del psicoanlisis con el propsito de buscar las correlaciones posibles con la biotipologa. Sin citarlo, incluye pasajes enteros del artculo que iniciaba el nmero de Psicoterapia dedicado a Freud. Pero lo ms curioso es que incluye a Pavlov (a quien atribuye un origen britnico!) en las corrientes psicoanalticas para cuestionar su materialismo de un modo tan terminante como el que usa para expresar su rechazo y repugnancia por la doctrina pansensual freudiana. En ese sentido, es explcita su preferencia por la psicologa individual de Adler combinada con la tesis de los tipos psicolgicos de Jung. En todo caso, ms all del efecto disparatado de esa mezcla de nociones y creencias, interesa sealar en la cosmovisin eugensica mixtura de representaciones imaginarias del cuerpo y la herencia, prescripciones higinicas, preceptos morales y racismo ms o menos encubierto el peso de una vieja tradicin ideolgica de la medicina argentina de efectos perdurables y resistente a las innovaciones.

 

VI

    Antes de la guerra un ltimo viajero lleg, algo tardamente, a Buenos Aires procedente de Pars, como para demostrar que todava era posible esa vieja estrategia de lectura que rescataba el mtodo para mejor repudiar la teora. Se trataba de Jacques Maritain, quien dict una serie de conferencias, entre ellas una dedicada a Freudismo y psicoanlisis (J. Maritain, 1938), publicada y convertida en un texto gua por parte de los pocos intelectuales catlicos que se ocuparon de Freud entre nosotros. Inspirado en la obra del mdico Roland Dalbiez (La mthode psychanalytique et la doctrine freudienne, Pars, 1936), que haba establecido la visin catlica del psicoanlisis, propone una divisin tripartita de la obra de Freud: a) el mtodo de investigacin es aceptable; b) la psicologa freudiana est viciada por un empirismo radical y por una metafsica aberrante, y c) la filosofa freudiana es absolutamente rechazable y propia de un obsesionado. Ninguna referencia se hace a esa presencia de Freud en la cultura, salvo para lamentar que su mtodo no haya quedado limitado al crculo de los psiquiatras y psiclogos o bien para caracterizar el pesimismo del creador del psicoanlisis frente al yugo de una moral mantenida a un costo que la vuelve intolerable; y efectivamente, lo es, dice Maritain, salvo porque el amor y la misericordia divinos vienen a compensar, mediando la fe, esa carga que la ley conlleva.

Pero las repercusiones en Buenos Aires de la muerte de Freud muestran que hacia fines de la dcada del treinta lo que est en cuestin es algo ms que una toma de posicin frente a la novedad freudiana. A ms de veinte aos de las primeras lecturas y apropiaciones de Freud, qu es lo que cambi? Admitida ya como una corriente cientfica y una presencia en la cultura, definitivamente incorporada al panorama del pensamiento contemporneo, el problema es menos el de la aceptacin o rechazo que haba caracterizado la dcada anterior, y ms bien se desplaza hacia un debate acerca de su mbito propio y sus lmites, es decir, se abre a una disputa por el rgimen de lecturas y aplicaciones. Es cierto que no hay nadie, hasta la llegada de A. Garma al pas, que alcance un grado de formacin y dedicacin concentrada y especializada, pero, en todo caso, figuras como Thnon y Pizarro Crespo mostraban no slo una mejor preparacin que los mdicos de la dcada anterior, sino que, sobre todo, eran capaces de plantear y elaborar ncleos propios de inters y desarrollo de las ideas freudianas.
    Como sea, en la atmsfera tarda de los treinta, en especial en los aos inmediatamente anteriores a la guerra, en el marco de una crisis vivenciada del pensamiento y la conciencia tica, algo ha cambiado en la trama de las ideas y valores que sostuvieron la primera recepcin de la obra de Freud. Y de acuerdo con el testimonio de sus protagonistas, esa crisis cultural que la guerra vendr a desnudar de un modo brutal y dramtico lo es tambin del paradigma cientfico y el dispositivo tecnolgico e institucional de la psiquiatra. Si, para algunos, con una sensibilidad propiamente europea, esa conciencia de una crisis social y moral representa, por segunda vez, la ruptura del mundo encantado de la belle poque, no puede dejar de sealarse que la popularidad del psicoanlisis en esos aos tormentosos tiene mucho que ver con las expectativas puestas en l como herramienta de anlisis de los conflictos y angustias de la hora. Y todo parece indicar que fue a partir de esa nueva conciencia pblica ms que desde el viejo dispositivo psiquitrico, ms bien resistente a la renovacin que se abri paso a una experiencia menos naturalista de los conflictos, dispuesta a la subjetivacin de los sntomas y reacia a la cruda objetividad de la especie y la herencia. De all tambin la apertura insinuada del cerrado paradigma cientfico natural hacia las disciplinas sociales y de la cultura, que, ms all de sus resultados, anticipa el estallido, hacia el presente, de esa frrea unidad que caracteriz al dispositivo de la medicina mental por medio siglo.
    En los aos veinte, la recepcin de Freud, ms all de las diferencias sealadas, en el mejor de los casos slo conceba para el psicoanlisis un lugar auxiliar en el arsenal tecnolgico de la psiquiatra. Concomitantemente, las lecturas de Freud partan de una conviccin firme y generalizada en la vigencia permanente del modelo cientfico de las ciencias naturales. De all surgen las posiciones frente al psicoanlisis, que oscilan entre afirmar la imposibilidad de su inclusin en el espacio de la ciencia (el joven Ponce), la bsqueda de modos eclcticos de integracin subordinados a las tesis psiquitricas dominantes (Beltrn o Gorriti) o, en fin, su traduccin como tpico actualizado de la formacin mdica, en el marco de una valorizacin de la psicologa (Mouchet). De esa firme conviccin naca tambin la notoria irritacin con que se anatematizaba la extensin del psicoanlisis a la literatura o las ciencias sociales o se denunciaba su presencia en la cultura como la confirmacin de su carcter de saber menor y a la moda.
    Diez aos despus casi nadie de los que se ocupan de Freud seala sus ideas como una moda efmera y, salvo alguna expresin aislada en la franja de la militancia intelectual catlica como el cura Leonardo Castellani, casi no se discute la legitimidad de esa colocacin central en el panorama de la ciencia y el pensamiento contemporneos. Como se vio, ese cambio de perspectiva va evidencindose tanto en el ensayo cultural y literario como a travs de iniciativas de reforma del propio discurso psiquitrico y, especialmente, psicoteraputico. Pero es el movimiento mayor de renovacin intelectual y moral que S. Zweig haba anunciado y al cual haba asociado el nombre de Freud el que no poda dejar de mostrar las insuficiencias de esa vieja psicopatologa, sostenida en el universo de ideas y valores del positivismo decimonnico. Si psicologa y moral naturalista se afirmaban recprocamente en el nacimiento del pensamiento y el dispositivo psicolgico, comienzan a caer tambin conjuntamente en las condiciones de la nueva poca. Y es notorio que, al menos en el juicio de muchos de sus contemporneos, se atribua a Freud y al psicoanlisis un papel determinante en esa renovacin.

    Si todo ello acta, con un efecto de condensacin, en los modos en que se dio cuenta de la muerte de Freud, en 1939, no es posible separar la significacin que adquiri ese acontecimiento de la guerra mundial, comenzada pocos das antes. La noticia de la muerte de Freud se mezcla con los partes de guerra y la tragedia que toda muerte conlleva vino a quedar sobredeterminada por el sobrecogimiento colectivo que en Buenos Aires no se cubra mayormente del fervor patritico que en Europa encenda tantos espritus, tanto ms cuanto el propio Freud, exiliado, simbolizaba para algunos a una vctima del odio. Perseguido y despojado por el nazismo, ha dejado de existir en el exilio S. Freud, sabio famoso, creador del psicoanlisis, titulaba Crtica el 24 de septiembre de 1939. Y si ello se corresponda con la posicin proaliada del peridico, no es menos cierto que la aureola del martirio vena a acentuar la estatura moral del personaje, a quien se calificaba como sacerdote de una nueva concepcin del alma y cuyas ideas impregnaron la atmsfera de nuestra poca [...] para convertirse en guas espirituales de casi todas las obras de alguna significacin publicadas en los ltimos aos.
    En una caracterizacin del mtodo que estaba de acuerdo con esa significacin predominantemente moral, Crtica pona el acento en que Freud trat las enfermedades del alma por medio del alma misma; en todo caso con una cualidad igualmente tica que lo asimilaba a esos nuevos tiempos, de los que el diario se propona ser vocero, y que radicaba en su capacidad de descubrir all donde otros preferan el encubrimiento. Finalmente, Crtica cede la palabra a los que presentaba como psicoanalistas de la Argentina: G. Bosch, G. Bermann y J. Belbey. De ellos, es el fundador de la revista Psicoterapia quien, al pasar, da cuenta de que entrevist a Freud en 1930 el que aporta la visin ms definida y personal, no tanto porque caracterizaba su obra como un monumento de sabidura, sino porque se ocupaba en situar en una doble dimensin la filosofa antimetafsica y naturalista y la poltica liberal de un Freud al que quera retratar, en todo caso, como un hijo de su tiempo.
   
La Nacin, por su parte, carece de toda pretensin de representar nuevas ideas; sobria y conservadora, busca aportar una perspectiva equilibrada que omite asimismo toda referencia al exilio de Freud. Las ideas del autor viens seran para algunos la obra del desvaro, elucubraciones carentes de todo valor cientfico, mientras que para otros se tratara de uno de los hombres de ciencia ms ilustres de nuestro siglo. De cualquier manera, aun cuando se admite que a partir de su obra habr que distinguir una psicologa prefreudiana y una freudiana, la nota de La Nacin insiste con el conocido argumento que separaba la doctrina el freudismo del mtodo psicoanaltico, para concluir que aunque algn da quede olvidada la teora de Freud, el psicoanlisis seguir siendo un medio excelente de investigacin y tratamiento para ciertas afecciones psquicas.
    En todo caso, slo una posicin decididamente contraria a las ideas freudianas y, sobre todo, a su inclusin en la cultura moderna poda llevar a La Nacin a solicitar a Leonardo Castellani un extenso artculo sobre Freud (L. Castellani, 1939). El retrato que ofrece se esfuerza, ante todo, por sacar a la luz las paradojas que, a juicio del cura, caracterizaran al creador del psicoanlisis. En efecto, en su peculiar visin, Freud sera hombre de ciencia con imaginacin de novelista, mdico que se propone ignorar la anatoma, irreprochable padre y esposo y, a la vez, enemigo de la moral, espritu germnico con el gusto artstico y la finura de la educacin vienesa y con la instintividad semita primitiva; en fin, ateo y apstata de su ley, cuya obra est, empero, fuertemente subtendida por una oscura vivencia religiosa.
    Castellani ve en la obra del creador del psicoanlisis la expresin de un resentimiento, en particular contra todo factor de regulacin del sujeto humano: normas, cultura, moral, religin; su destino es asimilado al de Lutero. Cmo fundamentar un juicio tan contrario a los anlisis freudianos de la sociedad y la cultura? Al desconocimiento de su obra se agrega una argumentacin propiamente antisemita que parte de caracterizar a los judos como espinas de la sociedad cristiana. El judo es como la exigencia de la natura en el seno de la sobrenatura; l representa el equilibrio en un nivel ms bajo, los amplios y perezosos ritmos vitales ya abolidos de la religiosidad patriarcal, la poligamia, la castidad campesina, no militar ni heroica. En ese sentido, si el psicoanlisis es una expresin en los tiempos, para Castellani es, ante todo, la representacin de ese mundo primitivo del Viejo Testamento de Babel y Sodoma y Gomorra, de Absaln rebelndose contra su padre, de idolatras e interpretacin de los sueos y su emergencia contempornea viene a sealar la profundidad de la crisis moral en que ha cado la civilizacin cristiana.
    Esa visin teolgica que ve en el psicoanlisis judo la encarnacin del movimiento anticristiano que sera propio de la modernidad, constituye la lnea principal que este hombre de la Iglesia pone en juego en su anlisis de Freud. Por otra parte, cuando tiene que referirse a temas y nociones tericas se ocupa de indicar, con entera facilidad, que en Aristteles o Santo Toms se encuentran las referencias filosficas que iluminan la verdadera naturaleza de los problemas. En todo caso, no es necesario salir de la doctrina y los dogmas catlicos para encontrar las respuestas fundamentales, aun en el terreno de la neurosis o los sntomas sexuales. Aunque el sacramento de la confesin no es para el autor medicina sino teologa, si todos los catlicos se confesasen de ordinario bien y todos los confesores confesaran mejor se derrumbara a un minimum insignificante la estadstica de los neurticos. En cuanto a la solucin del problema sexual, una cuota de racismo se agrega al integrismo catlico de este colaborador de La Nacin, quien ubica en el medioevo su utpica edad de oro, en aquellos tiempos de fe y amor santo en que la Iglesia habra creado la admirable raza blanca sin ms eugenesia que la castidad cristiana.

    Los homenajes dedicados a Freud en ocasin de su muerte ponen de manifiesto que, aun siendo mayormente psiquiatras quienes se ocupan de l, prevalece la disposicin a proyectar su figura a una dimensin universal. As es como Jos Belbey que ya se haba referido a Freud en el diario Crtica respondiendo como psicoanalista, en una nota que no revela un conocimiento suficiente de la obra psicoanaltica, se exalta llamndolo sabio enorme y atribuyndole una revolucin del pensamiento (J. Belbey, 1939). Tanto las disciplinas clnicas y las ciencias humanas como el arte y la vida espiritual habran sido afectados por una obra que es colocada en la saga de los grandes reformadores de la conciencia y la moral y comparada con la de Nietzsche. Un eje central de esa caracterizacin situaba en el servicio a la verdad la trascendencia tica de una trayectoria que se asociaba a la labor de desenmascaramiento de las hipocresas de una poca, en una direccin bastante similar a la del libro de S. Zweig.
    Y si Belbey no excluye una apreciacin coyuntural que le permite condenar al nazismo, no slo lo hace porque la persecucin sufrida por Freud lo converta en smbolo de la resistencia a la barbarie, y era, adems, recibido con simpata por una comunidad intelectual mayormente inclinada hacia el bando aliado. La referencia a la guerra presente que el genio de Freud contribuye a explicar, dice Belbey viene a erigirse en sntoma del desequilibrio dramtico de una poca y de la demanda de indagacin, en el orden subjetivo, de las razones del fracaso de esos sueos de progreso y racionalidad que haban acompaado el pensamiento occidental en el ltimo siglo.
    Al mismo tiempo, una aproximacin como la de Belbey, que revela una formacin psicoanaltica endeble, muestra que aun para los psiquiatras que se mostraban ms abiertos a su influencia, la doctrina freudiana era una renovacin genrica ms que un campo de estudio. Slo as se entiende que el autor citado pueda hablar de subconsciente, afirmar que Freud puso al yo al servicio del instinto, definir al mtodo teraputico como catarsis o enlazar la obra del sabio viens con la del sexlogo alemn Magnus Hirschfeld slo porque ambos fueron perseguidos por el rgimen hitlerista.

    El artculo de J. Thnon (1939), por su parte, revela no slo una mayor versacin sobre las ideas y la tcnica freudiana y sobre los diferentes momentos de su obra, sino una disposicin crtica ms acusada cientfica e ideolgica, particularmente en trminos de una consideracin sociolgica que parece corresponder a los comienzos de un ajuste de cuentas desde el marxismo. Despus de afirmar al psicoanlisis como una obra imperecedera de la psicologa moderna y de sealar su amplia influencia contempornea, critica el olvido de su valor hipottico que condujo a forzar en ocasiones el afn interpretativo.
    Pero, ms all de ese cuestionamiento que se refiere al modo de su empleo ms que al cuerpo terico y al mtodo, introduce una crtica de otro orden: qu clase de concepcin del mundo subyace? Por una parte, en el pasaje de una etapa emprica a la doctrinaria, el psicoanlisis habra incurrido a la vez en un aislamiento de la biologa de los instintos y en un distanciamiento de la realidad objetiva. Por otra, en lo que constituye el ncleo de su lectura crtica, Thnon cuestiona al psicoanlisis sociolgico por su tendencia a ignorar la estructura social y las relaciones de trabajo o a considerarlos slo como derivados de los procesos inconscientes. En este aspecto dice, retomando argumentos de la dcada anterior, el psicoanlisis muestra claramente sus afinidades con el idealismo filosfico, pues concibe la psiquis como un mundo autnomo. De cualquier modo, ese mundo objetivo del cual el psicoanlisis se sustraera es social ms que biolgico y, en ese sentido, el argumento crtico materialista supone un giro evidente en relacin con los argumentos del pasado.
    Idealista o materialista, afirmado a la vez como enemigo o reformador de la moral, cientfico o literario, el campo de representaciones que evoca el psicoanlisis muestra no slo la complejidad de una disciplina mltiple terica, metodolgica y tcnicamente sino el espectro de una diversidad de lecturas que parece ser propio de un momento de transicin.
    Tambin la difusin de las ideas de Freud interesa a Thnon, quien las explica adjudicando al psicoanlisis, en la cultura, la cualidad de una promesa de rectificacin interior y de autoconocimiento frente a una humanidad amenazada que busca ansiosamente un nuevo refugio para huir de las realidades cuyo anlisis es temido y penado. En todo caso, el meollo de la crtica ideolgica viene a sealar el profundo pesimismo de los anlisis freudianos de la sociedad y la cultura, para intentar una superacin por el recurso a la dialctica materialista y el privilegio del ser social sobre la conciencia. Desde el utpico punto de llegada a una futura humanidad socializada, desde ese mundo nuevo en el que va a nacer el hombre nuevo, que no se reconocer en los siglos venideros en nuestros tratados psicolgicos, el psicoanlisis queda, concomitantemente, proyectado a un pasado superado. Freud habr legado a la posteridad los documentos de la psicologa del hombre de una poca prehistrica, de una poca de transicin violenta y dolorosa cuyo eplogo ni pudo presenciar.

    Significacin de la obra de Freud en la medicina actual, publicado en Rosario (J. Cuatrecasas, 1939), en cambio, representa la continuidad de una lectura aferrada a la estricta reivindicacin del espacio y el dominio mdicos. Pero, en todo caso, puesto a defender celosamente ese tradicin, no deja de sealar la necesidad de alguna reforma y, lejos del dogmatismo somatista que haba signado la relacin mdica con el psicoanlisis, se hace cargo de la necesidad de superar lo que Cuatrecasas define como la ciencia racionalista y objetiva. En el marco de ese objetivo de ajuste y reforma del paradigma mdico, cobra sentido la promocin de un criterio pragmtico que resulta por otra parte, acentuado por la comparacin con el modo no doctrinario como los pases sajones habran acogido y utilizado nociones y tcnicas provenientes del psicoanlisis.
    La higiene y la pedagoga sexual son destacadas como un campo de problemas vigente y de estricta pertinencia mdica, que demanda el auxilio del psicoanlisis, aunque para ello el autor deba producir el enorme forzamiento que supone integrar la teora freudiana de la libido con los datos de la moderna endocrinologa. Como sea, Cuatrecasas no slo hace caso omiso de la acusacin pansexualista, sino que aprovecha la oportunidad para refutar los cuestionamientos morales del P. Castellani, en defensa de la jurisdiccin mdica sobre el problema sexual.
    Esta operacin de apropiacin de la figura y la obra de Freud que buscaba integrarlo a un dispositivo mdico que, en general, segua sin querer saber mucho de l, tuvo algunas consecuencias en el modo como buscaba reescribir la historia del psicoanlisis. Al caracterizar la operacin freudiana como una inclusin en el mundo cientfico de objetos y temas hasta entonces colocados en el terreno del misterio y la supersticin, esa obra era ingresada, explcitamente, en la historia prestigiosa de la medicina como una rplica del gran Charcot. Y es justamente desde la lgica constructiva de una tradicin y una filiacin legtimas que cobraba sentido el cuestionamiento a los ortodoxos es decir, a la organizacin del movimiento psicoanaltico, legada por Freud, por fuera de las instituciones mdicas que pretendan, segn Cuatrecasas, al modo de una secta, construir el psicoanlisis como un edificio nuevo donde se podra cobijar el que quiera. Frente a la significacin general que Freud adquira, desde lo irreversible de la muerte, y que lo abra al mundo de la cultura y el pensamiento, esta reivindicacin profesional, desde la medicina, vena a poner en evidencia, aos antes de la organizacin local de la asociacin, que el conflicto en torno a la jurisdiccin mdica iba a acompaar, tambin en Buenos Aires, el proceso de institucionalizacin del psicoanlisis.

    En las principales revistas culturales porteas la muerte de Freud dio lugar a homenajes ms breves y circunstanciales. Alfredo Galleti (1939), de La Plata, public una nota en Nosotros, en la que ubicaba la obra de Freud en el marco del desarrollo del pensamiento contemporneo y acentuaba, casi como en una rplica a los argumentos de Cuatrecasas, que el mdico fue dejado atrs, en la medida en que su obra alcanz una visin completa del mundo mediante una doctrina que defina como emparentada con el naturalismo y para la cual encontraba predecesores entre los materialistas del siglo xix.
   
En Sur, por su parte (P. Canto, 1939), la consideracin es ms crtica, y se propone tomar a Freud como intelectual para situarse frente a las consecuencias de sus ideas ms que frente a las teoras mismas que, por otra parte, el autor confiesa conocer poco. En una secuencia argumentativa fluctuante, que contrapone elogios y crticas, las objeciones se centran en el dogmatismo judaico y divino, agrega y en la desatencin de la conciencia y la inteligencia: el gran pecado del psicoanlisis, que le confiere un carcter de vulgaridad, es la insistencia en permanecer pura y exclusivamente en lo profundo. Finalmente, esa peculiar lectura que busca reafirmar los fueros de la inteligencia y el espritu encuentra, en Freud mismo, un cierre adecuado a travs de la cita del final de El porvenir de una ilusin: si bien el intelecto es dbil en comparacin con las pulsiones, la voz del intelecto es apagada pero no descansa hasta haber logrado hacerse or.
    Por ltimo, hay que mencionar el homenaje a Freud organizado conjuntamente por la Facultad de Filosofa y Letras de Buenos Aires y la Sociedad de Psicologa, en 1939, que estuvo a cargo de Juan R. Beltrn (R. Nez, 1941). Pero, en todo caso, si resulta destacable la significacin acadmica de ese reconocimiento, la atencin dedicada al creador del psicoanlisis fue compartida: en la misma sesin de homenaje y sucesivamente, se conmemor el centenario de Theodule Ribot y el 25 aniversario de la muerte de Jos M. Ramos Meja.



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Notas

  1 Freud, S., Contribucin a la historia del movimiento psicoanaltico (1914), en Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu, 1976, t. xiv, p. 29.

2 Especialmente Aberastury, A., Aberastury, M. y Cesio, F., Historia, enseanza y ejercicio legal del psicoanlisis, Buenos Aires, Omega, 1967. Asociacin Psicoanlitica Argentina, Asociacin Psicoanlitica Argentina 1942-1982, Buenos Aires, 1982. Para una consideracin de los antecedentes previos a la fundacin de la apa, vase Baln, J., Profesin e identidad en una sociedad dividida: la medicina y el origen del psicoanlisis en la Argentina, Buenos Aires, cedes, 1988.

3 Baln, J., op. cit., pp. 7-11.

4 Janet, P., El psico-anlisis, Archivos de Ciencias de la Educacin, 2 poca, i, 1914, pp.175-229. Se trata de una traduccin del relato presentado al Congreso de Medicina de Londres en 1913 y publicado en Journal de Psychologie Normale et Pathologique, 1914, ii, pp.1-35 y 97-129. Vase Roudinesco, E., La bataille de cent ans. Histoire de la psychanalyse en France, i, Pars, Seuil, 1968, pp. 242-257.

5 Rosenthal, L., El psicoanlisis en la Argentina hace 35 aos, Revista de Psicoanlisis, 1945, iii(1), p. 202.

6 Delacampagne, C., La psychanalyse dans la Peninsule Iberique, en Jaccard, R., (ed.), Histoire de la Psychanalyse, Pars, Hachette, 1982, t. 2, p. 442.

7 Vase Agosti, H. P., Anbal Ponce. Memoria y presencia, Buenos Aires, Cartago, 1974, pp. 42-46.

8 Una stira de Jos Ingenieros contra Freud, en Nosotros, 2 poca, iv, vol. xi, 1939, pp. 272-276.

9 Agosti, H., op. cit., pp. 15-17.

10 Foradori, A., Enrique Mouchet. Una vida. Una vocacin, Buenos Aires, Instituto Cultural Joaqun V. Gonzlez, 1941, pp. 41 y 110.

11 Baln, J., op. cit., pp. 17-18.

12 Vase Rouqui, A., Poder militar y sociedad poltica en la Argentina, i, Buenos Aires, 1978, pp. 280-281.

13 La Semana Mdica, 1931, n 1.

14 Vase Sarlo, B., Una modernidad perifrica: Buenos Aires 1920 y 1930, Buenos Aires, Nueva Visin, 1988, pp.16-28.

15 Gmez Nerea, J., Freud al alcance de todos, 10 volmenes, editados a partir de 1935 aproximadamente. La coleccin qued finalmente constituida as: i. Freud y el problema sexual, ii. Freud y los actos maniticos, iii. Freud y el chiste equvoco, iv. Freud y la histeria femenina, v. Freud y las degeneraciones, vi. Freud y los orgenes del sexo, vii. Freud y el misterio del sueo, viii. Freud y la perversin de las masas, ix. Freud y su manera de curar y x. Freud y la higiene sexual; Buenos Aires, Tor. Una consideracin de la obra de Gmez Nerea escapa a los lmites del presente trabajo. Detrs de ese pseudnimo se ocultaba el poeta e intelectual peruano Alberto Hidalgo.

16 Sobre la editorial Claridad vase Claridad, editorial del pensamiento izquierdista, en Todo es historia, n 172, septiembre de 1981. Romero, L. A., Libros baratos y cultura de los sectores populares, Buenos Aires, cisea, 1986. Gutirrez, L. y Romero, L. A., La cultura de los sectores populares en Buenos Aires, 1920-1945, pehesa-cisea (mimeo), Buenos Aires, 1985.

17 Vese, por ejemplo, el artculo del peruano Rodrguez, M. I., Bergson y Freud, en Revista de Filosofa, 1927, xiii, pp. 375-378.

18 Moscovici, S., El psicoanlisis, su imagen y su pblico, Buenos Aires, Huemul, 1979, pp. 27-54.

19 Sarlo, B., op. cit., pp. 138-142.

20 Castelnuovo, E., Yo vi... en Rusia. Impresiones de un viaje a travs de la tierra de los trabajadores, Buenos Aires, Actualidad, 1932. Vase Sarlo, B., op. cit., pp. 124-129. Sobre la historia del psicoanlisis en la Unin Sovitica despus de la muerte de Lenin, vase Dahmer, H., Libido y sociedad, Mxico, Siglo xxi, 1983, pp. 183-215, y Caparrs, A., Historia de la psicologa I, Barcelona, Crculo Editor Universo, 1977, pp. 432-445.

21 Maritegui, J. C., El freudismo en la literatura contempornea (1926), en Crtica Literaria, Buenos Aires, Jorge lvarez, 1969, pp. 163-168.

22 Bermann, G., James Mapelli, en Revista Latinoamericana de Psiquiatra, 1, 2, 1952, pp. 107-109. Vase tambin Etchegoyen, R. H., Estado actual de la psicoterapia en la Argentina, 1962, en Bermann, G. (ed.), Las psicoterapias y el psicoterapeuta, Buenos Aires, Paids, 1964, pp. 197-198; y Baln, J., op. cit., pp. 9-10.

23 Etchegoyen, R. H., op. cit., p. 198.

24 Pizarro Crespo cita a Reich, W., La crise sexuelle, Pars, 1934. Ese libro inclua, adems del trabajo del ttulo, una versin expurgada del texto del mismo Reich Materialismo dialctico y psicoanlisis y un artculo de Sapir, I., sobre Freudismo, sociologa y psicoanlisis. Vase Roudinesco, E., op.cit., t. ii, pp. 64-66, y Palmier, J. M., La psychanalyse en Union Sovitique, en Jaccard, R. (ed.), op. cit., ii, pp. 213-269.

25 La revista Viva Cien Aos (1934-1949) incluye numerosas referencias al psicoanlisis, en un marco de amplia divulgacin y escaso conocimiento especfico. Sobre esa publicacin puede verse Vezzetti, H., Viva Cien Aos: algunas consideraciones sobre familia y matrimonio en la Argentina, Punto de Vista, 27, Buenos Aires, agosto de 1986.

26 El primer artculo fue publicado en Anales de Biotipologa, Eugenesia y Medicina Social, ii, n 31, octubre de 1934 y la respuesta de F. Boas en ii, n 37, enero de 1935.

27 Baln, J., op. cit., p. 12.

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