Al dirigir la mirada sobre la construccin de los significados sociales en torno a la niez en los espacios urbanos de principios del siglo XX, se observan ciertos recorridos especficos, en los cuales se viven vidas de nios muy diferentes. Estos circuitos no slo encauzan la vida de los nios como moldes preestablecidos sino que se conforman a la vez a partir de las representaciones que se van construyendo sobre lo que debe ser la niez, su evolucin esperable y normal, y las desviaciones con respecto a esta norma.
Dos circuitos bsicos parecen surgir en la articulacin de estas configuraciones vivenciales y representativas, fuera de las cuales no hay referencias discursivas sobre la niez. Uno de estos circuitos se mueve entre la familia y la escuela. Una familia "bien constituida", que cumple con su funcin moralizadora fundamental y con la educacin obligatoria, exigida por el estado desde el ao 1900. En la articulacin de estos espacios se define lo normal en la niez a travs de una gama de representaciones y de intervenciones que se constituyen en modelo normativo y se entroncan con valoraciones propias de discursos polticos. El otro circuito tiene como centro la calle, entendida como lugar de desamparo y abandono, debido a una inexistente o frustrada relacin con un mbito familiar contenedor, la calle como el espacio de la vagancia, la mendicidad, la enfermedad, la explotacin del trabajo infantil, la prostitucin y la delincuencia. Este lugar opera como fuente de referencias para otro abanico de representaciones y de intervenciones sobre la niez. La calle se vincula en forma necesaria a otros espacios de alternancia, con objetivos especficos de intervencin "regeneradora": los institutos de menores en un sentido amplio, los cuales abarcan desde correccionales de menores hasta asilos y orfanatos, dirigidos desde los poderes pblicos estatales, provinciales o municipales, desde las institucin policial, o bien desde asociaciones de beneficencia privadas. Por otro lado, entre 1880 y 1930 cobran un gran impulso una serie de sociedades, asociaciones o centros dedicados a la atencin de la niez, que representan una iniciativa no vinculada al aparato estatal ni a la beneficencia catlica. Si bien estas "sociedades populares de educacin" se vinculan especialmente al circuito "familia-escuela", emergen de su seno movimientos que pugnan por crear espacios alternativos para la niez.marginal y abandonada, que critican severamente los institutos impuestos por el poder pblico o la modalidad de la beneficencia. Veamos cmo se conforma diferenciadamente "la vida de la niez" en estos circuitos.
El circuito "familia-escuela".
En la Argentina de fin de siglo XIX y principios del siglo XX, una vez lograda la organizacin institucional del Estado, se plantea como problema el logro de la integracin social en un contexto de crisis poltica -revolucin del '90- del modelo de Paz y Administracin del primer gobierno de Roca (1880-1886). Este modelo, genera un rpido proceso de modernizacin y crecimiento demogrfico de la sociedad civil aluvial y trae una serie de consecuencias en relacin con la composicin social y moral, vinculadas, fundamentalmente, a la inmigracin europea meridional. En este sentido, en el segundo gobierno del presidente Roca (1898-1904) se afianza una poltica de centralizacin institucional estatal que apunta a un doble objetivo: por un lado, consolidar un proyecto de apertura hacia afuera, en procura de una insercin definitiva dentro de un conjunto de naciones civilizadas, y por el otro, a travs de una mirada interna, lograr una homogeneizacin geopoltica de toda la Nacin a partir de un repertorio consensuado de emblemas culturales, costumbres sociales e ideologas nacionales que marcan el desarrollo de la Nacin. Las expresiones cientficas y ensaysticas del pensamiento positivista intentan articular una interpretacin de esta realidad social nacional con la accin concreta de instituciones pblicas y estatales -educativas, jurdicas, sanitarias y militares- sobre los problemas de este contexto sealado: una masa social en proceso de integracin; una distribucin marcadamente desigual del crecimiento econmico, producto de la economa agroexportadora favorecida por la coyuntura mundial. Desde el discurso acadmico -biologicista y medicalizado- estos y otros obstculos y efectos no deseados del proceso de modernizacin, son interpretados como expresiones de patologas sociales e individuales. Estas patologas, como por ejemplo la delincuencia, exigirn una intervencin racional para restablecer desviaciones o favorecer el desarrollo esperado tanto del individuo como de la sociedad.
Desde este discurso acadmico, la concepcin del nio se aleja de la figura del nio inocente, ngel, libre de pecados. En el marco de la ley biogentica fundamental haeckeliana, segn la cual el desarrollo del individuo recapitula las etapas del desarrollo de la propia especie, adquiere la categora de evidencia que el nio contenga manifestaciones de violencia de la personalidad primitiva y poco desarrollada del hombre en su adaptacin al medio. Constituye una analoga entre el perodo infantil de la humanidad y las etapas infantiles del futuro adulto.
Filogenticamente consideradas las tendencias criminosas le son naturales como eran naturales en el hombre primitivo ... El nio no nace un dechado de bondades, por el contrario, la germinacin delictuosa es mucho ms activa y variada que en el adulto.[2]
En armona con la matriz evolucionista del darwinismo social, en donde herencia y adaptacin al medio son indisolubles en la ecuacin evolutiva resultante, los criterios de adaptacin estarn regidos por la normativa legal y moral que las sociedades occidentales establezcan. El nio no puede ser librado a sus propias tendencias instintivas, sino que la educacin debe encauzar su desarrollo de acuerdo con las normas sociales aceptadas que definen la normalidad. De esta manera, la escuela y la familia se convierten en los espacios centrales a travs de los cuales los nios deben circular para lograr su desarrollo pleno de acuerdo con las normas sociales esperables, que lo identifican como hijo y alumno.
Est claro que uno de los temas de la historia social occidental moderna es la construccin de la familia burguesa, cuya conformacin se produce de manera paralela y a la vez innescindible con el lugar smbolico y real que tendr la niez en el mundo de los adultos. En ese sentido destacar una dimensin particular del circuito familia-nio no puede dejar de lado plantearla desde una historia de valores, creencias y representaciones con un fuerte impacto en el mundo moral. Es decir aceptar que no es solamente la faz pblica de la institucin familiar desde donde se puede pensar la emergencia del nio como nuevo actor social. Se necesita, en ese sentido, indagar la faz subjetiva e ntima de vnculos que tienden a constituirse en un campo de tensiones entre la dimensin gobernada por los ideales del orden pblico y poltico de las sociedades modernas y la experiencia individual, psicolgica de los integrantes del seno familiar.
En la representacion tradicional de la familia argentina y las alianzas matrimoniales, se deben considerar los conflictos en torno a la mezcla de sangre y de apellido: la preeminencia social y simblica del blanco respecto del indio y el mulato, las actitudes y prejuicios sostenidos colocan a la familia y el linaje como una fuente fundamental de la identidad y el status social de la progenie. Y si el matrimonio es concebido como una institucin central del sistema de lugares y de prestigios, se entiende que emerja all, como un efecto no deseado, la figura del hijo natural, ilegtimo, posteriormente abandonado a su suerte.
Esta problemtica queda ampliada enormemente ante la inmigracin, fenmeno social que trastoca la red de relaciones afectivas y familiares. Las nuevas familias en la nueva sociedad del Proyecto del 80 son ideales que hacia el fin del siglo XIX requieren algn tipo de adecuacin con lo que realmente se va constituyendo. Es decir, la inmigracin trae a las costas del Plata un ejrcito de hombres solos, que despus de un tiempo mandan llamar a sus familias para instalarse definitivamente. En menor medida, tambin existe la inmigracin de conjuntos familiares ("la familia ampliada"), que se instalan mayormente en los centros urbanos del litoral. Ante todo es necesario destacar que la conformacin de nuevas familias porteas basadas en la poblacin inmigratoria requiere de un tiempo necesario y suficiente para el acomodamiento de los primeros flujos poblacionales inmigratorios.
La llamada familia nuclear argentina, en tanto nuevo modelo familiar, no se constituye segn la totalidad del modelo de la familia tradicional. Intenta reproducir de ella, al menos, los rasgos de orden y estabilidad en relacin con los roles materno y paterno que se le reconocen, que tienden a ser proyectados en la construccin de este nuevo modelo familiar.
En la construccin de este modelo, la familia popular inmigrante, queda enlazada a los problemas de la gran ciudad: la salud pblica, la vivienda, y el trabajo. La situacin de la vivienda obrera, marcada por espacios reducidos como las habitaciones de los conventillos[3], genera un grado de hacinamiento tal que los hijos, desde muy temprana edad prefieren el espacio de la calle, tanto para la diversin, como para la comunicacin vital con el exterior. Si se agrega a esta situacin la ausencia, en muchos casos, de las madres y los padres, dedicados al trabajo, el tiempo que los nios pasan sin el cuidado y la atencin de ellos es enorme, y con consecuencias perniciosas para su formacin. Por otra parte, el alto grado de mortalidad infantil es compensado con un crecimiento en los ndices de natalidad. Si bien esto se va paliando lentamente por la accin preventiva a nivel nacional del dispositivo mdico higienista, la relacin individualizada de los padres con los nios no puede estabilizarse debido a otros factores: la muerte de las madres en los partos y el abandono de los hijos por parte de los padres. Es en ese contexto en que las dificultades de vnculos paterno-filiales en esta naciente familia nuclear necesita de la ortopedia estatal para conducir la educacin y los cuidados del nio, a travs de la institucin sanitaria, escolar o religiosa. Tan solo despus de que las condiciones de vida de las familias obreras porteas mejoren, sobre todo, con la construccin de viviendas no colectivas -las casas en los barrios- el nio podr encontrar en el seno del hogar una red de contencin vincular y tendr mayores posibilidades de desarrollar una experiencia escolar constante.
Entre la educacin normalizadora y la indisciplina como desviacin.
Simultneamente, a medida que avanza el proceso de organizacin del sistema pblico de educacin y su expansin, emerge con perfiles propios una preocupacin por la niez en cuanto objeto de intervenciones no slo desde los discursos pedaggicos, sino tambin desde diferentes mbitos de prcticas y de reflexin que se ocupan del problema ms amplio y complejo del logro de una identidad nacional. En el tratamiento de este problema se entrecruzan consideraciones polticas, histricas, sociolgicas, psicolgicas, biolgicas, etc. Todas, an las de carcter ms especulativo, apuntan al diseo de una forma de intervencin concreta que transforme la sociedad en la direccin deseada. Al considerar las formas eficaces de intervenir en la realidad social, estos discursos desembocan en el tema de la educacin pblica. Desde la obra de Sarmiento, la educacin pblica se conceptualiza como el medio que permite alcanzar un doble objetivo. Por un lado, la adquisicin del conocimiento y el desarrollo de la cultura civilizada como patrimonio universal. Por el otro, la concepcin y utilizacin de la educacin pblica como medio para desenvolver los valores propios de la nacionalidad, comprometida as en la construccin de un sujeto social y moral: el nio argentino.[4]
Ahora bien, la eficacia del sistema de educacin pblica plantea una doble exigencia: definir claramente los fines de la educacin (en concordancia a los fines de la sociedad en la que se desarrolla) e implementar los medios adecuados para el logro de aquellos fines. En los discursos pedaggicos, aparece asumida como natural cierta valoracin ideolgica en relacin con los fines, al mismo tiempo que la pedagoga y la didctica se presentan como disciplinas cientficas, objetivas y neutras, que basan sus conclusiones en el conocimiento psicolgico cientfico y en la reflexin filosfica positiva, en tanto reflexin a partir de lo que los hechos muestran y como complemento de los mismos. Se busca en la psicologa el conocimiento cientfico de los procesos de conocimiento (en relacin con los problemas del conocimiento en general), y del desarrollo del nio (en relacin con las cuestiones evolutivas), a partir del cual los educadores intentan "deducir" conclusiones prescriptivas que guan las intervenciones didcticas.[5] Desde estas ideas se intenta fundamentar la necesidad de desarrollar una pedagoga nacional, una pedagoga argentina, que persiga como fin primordial el desarrollo de la nacionalidad. Se seala la necesidad de partir de un nivel local e inmediato para luego acceder al plano de lo universal y a los ideales ms lejanos.[6] Tambin aparece aqu la idea sobre la posibilidad y la necesidad de prever la direccin de la evolucin y anticiparse a l para evitar o corregir desviaciones, interrupciones, etc. En ltima instancia, toda intervencin que no sea exclusivamente sobre lo orgnico, supone una intervencin educadora, y como tal es interpretado como una intervencin psicolgica, ya que se acta sobre los procesos de conocimiento, el desarrollo de aptitudes y de comportamiento.
"Lo normal" en el mbito escolar queda definido como "la norma de desempeo esperable para la etapa evolutiva en la que se encuentra el nio". Pero esta norma encierra, paradjicamente y en forma oculta, una descripcin estadstica y una valoracin ideal[7], a partir de la cual lo que se aleja de ella significativamente es catalogado como "anormal". La "norma" pretende apoyarse en una norma natural, definida por la propia evolucin. Esto conlleva a que ciertas carencias del nio con respecto al estado adulto sean toleradas como normales. Sin embargo, esta norma supuestamente natural encierra un ideal, el ideal educativo propio del mbito escolar. Y como la escuela, en cuanto proyecto moderno, encarna los ideales de racionalidad propios de la cultura occidental adulta, la definicin de la norma y lo normal en el nio-alumno queda enraizada en un ideal propio de la etapa adulta de una determinada cultura. As, la indisciplina se plantea como un problema de intervencin sobre la desviacin con respecto a la norma, como un problema de intervencin sobre lo anormal. De esta forma no se ve la contradiccin entre postular como conocimiento natural las tendencias violentas en la evolucin individual del nio (que reproducira etapas ms primitivas de la evolucin de la humanidad) y concebir la indisciplina como algo anormal.
La educacin "completa" del nio-alumno se concibe como una educacin fsica, intelectual y de los sentimientos. Esta ltima, identificada con la educacin moral y esttica, se convierte en el marco dentro del cual se plantea el problema de la indisciplina escolar, formulado en estrecha conexin con el problema de la criminalidad infantil. Ambos son manifestaciones de los estados patolgicos. Si la falta de disciplina expresa un estado patolgico, debe ser considerada slo como un sntoma, no como el problema en s. Y as como en las enfermedades orgnicas se debe conocer la etiologa del estado patolgico para intentar la curacin atacando la causa y no el sntoma, la educacin de los sentimientos basada en conocimientos cientficos permitira intervenir pedaggicamente en forma diferenciada de una forma ms eficaz, como medio de corregir la desviacin con respecto a lo normal. "La eficacia de la educacin como medio de desviar y aun neutralizar taras patolgicas, cargadas, as como para contrarrestar una adaptacin social perniciosa (...) est perfectamente comprobada"[8]. "Los estudios sobre la educacin de los sentimientos del nio, mientras no se funden en el conocimiento de la psicologa normal y patolgica, adolecern siempre de los inconvenientes y errores inherentes a las teorizaciones o especulaciones puras. No se podr corregir a un nio racionalmente, es decir, no se podr establecer su cura psquica, hasta que no se conozca la etiologa de su conducta" [9].
De esta manera, los discursos polticos sobre la importancia social de la escuela pblica aparecen reforzados desde los discursos acadmicos, que pretenden fundamentar cientficamente ciertas representaciones e intervenciones sobre la niez, al mismo tiempo que ubican al nio escolar indisciplinado al lado del nio delincuente. "Los exmenes practicados (...) constatan que el 50% de los nios indisciplinados, viciosos o delincuentes, son degenerados ms o menos tpicos, para los cuales se hace necesaria una educacin racional adecuada, es decir, no pueden quedar librados a los medios educativos empleados con los normales".[10]
La identidad hijo-alumno configura una vida privada de la niez compartimentada en estos espacios, definidos a su vez en su funcin pblica. La vida del nio se convierte en un objeto pblico, que define qu tipo de subjetividad debe desarrollarse para que sta puede formar parte del espacio pblico. De ah los debates en torno a la necesidad de intervencin del estado cuando las funciones familiares no se cumplen y se ven obstruidas tambin las de la escuela. La prdida de la patria potestad y su asuncin por parte del estado muestran esta visin de no dejar librada al azar el desarrollo de la vida infantil, y de moldearla segn modelos claros y estrechos, aunque a la vez constituye un hecho la incapacidad de estas instancias para hacerse cargo de la niez desamparada que permanece al margen de este circuito.
La vida en la calle.
Fuera de este circuito de circulacin, se encuentran muchos nios cuyas condiciones de vida no les permiten ubicarse dentro de las representaciones de normalidad esperada. Se trata de los nios que no pueden acceder a la escuela, nios hurfanos o abandonados por padres no incorporados al trabajo asalariado; hijos de padres enfermos y sin atencin sanitaria; nios trabajadores, obreros, vendedores ambulantes; "nios de la calle" que vagabundean, mendigan o cometen delitos. La ausencia de un espacio familiar contenedor, que cumpla con la funcin rectora de las tendencias infantiles, traslada a "la calle" el espacio vital de la niez. Esta se constituye en el lugar por excelencia de la infancia marginada, donde otras reglas son necesarias aprender para poder sobrevivir.
No se trata ya de la calle como mbito de encuentro con los amigos del barrio, que se complementa con el hogar al que siempre se puede volver en busca de refugio. En esos casos, siguen siendo la casa o la escuela los lugares privilegiados. Se trata ms bien de la "calle" en tanto ausencia de refugio, en donde la privacidad ha dejado de existir como tal ya que todo queda a la vista, donde el propio espacio es aquel por el que todos circulan, es de todos y de nadie a la vez, fuente de peligros y de inmoralidad en tanto no respeta los lmites de la privacidad e intimidad. Como seala Philippe Aris [11], la calle slo deja de ser inmoral cuando se convierte en un lugar de trnsito y cuando pierde "el carcter y la tentacin de la permanencia".
No obstante, la calle como espacio de exclusin no se caracteriza slo por su sentido negativo (porque no se tiene otro espacio para vivir). Adquiere tambin una caraterizacin propia: constituye el espacio de los pobres, de lo marginal, de lo masculino, de la "mala vida". Cuando el nio tiene una casa, o bien sta es demasiado pequea y obliga a salir y permanecer fuera de ella, o bien contiene un ambiente sumamente violento y desgraciado como para buscar algo distinto fuera de ella. La calle se convierte en un espacio sin adentro y sin afuera, que ofusca otras discriminaciones. El lustrabotas, el vendedor ambulante, el vendedor de diarios, el vago, el mendigo, el delincuente, todos terminan bajo una misma representacin que los abarca y los incluye dentro de la inmoralidad, el riesgo y la peligrosidad.
Del "educar castigando" al "reformar educando": asilos y reformatorios.
La preocupacin por la infancia marginada se traduce en iniciativas que buscan "salvar" y "regenerar" a estos nios, creando otros espacios cerrados que limiten la abierta e indmita libertad de la calle. Los institutos de menores, ya sean reformatorios o colonias agrcolas, y los asilos religiosos tratan de constituirse en alternativas altruistas que los mantengan alejados del "exterior". En cierta forma, estas iniciativas esconden la percepcin de que la libertad de las tendencias no posibilita la formacin de la subjetividad social y medida, adaptada a la moral vigente, que asegura la propia perpetuacin. Subjetividad que slo las inhibiciones de la educacin puede formar. De ah que las formas de rescatar a los nios de la calle sern siempre formas que privilegian el encierro, como si ste fuera el antdoto ms perfecto para atenuar o anular el atrevido exceso de apertura y disipacin que atenta contra toda moralidad. A la ausencia de discriminacin de actividades se contraponen los hbitos fijos y estereotipados, las horas compartimentadas en trabajo, estudio, descanso... Se busca anular un exceso con otro exceso. Pareciera que, en el encauzamiento de un desarrollo desviado, subyace la regla de que "mientras ms libre (menos normas), ms encierro". Es necesario reemplazar la sociabilidad perniciosa de la calle por otra que reconozca el lmite de lo pblico y lo privado, aunque en ese acto de salvacin se cosifique la privacidad del nio convirtindolo en objeto de imposiciones.
El abandono, la vagancia y la mendicidad constituyen los problemas de referencia desde los cuales deriva la prostitucin infantil y la delincuencia. "La vagancia en s -dice Paz Anchorena en 1917[12]- no puede constituir un delito, pero, dentro del sistema preventivo, debe verse una predisposicin para delinquir; por consiguiente, las instituciones de prevencin deben principalmente, atender ya la vagancia habitual, ya la mendicidad profesional, como un sntoma para la formacin de los futuros delincuentes". De ah que, "al vagabundo debe considerrselo en estado peligroso; por consiguiente sele debe aplicar una medida de seguridad que, en este caso, sera la casa de trabajo". Sin embargo, dice el mismo autor, "actualmente la vagancia no puede ser reprimida por falta de establecimientos para detener a los vagos, ni tampoco prevenida por falta de sistemas racionales que organicen el trabajo en colonias o talleres ad hoc".
La cantidad de nios abandonados no constituye tampoco una cuestin menor. El fiscal Coll, seala en ese mismo ao, que slo en la ciudad de Buenos Aires existen 40.000 nios abandonados, y mientras que, por ejemplo, la colonia para nios abandonados que se est construyendo en Olivera podr albergar slo a 1.200. Por otra parte, Vicente Sierrra[13] relata con patetismo la situacin en la que se encuentran estos nios:
"La inhabilidad de los padres est determinada por una multitud de problemas, siendo uno de los ms fundamentales el industrialismo, que, al llevar a la mujer a la fbrica, obliga al abandono de los hijos, unido esto a las dificultades que, en general, presenta la vida obrera en nuestro pas".
"Las condiciones econmicas tienen sobre las morales una influencia determinante en sumo grado, y as en las familias pobres, donde la fecundidad parece estar en razn inversa a los recursos, la educacin de un crecido nmero de hijos se dificulta en forma tal, que el abandono de los menores resulta un hecho dolorosamente lgico. (...)"
"(...) La mayor parte de los [menores] penados, con familia, son los hijos menores de hogares pobres, cuyos padres necesitan el da ntegro para obtener el sustento de todos, con lo que se ve claramente que la vagancia tiene que ser un modo de vida comn de vida en esos menores."
"Los hijos llegan a ser una carga pesada y nadie puede sorprenderse, si conoce las condiciones de la vida obrera, y de los barrios bajos de nuestra metrpoli, si de 200 menores detenidos en la crcel de Encausados, 83 no recibieron visita alguna durante su estada en el establecimiento; 81, furon visitados por uno de los padres solamente y solo 36 casos se registr la visita de ambos padres. Se sabe, tambin, depadres que han cambiado secretamente de domicilio, estando el hijo preso, para perderlo definitivamente".
Los menores "fugados" son, muchas veces, "hurfanos entregados a familias que prometen cuidarlos, cuando slo buscan un "sirviente"baato y sumiso; bestia de carga que -salvo excepciones- realizan todos los trabajos en casa de sus protectores."
"Son muchos los menores que, en esas condiciones huyen de tales hogares; como son muchas las menores que ceden a los halagos del "nio" de la casa, que encuentra cmodo, compatible con la moral, prostituir a la hija de nadie que en ella se alberga."
"Es esto un foco de dlincuencia en el que la falta de una familia propia, y la falta de direccin moral de la ajena -sera interesante que la defensora averiguara cuntos, de los nios depositados en casas particulares van a la escuela- pervierte al menor ..."
La miseria, el maltrato y la falta de amor, tristemente aparcen reflejado en un poema de Josefa M. R. Martnez[14] publica en el peridico feminista anarquista La Voz de la Mujer, aparecido entre 1896 y 1897:
"Eduacin, Amor y Miseria"
-Seora por qu cruel,
De tal modo castigis
A ese nio inocente?
-Qu os importa? Impertinente!
Sois acaso padre de l?
-Su padre no soy mas digo
No lo debis maltratar.
-No le he de castigar
Siendo tan mal educado?
-De l la culpa no es.
Es de quien mal le educ.
-Torpe sois! No comprendis
Que no he podido, ay de m!
Darle mejor educacin?
-Por qu, pues con torpe afn
Le disteis vida al nio?
Fruto no es de aquel cario...?
-Jams para m lo ha habido!
-Pues entonces por qu lo ha sido?
-Por un pedazo de pan!
Por todas estas razones, la atencin de la infancia se plantea como una intervencin en el campo ms amplio de la familia pobre, hacinada en espacios promiscuos como el conventillo, en donde la madre en su necesidad de trabajo domstico u obrero, o en el ejercicio de la prostitucin, falla en su funcin moralizadora. La escasez y mala calidad de la vivienda obrera constituye un problema constante de estas dcadas, como ya se dijo, en donde ms de la mitad del caudal inmigratorio se asienta principalemtne en los centros urbanos del litoral, Buenos Aires y Rosario, y no se implementan desde el estado polticas sociales diseadas para su solucin o atenuacin.
Con respecto a los llamados "nios delincuentes", las formas de intervencin (prevenir y rehabilitacin) no pueden separarse de las forma de plantear los problemas y construir sus interpretaciones (darles forma y sentido). Por otro lado, en estos procesos constructivos las intervenciones en tanto prcticas que se llevan a cabo en diferentes mbitos introducen aspectos heterogneos, no siempre coherentes, y consolidadores de representaciones vigentes del "sentido comn". Por eso, las relaciones entre los discursos y las prcticas no son indagadas en tanto la bsqueda de la aplicacin directa de teoras, ni como los discursos tericos que subyacen a las prcticas. Resulta ms fructfero explorar las relaciones abiertas y cruzadas, las irrupciones y las mutuas modificaciones, no deducibles en ningn sentido, destacando a la vez la irreductibilidad de las mismas.
Las acciones que se realizan para resolver estos problemas especficos se dan en campos diferentes. Desde el punto de vista del derecho promulgado, el Cdigo Penal de 1886, sostine en el artculo 81 inciso 2 que los menores de 10 aos estn exentos de pena. La ley presume juris et jure que a esa edad no existe discernimiento en el nio. El inciso 3 del mismo artculo dice: "Quedan exentos de pena: los mayores de 10 aos y menores de 15 a no ser que hayan obrado con discernimiento". Como el juez tiene que decidir si ha obrado con discernimiento o no para declararle culpable, debe indagar y apoyarse en informaciones confiables antes de establecer una conclusin fundamentada[15]. El problema del discernimiento no es, por otra parte, una cuestin menor, ya que dentro del marco naturalista determinista de pensamiento que se extiende por estos aos, el libre albedro y la responsabilidad terminarn constituyendo categoras metafsicas incompatibles con la "nueva concepcin cientfica" de la moral y el derecho.
En la represin y prevencin de la delincuencia infantil se unen indisolublemnte los aparatos represivos y normalizadores, que buscan individualizar y separar a los elementos disgregadores del orden social proyectado, al mismo tiempo que regenerarlos por medio de una accin educadora. Como seala B. Ruibal[16], "la crcel en sus distintas variantes constitua un espacio de exclusin y encierro para aplicar en l diferentes terapias de recuperacin". Si bien el orden de lo constitucional (orgnico y psicolgico) y la influencia del medio, son ambos componentes infaltables en toda explicacin del delito, en el caso de los menores delincuentes aparece un mayor optimismo con respecto a la posibilidad de la regeneracin. Por un lado, las tendencias innatas pueden ser "encauzadas" por medio de la educacin. Se interpreta que en los nios stas todava no han adquirido sus cauces definitivos, como s ocurre en general con los delincuentes profesionales adultos. Por lo tanto, se abre un margen para la accin reeducadora (regeneradora) que corrija la desviacin establecida. Por otro lado, la misma naturaleza moldeable del nio y su espritu de imitacin, acenta el peso de la accin del medio ambiente en el logro de la prevencin y correccin de la delincuencia precoz. De ah la unificacin de la intervencin sobre los nios delincuentes y los nios abandonados, que viven "la mala vida" de las calles. Los diversos aspectos de este problema se visualizan a travs de la creacin de distintos tipos de instituciones ocupadas del menor (asilos, colonias agrcolas, institutos correccionales, Patronato de la Infancia y otras organizaciones "populares" no gubernamentales creadas para proteger y educar la infancia) y a travs de las cuestiones legales en torno a la asuncin por parte del estado de la patria potestad de los nios desamparados fsica y moralmente.
El Director de la Prisin Nacional, Jos Luis Duffy, propone en 1904 al Poder Ejecutivo que, para evitar la recada del menor en el mismo ambiente, se retire a los padres la patria potestad cuando stos sean indignos o inhbiles, y que se remita a los menores a la Colonia de Reforma de Marcos Paz, hasta los 18 aos. El Ministro Joaqun V. Gonzlez, durante la presidencia de Quintana (1904-1906), as lo dispone a travs del decreto del 31 de agosto de 1905. En agosto de 1906, la Cmara de Apelaciones resuelve que el decreto no est autorizado por ley, ya que el artculo 363 del Cdigo de Procedimientos establece que la libertad de las personas, salvo en caso de pena sentenciada, slo puede restringirse con el carcter de detencin o prisin preventiva. Recin en 1919, con la sancin de la Ley del Patronato, se estipulan claramente las causas de prdida de la patria potestad: abandono o exposicin de los hijos, colocacin de los mismos en peligro moral o material, por delincuencia, por tratar a los hijos con excesiva dureza, por ebriedad consuetudinaria o inconducta notoria. En estos casos, los menores quedan bajo patronado del estado nacional o provincial.
No obstante los pedidos de una intervencin estatal ms contundente en los problemas sobre patria potestad, no dejan de presentarse situaciones que muestran la rigidez del sistema o simplemente la falta de previsin de circunstancias no poco frecuentes en relacin a ella.
"En el transcurso del ao pasado al retirarnos una maana de nuestro servicio en el Hospital Alvear, un grupo de cinco o seis madres que acababan de ser dadas de alta conjuntamente con sus hijitos, lloraban amargamente, al despedirse de la Maternidad. Nuestro primer impulso fu sospechar que slo se tratara de la exteriorizacin de un sentimiento de cario o de gratitud para con la casa que las haba rotulado madre; pero despus la sospecha de que a su vez pudiera ser la resultante de alguna inconveniencia, nos determinaron a indagar su verdadera causa.
Se trataba de cinco madres menores de edad que regresaban al "Asilo Correccional de Mujeres", de donde haban sido enviadas para su asistencia, por sus defensores respectivos. Interpeladas por la razn de sus lgrimas, la ms entera nos sorprendi dolorosamente con la siguiente respuesta: "Doctor, lloramos porque cuando lleguemos al Asilo, nos van a quitar nuestros hijos para mandarlos a la Cuna! (Casa de Expsitos) y nosotras quisiramos criarlos, para que sean hijos nuestros."
Perplejos ante semejante declaracin nos resistamos a creer que hubiese, no digo un cdigo, una ley o un procedimiento, ni siquiera poder humano, capaz de cometer semejante atentado al derecho ms legtimo y noble de una madre (...)
Todos conocen perfectamente la situacin especial que nuestro Cdigo Civil y la Ley Orgnica de lso Tribunales de la Capital, asignan a la mujer menor de edad que por circunstancias diversas deja de estar la patria potestad de sus padres. La ley la pone bajo la tutela inmediata del ministerio pblico denominado Defensora de Menores, que ser el encargado de su mejor protecin hasta la mayora de edad.
(...) Ahora bien, si por accidente, alguna de estas menores llega a ser madre, no obstante las generosas prescricpciones de la ley y el celo y paternal inters de los seores defensores de menores, la menor no encuentra ya hogar que la ampare con su hijo.
El asilo no puede ofrecrselo, dado su carcter y organizacin actual. (...) Para que esta desgraciada madre pueda encontrar ubicacin se hace forzoso separarla de su hijo y es lo que por desgracia acontece en la mayora de los casos.
(...) [El hecho expeuesto] deriva exclusivamente de una imprevisin del legislador o ms especialmente del poder pblico que al organizar el ministerio de menores no tuvo presente la contingencia de que la tutela tuviera que extenderse a la menor madre (...)"[17].
La niez desamparada y la niez delincuente reciben un tratamiento similar en las instituciones pblicas que intentan ocuparse de ellas. Si el objetivo principal es sustituir el medio ambiente de la calle por otro que cumpla las funciones que deberan cumplir la familia bien constituida y la escuela, los institutos de menores ejercern una educacin entendida como "regeneracin", en tanto un camino evolutivo "desviado" ya ha comenzado a formarse. Si bien las ideas sobre pena, castigo y educacin aparecen vinculadas no siempre de una forma unvoca, desde la primera tesis sobre el tema en 1900 (Melndez) hasta las manifestaciones de Levellier en 1910 y de Ingenieros en 1911 (al aludir al Congreso Penitenciario Internacional realizado en Washington en 1910[18]), se observa una orientacin cada vez ms definida hacia una educacin regenerativa del menor desvalido que excluya la consideracin del castigo en tanto pena, aunque s mantiene el castigo en tanto forma de disciplinamiento como lo tiene tambin la educacin escolar o familiar. El "castigar educando"[19] de principios del siglo, se tranforma en la segunda dcada en el "reformar educando"[20].
Patronato del "amor".
La tarea filantrpica realizada por el Patronato de la Infancia desde 1892 resulta paradigmtica de la concepcin del nio desvalido. Concebido desde sus inicios como una institucin filantrpica privada, se autoimpone la condicin de alternativa de hogar transitorio para los "nios carenciados". Se podra decir que reune en esta denominacin una serie de significados respecto del nio pobre, asimilado a las figuras de un nio abandonado, desamparado afectivamente, enfermo, maltratado, solo y errabundo en la vida. Y en ese sentido, los nios de conventillo se convierten en los principales destinatarios de las atenciones gratuitas de este voluntariado en el que se "dispensa amor, alojamiento, vestimenta, alimentacin, atencin de la salud, formacin moral, educacin y capacitacin"[21].
Fundado en 1892, bajo la presidencia del doctor Jos Ayerza, la institucin comienza a desarrollar tareas asumiento tres modelos diferentes: el modelo asistencialista del higienismo mdico, el programa de instruccin pblica y universal, y el programa de la caridad cristiana de asistencia a los pobres.
En concordancia con estas direcciones, el Patronato desarrolla diversas actividades. En primer lugar, establece un convenio con la Congregacin Salesiana y de las Hermanas de Mara Auxiliadora para confiarles el cuidado y administracin de la primera Sala-Cuna. Al mismo tiempo, inaugura consultorios mdicos externos gratuitos del Sanatorio de Menores en el primer edificio del Patronato, en la calle Humberto Primo 250. Y, aos despus, se crea el Instituto de menores Manuel Aguirre que funciona como hogar-escuela para la instruccin primaria y la capacitacin laboral. Este llega a albergar a 250 nios entre 10 y 14 aos que hasta ese momento "eran entregados a la Armada para servir como grumetes bajo pena de azotes, o bien iban a la penitenciara a ocupar una celda, entregados a la ociosidad, mal vestidos, peor alimentados, en contacto con criminales por el delito de no tener padres"[22].
El ideal de acompaar el crecimiento de estos nios:su salud fsica, mental y moral, se va materializando a travs de estos establecimientos de semiexclusin, en el que el orden y la disciplina homogeinizan todo trato personal con estos nios. La aplicacin de programas de educacin no solo escolar sino tambin en las costumbres, en los tratos, en la adquisicin de una conducta, sumisa y obediente se vinculan con los principios de la fe catlica y los ideales de forjar una futura sociedad laboriosa y pujante, tal como el presidente Julio Roca afirma en 1894 en la inauguracin del Instituto Aguirre: " velar por el desarrollo y el crecimiento de la infancia para formar ciudadanos aptos para la sociedad y la patria"[23]. El estado busca colaborar con organizaciones civiles de este tipo, que contribuyen a la realizacin de tales objetivos. As, la asistencia mdica a travs de los consultorios del Sanatorio de Menores y la Sala Cuna son los dos mbitos principales en donde se ejerce el control y la asistencia sanitaria y la indispensable atencin a los hurfanos por parte de las amas de leche[24].
El patronato publica entre 1892 y 1914 la Revista de Higiene Infantil, dirigida por dos de los principales mdicos higienistas de nuestro pas, Emilio Coni y Manuel T. Podest. En esta revista intentan dar cuenta de la actividad mdico-asistencial, medicina clnica y ciruga infantil, realizada en el Sanatorio de Menores, y adems difundir "consejos especiales para las madres de familia sobre la crianza de los nios, para los maestros sobre la higiene del nio en la escuela y para los industriales dueos de fbrica, etc, sobre la higiene del nio en los talleres" en la llamada seccin doctrinal. Otro ejemplo de esta vinculacin entre el Patronato y la asistencia sanitaria se da en 1893, cuando, a travs de esta publicacin, se propone la creacin de colonias de verano para nios dbiles, proyecto que se lleva a cabo en 1902 en colaboracin con la Liga Argentina de lucha contra la Tuberculosis.
En el dominio de la capacitacin laboral, el Patronato se propone crear la Escuela de Artes y Oficios y para eso instrumenta colectas nacionales y las famosas fiestas primaverales del parque Lezama. Tambin en 1900 se pone en marcha la instalacin de una colonia agrcola en terrenos cedidos por el Estado en la localidad Claypole, provincia de Buenos Aires.
A partir de 1902, el Patronato funda las llamadas escuelas Patrias[25], la segunda Sala Cuna y se patrocina un nuevo proyecto de ley de proteccin a la infancia en el que se propone que los menores de 18 aos expsitos, hurfanos, abandonados o maltratados queden bajo la proteccin del Ministerio Pblico de Menores y de las sociedades de beneficencia creadas para tal fin.
Utopa y fatalidad.
No obstante, esta concepcin de la atencin de la niez resulta inconciliable con la de otros sectores civiles, como la del feminismo anarquista. a del anarquismo en la infancia en sus peticiones de de un proyecto de ley de proteccin a la infancia. Las llamadas "sociedades populares de educacin" en general apuntan al logro de la escolarizacin masiva y a atender las necesidades especficas de la niez. Dentro de stas, son las vinculadas al socialismo y al anarquismo las que producen intervenciones originales.
Las mujeres de estos movimientos realizan un importante trabajo vinculado a la docencia, promoviendo una educacin ms democrtica y laica, desvinculada de la moral religiosa catlica. En este sentido, buscan integrar en forma ms igualitaria a los nios marginales a travs de formas participativas y trabajando sobre y a partir de las condiciones sociales de la ida infantil. Denuncian activamente las condiciones de explotacin del trabajo de nios y mujeres en publicaciones de la poca y en Congresos (el Congreso Feminista Internacional de 1910, los Congresos del Nio de 1913 y 1916)[26]. Por otro lado, desde estas intervenciones docentes y sociales concretas, critican severamente la exclusin de los nios marginales que se refuerza desde las intervenciones estatales o privadas catlicas a travs de los institutos de menores, asilos, orfanatos, el Patronato de la Infancia, etc. La forma de institucionalizar a esta franja de la poblacin infantil ms carenciada a travs de estos encierros, estigmatiza la propia identidad de los nios, al mismo tiempo que institucionaliza su separacin del resto de la poblacin infantil con la creacin de una especie de "sistema educativo paralelo"[27].
La valoracin de la infancia como un sujeto de derechos en los movimientos anarquistas y socialistas, y no slo como objeto de asistencia[28], se cristaliza en la promocin de la participacin de los nios en eventos polticos (la huelga de inquilinos de 1907 y las celebraciones del 1ro de mayo), sociales (a travs de asociaciones como el "Hogar de Canillitas", la "Sociedad Protectora de la Infancia de La Plata) y escolares (la instalacin del "gobierno propio" infantil en varias escuelas del pas, promovido por maestros e inspectores militantes socialistas). Las representaciones y valoraciones en torno a la mujer y el nio en el marco de la familia obrera cobran nuevas significaciones a medida que los roles se reacomodan y crean ellos mismos nuevas condiciones.
No obstante, a medida que avanza la actuacin del estado en la segunda dcada del siglo (sobre todo a partir de 1914-1916) en el terreno del sistema oficial de educacin pblica, la identidad del nio-alumno se instala en forma ms estable y extensa, y las contribuciones e innovaciones de estas asociaciones quedan encauzadas y subordinadas en forma ms definida dentro del sistema oficial. A la vez, el mencionado sistema de exclusin de los nios recluidos en los institutos y asilos, a fines de la segunda dcada queda cristalizado en forma ms fija y estructurada, marcando irreversiblemente la fragmentacin entre las diferentes vidas de los nios argentinos.
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ILUSTRACIONES (no se incluyen)
Ilustracin Nro. 1
"Nios ingresantes al Patronato de la Infancia", 1900.
El fuerte crecimiento poblacional, inmigracin mediante, de finales de siglo en la Argentina genera la presencia en las calles de grupos de nios que circulan libremente, muchos de ellos sin contencin familiar. Los "nios pobres" abandonados, desamparados afectivamente, sern los que engrosarn las filas del Patronato de la Infancia de la ciudad de Buenos Aires. Entre 1880 y 1912 se internaron 32.725 nios. En el mismo perodo murieron en el asilo el cincuenta y un por ciento de ellos.
(Fuente: Archivo Grfico de la Nacin )
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Ilustracin 2
"Los nios en la escuela en 1914"
Hacia 1914, veintidos aos despus del Congreso Pedaggico Nacional, el pas cuenta con seiscientos cuarenta y cuatro escuelas para 190.000 alumnos. Pero era la mitad de la poblacin en edad escolar. Tanto en las zonas urbanas como rurales las menores tasas de escolaridad corresponden a los sectores de menores recursos econmicos. El sueo sarmientino de difundir la instruccin pblica entre las clases y las regiones del pas menos favorecidas se encontraba lejos de concretarse.
(Fuente: Coleccin particular Familia Pareto, Buenos Aires)
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Ilustracin Nro. 3
"Nios jugando". 1905
No lejos del centro de la ciudad, en las zonas ms pobres del sur de la ciudad de Buenos Aires, el juego y el ocio callejero de los nios llev al Dr.Jos Mara Ramos Meja a opinar que los nios porteos vivn ms en las calles que en ninguna otra ciudad del mundo. Pero las viviendas de Buenos Aires ofreca pocas posibilidades para "retener" al nio en los espacios reducidos de las piezas de conventillo y las precarias viviendas de los suburbios.
(Fuente: Archivo Grfico de la Nacin)
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Ilustracin Nro. 4
"La niez en los conventillos", 1902.
El conventillo o vivienda colectiva cumpla las funciones de refugio transitorio para las familias inmigrantes. Tambin residencia ms o menos permanente que permita intercambios de pautas culturales, costumbres sociales, y en el que se forjaba vinculos familiares y hasta alianzas matrimoniales. Muchos de los nios de los conventillos eran la expresin concreta de ese cruce de nacionalidades y mezcla de "sangre".
Fuente: Archivo Grfico de la Nacin
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Ilustracin Nro. 5
"El nio argentino" 1910.
La tarea emprendida por las instituciones del Estado tendientes a formar y educar a los nios argentinos, desde una perspectiva psicosocial, consisti en imponer la identidad nacional a los hijos de inmigrantes: reverenciar a los smbolos patrios as como participar de la ceremonia diaria de entonacin del Himno nacional. En esto se bas el ideal de formacin patritica-pedaggica: incorporar smbolos y emblemas que constituiran los valores de la nacionalidad.
Fuente: Archivo Grfico de la Nacin
(Al margen )
Ilustracin 6:
"Acto oficial en el Consejo Nacional de Educacin" 1902.
Hacia 1900 la funcin normalizadora que cumple la educacin primaria como proceso de integracin social, requiere de la transferencia al Estado del dominio de la instruccin pblica. Sin embargo, las realizaciones posteriores en la construccin del sistema educativo formal necesit de instrumentos ms que retricos, como por ejemplo, una legislacin tendiente a subvencionar a la educacin pblica nacional: la ley Linez de 1905.
Fuente: Archivo Grfico de la Nacin
(1/3 de pgina)
Ilustracin Nro. 7
Postal: "Nios en los terrenos de Puerto Madero", 1909.
Para los nios del Centenenario los espacios abiertos se constituian en una necesidad vital para gozar del sol y del aire libre. Una alternativa es la puerta de entrada a la urbe cosmopolita, ya que por ese entonces Buenos Aires prcticamente no contaba con plazas de juegos distribuidas en el espacio urbano.
Fuente: Coleccin Particular
(1/3 pgina)
Ilustracin nro. 8. "Pequeo vendedor ambulante", 1910.
Los nios en riesgo, aquellos que no se habian beneficiado por la crianza y la educacin, y se transformaban en los pequeos vendedores callejeros compartian el mercado laboral de los adultos. No era tanto el trabajo infantil entendido como esfuerzo y capacitacin para los nios lo que se converta en una situacin inadmisible. Era ms bien el contacto diurno y nocturno con el mundo delincuencial, la vagancia, los vicios morales, en suma, la mala vida, lo que convierta los oficios callejeros en la antesala para la infancia peligrosa: "la criminalidad infantil".
Fuente: Archivo Grfico de la Nacin
(Al margen)
Ilustracin 9.
"Una pgina de la Revista de Criminologa" 1919.
En el artculo titulado "Estudios sobre la prostitucin infantil" el Dr. Carlos Arenaza sostiene que la existencia de la prostitucin precoz no debe concebirse como excepcional del fenmeno psicosocial de la prostitucin en general La miseria, el abandono familiar y el contacto con los "peligros de la vida en calle", son los factores determinantes de estas "patologa sexuales".El discurso mdico-legal y psicolgico para esta poca gradualmente descart las causas degenerativas y psicopatolgicas del alienismo del siglo XIX.
Fuente: Revista de Crimininologa y ciencias afines, 1919.
(Al margen)
Ilustracin Nro. 10.
"Una pgina del Semanario PBT". 1905
La obra filantrpica y asistencial del Patronato difundida en las publicaciones de la poca como Caras y Caretas, PBT o en La Nacin converta en noticia social, los logros que en materia de disciplina e higiene se alcanzaban con la infancia abandonada y desamparada.
Fuente: PBT. Semanario Infantil Ilustrado, Mayo, 1905.
(Al margen)
Ilustracin Nro. 11
"Nios en un acto poltico", 1905
La confrontacin con las polticas del estado por parte de los grupos socialistas y libertarios exhibian un ideario basado en la responsabilidad y el protagonismo de clase. Esta concepcon de un individuo, pleno de derechos, que constituira un nuevo orden social y econmico, una nueva sociedad, se sostena en la lucha y la participacin de todo el conjunto del pueblo sin exclusiones.
Fuente: Archivo Grfico de la Nacin
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Ilustracin Nro. 12
"Nios en la escuela en la dcada del 20".
El nio escolarizado cuenta con el espacio que le brinda la institucin escolar obligatoria, como mbito imprescindible para su desarrollo individual y social.
Fuente: Coleccin Particular Familia Hernandez. Buenos Aires, 1924
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[1] Captulo publicado en Historia de la vida privada en la Argentina. Vol. 2: "La Argentina plural: 1870-1930", pgs. 138-161, coleccin dirigida por Fernando Devoto y Marta Madero. Buenos Aires, Ed. Taurus.
[2] Mercante, V. (1902), Notas sobre criminologa infantil, Archivos de psiquiatra, criminologa y ciencias afines, tomo 1: 34.
[3] La familia promedio de cinco personas comparta una habitacin de 3,6 x 3,6 metros, aproximadamente. Solberg,C.(1970), Inmigration and Nationalism in Argentina and chile: 1890-1914, Austin, University of Texas Press.
[4]Las Escuelas Normales creadas a partir de 1880, el Instituto Nacional de Profesorado Secundario (que despus de varios inconvenientes, comienza a funcionar en 1908), la Seccin Pedaggica de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de La Plata (a partir de 1906, convertida en Facultad de Ciencias de la Educacin en 1914), as como la Facultad de Filosofa y Letras de la Universidad de Buenos Aires, abordan el problema de la formacin docente como la clave para incidir en la transformacin del sistema educativo. Dentro de estas perspectivas, la didctica y la pedagoga se ocupan en forma primaria de la educacin pblica y ven la psicologa como un instrumento indispensable.
[5]Vidal (1914), "Los factores psicolgicos del movimiento educacional argentino", Anales de Psicologa, Sociedad de Psicologa de Buenos Aires, tomo III:501.
[6]La aparente paradoja entre la promocin de un desarrollo nacional y local, y al mismo tiempo el intento de introducir el pas en un orden internacional y segn los ideales de la cultura moderna, es resuelta a partir de una postulacin de orden metafsico: la unidad de lo real, y de un modelo de progreso nico, inexorable, en donde lo racional termina por triunfar e imponerse. De esta manera, el desarrollo de la nacin se integra a un orden internacional en el que los progresos de las diversas naciones terminan compartiendo los mismos caracteres e ideales universales.
[7] Cfr. el anlisis de la nocin de "lo normal" en Canguilhem,G. (1974), Lo normal y lo patolgico, Buenos Aires, Siglo XXI.
[8] Senet,R. (1911), Elementos de Psicologa Infantil, Buenos Aires, Cabaut y Ca. "Prefacio" reproducido en Vezzetti (1988), El nacimiento de la Psicologa en la Argentina. Bs. As.: Puntosur, p. 124.
[9] Senet, ob.cit., p.126.
[10] Senet, ob.cit., p.123.
[11] Aris, P.(1996), Ensayos de la memoria 1943-1983, Colombia, Norma, p.283.
[12] Paz Anchorena, J.M.(1918), "Prevencin de la vagancia", Revista de criminologa, psiquiatra y medicina legal, V:711.
[13] Sierra,V.(1917), "La minoridad que delinque en la ciudad de Buenos Aires", Revista de criminologa, psiquiatra y medicina legal, IV::59-60.
[14] La Voz de la Mujer, Buenos Aires, enero 31 de 1896. Ao 1, Nm. 2.
[15] En 1893 se crea el Depsito 24 de Noviembre para alojar a los sospechosos de delitos, en tanto el Departamento Central de Polica queda para los contrventores y detenidos preventivamente. Es ste ltimo, mientras se instruye el sumario, los menores permanecen con los detenidos adultos. Las penas (art.54 del Codigo Penal) pueden ser prisin, penitenciara y presidio, de las cuales slo la primera puede ser aplicada a los menores. La Prisin Nacional (antes Asilo de Reforma de menores varones y Crcel de Encausados) contiene pabellones separados para menores y adultos.
[16] Ruibal,C. (1993), Ideologa del control social Buenos Aires 1880-1920, Buenos Aires, Centro Editor de Amrica Latina, p. 41.
[17] Fernndez,U.(1917), "La proteccin y asistencia social del recin nacido, hijo de menores sujetos a la tutela del Ministerio Pblico", Revista de criminologa, psiquiatra y medicina legal, IV:295-297.
[18] Ingenieros menciona que en este Congreso hubo una seccin dedicada a los menores, en la cual se establece un criterio de distincin sustancial entre el adulto y el nio: las faltas o delitos de ste ltimo no permiten calificarlo de criminal. El menor en esta situacin no puede ser "penado", sino "corregido, educado y reformado" (Ingenieros (1916), Criminologa, Buenos Aires. Obras completas (OC), tomo II, Buenos Aires, Ediciones Mar Ocano, 1962.:387-8).
[19] Melndez,P. (1900), "Breve estudio sobre menores delincuentes y escuela correccional", Tesis Doctoral, Buenos Aires, p.9.
[20] Ingenieros, ob. cit.
[21] Patronato de la Infancia (1993), Cien aos de amor, Buenos Aires, Patronato de la Infancia.
[22] Idem.
[23] Idem.
[24] El Patronato de la Infancia cuenta con un registro de nodrizas que ejerce el control sanitario respectivo y por consiguiente una correspondiente seleccin de aptitud lactaria y de salud fsica en general. PAGANI,E. y ALCARAZ,M.V. (1988), Las nodrizas en Buenos Aires. Un estudio histrico (1880-1940), Buenos Aires, Centro Editor de amrica Latina.
[25] En 1907 aparece un artculo periodstico del doctor Francisco Lavalle titulado "Los horrores de la quema de basura", en el que describe el especatculo de hombres y nios buscando su alimento entre los desperdicios de la Reina del Plata. Esto inspira a las autoridades del Patronato a crear tres escuelas aledaas al llamado "barrio de la quema" en Flores y al "barrio de las ranas" en el Parque de los Patricios, en donde los nios recibirn instruccin pblica y alimentacin diaria, convirtindose en los primeros comedores escolares en la ciudad de Buenos Aires.
[26] Cfr. Little (1978) "Education, philanthropy, and feminism: components of Argentina womanhood 1860-1926", en A. Lavrin (comp.) (1978), Latin American Women, Westport, CT, Greenwood Press, pp.235-253.
[27] Sandra Carli ha trabajado en esa problemtica en el Informe Final de su investigacin: "Transformaciones del concepto de infancia en las alternativas pedaggicas 1900-1955"(APPEAL-CONICET).
[28] Idea expresada en la "Liga Nacional de Maestros" fundada en 1910 por el maestro anarquista Julio Barcos.
Julio Csar Ros
Lic. en Psicologa. Profesor de la ctedra de Historia de la Psicologa en la Facultad de Psicologa de la Universidad de Buenos Aires. Ha escrito artculos y participado en Congresos con trabajos sobre Historia de la psicologa en la Argentina. Investigador del Programa de Estudios Histricos de la Psicologa en la Argentina, dirigido por Hugo Mario Vezzetti.
Ana Mara Talak
Lic. en Filosofa y Lic. en Psicologa. Profesora de la ctedra de Historia de la Psicologa en la Facultad de Psicologa de la Universidad de Buenos Aires. Ha escrito artculos y participado en Congresos con trabajos sobre Historia de la psicologa en la Argentina. Investigadora del Programa de Estudios Histricos de la Psicologa en la Argentina, dirigido por Hugo Mario Vezzetti.