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Notas sobre la poltica en Michel
Foucault
[1]
. Configuracin
de saber, tecnologa disciplinaria y
prctica intelectual?* Gabriela Rodrguez |
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Si es cierto que el conjunto de relaciones de fuerzas existentes en
una sociedad dada constituye el dominio de la poltica, y que la poltica es una estrategia ms o menos
global que intenta coordinar y darles un sentido a estas relaciones
de fuerza, pienso que puede responderse a sus cuestiones de la manera
siguiente: La poltica no es
lo que determina en ltima instancia (o lo que sobredetermina)
las relaciones elementales y por naturaleza neutras. Toda relacin
de fuerza implica en todo momento una relacin de poder (que es en
cierto modo su forma momentnea) y cada relacin de poder reenva,
como a su efecto, pero tambin como a su condicin de posibilidad,
a un campo poltico del que forma parte.
Michel Foucault Les rapports de pouvoir passent a linterieur
des corps
[2]
. I. Reflexiones preliminares. Referirse a Michel Foucault, conlleva necesariamente recusar a Michel Foucault. Cmo empezar un
artculo, un libro o una resea apelando al nombre propio de quien
redujo el reino del autor a una funcin del discurso
[3]
?. Cmo buscar una contigidad temtica en el interior de
la produccin de quien puso en cuestin la nocin de obra e inclusive
a la identidad temtica como un medio de establecer regularidades
discursivas
[4]
?. Walter Benjamin
[5]
, en su magistral anlisis de la experiencia de
la vida moderna en la poesa de Charles Baudelaire-
que el propio Foucault rescata como estudio
relativo a las tcnicas de s en el segundo tomo de la Historia
de la sexualidad
[6]
- poda emplear libremente los mismos trminos
que hoy provocan escozor o al menos resquemor. Es que ms all de
los consejos atinados o no de Baudrillard,
no es posible olvidar a Foucault. El propsito de estas lneas no tiene la magnitud
ni de una empresa arqueolgica que se aboque a la descripcin de las
formaciones de saber ni de una genealoga que se aplique al anlisis
de las relaciones de poder que ponen en movimiento estas discursividades,
sino que es mucho ms modesto. A partir de un corpus restringido constituido
tanto por textos que pertenecen ya sea a la etapa arquelgica
ya sea al perodo genealgico- que junto con las investigaciones en
torno de la tica conforman los tres momentos en que suele escindirse
la tarea filosfica de Foucault
[7]
-, como por una serie de reportajes, dilogos y
conferencias que tuvieron lugar a mediados de la dcada del setenta,
se abordar la relacin del admirador confeso de Blanchot
y Dumzil con la poltica. Tres derroteros son los derroeteros
temticos en torno de los cuales se estructurar el presente trabajo.
En primer trmino, el anlisis se focalizar
en las formaciones de saber que dan cuenta de la emergencia del hombre
en el campo de la episteme: las ciencias del hombre. En segunda instancia,
se recuperar el debate de Foucault con
el pensamiento filosfico poltico que reduce la problemtica del
poder a la soberana y la representacin. Finalmente, se dedicarn
unas lneas a dilucidar la relacin de los intelectuales con la poltica
sobre la base de la sustitucin del modelo del legislador universal
[8]
por el intelectual especfico
[9]
y cmo estos dos modelos
de praxis intelectual se entroncan con la cuestin del compromiso.
Una vez indicados estos senderos de
indagacin, no queda sino adentrarse en el abordaje de las problemticas
especficas.
II.
La ciencia poltica: el silencio
de la episteme, el grito de la genealoga.
El modo de ser de ser del hombre tal como se ha constituido
en el pensamiento moderno le permite representar dos papeles; est
a la vez en el fundamento de todas las positividades
y presente, de una manera que no se puede llamar privilegiada, en
el elemento de las cosas empricas. (), este hecho es sin duda decisivo
para la posicin que debe darse a las ciencias
humanas, este cuerpo de conocimientos (pero
quiz esta palabra misma sea demasiado fuerte: digamos, para ser an
ms neutros, a este conjunto de discursos) que toma por objeto al
hombre en lo que tiene de emprico. Michel
Foucault. Las palabras y las cosas
[10]
. El nacimiento de las ciencias
del hombre?. Hay verosmilmente que buscarlo
en esos archivos de poca gloria donde se elabor el juego moderno
de las coerciones sobre cuerpos, gestos, comportamientos. Michel
Foucault, Vigilar y Castigar
[11]
. La pregunta
central de esta seccin ser: por qu la ciencia poltica no forma
parte del tro de saberes que tiene al hombre
como objeto y como condicin de posibilidad y que con la biologa,
la filologa y la economa poltica comparte el suelo arqueolgico
de la episteme moderna?.
Y, subsidiariamente, si es cierto que en virtud del enfoque genealgico
el eje se traslada del mbito casi exclusivamente discursivo
[12]
al dispositivo de saber-poder, puede afirmarse
que la tecnologa del panptico oficia como una reivindicacin
de la poltica al hacer de las ciencias del hombre un producto
del dispositivo disciplinario de poder?. La primer pregunta exige remitirse al modo en que Foucault analiza los regmenes discursivos propios de la episteme en Las palabras y las cosas. Sin embargo,
es necesario indicar que ya
en el ltimo captulo de La historia de la locura en la poca clsica
se seala que la psiquiatra moderna, aqulla que nace a fines del
siglo XVIII con la operacin libertaria de Tuke
y Pinel
[13]
, es parte de un giro antropolgico que trasforma
al hombre en objeto y al hombre loco en el camino para que aqul conociera
su propia verdad. Es en el marco de este proceso que se gesta en el
umbral que separa la poca moderna de la clsica
[14]
, las ciencias del hombre, ciencias clnicas o ciencias
del individuo devendrn configuraciones de saber
[15]
. Mas, es necesario indicar que, como acertadamente
puntualiza Eribon y reconoce el propio Foucault, puede observarse en el libro publicado en 1961
una mayor preocupacin por las prcticas institucionales y por el
poder- aunque este fuera entendido como una instancia meramente negativa
[16]
- que lo diferencia del enfoque discursivo que caracteriza
tanto a Las palabras y las cosas como a La arqueologa del
saber. As pues,
en el seno de la episteme moderna
aparecen ciertas configuraciones de saber que por carecer de otro
nombre mejor han sido llamadas ciencias humanas. Las mismas van a
definirse a partir de sus relaciones con la trada de saberes
que, al igual que la historia natural, la gramtica
y el anlisis de la riqueza en los tiempos de la episteme
de la representacin, daban cuenta del mundo de los seres vivos, el
lenguaje, y el cambio econmico y la produccin: la biologa, la filologa y la economa. El abordaje
foucaultiano de la historia de la ciencia
se nutre evidentemente de los desarrollos tericos de Canguilhem
quien a su vez fue la fuente velada de los trabajos de Gaston
Bachelard. Sin embargo, la produccin sociolgica
de Norbert Elias, desconocida hasta
la dcada del 70en el campo intelectual
francs, acuar un concepto clave para comprender las interrelaciones
entre los saberes y el carcter histrico de los modos de conocimiento:
la nocin de configuracin
[17]
. Este socilogo alemn heredero de la tradicin
weberiana y simmeliana
haba demostrado ya en los aos treinta con un brillante estudio
del proceso de civilizacin donde combinaba influencias
tan diversas como el psicuanlisis
freudiano, la antropologa religiosa de Cassirer
y Lvi Bruhl y
los anlisis culturales historicistas de impronta romntica que tanto
seducan a la intelectualidad alemana de los aos 20
[18]
que slo el reconocimiento de una temporalidad
de larga duracin as como la aceptacin del carcter relacional de
los procesos sociales y cognitivos iba permitir el desarrollo de una
sociologa, que lejos de las especulaciones sustancialistas
de la metafsica, se constituyera en un saber terico con verdadera
aplicabilidad emprica. Una sociologa, que no era sino el producto
de una evolucin
[19]
histrica de los saberes,
y slo tena sentido en cuanto tal en virtud de su relacin con los
otros modos de conocimiento que daban intelegibilidad
al mundo compartido por los hombres y los objetos. As pues, no es
casual que los trminos episteme y configuracin se utilicen en forma
indistinta a lo largo de estas lneas. Estos trminos apuntan a un
campo semntico de similares propiedades que permite dar cuenta de
cmo en los albores del siglo XIX una serie de campos cognitivos relativos
a la experiencia humana- que para Elas sern la sociologa, la ciencia
poltica y la antropologa hacen su aparicin en la constelacin
de saberes. No es el objeto de esta breve
digresin realizar un derrotero sobre los senderos conceptuales y
metodolgicos que comparten Norbert Elias
y Michel Foucault como la preocupacin por la larga duracin, el inters
por las prcticas corporales o la enorme dedicacin con que emprendieron
la recuperacin de materiales histricos poco frecuentados por los
investigadores
[20]
, ni tampoco explicitar el carcter disrruptivo
de sus trabajos al poner en cuestionamiento el carcter arbitrario
de las fronteras disciplinarias
[21]
, sino simplemente sealar la comunidad terminolgica
de ambos autores al ocuparse del proceso de formacin de las ciencias
humanas. Ms all
del desafo que el estudio de Foucault implica
para una historia de las ciencias construida sobre el modelo continuo
y progresivo del desarrollo cognitivo, lo que aqu particularmente
interesa es el tipo de relaciones que se establecen las
ciencias humanas, y particularmente las tres regiones epistemolgicas
en que subdividen, con los tres regmenes de saber mencionados previamente:
la biologa, la economa y la filologa..
As pues, la psicologa ha encontrado su lugar all donde el hombre
aparece como la prolongacin de un ser vivo que tiene funciones
y se ajusta a normas que regulan su existencia; la sociologa
ha encontrado su lugar all donde el individuo trabaja, produce y
consume, y cuyas necesidades se transforman en conflictos que
slo pueden ser dominados en virtud de la instauracin de un conjunto
de reglas; y finalmente, la
historia de los mitos ha encontrado en el mbito del lenguaje el espacio
desde donde el hombre constituye el sistema significativo de
sus representaciones culturales. Ahora bien, cabe preguntarse cul
es el lugar que se le asigna en esta episteme
a los discursos en torno del hombre como sujeto y objeto de poder.
Como se establecer posteriormente, la idea de concebir al poder como
una propiedad de determinados individuos implica reducir la poltica
al problema de la soberana tal y como lo hizo el pensamiento filosfico-jurdico
[22]
de los siglos XVII y XVIII que contina impregnando
la reflexin en torno de lo poltico a pesar del derrocamiento de
la monarqua. Pero, si es fcil entender esta exclusin del seno de
la episteme, por qu no hay ni una sola
referencia a la disciplina que tiene al poder que se ejerce
sobre los cuerpos de los hombres como objeto?.
Puede decirse que lo que hoy se denomina ciencia poltica
en sus versiones institucionalistas, conductistas, funcionalistas o comparativistas es una construccin epistemolgica tarda
que reprodujo los esquemas ya establecidos tanto de la psicologa
como de la sociologa. Sin embargo, antes que Compte, Durkheim o el propio
Marx concibieran una ciencia sobre la base
de modelos estructurados alrededor de las reglas o el conflicto, no
haba escrito Jeremy Bentham
sobre cuestiones tan dispares como las tcnicas disciplinares y la
conducta electoral? Haba algn tipo de relacin entre el panptico
y el rgimen parlamentario - representativo que recibi el nombre
de democracia liberal?. Por qu estos discursos no forman parte de las configuraciones
de saber que tienen al hombre por objeto y por condicin de posibilidad
cuya emergencia tuvo un efecto disrruptivo
sobre la episteme clsica de la representacin?. He aqu un nudo gordiano que parece imposible
de desenredar. Sin embargo, es a partir de la introduccin de la dimensin
genealgica que caracteriza a la segunda etapa del pensamiento foucaultiano que este lazo enmaraado puede transformarse
en un punto de anclaje que permita vincular los dos interrogantes
que preceden el presente apartado. Luego de esa fase de transicin
representada por la leccin inaugural en el Collge
de France, Michel Foucault se abocar a la analtica del poder. Y, es partir
de este cambio de enfoque, que las ciencias del hombre dejarn de
constituir exclusivamente regmenes discursivos para devenir parte
de un dispositivo de poder-saber. As pues, las ciencias del hombre
y su objeto, el individuo, no sern sino el producto de una tecnologa
poltico-disciplinar. Es en el panptico y no en los escritos de Ricardo,
Cuvier o Compte donde hay que leer la historia de la episteme moderna. De esta manera, la produccin de verdad
es el resultado de las relaciones de poder que se ejercen sobre una
multitud de cuerpos annimos y no se encarnan ms en esa entidad mtico-material
que los juristas han dado a llamar el doble cuerpo del rey. Paradjicamente, mientras que el discurso sobre el poder no tena espacio propio en las configuraciones de saber que recibieron el nombre de ciencias del hombre, ahora son estas ltimas las que devienen disciplinas o tecnologas del poder de administrar la vida que se desarroll desde el siglo XVIII. As pues, ya sea en una anatomo-poltica del cuerpo mquina ya sea en una biopoltica de la poblacin centrada en la nocin del cuerpo especie, la psicologa y la sociologa se articularn con la medicina, la pedagoga, la demografa, la tctica y estratgica castrense para que el control del poder poltico que se ejerce sobre los cuerpos vivientes sea mucho ms vigoroso que el poder discrecional del soberano sobre la vida y muerte de sus sbditos. Es as como mientras que los antiguos regmenes discursivos se develan como tcnica, la ciencia poltica, que en tanto discurso sobre el poder, no era ni siquiera consignada a la hora de establecer las regiones cognitivas de la episteme moderna, constituye la tecnologa disciplinar que ha permitido un desbloqueo del campo del saber multiplicando as sus propios efectos. Si la arqueologa produca un desplazamiento en el campo de la historia de la ciencia al reemplazar a Darwin por Cuvier y a Marx por Ricardo, la genealoga destrona a estos ltimos para dar el cetro Bentham. Y, si su reinado ha sido largo, ms all de la valiosa colaboracin de consejeros de la talla de La Salle, Demia, le Marchal de Saxe o el propio Pinel, fue porque renunci a las prerrogativas de la soberana. Y, con los escombros del antiguo palacio real, construy un panptico.
III.
La muerte del rey: la poltica en funcin de la revolucin. Por lo tanto, al forjar
otra teora del poder, se trata, al mismo tiempo, de formar otro enrejado
de desciframiento histrico y, mirando ms cerca todo un material
histrico, avanzar poco a poco hacia otra concepcin de poder. Se
trata de pensar el sexo sin la ley, y el poder sin rey. Michel Foucault. La voluntad de saber
[23]
. El objeto de este apartado
es abordar las relaciones de Michel Foucault con el pensamiento poltico. En primer trmino, se
analizar cmo a partir de su concepcin de la poltica como lucha
de relaciones de fuerza y su anlisis del poder disciplinar pone en
cuestin a tradicin liberal sustentada sobre las nociones de soberana
y representacin. Secundariamente, se tratar de vincular las posiciones
de Foucault en torno del fenmeno del poder
y de la revolucin como acontecimiento poltico con las reflexiones
Alexis de Tocqueville, Claude Lefort y Alain Badiou. Ya desde Vigilar y Castigar,
Foucault establece que la teora del poder
en las sociedades disciplinares debe abandonar la matriz filosfica-jurdica
[24]
. Esto se debe precisamente al hecho de que aqulla
ha constituido la base de sustentacin del poder real. Sin embargo,
as como Hobbes haba construido un Leviatn
[25]
que encarnaba en una voluntad nica la multiplicidad
abigarrada de individualidades cuyas pasiones haban sido desatadas
por las guerras de religin, los filsofos del siglo XVIII apelan
al derecho a la hora de combatir al despotismo monrquico,
la misma arma de la cual este ltimo se sirvi para ser cada
vez ms efectivo desde los albores del siglo XIII. Como destaca Reinhart
Koselleck
[26]
, el mayor representante de la historia de los conceptos
(Begriffgeschichte), el fundamento
filosfico - jurdico del absolutismo lo constituye el haber podido
establecer la escisin entre la conciencia pblica y la privada. El
Estado absolutista ha logrado concretar de esta manera un nuevo orden
poltico, pero, con el tiempo, se transformar a su vez en vctima
de ese dualismo. La conciencia privada, limitada a la esfera interna,
terminar por impugnar moralmente a la razn de Estado vigente. An
cuando la moral burguesa reivindique el predominio de la sociedad
por sobre el Estado- particularmente en su vertiente anglosajona expresada
con vigor en el pensamiento lockeano-, recurrir
al mismo aparato conceptual del derecho absolutista para efectuar
la crtica del Antiguo rgimen. As pues, donde estaba el monarca
hobbesiano, Rousseau,
el nico pensador efectivamente poltico que particip de la cruzada
ilustrada contra el poder real
[27]
, coloca al pueblo como encarnacin de la soberana.
Adems de la postulacin de la soberana
como fundamento de la autoridad poltica, la otra base de sustentacin
de esta tradicin de pensamiento jurdico-poltica, que an conserva
su actualidad, es la nocin de representacin. Aunque el ginebrino
ya la haba impugnado al postular a la democracia como el autogobierno
del pueblo, este concepto que ya haba sido postulado por Hobbes
y acuado por el liberalismo decimonnico, se transform en un elemento
clave a la hora de la irrupcin de las masas en la poltica. Incluso,
el marxismo, tuvo que apelar a ella para construir su teora del partido
[28]
. Es as como, segn Foucault,
se ha producido una totalizacin del movimiento revolucionario que
orientado en la conquista de los aparatos de Estado, ha desdeado
los pequeos frentes de lucha donde se juega da a da la poltica
[29]
. Como alternativa a una teora
del poder construida sobre la base del modelo de la monarqua jurdica,
Michel Foucault apela al modelo de la guerra, ms adecuado para una concepcin
que define a la poltica como un conjunto de relaciones de fuerza.
Sin embargo, ms all de la efectividad retrica de la inversin de
la frase de Clausewitz
[30]
, es necesario reconocer que en la concepcin marxista
de la lucha de clases y sobre todo en las teorizaciones
de Antonio Gramsci en torno de la guerra de posiciones como forma de
combate para atacar las defensas de la clase dominante en el seno
de la sociedad civil
[31]
se encuentra un abordaje similar de la poltica,
cuya manifestacin ms acabada en el pensamiento contemporneo es,
sin duda, El concepto de
lo poltico de Carl Schmitt. Pues
bien, la distincin poltica especfica, aquella a la que pueden reconducirse
todas las acciones y
motivos polticos, es la distincin de amigo y enemigo.
Lo que esta proporciona no es desde luego una definicin exhaustiva
de los poltico, ni una descripcin de su contenido, pero s una determinacin
de su concepto en el sentido de un criterio.
[32]
Esta definicin es representa
un ncleo conceptual en el que es necesario detenerse. A pesar de que Carl Schmitt se autodefina como un terico del derecho pblico,
entroncndose en una tradicin que se inicia con Hobbes
y Bodino, los juristas ms importantes de
la modernidad temprana
[36]
, desde sus primeros escritos publicados en la dcada
del 20
[37]
de la pasada centuria emprende una clara ruptura
con el enfoque epistemolgico predominante en la ciencia jurdica:
el positivismo
[38]
. As pues, Schmitt rechaza
tanto la neutralidad axiolgica de la teora kelseniana
del derecho como su concepcin de la norma jurdica concebida como
una entidad autnoma de la realidad social y cognosible
ahistricamente. Al igual que Foucault
en sus estudios arqueolgicos, Carl Schmitt reivindica el historicismo
caracterstico de la tradicin romntica alemana que se plasma tanto
en la epistemologa comprensivista fundada
por Dilthey
[39]
y perfeccionado por Max
Weber
[40]
como en la revolucin de la metafsica occidental
liderada por Martn Heidegger
[41]
. En el seno de este panorama intelectual, Schmitt
va a concebir una hermenutica jurdica que se proclame como un paradigma
alternativo al positivismo. Es claro que Foucault
nunca ha sido un adalid de la hermenutica
ya sea en su vertiente filosfica ya sea en su vertiente literaria, sin
embargo su anlisis histrico de las prcticas e instituciones sociales
tiene un parentesco con el modo en que Carl
Schmitt emprende el estudio de las formaciones polticas.
Pero, ms all de esta convergencia
metodolgica, existe un ncleo temtico hacia el cual se dirige la
ms enconada crtica de ambos autores: el liberalismo poltico y su
expresin institucional ms preclara, el parlamentarismo. Es cierto
que mientras que Schmitt
[42]
emprende su prdica contra el asambleismo
de la repblica de Weimar y la inconsistencia
de la soberana del poder legislativo sustentada en el principio de
representacin proclamado por el abate Siyes
en los albores de la Revolucin francesa, recuperando la tradicin
decisionista que encarna en un cuerpo fsico-
sea el del rey sea el del presidente plebiscitario- el poder de prerrogativa
en las situaciones de excepcin, Foucault seala que esta concepcin de la soberana presenta
una laguna similar a la defensa de
la omnipotencia del legislador de impronta ilustrada: no da
cuenta del carcter relacional del poder. Sin embargo, aunque uno
crea posible reconstruir el orden poltico sobre la base de la herencia
filosfico- jurdico absolutista transformando al presidente elegido
por sufragio universal en la piedra de toque de la estabilidad democrtica
en un contexto de radicalizacin de las opciones ideolgicas, y el
otro sostenga dispersin de los frentes de accin para combatir un
poder que se resiste a ser reducido a una instancia institucional
y se expande penetrando todas las relaciones sociales hasta llegar
a los cuerpos y al sexo, ltima barricada de la intimidad individual,
ambos reconocen que el terreno de la poltica es el campo del combate
sin cuartel de fuerzas contrapuestas, o recurriendo a una parfrasis
de Schmitt, la lucha entre amigos y enemigos.
Pero, esta lucha sin cuartel, que penetra todos los campos humanos-
desde la religin hasta la identidad genrica pasando por la economa
que tanto el liberalismo como la tradicin marxista ms reduccionista consideraban el ncleo duro del ser
social
[43]
- no puede ser canalizada por los partidos polticos,
instituciones configuradas bajo la lgica de la teora de la representacin
decimonnica. En un siglo XX donde el fantasma del mito poltico ha
destronado a la razn, ni las cmaras parlamentarias ni los cnclaves
partidarios son el escenario de la poltica. Astucia de la razn o
sinrazn de la poltica, deudores de dos tradiciones antagnicas,
Carl Schmitt y
Michel Foucault
arriban a una similar conclusin. Ahora bien, qu vnculos pueden establecerse entre
las reflexiones de Michel Foucault
y otros representantes del pensamiento poltico francs? En primer
lugar, y aunque nunca lo cite, el anlisis que realiza Foucault
de la centralizacin del poder monrquico es tributario de los estudios
de Alexis de Tocqueville
[44]
. Justamente as como Foucault
vislumbra la emergencia del dispositivo de poder-saber de las sociedades
disciplinarias en la destruccin por parte del Antiguo Rgimen de
las formas de sociabilidad densa y los poderes locales, el amigo de
Beaumont encuentra all el nacimiento de
un poder omnmodo que llegar al paroxismo tras el triunfo de
la revolucin democrtica. As pues, ms de un siglo antes
de la publicacin de La historia de la locura, Tocqueville
describa al nuevo despotismo de un modo que remite inexorablemente
al panoptismo y su infinitesimal distribucin
de las relaciones de poder: Despus de haber tomado as alternativamente entre
sus poderosas manos a cada individuo y de haberlo formado a su antojo,
el soberano extiende sus brazos sobre la sociedad entera () : no
destruye las voluntades pero las ablanda, las somete y dirige; obliga
raras veces a obrar pero impide que se obre; no destruye pero impide
crear; no tiraniza, pero oprime; mortifica, embrutece, extingue, debilita
y reduce, en fin a cada nacin a un rebao de animales tmidos e industriosos,
cuyo pastor es el gobernante.
[45]
Ms all de la mencin del
soberano como figura que lo detenta la potestad, la imagen del autor
de la Democracia en Amrica da cuenta de un poder que penetra
a los individuos y los moldea a su antojo. La mente preclara de Tocqueville
describe con tanta precisin conceptual la lgica del poder disciplinar
que ninguna teora del Estado ha podido superarlo. Su soberano es
mucho ms poderoso que el Estado Total
[46]
schimittiano, esa nueva
formacin poltica que surga en los albores de la dcada del treinta
que comenzaba a intervenir en reas hasta entonces reservadas a la
sociedad civil como la planificacin econmica y la movilizacin de
los recursos humanos, pero tambin era ms sutil que el tambin entonces
emergente totalitarismo. En forma similar a la tirana de la mayora
[47]
, no expropia, ni encarcela, ni prohibe,
ni conmina, solamente cubre los rostros de los dscolos con la mscara
de la extranjera transformndolos en exiliados en su propia tierra.
Y, as, como si se hubiera cumplido la profeca de Sebastien
Mercier
[48]
, el triunfo de la revolucin democrtica ha reemplazado
al desptico poder real por una dominacin mucho ms apremiante, que
no coloca grilletes en los pies de los hombres ni los somete a la
arbitrariedad de las Lettres de cachet
sino que modela sus almas y sus cuerpos dulcemente hacindolos a todos
y cada uno feliz e igualmente esclavos.
A pesar de su insistencia
en las continuidades entre el antiguo rgimen y la revolucin
[49]
, Alexis de Tocqueville
reconoce que esta instaura un nuevo tipo de sociedad, o en trminos
de Claude Lefort un nuevo dispositivo de sentido
[50]
. De esta manera, el acontecimiento poltico de
la revolucin francesa inaugura la era de la democracia moderna que,
segn este filosofo poltico contemporneo, se caracteriza por la
desaparicin del fundamento trascendente del orden social. Es entonces
cuando se separan las esferas del poder, la ley y el saber, y se hace
factible la emergencia los intelectuales, que segn Lefort, es producto de la autonomizacin de las lgicas de
validacin de la poltica y del conocimiento que tiene lugar en el
mundo moderno. Esta prdida de la sustancialidad
del ordenamiento societal es factible en
virtud de una mutacin simblica del poder que se convierte un lugar
vaco
[51]
. Es por ello que puede afirmarse que en
la democracia moderna la poltica se transforma en el terreno de la
lucha por el sentido. Esta concepcin de la democracia permite vislumbrar
uno de los ejes centrales del cuestionamiento de Michel Foucault a la tradicin filosfico-
jurdica construida en torno de la nocin de soberana: el poder poltico
no es reductible a un espacio fsico a ser ocupado sino que es una
relacin social. Aunque es cierto que el discpulo de Canguilhem no se ocupa particularmente del problema de la
democracia, reconoce, al igual
que Lefort, que la Revolucin
Francesa constituye un acontecimiento histrico que modific el campo
de accin de la poltica. Y, ambos, aunque con posiciones programticas
absolutamente divergentes
[52]
, sealan las dificultades del pensamiento poltico
moderno para abandonar viejos mitos que haban constituido
la base de sustentacin de la monarqua jurdica o del dispositivo
teolgico poltico de poder
[53]
: la naturaleza doble del cuerpo poltico y el carcter
unitario de la soberana, separndose de una tradicin filosfico
- poltica que engloba a pensadores tan dismiles como Hobbes,
Bodino, Michelet,
Schmitt, y, parcialmente, al propio Alexis
de Tocquevile. Ahora bien, a
lo largo de estas lneas un trmino ha aparecido en forma recurrente:
acontecimiento. Es entonces lcito preguntarse: qu relacin
existe entre la poltica y el acontecimiento?.
Alain Badiou en su libro Se puede pensar la poltica? intenta
recusar el esencialismo de las definiciones
de lo poltico haciendo del acontecimiento el lugar de emergencia
de la poltica
[54]
. Sin embargo, esta ltima no debe ser buscada ni
en las masificadas y poco significativas contiendas electorales ni
en grandes gestas revolucionarias. La poltica est
ms en lo micro que en lo macro. La huelga en la fbrica de
Talbot
[55]
es mucho ms significativa que cualquier otro fenmeno
que responda a la lgica de los grandes nmeros, se trate tanto de
una revolucin popular como de un acto elecccionario.
Es interesante observar cmo cuando dialogan en torno del poder
[56]
Michel Foucault
y Gilles Deleuze apelan a un razonamiento
similar para poner en cuestin las formas tradicionales de hacer poltica
ancladas en la representacin partidaria y sindical. As pues, ambos
sostienen la importancia de reivindicar las redes locales de resistencia.
Son estas micro-luchas en contra de la opresin las que van a allanar
el camino del proceso revolucionario. Sin embargo, paradjicamente,
sus argumentaciones concluyen en la necesidad de articular estos combates
cotidianos contra el poder con la macro lucha del proletariado contra
la opresin propia del capitalismo en tanto modo de produccin. De esta manera, el amante del arte menor kafkiano, y antiguo admirador de la literatura del mal, cultivada
por Bataille
[57]
, no pueden sino apelar- sin mencionarlo explcitamente,
por supuesto,- al tantas veces recusado concepto de hegemona. Parece
que la poltica, en tanto forma de lucha, puede presentarse en varios
frentes, pero necesita todava de una estrategia global que
coordine las mltiples maniobras.
IV.
La teora como prctica de
lucha local y regional: los desafos del
intelectual especfico. Comprometido a qu?, se preguntar. Se dice muy pronto
que a defender la libertad. Se trata constituirse
en guardin de los valores ideales como el clricode
Benda antes de la traicin o es que hay
que proteger la libertad concreta y cotidiana tomando partido en las
luchas polticas y sociales? La pregunta est ligada a la otra muy
sencilla en apariencia, pero que nadie se la formula nunca :
Para quien se escribe ?. Jean Paul
Sartre Qu es la literatura ?
[58]
El problema poltico esencial para el intelectual
no es criticar los contenidos ideolgicos que estaran ligados a la
ciencia, o hacer de tal suerte que su prctica est acompaada de
la ideologa justa. Es saber si es posible construir una nueva verdad.
El problema no es cambiar las conciencias de las
gentes o lo que tienen en la cabeza sino el rgimen poltico, econmico,
institucional de la produccin de verdad. Michel
Foucault. Verdad y poder. Entrevista con
M. Fontana publicada en la revista LArc
nro. 70 especial
[59]
. Es un tpico repetido en las biografas
de Michel Foucault
la afirmacin de que los aos 70marcaron
la politizacin del ex normalien.
Aquel novel graduado que haba dejado Pars a mediados de los aos
cincuenta, regresa luego de un largo periplo docente que culmin en
Tnez
[60]
donde lo encuentran los sucesos del 68. Tras la
experiencia de Vincennes, aceptado en el College
de France, y pasa a formar parte de la lite intelectual francesa. Paralelamente, el otrora alumno
de Merleau-Ponty
radicaliza sus posiciones polticas, y asume una actitud de compromiso.
Aqul joven desertor
[61]
, que an sin saberlo optaba por el sendero
indicado por Benda
[62]
para todo el que
quisiese dedicar su vida al mundo del conocimiento, encerrndose en
las bibliotecas de Uppsala y abandonando el convulsionado Pars, aqul tmido
veintiaero que se senta ajeno de sus camaradas que irreflexivamente
abrazan la militancia comunista, en su edad madura asume una actitud de permanente compromiso estampando
su firma en cuanto manifiesto tuviese a mano y comulgando con todas aqullas causas en las
que se hiciese necesario defender alguna vctima de la opresin. Entonces,
nuevamente imitando el derrotero desesperado Julien
Benda, ese clrigo
orgulloso de su oficio, el otrora desertor de la responsabilidad poltica
que compete al intelectual, se transforma en un traidor. O
para utilizar una terminologa cara Chomsky
y a Beauvoir, el enemigo del senculo
de Tiempos modernos, se prueba la toga de mandarn. As pues, como acertadamente seala Eribon
[63]
, la poltica lo acerca a Sartre,
ese legislador universal, cuya teora y cuya praxis Foucault
no haba hecho sino impugnar. Pero, an ms extraamente, cuando el
autor de El ser y la Nada es desplazado
del centro de la escena intelectual francesa, ser Foucault
quien ocupar ese lugar. Un lugar que, por cierto, como apunta acertadamente
Pierre Bourdieu
[64]
, tambin se habr transformado. Ya no es el tiempo
del legislador universal que toma partido sino del intelectual
especfico. La nocin de intelectual especfico
funciona en el nivel programtico como el reverso de una concepcin
de la poltica focalizada en las relaciones
de fuerzas. Justamente, el abandono de un tipo de intervenciones polticas
concebidas bajo el modelo de la legislador
universal que alza su voz a favor de quienes no pueden hacerlo,
implicaba recusar simultneamente a la figura del homme
de lettres que pona su saber totalizador al servicio de
una causa (que generalmente era la revolucin) y a un tipo de accin
poltica centrada en los aparatos de Estado como la encarnacin del
poder
[65]
. Foucault postula, entonces,
que la politizacin del intelectual se opera a partir de la actividad
especfica de cada uno y que no responde ms a la forma de del despertar
poltico de una consciencia alienada. De
all que la conceptualizacin terica deja
de ser un constructo autnomo elaborado
para ser aplicado en la realidad concreta o inspirado en ella. La
teora, ahora local y regional, es en s misma una prctica. As pues,
los trabajadores sociales, los psiclogos, los fsicos, los socilogos,
los fsicos como Oppenheimer, intervienen
polticamente a travs de sus relaciones con las instituciones (particularmente
la universidad) y con el saber cientfico. Mas, aparece aqu nuevamente
un problema esbozado en el apartado anterior: cmo avanzar en el
camino de la revolucin, que es para Foucault
el horizonte de la poltica desde el siglo XIX
[66]
, partiendo de una multiplicidad de luchas cotidianas
y fragmentarias?. Y complementariamente: cmo hacer para que los intelectuales
especficos no se atengan solamente a luchas de coyuntura y reivindicaciones
sectoriales y adems no sean manipulados por los partidos y sindicatos
en tanto instancias representativas de las vieja poltica?.
O, para emplear trminos ms caros a la teora poltica: cmo articular
los reclamos sectoriales, sin que estos pierdan su especificidad,
en una estrategia global?. En sntesis,
cmo construir la hegemona?. As pues, mientras los legisladores universales
eran acusados de megalmanos, los intelectuales especficos o intrpretes
reciben el mote de particularistas. Sin embargo, para Foucault, descalificar a estos ltimos por la especificidad
de su saber o inculparlos de complicidad con los intereses del Capital
y el Estado y de propagar una ideologa cientificista, sera
no slo desestimar los resultados obtenidos en muchas luchas locales
(baste como ejemplo aqu el caso de la psiquiatra) sino tambin soslayar
que el combate principal de los cultores del saber consiste en separar
el poder de la verdad de las formas de hegemona - sociales, culturales
y econmicas- en el interior de las cuales funciona por el momento.
De esta manera, la cuestin poltica no es el error, la ilusin, la
conciencia alienada o la ideologa sino la verdad misma
[67]
. La produccin de verdad que junto con los efectos
del poder constituan, segn lo que declaraba
Michel Foucault
a finales de los aos 80, el hilo conductor de su produccin intelectual
[68]
. Sera legtimo plantearse el siguiente
interrogante: respondi Foucault en su
prctica poltica concreta al modelo de intelectual especfico por
el que abog?. No puede responderse fcilmente a esta pregunta. Ms all
de sus intenciones explcitas (si es que las tuvo,
podra determinarse a ciencia cierta cules eran?), de su polmica
fascinacin por la revolucin iran
[69]
y de la experiencia del Grupo de informacin sobre
las Prisiones, la posicin que le depar el campo intelectual francs,
sobre todo luego de su muerte, tuvo muchos puntos de contacto con
aqulla que ocup Jean Paul Sartre,
[70]
a quien alguna vez el discpulo de Dumzil
llam el ltimo filsofo
[71]
. De este modo, aqul que se haba revelado contra
las categoras de obra y de autor, aqul que haba abjurado de una
filosofa plagada de textos cannicos e incapaz
de adentrarse en los vericuetos de la investigacin histrica, se
transforma para sus contemporneos en una figura insustituible
[72]
. As como en los aos 50 y principios de los
60 pareca que no haba problema terico o dilema poltico-moral
que Sartre no pudiera resolver, desde los
aos 80,y an a pesar de su muerte, es imposible
evitar a Foucault.
V.
Eplogo. La poltica adquiere diversas fisonomas a lo largo
del derrotero intelectual de Michel Foucault. Excluida del rgimen discursivo de las ciencias
del hombre, emerge como tecnologa disciplinaria y deviene en lucha
de relaciones de fuerzas desde donde el intelectual construye sus
intervenciones prctico-teorticas. Mas, hay tras de estas diferentes
mscaras un nico rostro?, o, dicho en trminos ms arqueolgicos:no
habr que buscar la regularidad en esta dispersin
[73]
?. Sera demasiado pretensioso
esbozar tan siquiera una respuesta a estos interrogantes, sin embargo
en virtud de la tarea del intelectual especfico, es factible afirmar
que es en el seno las configuraciones de saber,
productos, a su vez,
de las relaciones de poder, desde donde se aspira construir una nueva
poltica de la verdad. All, en la prctica cientfica se puede comenzar
una lucha localizada por separar el rgimen de verdad de las formas
sociales, econmicas, culturales e institucionales de hegemona. En
este sentido, e independientemente de los reclamos corporativos, es
factible preguntarse qu tipo de responsabilidad poltica debern
asumir aquellos que hoy se definen como cientistas
polticos. Cientistas polticos que a su
vez debern definir la tradicin a la que pertenecen y, de esta manera,
descubrir su verdadera identidad. Entre los doxofobos
de Bourdieu, los filsofos polticos de Lefort,
se abre un intersticio, aquel en el que trabajaron Bentham
Tocqueville, Schmitt,
Elias, y an el propio Foucault,
donde la teora y la empiria no constituyen
prcticas antagnicas y puede construirse un nuevo rgimen de verdad.
Porque solamente sabiendo quin se es, puede uno plantearse para quin
escribe. Nota final: Es
cierto que el abordaje adoptado en este trabajo al focalizarse
en un corpus acotado que contiene textos que pertenecen a las etapas
genealgica y arqueolgica del pensamiento foucaultiano,
soslay una cuestin cara a la reflexin filosfico-poltica: la problemtica
del sujeto. Esta preocupacin, que se hace explcita en la introduccin
de El uso de los placeres, ser el hilo conductor de las inconclusas
investigaciones en torno de la tica que iniciar casi al final de
su vida el ex director del departamento de filosofa de Vincennes. De ms est decir, esta aclaracin, cuyo tono
auto-inculpatorio es bastante similar al
de los primeros pasajes de la introduccin, no tiene otro propsito
sino el de reconocer explcitamente esta limitacin. * Instituto de Altos
Estudios Sociales - Universidad Nacional de General San Martn (IDAES-UNSAM), Maestra en Sociologa de la Cultura y Anlisis Cultural Anlisis de la cultura I, Prof. Hugo Vezzetti. Monografa
final
[1]
Este ttulo tiene una doble referencia intertextual. Por un lado, el cuaderno de la crcel de Antonio
Gramsci que se conoce con el nombre de
Notas sobre Maquiavelo, sobre la poltica
y sobre el Estado moderno, por el otro el trabajo de Walter
Benjamin Sobre algunos temas en Baudelaire.
Sinceramente, el recurso a estos dos textos oficia como una justificacin
sustentada sobre una falacia de autoridad. Cmo identificar una
unidad temtica en la obra de Foucault
sin traicionarlo? Gramsci, Antonio, Notas sobre Maquiavelo,
sobre la poltica y el sobre el Estado moderno, Buenos Aires,
Nueva Visin, 1997. Benjamin,
Walter, Sobre algunos temas en Baudelaire en Iluminaciones II Poesa y capitalismo,
Madrid, Taurus, 1998.
[2]
Foucault, Michel, Las relaciones de poder
penetran en los cuerpos entrevista realizada por Lucette
Finas para La Quinzaine Littraire
nro. 247 enero de 1977 en Microfsica
del poder, Buenos Aires, Ediciones de la Piqueta, 1993, p. 153.
[3]
Este mismo problema se plantea Didier Eribon en la primer pgina de su libro Michel
Foucault. Eribon, Didier, Michel
Foucault, Barcelona, Anagrama, 1992,
p. 11. Repecto de la postulacin del autor como una funcin del discurso: Foucault, Michel, Quest-ce
quun auteur?, Bulletin de la societ francaise de philosophie,
63. ao, nro.
3, julio-sepetiembre de 1969. En Espaol: Foucault, Michel, Qu es un autor ?, en
Entre la filosofa y la literatura, Introduccin, traduccin
y edicin a cargo de Miguel Morey, Barcelona,
Paids, 1999.
[4]
Foucault, Michel, La arqueologa del saber, Mxico, Siglo XXI,
1997, p. 68.
[5]
Benjamin, Walter, Sobre algunos temas en Baudelaire en Iluminaciones II Poesa y capitalismo,
Madrid, Taurus, 1998.
[6]
Foucault, Michel, Historia
de la sexualidad, vol. 2 El uso de los
placeres, Madrid, siglo XXI, 1998, p. 14.
[7]
Suele denominarse como etapa arqueolgica
del pensamiento foucaultiano aquella que
comienza a fines de los aos 50y culmina
con la publicacin de La arqueologa del saber. Luego de
una etapa de transicin que es representada por El orden del
discurso, conferencia inaugural que dicta Foucault en el College
de France, comienza la etapa genealgica
que se remonta hasta comienzos de los aos 80cuando
Foucaul focaliza sus reflexiones
en la cuestin del sujeto comenzando as la investigacin en torno
de la tica.
[8]
La nocin de los intelectuales como legisladores
universales es tributaria del socilogo Zygmunt
Bauman. Como esta metfora se apunta a
dar cuenta de una estrategia tpicamente moderna, que se remonta
a los philosophes de la ilustracin,
en virtud de la cual los cultores del saber se abrogan la autoridad
de emitir juicios universalmente vlidos en torno de la verdad,
la moral y la belleza. De esta manera, consideran que su conocimiento
los legitima para determinar cul es el mejor orden social. Contrariamente,
los intelectuales especficos, que Bauman
denomina intrpretes, reconocen el alcance limitado de sus intervenciones.
Baumann, Zygmunt, Legisladores e intrpretes,
Universidad Nacional de Quilmes, 1997,
pp.12-16, p.165.
[9]
Michel Foucault emplea ese trmino en un reportaje realizado por
M Fontana para la revista LArc: Foucaul, Michel, Verdad y poder, en Microfsica
del poder, Buenos Aires, Ediciones de la Piqueta, 1993, p. 184.
[10]
Focault, Michel, Las palabras y las cosas, Madrid, siglo XXI,
1997, p. 334.
[11]
Foucault, Michel, Vigilar y castigar, Madrid, siglo XXI, 1991,
p. 196.
[12]
Eribon, Didier, Michel Foucault y sus contemporneos, Buenos Aires, Ediciones
Nueva Visin,
, p. 151.
[13]
Foucault, Michel, La historia de la locura en la poca clsica,
Mxico, FCE, 1993, p. 267.
[14]
A pesar de ciertas ambigedades a la hora
de establecer el marco cronolgico de sus investigaciones que no
responde, por cierto, a los cnones tradicionales de la investigacin
historiogrfica, puede afirmarse que para Michel
Foucault la poca clsica abarca los siglos
XVII y XVIII, en tanto que la moderna comienza en los umbrales del
siglo XIX, y comienza a desdiburjarse
en el siglo XX, es entonces cuando el hombre comienza a borrarse
como en los lmites del mar un rostro en la arena.
Foucault, Michel, Las
palabras y las cosas, Barcelona, Siglo XXI, 1997, p. 375.
[15]
En los diferentes textos de Foucault los vocablos que se repiten cambiar muchas veces
de sentido. Sin embargo, los sintagmas ciencias del hombre, ciencias
clnicas y ciencias del individuo han sido empleados en contextos
equivalentes. Foucault,
Michel, Vigilar y castigar, Madrid,
siglo XXI, 1991, p.195.
[16]
Foucaul, Michel, Las relaciones de poder penetran en los cuerpos,
en Microfsica del poder, Buenos Aires, Ediciones de la Piqueta,
1993, p. 154.
[17]
Un tratamiento interesante de este concepto
se encuentra en: Heinnich, Nathalie, Norbert Elias. Historia y cultura
en occidente, Buenos Aires, Nueva Visin, 1997. pp. 100- 104
[18]
Un ejemplo de este tipo de abordajes de la
relacin entre Civilizacin y cultura se encuentra en los trabajos
de juventud de Lukcs. Lukcs, Georg, El alma y las formas
(1910), Barcelona, Grijalbo, 1975. Lukcs, Georg, Vieja y Nueva Kultur (1920) en Revolucin socialista y antiparlamentarismo,
Crdoba, Cuadernos de Pasado y Presente nro. 41, 1973. Un magistral anlisis de los modos de tratamiento de la antinomia
civilizacin y cultura en el contexto alemn desde los albores del
romanticismo se encuentra en: Elias, Norbert, Sociognesis de la oposicin entre culturay civilizacinen Alemania
en El proceso de la civilizacin. Investigaciones sociogenticas y psicogenticas,
Mxico, FCE, 1993. pp. 58-82.
[19]
Es importante sealar que Elias utiliza el trmino evolucin de un modo radicalmente
diferente a la tradicin sociolgica del siglo XIX pues para l
no existe en este contexto ningn tipo de implicacin teleolgica. Elias, Norbert, El proceso de la civilizacin.
Investigaciones sociogenticas y psicogenticas, Mxico, FCE, 1993. pp.12-30.
[20]
As como Foucault
recuperaba los archivos mdicos no tenidos en cuenta por la investigacin
histiogrfica, Elias utilizaba como
fuentes para analizar la vida cortesana los tratados de maneras.
[21]
Nathalie Heinich seala como una interesante veta investigativa comparar
el uso de la nocin de disciplina en Elias
y Foucault. Heinnich, Nathalie, Norbert Elias. Historia y cultura en occidente, Buenos Aires,
Nueva Visin, 1997. p. 129.
[22]
Foucault, Michel, Historia de la sexualidad, vol.
1 La voluntad de saber, Madrid, siglo XXI, 1998, pp. 106- 108
[23]
Foucault, Michel, Historia
de la sexualidad, vol. 1 La voluntad de
saber, Madrid, siglo XXI, 1998, p.111.
[24]
Foucault, Michel, Vigilar y castigar, Madrid, siglo XXI, 1991,
pp. 211-212.
[25]
Foucault, Michel, Curso del 14 de enero de 1976 ,
en Microfsica del poder, Buenos Aires, Ediciones de la Piqueta,
1993, p.143.
[26]
Koselleck, Crtica
y crisis del mundo burgus, Madrid, Rialp,
1965. De la misma manera que Tocqueville
y Foucault este historiador alemn, discpulo de Carl Schmiit, da cuenta del modo
en que la crtica ilustrada es posible por las mismas condiciones
de existencia del absolutismo monrquico. Aquel Estado que haba
permitido la autonomizacin de la moral privada de la moral pblica
va sucumbir ante las crticas de la fraccin intelectual originada
por esta escisin.
[27]
Jean Jacques Rousseau
es un caso particular dentro del pensamiento ilustrado. Adems de
la impronta romntica de muchos de sus escritos (particularmente
las Confesiones) es el nico de los miembros de la ilustracin
francesa que construye una teora poltica. El resto de los ilustrados
emprende una crtica contra el poder monrquico donde la decisin,
el Estado, la soberana, el poder, es decir, la poltica, no tienen
cabida. Frente al despotismo monrquico yerguen el templo de la
verdad jurdica o la ley de la moda, la opinin pblica, cuya rigurosidad
e infalibilidad es tan bien descripta por John
Locke.
[28]
Las reflexiones de tres tericos centrales
del marxismo- Lenin, Engels
y el propio Marx, acerca de la problemtica
del partido se encuentran compiladas: AAVV, Acerca del partido, Buenos Aires Polmica, 1974.
Particularmente pp. 52 55.
[29]
Foucault, Michel, Un dilogo sobre el poder
(conversacin con Gilles Deleuze
publicada en la revista LArc nro. 42 1972, el texto aqu consultado reproduce la traduccin
castellana de Franciso Monje publicada
en El Viejo Topo, nro. 6, 1977)
en Un dilogo sobre el poder, Madrid, Alianza, 1981, p.18.
[30]
La frase de Clausewitz
es la siguiente: la guerra
es la continuacin de la poltica por otros medios. Foucault
coincide que esto es as en el nivel de la estrategia global pero
en lo relativo a las tcticas la poltica imita a la confrontacin
blica. Clausevitz Von, Carlos, De
la Guerra, Buenos Aires, Crculo Militar, 1968. Foucault,
Michel, Vigilar y castigar, Madrid,
siglo XXI, 1991, pp. 172-3.
[31]
Gramsci, Antonio, Notas sobre Maquiavelo, sobre la poltica y el sobre el Estado moderno,
Buenos Aires, Nueva Visin, 1997, p.
81.
[32]
Schmitt, Carl, El concepto de lo poltico, Alianza, 1998, p.56.
[33]
Carl Schmitt reivindica desde sus primeras obras el pensamiento catlico y conservador propios de los adalides
de la Restauracin Monrquica, Bonald,
De Maistre y Donoso Corts. Estos romnticos, a diferencia de
sus pares alemanes, rechazaban el diletantismo del coloquio eterno
y reconoca el principio de autoridad como superior a la verdad. Respecto de la relacin
de Schmitt con estos pensadores y particularmente
con Donoso Corts: Dotti,
Jorge, Donoso Corts y Carl Schmitt,
en M.V. Grillo (comp.) Tradicionalismo
y fascismo europeo, Buenos Aires, Eudeba,
1999.
[34]
La constitucin de la Repblica de Weimar otorgaba facultades excepcionales al presidente plesbicitario de manera tal que se pudiese evitar el bloque
poltico caracterstico de los sistemas parlamentarios en un contexto
de multipartismo extremo polarizado por la radicalizacin de
las opciones ideolgicas. Schmitt cree
el rgimen republicano slo sobrevivir, especialmente a partir
de la crisis econmico-poltica de 1930, si el presidente, representante
de la Nacin en su conjunto y no de una particular constelacin
partidaria, se yergue en defensor del Estado de derecho. Schmitt, Carl, Teora de la Constitucin,
Madrid, Alianza, 1996. p. 339.
[35]
As como Marx encuentra
en la lucha de clases la fuerza motorizadora
de la historia, Weber afirma que la poltica
estriba una prolongada lucha y ardua lucha contra resistencias
para vencer para lo que se requiere, simultneamente de pasin y
mesura.. Weber, Max, La poltica como vocacin en
El poltico y el cientfico, Mxico, Ediciones Coyaocn,
1999, p. 80.
[36]
Schmitt, Carl,
Ex Captivitate Salus,
Buenos Aires, Struhart
& Ca, 1994, pp 65-71.
[37]
Como ejemplo de estos escritos puede mencionarse
el Romanticismo catlico publicado en 1919 donde un
joven Carl Schmitt realiza una crtica demoledora de la tendencia apoltica
de la intelectualidad alemana.
[38]
El debate entre Carl
Schmitt y Hans
Kelsen fue una de las polmicas intelectuales ms estimulantes
de los aos 30 pues no slo se trataba de dos magistrales juristas
cultores de dos corrientes epistemolgicas antagnicas sino de dos
hombres comprometidos con dos cosmovisiones polticas antagnicas:
el liberalismo (encarnado aqu en la Socialdemocracia reformista)
y el conservadurismo catlico. Este tema se desarrolla en profundidad en: Pinto, Julio, Carl Schmitt y la reivindicacin de la poltica, La Plata,
Editorial Universitaria de la Plata, 2000. pp.143-163.
[39]
Dilthey, Wilhelm, Introduccin a las ciencias del espritu prlogo
de Jos Ortega y Gasset y traduccin de
Julin Maras, Madrid, Alianza, 1980. Aqu Dilthey
distingue entre las ciencias de la naturaleza que tienen a la explicacin
como mtodo para arribar al conocimiento y las ciencias de la historia
o del espritu que apelan a la compresin.
[40]
Weber, Max, El problema de la irracionalidad en las ciencias sociales,
Madrid, Tecnos, 1992. En este ensayo Weber complejiza la distincin dilteyiana construyendo el modelo cognitivo que se conocer
como la sociologa comprensiva.
[41]
Heidegger, Martn,
Ser y tiempo, Mxico, FCE, 1951. Un muy buen abordaje para
aquellos que quieran adentrarse en la obra de Heidegger
se encuentra en la Introduccin a Heidegger
de Gianni Vattimo
quien es a su vez uno de los ms importantes tericos de la hermenutica
filosfica contempornea. Vattimo, Gianni, Introduccin a Heidegger, Barcelona, Gediza,
1998.
[42]
Schmitt realiza
una de las crticas ms demoledoras de las instituciones parlamentarias
en su libro de 1923 Situacin histrico - intelectual
del parlamentarismo hoy.. Schmitt, Carl, Sobre el parlamentarismo,
Madrid, Tecnos, 1990.
[43]
En su reivindicacin de la poltica Schmitt emprende una
prdica contra el economicismo enraizado
fuertemente en las tradiciones liberales (baste mencionar a las
teoras pluralistas de la democracia de Joseph Schumpeter
o Robert Dahl) como en el marxismo que creen posible someter
a la poltica a la lgica del mercado cuando la vida social contempornea
demuestra que, inversamente a lo postulado por estas corrientes
de pensamiento, es el mercado el que debe someterse a la lgica
de la poltica. Foucault, por su parte, en el primer captulo de Vigilar
y Castigar, hace explcito su propsito de romper con una tradicin
que analiza a los mtodos punitivos como simples consecuencias
de las reglas de derecho indicadores de estructuras sociales para
adoptar la perspectiva de la tctica
poltica. Foucault, Vigilar y Castigar, Madrid, Siglo
XXI, 1991.p. 30.
[44]
Foucault se refiere
a este proceso de centralizacin en el captulo IV de La voluntad
de saber. Foucault, Michel, Historia
de la sexualidad, vol. 1 La voluntad de
saber, Madrid, siglo XXI, 1998, p. 106.
[45]
Tocqueville, Alexis,
La democracia en Amrica, Mxico, FCE; 1996, p. 634.
[46]
Para Carl Schmitt el Estado total era aqul que tras la primer guerra mundial y sobre todo la crisis econmica y social
de los aos treinta deja de responder al modelo de surveiller
de nuit
acuado por Lasalle y empieza a
tener una participacin ms activa en la dinmica social. Es importante
no confundir esta nocin, que derivar en el Estado de bienestar
bismarkiano o Estado social de derecho
de la segunda posguerra, con el Estado totalitario que implica la
desaparicin de la distincin entre lo pblico y lo privado.
[47]
Tocqueville, Alexis,
La democracia en Amrica, Mxico, FCE; 1996, p. 260-261.
[48]
No referimos aqu a un texto muy popular editado
en 1771 por la Biblioteca Azul: 2447, sueo si es que hubo algn
sueo jams, Mercier
inspirndose en las teoras rousseanianas
construa un mundo utpico para el ao 2447 en el cual la ilustracin
y la democracia hubiesen reemplazado a la ignorancia y al despotismo.
En este viaje inicitico Mercier, guiado por su
Virgilio del futuro descubra que el castigo de esa comunidad
para quin denostaba en sus escritos al rgimen poltico vigente
no era ni la censura ni la muerte sino portar una mscara, smbolo
de sus vergenza y recibir en su casa todos los das a un par de
hombres ilustres que discutan con l hasta convencerlo de la magnitud
de sus faltas y generar el arrepentimiento en su alma.
[49]
Tocqueville, Alexis,
El antiguo rgimen y la revolucin, Madrid, Alianza.
[50]
Lefort, Claude, La cuestin de
la Democracia, Revista Opiniones, Santiago de Chile, 1985,
p. 79.
[51]
Idem p.82.
[52]
Mientras que Foucault
sostiene la necesidad de allanar el camino hacia la revolucin a
travs de la actividad localizada de los intelectuales especficos,
Lefort postula la necesidad de recuperar
la tradicin de la filosofa poltica antigua cuyo principal propsito
era diferenciar los regmenes tirnicos de aqullos que hacan posible
el goce de la libertad.
[53]
Lefort, Claude, Permanece los teolgico
poltico ?, p 51-94. Schmitt no
duda en afirmar a principios del siglo XX que todos los conceptos
polticos son conceptos teolgicos secularizados.
[54]
Esta visn esencialista de lo poltico se encuentra ejemplificada
en El concepto de lo poltico de Carl Schmitt.
[55]
Badiou, Alan, Se
puede pensar la poltica?, Buenos Aires, Nueva Visin, 1990,
p. 47-57. Los hechos de Talbot tuvieron
lugar entre noviembre de 1983 y febrero de 1984. Frente a un plan
para reducir el personal de la planta, se organiza una huelga. En
ese pequeo conflicto se desencadenaron mltiples focos de lucha:
capital-trabajo, franceses-inmigrantes, formas polticas tradicionales
(partidos sindicatos)- nuevos movimientos de lucha. Respecto de la nocin de acontecimiento, Alain
Badiou la define como aquello que viene
a faltar a los hechos y a partir de lo cual puede asignarse la verdad
o falsedad de estos hechos. Idem p. 45.
[56]
Foucault, Michel, Un dilogo sobre el poder
(conversacin con Gilles Deleuze
publicada en la revista LArc nro. 42 1972, el texto aqu consultado reproduce la traduccin
castellana de Franciso Monje publicada
en El Viejo Topo, nro. 6, 1977)
en Un dilogo sobre el poder, Madrid, Alianza, 1981, pp.
7-19.
[57]
A pesar de las similares actitudes polticas
que demuestran en ese dilogo, Foucault
y Deleuze se distancia cuando ambos emprenden en 1977 la defensa
de Klauss Croissant el abogado de la
banda de Baader que haba solicitado
asilo poltico en Francia y estaba a punto de ser extraditado. Mientras
que Foucault lo defiende porque cree que
toda persona- inclusive los terroristas- tienen derechos a ser
defendidos en un juicio se niega a justificar los atentados contra
el Estado de derecho perpetrados por los clientes de Croissant que tanto deslumbran a Deleuze
y Guattari. Eribon, Didier, Michel
Foucault, Barcelona, Anagrama, 1992,
p. 321
[58]
Sartre, Jean Paul, Qu es la
literatura ?, Buenos Aires, Losada, 1972 p. 1022
[59]
Foucault, Michel, Verdad y poder , en Microfsica
del poder, Buenos Aires, Ediciones de la Piqueta, 1993, p 189.
[60]
Eribon, Didier, Michel Foucault, Barcelona, Anagrama, 1992, p. 236
[61]
La dicotoma entre traidores y desertores
de la responsabilidad intelectual es propuesta por Norberto Bobbio
quien se nutre de dos textos clsicos La traicin de los intelectuales
de Julien Benda
y Les chiens en garde de Paul Nizan. Mientras que Benda acusaba a los intelectuales de haber sucumbido a las
pasiones de la poltica renunciando a su misin esencial, la bsqueda
de la verdad, Nizan, imputaba al propio
Benda el hecho de haber abandonado el
compromiso con los hombres al desentenderse la realidad que los
circundaba. Lo paradjico, es que luego de una activa militancia
en el comunismo. Nizan se siente defraudado
y entrega su vida a la nica virtud existente, la voluntad de entender,
mientras que Benda desciende de su torre
de marfil para firmar un manifiesto en desagravio del propio Nizan y asume una activa
defensa de los valores democrticos para evitar el avance del nazismo
y el fascismo. Como referencia anecdtica cabe recordar que Nizan haba sido compaero de promocin de la Escuela Norma
Superior de Sartre, Aron y Canguilhem
en 1924. Bobbio, Norberto, Intelectuales y poder en La duda y la eleccin.
Intelectuales y poder en la sociedad contempornea, Buenos Aires,
Paids 1998, pp
67- 70.
[62]
Benda, Julien,
La trahison des clercs, Pars,
Bernard Grasset, 1927.
[63]
Eribon, Didier, Michel Foucault, Barcelona, Anagrama, 1992, p. 176.
[64]
Segn Pierre Bourdieu
el lugar que Sartre haba ocupado queda
vacante porque el campo intelectual francs se ha transformado.
Sarlo, Beatriz, La voz universal que toma partido?. Crtica y autonoma, Buenos Aires, Punto de vista,
Ao XVII, nro. 50, noviembre de 1994,
p.7.
[65]
El trmino legislador es acuado por Sigmund
Baumann para describir al tipo de intelectual
caracterstico de la modernidad cuya primer
manifestacin son los philosophes
ilustrados. En ese dispositivo de poder-saber, el intelectual
promulga una verdad universal que tiene por objeto de uniformar
bajo ese modelo todas las prcticas sociales. Contrariamente, el
intrprete, prototipo de la estrategia intelectual posmoderna, no cree ya que su saber pueda ser
aplicable a todas y cada una de las comunidades del orbe perfeccionando
as el orden social. Este nuevo tipo de intelectual aspira, a semejanza
de un traductor, poder vencer
la barrera de la incomunicacin que separa a las configuraciones
de sentido, asumiendo que slo al interior de una misma tradicin
son adecuadas las estrategias legislativas. El filsofo poltico estadounidense Michel
Walzer propone una clasificacin similar
inventores, descubridores e intrpretes- adoptando una postura
programtica mucho ms apologista de estos ltimos que la de Walzer. La nocin foucaultiana de intelectual
especfico apunta a un campo semntico homologable al de intrprete
desarrollada por Bauman y Walzer.. Baumann, Zygmunt, Legisladores e intrpretes,
Universidad Nacional de Quilmes, 1997. Walzer Michel, Interpretacin y crtica
social, Buenos Aires, Nueva Visin, 1993
[66]
Foucault, Michel, No al sexo rey (entrevista
con Bernard Henry-Levy
publicada por Le Nouvel Observateur
nro. 665 el texto consultado es una reproduccin
de la traduccin espaola aparecida en el nro.
752 de Triunfo) en Un dilogo sobre el poder, Madrid, Alianza,
1981, p.160.
[67]
Foucault, Michel, Verdad
y poder , en Microfsica del poder,
Buenos Aires, Ediciones de la Piqueta, 1993, p 189.
[68]
Foucault, Michel, No al sexo rey (entrevista con Bernard
Henry-Levy publicada por Le Nouvel
Observateur nro.
665 el texto consultado es una reproduccin de la traduccin espaola
aparecida en el nro. 752 de Triunfo) en Un 0dilogo sobre el poder,
Madrid, Alianza, 1981, p 156.
[69]
Eribon, Didier, Michel Foucault, Barcelona, Anagrama, 1992, p. 357.
[70]
La relacin de Foucault
con Sartre, no slo con su figura sino
con su persona, est muy bien descripta en la biografa de Didier
Eribn. Las semblanzas del primer encuentro,
de las reacciones de Foucault frente al
funeral del autor de La Nause
operan como un claro testimonio de la complejidad de las relaciones
humanas en el seno de un campo intelectual. As pues, estos prototipos
de dos posturas antagnicas a la hora de concebir el saber y la
praxis poltica, terminan compartiendo el mismo lado de la barricada
manifestado contra la muerte- poco heroica por cierto- de Djelli
Ben Al. Catorce aos despus de Las
palabras y las cosas, el otrora joven irreverente y el celebrrimo
autor de La crtica de la razn dialctica pueden mirarse
con condescendencia, o, por qu no, con ternura. Aunque todava
se yergue entre ellos un muro infranqueable: el rencor furibundo
de Simone de Beauvoir Eribon, Didier, Michel
Foucault, Barcelona, Anagrama, 1992,
pp. 294, 344-45, entre otras.
[71]
As defina a Sartre
en tono burln Michel Foucault:
Sartre, el ltimo filsofo?
El ltimo, en todo caso, que crey que la filosofa deba decir
qu era la vida, la muerte, la sexualidad, si Dios exista o no,
qu era la libertad citado por Alain
Renaut en: Renaut, Alain, Sartre,
le dernier philosophe, Paris, Bernard, Grasset, 1993.
[72]
Eribon, Didier, Michel Foucault, Barcelona, Anagrama, 1992, p. 409.
[73]
Foucault, Michel, La arqueologa del saber, Mxico, siglo XXI,
1997, p.60. |