EL PSICOANLISIS Y LA PROFESIONALIZACIN DEL PSICLOGO
(A PARTIR DE EL PSICLOGO Y EL PSICOANLISIS DE JUANA DANlS)*
Toda ciencia sera superflua si la apariencia y la esencia de las cosas
se confundiesen.
C. Marx, El Capital.
De las ciencias exactas y naturales las ciencias humanas aprendieron
que hay que comenzar por negar las apariencias si se aspira a comprender
el mundo; mientras que las ciencias sociales extrajeron la leccin simtrica:
hay que aceptar el mundo, si es que se pretende cambiarlo.
C. Lvi-Strauss, Criterios cientficos en las disciplinas sociales y
humanas.
El problema del inconsciente su posibilidad, su situacin, su modo de
existencia, los medios de conocerlo y de sacarlo a luz no es simplemente un
problema interior de las ciencias humanas que estas se encontraran por azar en
su marcha; es un problema que es finalmente coextensivo a su existencia
misma. Un elevamiento trascendental devuelto en un develamiento de lo no
consciente es constitutivo de todas las ciencias del hombre
M. Foucault, Las palabras y las cosas.
A guisa de aclaracin.
En su artculo, Danis asevera que no hay psiclogo que en algn momento
de su formacin no se haya enfrentado con el problema de su relacin con el
psicoanlisis. Este trabajo intenta, precisamente, ahondar la problemtica
propuesta en tal artculo quizs, aunque ms no fuese, en su ttulo,
contemplando accesibilidades conceptuales divergentes de las postuladas por
Danis. Por otro lado, si bien nace como un comentario, prosigue su curso
independizndose por momentos para dar pie a una postura que, encontrndose inscripta.
en la entraa misma del pensamiento y el quehacer cientfico contemporneos, se
halla, empero, ausente en el discurso de Danis. De ah que nos pareciera
oportuno incurrir en el a partir del encabezamiento.
El hilo conductor que gua las
siguientes reflexiones est, a nuestro entender, muy bien compendiado en el
comentario que R. Daniel realiza respecto de los objetivos que persigue la
American Psychological Association, que consisten en propender al progreso de
la psicologa como ciencia, como profesin y como medio de promocin del
bienestar humano. Expresa dicho autor que stos no son tres objetivos
desvinculados; por el contrario, se encuentran ntimamente relacionados y son
interdependientes. El primer objetivo es bsico y constituye una precondicin
para los otros. No se puede cimentar una profesin sobre la opinin, el
prejuicio o cualquier observacin casual de la naturaleza humana. Un cuerpo
de hechos establecidos, que adquieren un sentido por medio de. la construccin
de una teora, es el fundamento sobre el cual se establece la prctica de la
psicologa.[i]
Como es de rigor comenzar por el principio, abordemos entonces al ttulo
que nombra el articulo de Danis. Se trata de vincular y relacionar al
psiclogo, por un lado, y al psicoanlisis, por el otro: as lo indica la
conjuncin y. El psiclogo es, sin duda, un profesional, un trabajador en el
campo de la salud y de la enfermedad mental. No se nos escapa la imprecisin de
los tres ltimos vocablos incluidos en esa escueta definicin los que connotan
mucho antes que denotan pero, a los fines de nuestras apreciaciones, no es
imprescindible ingresar en descripciones ms exhaustivas y delimitadas. Por su
parte el psicoanlisis, tal como lo puntualiza iterativamente Freud a lo largo
de su obra, es : a) una teora psicolgica ; b) una terapia de las neurosis, y
c) un mtodo de investigacin del psiquismo. Aspectos, desde ya, que no admiten
un fcil desacople, pero que con todo no pueden dejar de diferenciarse, puesto
que como veremos no guardan necesariamente una relacin de implicacin
recproca.
Psicoanlisis es, en consecuencia, un significante que no denota per
se profesin alguna. Y para manifestarlo con palabras del propio creador del
psicoanlisis, ste es una parte de la psicologa, ni siquiera de la
psicologa de los procesos mrbidos, sino simplemente de la psicologa a secas.
No representa, por cierto, la totalidad de la psicologa, sino su
infraestructura, quiz an todo su fundamento. La posibilidad de su aplicacin
con fines mdicos no debe inducirnos en error, pues tambin la electricidad y
la radiologa han hallado aplicaciones en medicina, no obstante lo cual la
ciencia a la que ambas pertenecen sigue siendo la fsica.[ii]
Deducimos, por tanto, que el campo semntico que barren los
significantes psiclogo y psicoanlisis no son ni con mucho superponibles.
El psicoanlisis es, en primer lugar, una ciencia como tal, teora con
su objeto de estudio especfico: el inconsciente. Y como bien apunta Danis
(aunque lo escribe entre parntesis): (no hay que confundir ciencia con
profesin). Claro que incluye esta afirmacin en medio de un discurso donde se
lee, por ejemplo, que se abocar a la tarea de diferenciacin de ambas
profesiones (entindase: la de psiclogo y la de psicoanalista) y a
reflexionar sobre el sentido y la funcin de estas profesiones, o a la
elucidacin de todo aquello que haga a la diferencia ms profunda entre las
dos profesiones, ya que ambas tienen como meta trabajar con personas
y sus problemticas, etc. Por ende, pese a sus buenas intenciones de no
confundir ciencia con profesin, Danis cae en un presuroso y fragmentarizante
reduccionismo por el que se homologan, como trminos intercambiables,
psicoanlisis y psicoanalista. As, todo el trabajo traza su trama a partir de
esta confusin lgico-conceptual, quizs porque la matriz comparativa de
profesin a profesin resulte menos engorrosa para el mtodo del empirismo
ingenuo que nimba el artculo comentado.
Si estamos concordes con la cita de Daniel (v. s.), concluiremos que no
es posible reflexionar en lo ms mnimo acerca de ambas profesiones si no
examinamos previamente aquello que el titulo del trabajo propone. (Ttulo que, a
juzgar por su contenido, hubiese sido ms feliz: El psiclogo y el
psicoanalista). Y reflexionar a un nivel terico fundante, aqul al que
diriga sus miras Freud, el nivel de la infraestructura, del fundamento, viendo
cmo se desprende de ello, cual fruto maduro, la profesin de psiclogo.
A tal efecto, aceptaremos en primera instancia la va histrica, sobre
la que discurre Danis, si bien de manera distinta. Qu era, qu hacia, qu
poda un psiclogo con anterioridad al advenimiento del psicoanlisis? Politzer
nos lo dice con su elocuencia habitual: si le preguntis (al psiclogo) en qu
consiste su ocupacin, os hablar de la vida interior... pero guardaos de
expresar el deseo de penetrar ms adentro en el conocimiento del hombre, pues
para curaros de parecidas esperanzas romnticas, os enviar a un laboratorio de
psicologa experimental para que concibis una idea de la ciencia tal cual
debe ser ... el psiclogo no sabe nada y no puede nada... el psiclogo se
conduce tan burdamente ante el hombre como el ltimo de los ignorantes, y, lo
que es curioso, su ciencia no le sirve cuando se enfrenta con el objeto de su
ciencia, sino exclusivamente cuando se halla entre sus cofrades ...su ciencia
no pasa de ser ciencia de discusin, critica.[iii]
El grito de guerra objetivista del conductismo pareci insuflar un
hlito renovador y revolucionario al agonizante cuerpo doctrinario y nocional
de la psicologa clsica, modificando presuntamente y de consuno, el saber y el
poder del psiclogo. Vana expresin de deseos. Al poco de andar del
conductismo, se revelaron sus falencias y aporas y, especialmente, el
inesperado parentesco de sangre que guardaba con la psicologa subjetivista
tradicional, segn lo destacara Politzer. Es que tanto unos como otros partan
de la nocin implcita cuya base estaba signada por toda una epistemologa y
una metodologa propias de que el hecho psicolgico debe ser un hecho
perceptivo. Entonces nos vemos forzados a elegir entre la alternativa clsica
de la percepcin interna o de la percepcin externa, o recurrir a ambas al
mismo tiempo.[iv] Pero qu
iban a saber y a poder, a poder y saber tales psiclogos, si queran adherirse
a la objetividad de lo manifiesto, interno o externo? Cmo, si de acuerdo
con las citas del epgrafe, no eran cientficos, si no les preocupaba indagar
lo latente de la apariencia? Triste olvido de una tradicin del pensamiento
occidental, que Pags comenta arguyendo que como en la poca de Platn, el
terico busca lo slido tras lo precario, lo invariable detrs de lo mvil, lo
intrnseco detrs de lo extrnseco, lo real detrs de lo aparente.[v]
Triste olvido, en fin, que nos trae el recuerdo tanto de aqullos que se dicen
psiclogos cuando, en puridad, slo procuran el mero establecimiento de
correspondencias descubiertas y pblicas entre los sucesos, como el de aquellos
otros que proceden a instituir como ciencia (?) el producto de literarias
descripciones fenomnicas acerca de estados de nimo, como la gana, por
ejemplo. Tanto unos como otros, en su ciego peregrinaje por los senderos de las
precisiones manifiestas y ostensibles, yerran el camino al no poder trascender
la comprensin de sentido comn o convencional, preado ste como est de
tradiciones, prejuicios y opiniones que, obviamente, slo desembocan en lesas
inexactitudes.
Si la objetividad del dato perceptivo no pasa de ser ms que una
ilusin, ya que a tan desafortunados resultados conduce, preciso es reconocer
que se debe situar en la base de la ciencia psicolgica, un acto de
conocimiento de estructura ms elevada que la simple percepcin... [y que
consiste en] la percepcin complicada por una comprensin... consiguientemente,
el hecho psicolgico no es un dato simple : como objeto de conocimiento, es
esencialmente construido.[vi]
Prrafo de Politzer a nuestro entender decisivo, que grafica la profunda
conmocin ontolgica y epistemolgica que signific el nacimiento del
psicoanlisis. Este es, en efecto, el que al hacer del inconsciente su objeto
de estudio, funda en psicologa el proceder descripto: el dato no es un dato
simple, objetivo, sino que es construido por el psiclogo.
Nueva ubicacin del observador en el espacio epistemolgico,
rejerarquizacin de la construccin de modelos, replanteo de la funcin de la
inferencia en el proceso del conocimiento cientfico. Y, si todo esto ha sido
posible por hacer del inconsciente el objeto de estudio del
psicoanlisis, es de lamentar, a todas luces, la confusin en que incide Danis
cuando afirma que dicho objeto es el ser humano en tratamiento. Reafirma, de
tal manera, su escotomizacin o desconocimiento ese Freud ya superado (y nunca estudiado) al que
alude Danis? del cuerpo de conocimientos tericos que instituyen y permiten la
prctica psicoanaltica, la cual hace de la cura su objetivo, su propsito.
Propsito nicamente viable si los conceptos que fundamentan su prctica han
sido rigurosamente demostrados, en tanto, como cualquier ciencia, el
psicoanlisis faculta al ejercicio de una prctica por la existencia de una
teora, de la que aqulla es un momento subordinado. [vii]
Mas el error que comete Danis no vale slo por s, sino por las
insospechadas consecuencias que trae aparejadas. En su urgencia por consignar
supuestas diferencias en la prctica, en el quehacer manifiesto de ambas
profesiones, olvida la advertencia de Lacan: La tcnica no puede ni ser
comprendida ni, por tanto, correctamente aplicada, si se desconocen los
conceptos que la fundamentan.[viii]
Puesto que, desconociendo los conceptos que fundamentan, que infraestructuran
la labor del psiclogo, Danis llega a caracterizar a esta ltima diciendo que
la investigacin de lo inconsciente, aun cuando su tentacin sea muy grande,
no ser reconocida como su principal misin; tampoco la excluir de su trabajo,
ya que sin la comprensin del aura invisible que rodea las conductas manifiestas,
no entender a stas y no llegar a comunicarse verdaderamente con las personas
que lo consultan. Es decir, que la investigacin de lo inconsciente por parte
del psiclogo est connaturalmente sancionada por un juicio moral, ya que
tentacin denota la posibilidad de acceder a una fuente de placer anhelado
pero prohibido. Prohibicin que, si es violada, consuma un pecado. Original
modalidad de definir los trminos de una prctica cientfica a travs de la
apelacin a las apetencias y preferencias de los practicantes, imprecada
moralmente. Pero, con todo, an queda un lugar para el inconsciente, que es el
aura invisible, cuya indagacin debiera tener su sitio en el quehacer del
psiclogo. Es condicin parcial, pero necesaria, mas no suficiente. En tal sentido,
la postura de Danis pareciera ser abarcadora e integradora, cuando en s no es
ms que una mezcla indiferenciada de objetos, prcticas, roles, teoras... y
opciones. En su apotegma, el psiclogo debe minimizar la importancia de la
investigacin de lo inconsciente, puesto que si se excede en su inters, se
har psicoanalista. Y si todos los psiclogos as lo hicieren, no habra ms
psiclogos: todos se haran psicoanalistas. De ah el discurso antedicho, que
trata de salvar cautelosamente distancias profesionales incurriendo en objetos
y objetivos hbridos que desnaturalizan y esclerosan la teora. Una cosa es la
teora analtica que hace del ser humano en tratamiento su objeto, y otra
cosa es la teora analtica que entienda, como deca Freud, que el empleo del
anlisis para la terapia de las neurosis es slo una de sus aplicaciones y
quiz venga el porvenir a demostrar que no es siquiera la ms
importante.* De todos modos, seria
injusto sacrificar a una aplicacin todas las dems, por la simple razn de que
aqulla roza el crculo de los intereses mdicos.[ix]
Porque los secretos del psicoanlisis, como acota Althusser, slo la teora los
detenta como en toda disciplina cientfica.[x]
Y esos secretos-conocimientos del psicoanlisis no estn indefectiblemente
imbricados a la cura (prctica); y ms an: no se instrumentan nicamente para
consolidar tcnica/s psicoteraputica/s. Pues entonces, qu obsta para que el
psiclogo caiga en la tentacin de investigar el inconsciente en seres
humanos fuera de un tratamiento psicoterpico?.*
Adems: es que es posible que, en tanto psiclogo, pudiese hacer otra cosa?
Para decirlo sin ambages: no. No slo no es posible, sino que la investigacin
del inconsciente es la condicin que instaura y autoriza su quehacer, que lo
valida y legaliza cientficamente. Es lo nico que le permitir comunicarse
verdaderamente con las personas que lo consultan, como dice Danis. Porque si
no, cul es el saber y el poder que distingue al psiclogo de quien lo
consulta? Cul es el saber y el poder que el psiclogo concedera al
consultante? Acaso devolvera al cliente los mismos materiales que ste ha
construido por s mismo, mostrndose en consecuencia vacuo y superfluo?
Obviamente, no: buscar construir un dato que resulte de la investigacin del
aura inconsciente (?) del cliente. Ya que si tomamos ingenuamente al pie de
la letra las afirmaciones del sujeto de observacin, nuestro mtodo flota en la
estratosfera de la consciencia, y se llama introspeccin. Si por el contrario,
capturamos del sujeto su discurso doble y nico, inconsciente y verbal,[xi]
nuestro mtodo se nominar relato, segn la propuesta de Politzer. As, a
partir del psicoanlisis, el psiclogo trasciende la convencionalidad de la
significacin del relato;[xii]
traspasa la observacin pura y simple para depositarse sobre la
interpretacin del inconsciente, que se exhibe y se oculta inscripto en el discurso
relatado y significativo. Este es el acto epistemolgico que Politzer
reclamaba, que implica y supera tanto a la percepcin interna como a la
percepcin externa, que da carta de ciudadana cientfica a la psicologa.
Respecto de la interpretacin, es bien conocido que su utilizacin en el
psicoanlisis clnico busca hacer consciente lo inconsciente como gusta
repetir Freud, para que de tal manera, el individuo enfermo acceda a la
curacin. Danis se ocupa de esta hiptesis y sostiene que no se ha verificado
a pesar de que el individuo en cuestin cambia. En ese contexto, pareciera
concebir que la interpretacin es un recurso tcnico predilecto del
psicoanlisis, y de eficacia dudosa. Por ende, puede deducirse que si en lugar
de interpretar el psiclogo meramente aconsejase, repitiese significados del
cliente con otros significantes, o instrumentase otros recursos similares, no
cabra objecin alguna. En esa tentacin se puede caer, no en la de penetrar
ms y ms en lo inconsciente, segn amonesta una vez ms la autora. Y con
esto, no pretendemos denostar toda la gama de procedimientos tcnicos que sean
otra cosa que la verbalizacin de una interpretacin; por el contrario,
intentamos situar a todos ellos en la base fundante de la interpretacin. Es
decir que a partir de la construccin de una interpretacin que en primera
instancia ser una verbalizacin interior[xiii]
del psiclogo, ste escoger el recurso tcnico ms apropiado y el momento ms
oportuno para trasmitirle a su cliente la comprensin que ha logrado acerca de
su propio acaecer psicolgico. En consecuencia, le efectuar interpretaciones,
sealamientos, preguntas, le dar informacin y asesoramiento, le sugerir la
realizacin de tareas manuales o de un roleplaying, de acuerdo con el encuadre
y los objetivos propuestos. Pero sus miras seguirn siendo: hacer consciente lo
inconsciente. Si no lo entendemos as, profesionalmente caemos en un caos
improvisador y accionamos permanentemente en emergencia.
Nuestro inters en la interpretacin no se remite, entonces, a discurrir
acerca de su eficacia en cuanto proceder tcnico. Centrarse en este nivel de inteleccin
de la interpretacin implicara tanto un nuevo descenso al nivel del empirismo
ingenuo como la denigracin de un aporte revolucionario de Freud. Este aporte
ha puesto sobre sus pies la comprensin del verdadero funcionamiento de la
capacidad signalizadora del hombre. En efecto, en tanto el ser humano tiene la
capacidad de representarse al mundo, y a si mismo, es que Freud no
interpretaba signos sino interpretaciones... la anorexia, por ejemplo, no
remite al destete, como el significante remite al significado, sino que la
anorexia como sntoma a interpretar, remite a los fantasmas de un mal pecho
materno, el cual es en s mismo una interpretacin, un cuerpo hablante. Es por
esto que Freud no puede sino interpretar en el mismo lenguaje de sus pacientes
lo que sus propios pacientes le ofrecen como sntomas; su interpretacin, es la
interpretacin de una interpretacin en los trminos en que esta interpretacin
est dada. Y como termina consignando Foucault: el signo, al adquirir esta
funcin nueva de ocultamiento de la interpretacin, pierde su ser simple de
significante que posea todava en la poca del Renacimiento.[xiv]
Tal el caso de la moneda en Marx, tal el caso de las formaciones del
inconsciente en Freud. Tal es la senda que transitan hoy por hoy las ciencias
humanas: interpretar los sistemas latentes que otorgan coherencia
inteligible a lo anrquico manifiesto. Senda prolfera y prolfica cuyos
resultados e implementaciones prcticas reconocen la paternidad de la
concepcin freudiana. La omisin de este hecho cuando se habla de psicologa
obnubila al psiclogo, quien no puede comprender acabadamente que su misin
consiste en leer la interpretacin que el signo del sujeto transforma en
jeroglfico.
Cuando Freud sustituy la inocua introspeccin por el relato, es notorio
que pudo hacerlo en virtud de la capacidad humana de emitir signos verbales.
Podrase pensar nuevamente que como es un recurso tcnico adecuado para su
finalidad, por ello en la sesin analtica dos interlocutores se hablan.
Recurso, en consecuencia, que podramos reputar como fortuito, accidental,
casual. Y sin embargo, conlleva un nuevo hallazgo de Freud, quien centra la
piedra de toque de una psicologa verdaderamente instalada en un nivel humano
al concentrar su atencin y su operacin en la palabra. Lejos han quedado, en
esta perspectiva, la psicologa de los perros salivadores y la psicologa
del estudio de los tiempos de reaccin (a qu?) laboratoriales. Una
nueva definicin y una nueva posicin emergen respecto de los recursos tcnicos
y de las posibilidades laborales del psiclogo, si sostenemos con Pontalis que
el anlisis se proporciona a s mismo los medios apropiados a su fin; si se
realiza nicamente por intermedio de la palabra y pretende descubrir lo que
cada uno tiene de ms radical, es porque la raz del hombre es la
simbolizacin, y su historia un trabajo de creacin de sentido.[xv]
Y esta simbolizacin no atraviesa sin ms ni ms los impolutos escaos de la
conciencia; por el contrario, la capacidad representativa hunde su raz en el
inconsciente. Pero no simplemente un inconsciente pletrico de instintos,
perverso polimorfo, anrquico en medio del frrago enmaraado de necesidades
que buscan descargarse alocadamente, sino un inconsciente que ha incorporado
reglas, normas y sistemas que se oponen al deseo devenido humano desde la
necesidad instintiva biolgica. Este conflicto catapulta el pasaje de la
Naturaleza a la Cultura a la Ley del Orden de Lacan, a la Ley de Cultura de
Althusser, el pasaje del candidato a hombre, a nio en medio de un mundo de
adultos. Conflicto universal que, en fin, da lugar a las deformaciones
sistemticas que se aparecen a la consciencia (campo preferido de la
fenomenologa) en forma de signos, a partir de los cuales se instaura la meta
del cientfico humano: construir la interpretacin subyacente al signo, develar
el conflicto entre el deseo y la regla que existe en todo hombre merced a, que
ste es un animal simblico.[xvi]
Un psiclogo que no haga suya la enseanza del psicoanlisis de que el hombre,
segn Pontalis, es un ser de lenguaje, negar la caracterstica diferencial
del gnero humano, y podr trabajar sin palabras, o sin saber aquello que las
palabras quieren decir y quieren dejar de decir.
Exclusin para el psiclogo, en conclusin, de los animales (orden de lo
orgnico a-verbal y por ende a-reglado); de lo fenomnico exclusivo
(apariencial y distorsionante); de lo laboratorial (cuando totaliza lo parcial
y lo artificial del experimento).
Quizs subsistan an dudas acerca del porqu de dichas exclusiones. Una
nueva vuelta de espiral permitir aproximarse a sus fundamentos de otra manera.
Existen, como es bien sabido, estudios sobre psicologa animal o de los
animales: psiclogos que estudian, por ejemplo, el aprendizaje centrando su
mirada en los inciertos devaneos de una rata en una caja o en un laberinto;
psiclogos que estudian la comunicacin de las abejas y pretenden descubrir el
lenguaje que las mora; en fin, psiclogos que amputan o mutilan miembros de
animales para investigar las secuelas ulteriores que tal procedimiento
suscitara en los objetos de experimentacin. Ahora bien, cualquiera de todos
ellos se encuentra legtimamente habilitado para deslizar su quehacer por esas
vas; slo que, cuando lo hacen, han dejado de ser psiclogos. Y esto es as
porque el psiclogo es un cientfico humano que en su condicin de tal se ocupa
de humanos. Esta estrecha definicin puede resultar hasta tautolgica, cul es
su fundamento? Es dable hallarlo en la hiptesis de los niveles de integracin,
concepto vapuleado y discutido en nuestro medio, pero cuya utilidad
hermenutica es indudable. Es posible que las infaustas ideas que al respecto
han circulado entre nosotros (v.g.: postular como niveles de integracin al
psicolgico, axiolgico, etc.), se deban al relegamiento de una obra
fundamental de L. Goldmann de 1952 en la que ya distingua que si hay que
reconocer, en el universo, la existencia de tres maneras de ser
cualitativamente diferentes, la manera inerte, la viva y la consciente, debe
haber tambin diferencias cualitativas entre los mtodos respectivos de las
ciencias fsico-qumicas, biolgicas y humanas.[xvii]
Esta lcida afirmacin que disipa !as dudas acerca de la paternidad de estas
ideas nos arroja de pleno en la consideracin inmediata de dos problemas: el
primero es que al investigar la manera viva (orgnica) se est investigando y
construyendo cualitativamente otro objeto que aquel que se investiga, construye
y modifica operativamente al ocuparse de la manera consciente (o capaz de
consciencia). En consecuencia, si el psiclogo accede al nivel humano, si su
objeto se encuentra al nivel de la palabra-signo de interpretaciones
inconscientes de la lucha entre el deseo y la regla, no hay la menor
posibilidad de conceder que en un animal se estudian procesos simplificados,
aislados, hipertrofiados, etc., de como se dan en los hombres. O de suponer que
la diferencia es cuantitativa. No. Simplemente, no hay extrapolacin posible:
constitutivamente pertenecen a rdenes cuyas posiciones no son intercambiables.
El psicoanlisis, en cambio, no hesita y ofrece al psiclogo su objeto
instalado en el nivel de especificidad ontolgicamente correcto, incitndole a
tratar con personas en su quehacer profesional.
Esto nos conduce al segundo problema derivado de la proposicin de
Goldmann, que consiste en el indisoluble himeneo que consagra la unin entre el
nivel de integracin y el mtodo de estudio que le es nsito. Si esto es as,
no existe un mtodo erigido como cartabn decisivo para sellar un discurso
como cientfico o no, sino que el mtodo cientfico preservar sus rasgos
diferenciales acomodndose y reubicndose de acuerdo al objeto al que se
aplique. Por excesiva comodidad epistemolgica, los psiclogos intentaron, de
inicio, acometer el proceder inverso: acomodar el objeto al mtodo. Y el mtodo
es el correspondiente a las ciencias exactas y naturales, del cual no
procuraron aprender como dice Lvi-Strauss en la cita del epgrafe para
retraducirlo, sino que lo transportaron mecnicamente cual lecho de Procusto en
el que acunaron un hombre inexistente, en una situacin falsa, sometido a
estmulos inslitos de laboratorio. Un hombre no cotidiano ni entero. Pero as
alimentaban las esperanzas de una exactitud mensurable y de una objetividad
precisa, sin interferencias indeseables por parte del observador. He aqu, sin
embargo, que ni la mismsima Fsica pudo contener ese modelo dechado de
asepsia: as lo demostraron, sin ir muy lejos, Heisenberg y Niels Bhr, entre
otros. Se comprende, en tal sentido, la apodctica afirmacin de Sartre: la
nica teora del conocimiento que puede ser vlida hoy en da es la que se
funda sobre esta verdad de la microfsica : el experimentador forma parte del
sistema experimental. Es la nica que permite apartar toda ilusin idealista,
la nica que muestra al hombre real en medio del mundo real.[xviii]
Todo lo cual reenva al concepto reiterado aqu en distintos pasajes acerca de
que la tarea del observador cientfico no es registrar la objetividad de un
fenmeno del que deba extraarse, sino que consiste en construir una realidad
no dada perceptible y ostensiblemente a partir del material bruto de
observacin. El observador cientfico, para decirlo an de otro modo, participa
en la gestacin, en la consumacin misma del dato. Su presencia enfrentada pero
imbricada al objeto es necesaria e insoslayable. Por lo antedicho, que es
escuetamente el sostn epistemolgico universal de la ciencia, resulta
aberrante conceptuar como conocimiento psicolgico a aquel que se origina del
contacto de un hombre con aparatos de cobre y latn o de la repeticin
fatigante de slabas sin significado. Si nuestro saber pretende ser totalizador
y aludir a seres humanos concretos en situaciones humanas concretas, debemos
rescatar el sentido plenamente positivo de la afirmacin algo escptica de
Lvi-Strauss, y ver en la interseccin de dos subjetividades el orden de
verdad ms prximo al que pueden aspirar las ciencias humanas, cuando hacen
frente a la totalidad de su objeto.[xix]
Con lo cual el saber del etnlogo converge sinrgicamente entre otros con el
del psiclogo, quien adopta este proceder de la prctica psicoanaltica que
investiga detallada, minuciosa y exhaustivamente la mentada interseccin de
dos subjetividades. Proceder quizs equivocadamente nombrado en psicologa
como mtodo clnico, ha sido desarrollado por primera vez como sistemtica
por el psicoanlisis, que de esta forma funda e inicia la estrategia
metodolgica para el quehacer del psiclogo como cientfico humano. Estrategia
desembozadamente a-experimental, que no requiere para su validacin cientfica
el forzado mote de cuasi-experimental con el que algunos autores necesitan
ornarla. Autores que parecieran no poder deponer todava su cientificismo
naturalista, que no se resignan a comprender que, como afirma Hesnard, el
fundamento de toda psicologa (reside) en el vinculo interhumano natural.[xx]
Si bien nos hemos propuesto de
inicio no abordar la problemtica comparativa entre psiclogo y psicoanalista,
es preciso establecer ahora ciertos hitos para proseguir estas reflexiones. El
psiclogo puede, desde ya, trabajar como psicoanalista, conveniente y
suficientemente capacitado. Pero puede y como dice Danis: debera trabajar en
todas y cada una de las situaciones cotidianas donde conviven e interaccionan
seres humanos, esclareciendo los conflictos inconscientes habidos y/o por
haber. Esas situaciones slo podrn ser indagadas, previa sectorizacin y
jerarquizacin de objetivos, a travs y por medio de la teora psicoanaltica,
que es la que facultar al psiclogo tanto para la construccin del dato
encuadrado en funcin de los objetivos, como para la consolidacin de una
accin tcnica concorde a los mismos. De aqu surge la eficacia real del
psiclogo para poder abordar y operar correctoramente sobre su objeto en campos
planificados especiales: psicopedagoga clnica, orientacin vocacional y
profesional, entrenamiento en el rol, traslados habitacionales comunitarios,
seleccin de personal, grupos operativos de diversa ndole, etc. Estas son
algunas de las aplicaciones del anlisis que Freud (v.s.) ya predijo que
pueden ser tanto o ms importantes que su aplicacin a la terapia de las
neurosis.
Cmo entiende todo esto Danis? Ella considera que el psiclogo lleva
hacia los muchos las verdades, peligrosas y valiosas que en forma de
descubrimientos valiossimos los psicoanalistas obtienen en su tarea
bicorporal (cura) y que en manos de los psiclogos esas verdades han perdido
quizs algo de su estado de pureza pero estn suficientemente elaboradas para
aguantar la amalgama con la realidad social. Esta situacin, adems, debe ser
protegida durante cierto tiempo, en virtud de que el futuro de las dos
profesiones indica una separacin de tareas y de miras. En verdad, la separacin
de tareas y de miras que Danis desea amparar es la de la disociacin del
pensamiento y la accin, par indisoluble que el psicoanlisis conquist y
ofrend para la psicologa y para los psiclogos. Segn la autora, en cambio,
los psicoanalistas piensan y los psiclogos accionan. El grupo privilegiado
psicoanalistas resigna sus conocimientos puros en sus delegados en la
realidad social, quienes los contaminan o corren el riesgo de hacerlo al
instrumentarlos fuera de su prstino marco de procedencia. Por si no fuese
bastante el anlisis de clase de estas ideas, por las cuales se condena
gratuitamente al psiclogo durante cierto tiempo a una pretendida
proletarizacin intelectual por parte de los psicoanalistas, es preciso
agregarle el prejuicio mentalista que dimana. As, en la condicin de sumisin
y espera en que Danis procura situar al psiclogo (accin) en relacin al
psicoanlisis (pensamiento), olvida que Wallon demostr hace aos que los seres
humanos circulamos del acto al pensamiento no menos que del pensamiento al
acto. Como lo puntualiza Sartre, no situamos los orgenes de la accin en la
toma de conciencia, no vemos en ella un momento necesario de la accin: la
accin se da sus propias luces cuando se va cumpliendo.* Lo que no obsta para que esas luces
aparezcan en y por la toma de conciencia de los agentes, lo que implica que se
haga necesariamente una teora de la consciencia.[xxi]
Por otra parte, estos ltimos conceptos de Danis que hemos transcripto
revelan los resabios de la nombrada concepcin cuasiexperimental (idealizada)
de la tcnica psicoanaltica y trasuntan desconfianza por los descubrimientos
que el psiclogo realiza en su quehacer.
El psicoanlisis, en fin, constituye un quehacer intelectual totalizador
que enfrenta y est en pugna con los intereses creados por el
establishment para sostener una psicologa academicista, conciencialista o de
ratoneras, desde la cual se piense acerca de ideas o del hombre puro, o acerca
de animales, pero no acerca de hombres con retos que se desconocen
concretamente y que, al conocerse pueden ser un peligro potencial.
lnters en re-cubrir lo cubierto, antes que en des-cubrirlo. Inters,
por tanto, , de desvincular al psiclogo del psicoanlisis, para mianiatar y
amordazar su mensaje, plagado de luces ante las cuales algunos hombres como
gnero persisten en convencernos acerca de la tierna bondad de las tinieblas.
Sera conveniente para ellos que hiciesen suyas las palabras que Saint-Exupry
adjudica a su Principito: Lessentiel est invisible pour les yeux, rpta le
petit prince, a fin de se souvenir.
* El artculo de Danis fue publicado en la Revista Argentina de Psicologa, ao 1, N 1, sept. 1969, pgs. 75-82, mientras que el de Harari fue publicado en la misma revista, ao 1, N 3, marzo 1970, pgs. 147-159. Este último fue republicado como primer captulo del libro Textura y abordaje del inconsciente, Trieb, Buenos Aires, 1977.
[i] Daniel, Robert (ed.): Contemporary Readings in General Psychology, Houghton Mifflin Co., Boston, 1965, pg. 1 (el subrayado es de Harari).
[ii] Freud, Sigmund: Apndice a El anlisis profano, Obras Completas, Santiago Rueda Editor, Bs. As., 1955. T. XXI, pg. 230.
[iii] Politzer, Georges: Crtica de los fundamentos de la psicologa: el psicoanlisis, Jorge Alvarez, Bs. As., 1966, pgs. 41, 42, 43.
[iv] Politzer, Georges: op. cit., pg. 221.
[v] Pags, Robert: El vocablo estructura y la Psicologa Social. En: Bastide, Lvi Strauss et al. Sentidos y usos del trmino Estructura en las Ciencias del Hombre, Paids, Bs. As., 1968, pg. 76.
[vi] Politzer, Georges: op. cit., pg. 223.
[vii] Althusser, Louis: Freud y Lacan. En: Althusser, Lagache, Foucault, M. Ponty, Psicoanlisis, Existencialismo, Estructuralismo, Papiro, Bs. As., 1969, pg. 82 y sig.
[viii] cit por Auzias, J.: El estructuralismo, Alianza, Madrid, 1969. pg. 146.
* El subrayado es de Harari.
[ix] Freud, Sigmund: El anlisis profano, Obras Completas (cit.), T. Xll, pg. 70.
[x] Althusser, Louis: op. cit., ibid.
* Desde ya, y en un todo de acuerdo con Danis en este respecto, tambin puede
y debe hacerlo si encara la realizacin de una psicoterapia.
[xi] Althusser, Louis: op. cit., pg. 89.
[xii] Politzer, Georges: op. cit., pg. 96.
[xiii] Baranger, Willy: Problemas del campo psicoanaltico (en colaboracin con Madelaine Baranger), Kargieman. Bs. As. 1969, pgs. 256-257.
[xiv] Foucault, Michel: Nietzsche, Freud, Marx. En: Althusser et al. (op. cit.), pgs. 110-111.
[xv] Pontalis. J. B.: Vigencia de Sigmund Freud, Siglo Veinte, Bs. As., 1957, pginas 66/67.
[xvi] Cassirer, Ernst: Antropologa Filosfica, Fondo de Cultura Econmica, Mxico 1965, pgs. 45/9.
[xvii] Goldmann, Lucien: Las ciencias humanas y la filosofa, Nueva Visin, Bs. As., 1967, pg. 108.
[xviii] Sartre, Jean-Paul: Crtica de la Razn Dialctica. Losada. Bs. As., 1963. Tomo l, libro l, pg. 37.
[xix] Lvi-Strauss, Claude: Antropologa estructural, Eudeba, Bs. As., 1968. pg. XXV (introduccin).
[xx] Hesnard, A.: Psicoanlisis del vnculo interhumano, Proteo, Bs. As., 1968, pg. 12.
* Subrayado en el original.
[xxi] Sartre, Jean-Paul: op. cit., bid.