Defender la Sociedad
Clase del 17 de marzo de 1976
Del poder de soberana al poder sobre la vida -
Hacer vivir y dejar morir - Del hombre/cuerpo al hombre/especie: nacimiento del
biopoder Campos de aplicacin del biopoder La poblacin De la muerte, y
de la de Franco en particular Articulaciones de la disciplina y la
regulacin: la ciudad obrera, la sexualidad, la norma Biopoder y racismo
Funciones y mbitos de aplicacin del racismo El nazismo El socialismo.
DEBO
TRATAR de terminar, de cerrar un poco lo que dije este ao. Intent plantear en
parte el problema de la guerra, considerada como grilla de inteligibilidad de
los procesos histricos. Me pareca que en su inicio, y prcticamente an
durante todo el siglo XVIII, esa guerra se haba concebido como guerra de
razas. Lo que quise reconstruir fue un poco la historia de sta. Y la vez
pasada intent mostrarles cmo la nocin misma de guerra haba sido,
finalmente, eliminada del anlisis
histrico por el principio de la universalidad nacional.* Hoy me gustara mostrarles que el tema de la raza
no va a desaparecer, sino que se retomar en algo totalmente distinto que es el
racismo de Estado. Por eso querra contarles ahora el nacimiento de ese racismo
de Estado, o al menos hacerles un cuadro de situacin.
Me
parece que uno de los fenmenos fundamentales del siglo XIX fue y es lo que
podramos llamar la consideracin de la vida por parte del poder; por decirlo
de algn modo, un ejercicio del poder sobre el hombre en cuanto ser viviente,
una especie de estatizacin de lo biolgico o, al menos, cierta tendencia
conducente a lo que podra denominarse la estatizacin de lo biolgico. Creo
que, para poder comprender lo ocurrido, podemos referirnos a lo que era la
teora clsica de la soberana, que en definitiva nos sirvi de fondo, de marco
para todos esos anlisis sobre la guerra, las razas, etctera. Como saben, el
derecho de vida y de muerte era uno de los atributos fundamentales de la teora
clsica de la soberana.
Ahora bien, ese derecho es un derecho extrao, y lo es ya en el plano terico;
en efecto, qu significa tener un derecho de vida y de muerte? En cierto
sencido, decir que el soberano tiene derecho de vida y de muerte significa, en
el fondo, que puede hacer morir y dejar vivir; en todo caso, que la vida y la
muerte no son esos fenmenos naturales, inmediatos, en cierto modo originarios
o radicales, que estn fuera del campo del poder poltico. Si ahondamos un poco
y llegamos, por decirlo as, hasta la paradoja, en el fondo quiere decir que,
frente al poder, el sbdito no est, por pleno derecho, ni vivo ni muerto.
Desde el punto de vista de la vida y la muerte, es neutro, y corresponde
simplemente a la decisin del soberano que el sbdito tenga derecho a estar
vivo o, eventualmente, a estar muerto. En todo caso, la vida y la muerte de los
sbditos slo se convierten en derechos por efecto de la voluntad soberana. sa
es, por decirlo de algn modo, la paradoja terica. Paradoja terica que debe
completarse, desde luego, con una especie de desequilibrio prctico. Qu
quiere decir, en realidad, el derecho de vida y de muerte? No, desde luego, que
el soberano pueda hacer vivir como puede hacer morir. El derecho de vida y de
muerte slo se ejerce de una manera desequilibrada, siempre del lado de la
muerte. El efecto del poder soberano sobre la vida slo se ejerce a partir del
momento en que el soberano puede matar. En definitiva, el derecho de matar
posee efectivamente en s mismo la esencia misma de ese derecho de vida y de muerte:
en el momento en que puede matar, el soberano ejerce su derecho sobre la vida.
Se trata, fundamentalmente, de un derecho de la espada. No hay en l, por lo
tanto, una simetra real. No es el derecho de hacer morir o hacer vivir. No es
tampoco el derecho de dejar vivir y dejar morir. Es el derecho de hacer morir o
dejar vivir. Lo cual, desde luego, introduce una disimetra clamorosa.
Y
yo creo que, justamente, una de las transformaciones ms masivas del derecho
poltico del siglo XIX consisti, no digo exactamente en sustituir, pero s en
completar ese viejo derecho de soberana -hacer morir o dejar vivir- con un
nuevo derecho, que no borrara el primero pero lo penetrara, lo atravesara,
lo modificara y sera un derecho o, mejor, un poder exactamente inverso: poder
de hacer vivir y dejar morir. El derecho de soberana es,
entonces, el de hacer morir o dejar vivir. Y luego se instala el nuevo derecho:
el de hacer vivir y dejar morir.
Esta
transformacin no se produjo de una vez, desde luego. Podemos seguirla en la
teora del derecho (pero en esto voy a ir a toda velocidad). Podrn ver que ya
los juristas del siglo XVII y, sobre todo, del siglo XVIII planteaban esta
cuestin con respecto al derecho de vida y muerte. Cuando los juristas dicen:
cuando se contraa, en el nivel del contrato social, vale decir, cuando los
individuos se renen para constituir un soberano, para delegar a un soberano un
poder absoluto sobre ellos, por qu lo hacen? Lo hacen porque se sienten
apremiados por el peligro o la necesidad. Lo hacen, por consiguiente, para
proteger su vida. Constituyen un soberano para poder vivir. Y puede la vida,
en esa medida, incluirse, efectivamente, entre los derechos del soberano?
Acaso no es ella la que funda esos derechos? Puede el soberano reclamar
concretamente a sus sbditos el derecho de ejercer sobre ellos el poder de vida
y de muerte, es decir, el poder liso y llano de matarlos? La vida no debe
estar al margen del contrato, en la medida en que fue el motivo primero,
inicial y fundamental de ste? Todo esto corresponde a una discusin de
filosofa poltica que podemos dejar a un lado pero que muestra con claridad
cmo comienza a problematizarse la cuestin de la vida en el campo del
pensamiento poltico, del anlisis del poder poltico. En realidad, me gustara
seguir la transformacin, no en el nivel de la teora poltica sino ms bien en
el de los mecanismos, las tcnicas, las tecnologas de poder. Volvemos,
entonces, a cosas familiares: puesto que en los siglos XVII y XVIII constatamos
la aparicin de las tcnicas de poder que se centraban esencialmente en el
cuerpo, el cuerpo individual. Todos esos procedimientos mediante los cuales se
aseguraba la distribucin espacial de los cuerpos individuales (su separacin,
su alineamiento, su puesta en serie y bajo vigilancia) y la organizacin, a su
alrededor, de todo un campo de visibilidad. Se trataba tambin de las tcnicas
por las que esos cuerpos quedaban bajo supervisin y se intentaba incrementar
su fuerza til mediante el ejercicio, el adiestramiento, etctera. Asimismo,
las tcnicas de racionalizacin y economa estricta de un poder que deba
ejercerse, de la manera menos costosa posible, a travs de todo un sistema de
vigilancia, jerarquas, inspecciones, escrituras, informes: toda la tecnologa
que podemos llamar tecnologa disciplinaria del trabajo, que se introduce desde
fines del siglo XVII y durante el siglo XVIII.[1]
Ahora
bien, me parece que durante la segunda mitad del siglo XVIII vemos aparecer
algo nuevo, que es otra tecnologa de poder, esta vez no disciplinaria. Una
tecnologa de poder que no excluye la primera, que no excluye la tcnica
disciplinaria sino que la engloba, la integra, la modifica parcialmente y,
sobre todo, que la utilizar implantndose en cierto modo en ella, incrustndose,
efectivamente, gracias a esta tcnica disciplinaria previa. Esta nueva tcnica
no suprime la tcnica disciplinaria, simplemente porque es de otro nivel, de
otra escala, tiene otra superficie de sustentacin y se vale de instrumentos
completamente distintos.
A
diferencia de la disciplina, que se dirige al cuerpo, esta nueva tcnica de
poder no disciplinario se aplica a la vida de los hombres e, incluso, se
destina, por as decirlo, no al hombre/cuerpo sino al hombre vivo, al hombre
ser viviente; en el lmite, si lo prefieren, al hombre/especie. Ms
precisamente, dira lo siguiente: la disciplina trata de regir la multiplicidad
de los hombres en la medida en que esa multiplicidad puede y debe resolverse en
cuerpos individuales que hay que vigilar, adiestrar, utilizar y, eventualmente,
castigar. Adems, la nueva tecnologa introducida est destinada a la
multiplicidad de los hombres, pero no en cuanto se resumen en cuerpos sino en
la medida en que forma, al contrario, una masa global, afectada por procesos de
conjunto que son propios de la vida, como el nacimiento, la muerte, la
produccin, la enfermedad, etctera. Por lo tanto, tras un primer ejercicio del
poder sobre el cuerpo que se produce en el modo de la individualizacin,
tenemos un segundo ejercicio que no es individualizador sino masificador, por
decirlo as, que no se dirige al hombre/cuerpo sino al hombre-especie. Luego de
la anatomopoltica del cuerpo humano, introducida durante el siglo
XVIII, vemos aparecer, a finales de ste, algo que ya no es esa anatomopoltica
sino lo que yo llamara una biopoltica de la especie humana.
Cul
es el inters central en esa nueva tecnologa del poder, esa biopoltica, ese
biopoder que est establecindose? Hace un momento lo sealaba en dos palabras:
se trata de un conjunto de procesos como la proporcin de los nacimientos y las
defunciones, la tasa de reproduccin, la fecundidad de una poblacin, etctera.
Estos procesos de natalidad, mortalidad y longevidad constituyeron, a mi
entender, justamente en la segunda mitad del siglo XVIII y en conexin con toda
una masa de problemas econmicos y polticos (a los que no me voy a referir
ahora), los primeros objetos de saber y los primeros blancos de control de esa
biopoltica. En ese momento, en todo caso, se pone en prctica la medicin
estadstica de esos fenmenos con las primeras demografas. Es la observacin
de los procedimientos ms o menos espontneos o ms o menos concertados que se
ponan efectivamente en prctica entre la poblacin con respecto a la natalidad;
en sntesis, si lo prefieren, el sealamiento de los fenmenos de control de
los nacimientos tal como se practicaban en el siglo XVIII. Fue tambin el
esbozo de una poltica en favor de la natalidad o, en todo caso, de esquemas de
intervencin en los fenmenos globales de la natalidad. En esta biopoltica no
se trata, simplemente, del problema de la fecundidad. Se trata tambin del
problema de la morbilidad, ya no sencillamente, como haba sucedido hasta
entonces, en el plano de las famosas epidemias cuya amenaza haba atormentado a
tal punto a los poderes polticos desde el fondo de la Edad Media (esas famosas
epidemias que eran dramas temporarios de la muerte multiplicada, la muerte que
era inminente para todos). En ese momento, a fines del siglo XVIII, no se trata
de esas epidemias sino de algo distinto: en lneas generales, lo que podramos
llamar las endemias, es decir, la forma, la naturaleza, la extensin, la
duracin, la intensidad de las enfermedades reinantes en una poblacin.
Enfermedades ms o menos difciles de extirpar y que no se consideran, como las
epidemias, en concepto de causas de muerte ms frecuente sino como factores
permanentes y asi se las trata- de sustraccin de fuerzas, disminucin
del tiempo de trabajo, reduccin de las energas, costos econmicos, tanto por
lo que deja de producirse como por los cuidados que pueden requerir. En suma,
la enfermedad como fenmeno de poblacin: ya no como la muerte que se abate
brutalmente sobre la vida -la epidemia- sino como la muerte permanente, que se
desliza en la vida, la carcome constantemente, la disminuye y la debilita.
sos
son los fenmenos que a fines del siglo XVIII se empiezan a tener en cuenta y
que conducen a la introduccin de una medicina que ahora va a tener la funcin
crucial de la higiene pblica, con organismos de coordinacin de los cuidados
mdicos, de centralizacin de la informacin, de normalizacin del saber, y que
adopta tambin el aspecto de una campaa de aprendizaje de la higiene y
medicalizacin de la poblacin. Por tanto, problemas de la reproduccin, de la
natalidad y tambin el de la morbilidad. El otro campo de intervencin de la
biopoltica va a ser todo un conjunto de fenmenos, de los cuales algunos son
universales y otros accidentales pero que, por una parte, nunca pueden
comprimirse por entero, aunque sean accidentales, y que tambin entraan
consecuencias anlogas de incapacidad, marginacin de los individuos,
neutralizacin, etctera. Se tratar del problema de la vejez, muy importante
desde principios del siglo XIX (en el momento de la industrializacin), del
individuo que, por consiguiente, queda fuera del campo de capacidad, de
actividad. Y, por otra parte, los accidentes, la invalidez, las diversas
anomalas. En relacin con estos fenmenos, la biopoltica va a introducir no
slo instituciones asistenciales (que existan desde mucho tiempo atrs) sino
mecanismos mucho ms sutiles, econmicamente mucho ms racionales que la
asistencia a granel, a la vez masiva y con lagunas, que estaba esencialmente asociada
a la Iglesia. Vamos a ver mecanismos ms sutiles, ms racionales, de seguros,
de ahorro individual y colectivo, de seguridad, etctera.[2]
Por
fin, ltimo mbito (enumero los principales o, en todo caso, los que
aparecieron entre fines del siglo XVIII y comienzos del XIX; despus habr
muchos otros): consideracin de las relaciones entre la especie humana, los
seres humanos como
especie, como seres vivientes, y su medio, su medio de existencia, ya se trate
de los efectos en bruto del medio geogrfico, climtico e hidrogrfico; los
problemas, por ejemplo, de los pantanos, las epidemias ligadas a la presencia
de terrenos pantanosos durante toda la primera mitad del siglo XIX. Tambin el
problema de un medio que no es natural y tiene efectos de contragolpe sobre la
poblacin; un medio que ha sido creado por ella. se ser, esencialmente, el
problema de la ciudad. Simplemente les sealo algunos puntos a partir de los
cuales se constituy esa biopoltica, algunas de sus prcticas y sus primeros
mbitos de intervencin, saber y poder a la vez: la biopoltica va a extraer su
saber y definir el campo de intervencin de su poder en la natalidad, la
morbilidad, las diversas incapacidades biolgicas, los efectos del medio.
Ahora
bien, creo que en todo eso hay una serie de cosas que son importantes. La
primera sera la siguiente: la aparicin de un elemento -iba a decir un
personaje- nuevo, que en el fondo no conocen ni la teora del derecho ni la
prctica disciplinaria. La teora del derecho, en el fondo, no conoca ms que
al individuo y la sociedad: el individuo contratante y el cuerpo social que se
haba constituido en virtud del contrato voluntario o implcito de los
individuos. Las disciplinas, por su parte, tenan relacin prctica con el
individuo y su cuerpo. La nueva tecnologa de poder no tiene que vrselas
exactamente con la sociedad (o, en fin, con el cuerpo social tal como lo
definen los juristas); tampoco con el individuo/cuerpo. Se trata de un nuevo
cuerpo: cuerpo mltiple, cuerpo de muchas cabezas, si no infinito, al menos
necesariamente innumerable. Es la idea de poblacin. La biopoltica
tiene que ver con la poblacin, y sta como problema poltico, como problema a
la vez cientfico y poltico, como problema biolgico y problema de poder, creo
que aparece en ese momento.
En
segundo lugar, tambin es importante -al margen de la aparicin de ese elemento
que es la poblacin- la naturaleza de los fenmenos que se toman en cuenta.
Como pueden ver, son fenmenos colectivos, que slo se manifiestan en sus efectos
econmicos y polticos y se vuelven pertinentes en el nivel mismo de las masas.
Son fenmenos aleatorios e imprevisibles si se los toma en s mismos,
individualmente, pero que en el nivel colectivo exhiben constantes que es
fcil, o en todo caso posible, establecer. Y por ltimo, son fenmenos que se
desarrollan esencialmente en la duracin, que deben considerarse en un lmite
de tiempo ms o menos largo; son fenmenos de serie. La biopoltica abordar,
en suma, los acontecimientos aleatorios que se producen en una poblacin tomada
en su duracin.
A
partir de ah -tercer aspecto que me parece importante-, esta tecnologa de
poder, esta biopoltica, va a introducir mecanismos que tienen una serie de
funciones muy diferentes de las correspondientes a los mecanismos
disciplinarios. En los mecanismos introducidos por la poltica, el inters
estar en principio, desde luego, en las previsiones, las estimaciones
estadsticas, las mediciones globales; se tratar, igualmente, no de modificar
tal o cual fenmeno en particular, no a tal o cual individuo en tanto que lo
es, sino, en esencia, de intervenir en el nivel de las determinaciones de esos
fenmenos generales, esos fenmenos en lo que tienen de global. Ser preciso
modificar y bajar la morbilidad; habr que alargar la vida; habr que estimular
la natalidad. Y se trata, sobre todo, de establecer mecanismos reguladores que,
en esa poblacin global con su campo aleatorio, puedan fijar un equilibrio,
mantener un promedio, establecer una especie de homeostasis, asegurar
compensaciones; en sntesis, de instalar mecanismos de seguridad alrededor de
ese carcter aleatorio que es inherente a una poblacin de seres vivos;
optimizar, si ustedes quieren, un estado de vida: mecanismos, podrn
advertirlo, como los disciplinarios, destinados en suma a maximizar fuerzas y a
extraerlas, pero que recorren caminos enteramente diferentes. Puesto que aqu,
a diferencia de las disciplinas, no se trata de un adiestramiento individual
efectuado mediante un trabajo sobre el cuerpo mismo. No se trata, en absoluto,
de conectarse a un cuerpo individual, como lo hace la disciplina. No se trata
en modo alguno, por consiguiente, de tomar al individuo en el nivel del detalle
sino, al contrario, de actuar mediante mecanismos globales de tal manera que se
obtengan estados globales de equilibrio y regularidad; en sntesis, de tomar en
cuenta la vida, los procesos biolgicos del hombre/especie y asegurar en ellos
no una disciplina sino una regularizacin.[3]
Ms
ac, por lo tanto, de ese gran poder absoluto, dramtico, sombro que era el
poder de la soberana, y que consista en poder hacer morir, he aqu que, con
la tecnologa del biopoder, la tecnologa del poder sobre la poblacin como
tal, sobre el hombre como ser viviente, aparece ahora un poder continuo, sabio,
que es el poder de hacer vivir. La soberana haca morir y dejaba vivir. Y
resulta que ahora aparece un poder que yo llamara de regularizacin y que
consiste, al contrario, en hacer vivir y dejar morir.
Creo
que la manifestacin de ese poder aparece concretamente en la famosa
descalificacin progresiva de la muerte, que los socilogos y los historiadores
abordaron con tanta frecuencia. Todo el mundo sabe, sobre todo gracias a una
serie de estudios recientes, que la gran ritualizacin pblica de la muerte ha
desaparecido, o en todo
caso se ha borrado gradualmente, desde fines del siglo XVIII hasta hoy. A punto
tal que ahora la muerte -al dejar de ser una de las ceremonias brillantes en
las que participaban los individuos, la familia, el grupo, casi la sociedad
entera- se ha convertido, al contrario, en lo que se oculta; se convirti en la
cosa ms privada y vergonzosa (y, en el lmite, el tab recae hoy menos sobre
el sexo que sobre la muerte). Ahora bien, yo creo que la razn por la cual la
muerte se convirti, en efecto, en algo que se oculta, no est en una especie
de desplazamiento de la angustia o de modificacin de los mecanismos
represivos. Radica en una transformacin de las tecnologas de poder. Lo que
antao (y esto hasta fines del siglo XVIII) daba su brillo a la muerte, lo que
le impona su tan elevada ritualizacin, era el hecho de que fuera la
manifestacin del trnsito de un poder a otro. La muerte era el momento en que
se pasaba de un poder, que era el del soberano de aqu abajo, a otro, que era
el del soberano del ms all. Se pasaba de una instancia de juicio a otra, de
un derecho civil o pblico de vida y de muerte a un derecho que era el de la
vida o de la condenacin eternas. Trnsito de un poder a otro. La muerte era tambin
una transmisin del poder del agonizante, poder que se transmita a quienes lo
sobrevivan: ltimas palabras, ltimas recomendaciones, ltima voluntad,
testamentos, etctera. Se trataba de fenmenos de poder que se ritualizaban de
ese modo.
Ahora
bien, cuando el poder es cada vez menos el derecho de hacer morir y cada vez
ms el derecho de intervenir para hacer vivir, sobre la manera de vivir y sobre
el cmo de la vida, a partir del momento, entonces, en que el poder
interviene sobre todo en ese nivel para realzar la vida, controlar sus
accidentes, sus riesgos, sus deficiencias, entonces la muerte, como final de la
vida, es evidentemente el trmino, el lmite, el extremo del poder. Est afuera
con respecto a ste: al margen de su influencia, y sobre ella, el poder slo
tendr un ascendiente general, global, estadstico. El influjo del poder no se
ejerce sobre la muerte sino sobre la mortalidad. Y en esa medida, es muy lgico
que la muerte, ahora, est del lado de lo privado, de lo ms privado. Mientras que,
en el derecho de soberana, era el punto en que resplandeca, de la manera ms
patente, el absoluto poder del soberano, ahora va a ser, al contrario, el
momento en que el individuo escapa a todo poder, vuelve a s mismo y se
repliega, en cierto modo, en su parte ms privada. El poder ya no conoce la
muerte. En sentido estricto, la abandona.*
Para simbolizar
todo esto, tomemos la muerte de Franco, que es un acontecimiento, de todos
modos, muy pero muy interesante por los valores simblicos que pone en juego,
dado que muere quien ejerci el derecho soberano de vida y de muerte con el
salvajismo que ustedes conocen, el ms sangriento de los dictadores, que
durante cuarenta aos hizo reinar de manera absoluta el derecho soberano de
vida y de muerte y que, en el momento en que va a morir, entra en esa especie
de nuevo campo del poder sobre la vida que consiste no slo en ordenarla, no
slo en hacer vivir sino, en definitiva, en hacer vivir al individuo aun ms
all de su muerte. Y mediante un poder que no es simplemente proeza cientfica
sino ejercicio efectivo de ese biopoder poltico que se introdujo en el siglo
XIX, se hace vivir tan bien a la gente que se llega incluso a mantenerlos vivos
en el momento mismo en que, biolgicamente, deberan estar muertos desde mucho
tiempo atrs. De tal modo, quien haba ejercido el poder absoluto de vida y de
muerte sobre centenares de miles de personas cay bajo el peso de un poder que
ordenaba tan bien la vida y miraba tan poco la muerte que ni siquiera haba
advertido que ya estaba muerto y se lo haca vivir tras su deceso. Creo que el
choque entre esos dos sistemas de poder, el de la soberana sobre la muerte y
el de la regularizacin de la vida, est simbolizado en ese pequeo y gozoso
acontecimiento.
Ahora
querra retomar la comparacin entre la tecnologa regularizadora de la vida y
la tecnologa disciplinaria del cuerpo de la que les hablaba hace un rato.
Desde el siglo XVIII (o, en todo caso, desde fines del siglo XVIII) tenemos,
entonces, dos tecnologas de poder que se introducen con cierto desfasaje
cronolgico y que estn superpuestas. Una tcnica que es disciplinaria: est
centrada en el cuerpo, produce efectos individualizadores, manipula el cuerpo
como foco de fuerzas que hay que hacer tiles y dciles a la vez. Y, por otro
lado, tenemos una tecnologa que no se centra en el cuerpo sino en la vida; una
tecnologa que reagrupa los efectos de masas propios de una poblacin, que
procura controlar la serie de acontecimientos riesgosos que pueden producirse
en una masa viviente; una tecnologa que procura controlar (y eventualmente
modificar) su probabilidad o, en todo caso, compensar sus efectos. Es una
tecnologa, en consecuencia, que aspira, no por medio del adiestramiento
individual sino del equilibrio global, a algo as como una homeostasis: la
seguridad del conjunto con respecto a sus peligros internos. Por tanto, una
tecnologa de adiestramiento opuesta a o distinta de una tecnologa de
seguridad; una tecnologa disciplinaria que se distingue de una tecnologa aseguradora
o regularizadora; una tecnologa que sin duda es, en ambos casos, tecnologa
del cuerpo, pero en uno de ellos se trata de una tecnologa en que el cuerpo se
individualiza como organismo dotado de capacidades, y en el otro, de una
tecnologa en que los cuerpos se reubican en los procesos biolgicos de
conjunto.
Podramos
decir esto: todo sucedi como si el poder, que tena la soberana como
modalidad y esquema organizativo, se hubiera demostrado inoperante para regir
el cuerpo econmico y poltico de una sociedad en vas de explosin demogrfica
e industrializacin a la vez. De manera que muchas cosas escapaban a la vieja
mecnica del poder de soberana, tanto por arriba como por abajo, en el nivel
del detalle y en el de la masa. Para recuperar el detalle se produjo una
primera adaptacin: adaptacin de los mecanismos de poder al cuerpo individual,
con vigilancia y adiestramiento; eso fue la disciplina. Se trat, desde luego,
de la adaptacin ms fcil, la ms cmoda de realizar. Por eso fue la ms temprana
-en el siglo XVII y principios del XVIII- en un nivel local, en formas
intuitivas, empricas, fraccionadas, y en el marco limitado de instituciones
como la escuela, el hospital, el cuartel, el taller, etctera. Y a
continuacin, a fines del siglo XVIII, tenemos una segunda adaptacin, a los
fenmenos globales, los fenmenos de poblacin, con los procesos biolgicos o
biosociolgicos de las masas humanas. Adaptacin mucho ms difcil porque
implicaba, desde luego, rganos complejos de coordinacin y centralizacin.
Tenemos,
por lo tanto, dos series: la serie cuerpo-organismo-disciplina-instituciones; y
la serie poblacin-procesos biolgicos-mecanismos regularizadores*-Estado. Un conjunto orgnico institucional: la organodisciplina
de la institucin, por decirlo as, y, por otro lado, un conjunto biolgico y
estatal: la biorregulacin por el Estado. No quiero asignar un carcter
absoluto a esta oposicin entre Estado e institucin, porque las disciplinas
siempre tienden, de hecho, a desbordar el marco institucional y local donde
estn contenidas. Adems, adoptan con facilidad una dimensin estatal en
ciertos aparatos como la polica, por ejemplo, que es a la vez un aparato de
disciplina y de Estado (lo que prueba que la disciplina no siempre es institucional).
De la misma forma, encontramos en el nivel estatal, desde luego, las grandes
regulaciones globales que proliferaron a lo largo del siglo XIX, pero tambin
por debajo de ese nivel, con toda una serie de instituciones subestatales como
las instituciones mdicas, las cajas de socorros mutuos, los seguros, etctera.
sa es la primera observacin que querra hacer.
Por
otra parte, esos dos conjuntos de mecanismos, uno disciplinario y el otro
regularizador, no son del mismo nivel. Lo cual les permite, precisamente, no
excluirse y poder articularse uno sobre el otro. Inclusive, podemos decir que,
en la mayora de los casos, los mecanismos disciplinarios de poder y los
mecanismos regularizadores de poder, los primeros sobre el cuerpo y los
segundos sobre la poblacin, estn articulados unos sobre otros. Uno o dos
ejemplos: tomen, si quieren, el problema de la ciudad o, ms precisamente, la
disposicin espacial, premeditada, concertada que constituye la ciudad modelo,
la ciudad artificial, la ciudad de realidad utpica, tal como no slo la
soaron sino la construyeron efectivamente en el siglo XIX. Consideren algo
como la ciudad obrera. Qu es la ciudad obrera tal como existe en el siglo
XIX? Se ve con mucha claridad cmo articula en la perpendicular, en cierto
modo, unos mecanismos disciplinarios de control del cuerpo, de los cuerpos,
mediante su diagramacin, mediante el recorte mismo de la ciudad, mediante la
localizacin de las familias (cada una en una casa) y los individuos (cada uno
en una habitacin). Recorte, puesta en visibilidad de los individuos,
normalizacin de las conductas, especie de control policial espontneo que se
ejerce as por la misma disposicin espacial de la ciudad: toda una serie de
mecanismos disciplinarios que es fcil reencontrar en la ciudad obrera. Y
adems tenemos toda otra serie de mecanismos que son, al contrario, mecanismos
regularizadores, que recaen sobre la poblacin como tal y que permiten e
inducen conductas de ahorro, por ejemplo, que estn ligadas a la vivienda, a su
alquiler y, eventualmente, a su compra. Sistemas de seguros de enfermedad o de
vejez; reglas de higiene que aseguran la longevidad ptima de la poblacin;
presiones que la organizacin misma de la ciudad aplica a la sexualidad y, por
lo tanto, a la procreacin; las presiones que se ejercen sobre la higiene de
las familias; los cuidados brindados a los nios; la escolaridad, etctera.
Tenemos, entonces, mecanismos disciplinarios y mecanismos regularizadores.
Consideremos
un mbito completamente distinto -bueno, no del todo; consideremos, en otro
eje, algo como la sexualidad. En el fondo, por qu se convirti sta, en el
siglo XIX, en un campo cuya importancia estratgica fue decisiva? Creo que la
sexualidad fue importante por muchas razones, pero en particular por las
siguientes: por un lado, como conducta precisamente corporal, la sexualidad
est en la rbita de un control disciplinario, individualizador, en forma de
vigilancia permanente (y, por ejemplo, los famosos controles de la masturbacin
que se ejercieron sobre los nios desde fines del siglo XVIII hasta el siglo
XX, y esto en el medio familiar, escolar, etctera, representan exactamente ese
aspecto de control disciplinario de la sexualidad); por el otro, se inscribe y
tiene efecto, por sus consecuencias procreadoras, en unos procesos biolgicos
amplios que ya no conciernen al cuerpo del individuo sino a ese elemento, esa
unidad mltiple que constituye la poblacin. La sexualidad est exactamente en
la encrucijada del cuerpo y la poblacin. Compete, por tanto, a la disciplina,
pero tambin a la regularizacin.
La extrema
valoracin mdica de la sexualidad en el siglo XIX tiene su principio, me
parece, en la posicin privilegiada que ocupa entre organismo y poblacin,
entre cuerpo y fenmenos globales. De ah tambin la idea mdica de que la
sexualidad, cuando es indisciplinada e irregular, tiene siempre dos rdenes de
efectos: uno sobre el cuerpo, sobre el cuerpo indisciplinado, que es sancionado
de inmediato por todas las enfermedades individuales que el desenfreno sexual
atrae sobre s. Un nio que se masturba demasiado estar enfermo toda la vida:
sancin disciplinaria en el nivel del cuerpo. Pero, al mismo tiempo, una
sexualidad desenfrenada, pervertida, etctera, tiene efectos en el plano de la
poblacin, porque a quien fue sexualmente disoluto se le atribuye una herencia,
una descendencia que tambin va a estar perturbada, y a lo largo de
generaciones y generaciones, en la sptima generacin y la sptima de la
sptima. Se trata de la teora de la degeneracin:[4]
la sexualidad, en cuanto foco de enfermedades individuales y habida cuenta de
que, por otra parte, est en el ncleo de la degeneracin, representa,
exactamente, el punto de articulacin de lo disciplinario y lo regularizador,
del cuerpo y de la poblacin. Comprendern entonces por qu y cmo, en esas
condiciones, un saber tcnico como la medicina, o, mejor, el conjunto
constituido por medicina e higiene, ser en el siglo XIX un elemento, no el ms
importante, pero s de una trascendencia considerable por el nexo que establece
entre las influencias cientficas sobre los procesos biolgicos y orgnicos
(vale decir, sobre la poblacin y el cuerpo) y, al mismo tiempo, en la medida
en que la medicina va a ser una tcnica poltica de intervencin, con efectos
de poder propios. La medicina es un saber/poder que se aplica, a la vez, sobre
el cuerpo y sobre la poblacin, sobre el organismo y sobre los procesos
biolgicos; que va a tener, en consecuencia, efectos disciplinarios y
regularizadores.
De
una manera aun ms general, puede decirse que el elemento que va a circular de
lo disciplinario a lo regularizador, que va a aplicarse del mismo modo al
cuerpo y a la poblacin, que permite a la vez controlar el orden disciplinario
del cuerpo y los acontecimientos aleatorios de una multiplicidad biolgica, el
elemento que circula de uno a la otra, es la norma. La norma es lo que
puede aplicarse tanto a un cuerpo al que se quiere disciplinar como a una
poblacin a la que se pretende regularizar. En esas condiciones, la sociedad de
normalizacin no es, entonces, una especie de sociedad disciplinaria
generalizada cuyas instituciones disciplinarias se habran multiplicado como un
enjambre para cubrir finalmente todo el espacio; sta no es ms, creo, que una
primera interpretacin, e insuficiente, de la idea de sociedad de
normalizacin. La sociedad de normalizacin es una sociedad donde se cruzan,
segn una articulacin ortogonal, la norma de la disciplina y la norma de la
regulacin. Decir que el poder, en el siglo XIX, como posesin de la vida,
decir al menos que se hizo cargo de la vida, es decir que lleg a cubrir toda
la superficie que se extiende desde lo orgnico hasta lo biolgico, desde el
cuerpo hasta la poblacin, gracias al doble juego de las tecnologas de disciplina,
por una parte, y las tecnologas de regulacin, por la otra.
Estamos,
por lo tanto, en un poder que se hizo cargo del cuerpo y de la vida o que, si
lo prefieren, tom a su cargo la vida en general, con el polo del cuerpo y el
polo de la poblacin. Biopoder, por consiguiente, del que se pueden sealar en
el acto las paradojas que surgen en el lmite mismo de su ejercicio. Paradojas
que aparecen, por un lado, con el poder atmico, que no es simplemente el poder
de matar, segn los derechos que se asignan a cualquier soberano, a millones y
centenares de millones de hombres (despus de todo, esto es tradicional). En
cambio, lo que hace que el poder atmico sea, para el funcionamiento del poder
polcico actual, una especie de paradoja difcil de soslayar, si no
completamente insoslayable, es que en la capacidad de fabricar y utilizar la
bomba atmica tenemos la puesta en juego de un poder de soberana que mata
pero, igualmente, de un poder que es el de matar la vida misma. De modo que, en
ese poder atmico, el poder que se ejerce acta de tal manera que es capaz de
suprimir la vida. Y de suprimirse, por consiguiente, como poder capaz de
asegurarla. O bien es soberano y utiliza la bomba atmica pero entonces no
puede ser poder, biopoder, poder de asegurar la vida como lo es desde el siglo
XIX o bien, en el otro extremo, tenemos el exceso, al contrario, ya no del
derecho soberano sobre el biopoder sino del biopoder sobre el derecho soberano.
Este exceso del biopoder aparece cuando el hombre tiene tcnica y polticamente
la posibilidad no slo de disponer la vida sino de hacerla proliferar, de
fabricar lo vivo, lo monstruoso y, en el lmite, virus incontrolables y
universalmente destructores. Extensin formidable del biopoder que, en
oposicin a lo que yo deca recin sobre el poder atmico, va a desbordar
cualquier soberana humana.
Excsenme
estos largos recorridos por el biopoder, pero creo que es contra ese fondo como
podemos reencontrar el problema que trat de plantear.
Entonces,
en esca tecnologa de poder que tiene por objeto y objetivo la vida (y que me
parece uno de los rasgos fndamentales de la tecnologa del poder desde el siglo XIX), cmo va a ejercerse el derecho
de matar y la funcin del asesinato, si es cierto que el poder de soberana
retrocede cada vez ms y que, al contrario, avanza ms y ms el biopoder
disciplinario o regulador? Cmo puede matar un poder como se, si es verdad
que se trata esencialmente de realzar la vida, prolongar su duracin,
multiplicar sus oportunidades, apartar de ella los accidentes o bien compensar
sus dficits? En esas condiciones, cmo es posible que un poder poltico mate,
reclame la muerte, la demande, haga matar, d la orden de hacerlo, exponga a la
muerte no slo a sus enemigos sino aun a sus propios ciudadanos? Cmo puede
dejar morir ese poder que tiene el objetivo esencial de hacer vivir? Cmo
ejercer el poder de la muerte, cmo ejercer la funcin de la muerte, en un
sistema poltico centrado en el biopoder?
se es el punto, creo, en que interviene el racismo.
No quiero decir en absoluto que se haya inventado en esta poca. Exista desde
mucho tiempo atrs. Pero creo que funcionaba en otra parte. Sin duda, fue el
surgimiento del biopoder lo que inscribi el racismo en los mecanismos del
Estado. En ese momento, el racismo se inscribi como mecanismo fundamental del
poder, tal como se ejerce en los Estados modernos y en la medida en que hace
que prcticamente no haya funcionamiento moderno del Estado que, en cierto
momento, en cierto lmite y ciertas condiciones, no pase por l.
En
efecto, qu es el racismo? En primer lugar, el medio de introducir por fin un
corte en el mbito de la vida que el poder tom a su cargo: el corte entre lo
que debe vivir y lo que debe morir. En el continuum biolgico de la
especie humana, la aparicin de las razas, su distincin, su jerarqua, la
calificacin de algunas como buenas y otras, al contrario, como inferiores,
todo esto va a ser una manera de fragmentar el campo de lo biolgico que el
poder tom a su cargo; una manera de desfasar, dentro de la poblacin, a unos
grupos con respecto a otros. En sntesis, de establecer una cesura que ser de
tipo biolgico dentro de un dominio que se postula, precisamente, como dominio
biolgico. Esa cesura permitir que el poder trate a una poblacin como una
mezcla de razas o, ms exactamente, que subdivida la especie de la que se hizo
cargo en subgrupos que sern, precisamente, razas. sa es la primera funcin
del racismo, fragmentar, hacer cesuras dentro de ese continuum biolgico
que aborda el biopoder.
Por
otro lado, el racismo tendr su segunda funcin: su papel consistir en
permitir establecer una relacin positiva, por decirlo as, del tipo
"cuanto ms mates, ms hars morir", o "cuanto ms dejes morir,
ms, por eso mismo, vivirs". Yo dira que, despus de todo, ni el racismo
ni el Estado moderno inventaron esta relacin ("si quieres vivir, es
preciso que hagas morir, es preciso que puedas matar"). Es la relacin
blica: "para vivir, es ineludible que masacres a tus enemigos". Pero
el racismo, justamente, pone en funcionamiento, en juego, esta relacin de tipo
guerrero -"si quieres vivir, es preciso que el otro muera"- de una
manera que es completamente novedosa y decididamente compatible con el
ejercicio del biopoder. Por una parte, en efecto, el racismo permitir
establecer, entre mi vida y la muerte del otro, una relacin que no es militar
y guerrera de enfrentamiento sino de tipo biolgico: "cuanto ms tiendan a
desaparecer las especies inferiores, mayor cantidad de individuos anormales
sern eliminados, menos degenerados habr con respecto a la especie y yo -no
como individuo sino como especie- ms vivir, ms fuerte y vigoroso ser y ms
podr proliferar". La muerte del otro no es simplemente mi vida,
considerada como mi seguridad personal; la muerte del otro, la muerte de la
mala raza, de la raza inferior (o del degenerado o el anormal), es lo que va a
hacer que la vida en general sea ms sana; ms sana y ms pura.
Relacin,
por lo tanto, no militar, guerrera o poltica, sino biolgica. Y si ese
mecanismo puede actuar, es porque los enemigos que interesa suprimir no son los
adversarios en el sentido poltico del trmino; son los peligros, externos o
internos, con respecto a la poblacin y para la poblacin. En otras palabras,
la muerte, el imperativo de muerte, slo es admisible en el sistema de biopoder
si no tiende a la victoria sobre los adversarios polticos sino a la
eliminacin del peligro biolgico y al fortalecimiento, directamente ligado a
esa eliminacin, de la especie misma o la raza. La raza, el racismo, son la
condicin que hace aceptable dar muerte en una sociedad de normalizacin. Donde
hay una sociedad de normalizacin, donde existe un poder que es, al menos en
toda su superficie y en primera instancia, en primera lnea, un biopoder, pues
bien, el racismo es indispensable como condicin para poder dar muerte a
alguien, para poder dar muerte a los otros. En la medida en que el Estado
funciona en la modalidad del biopoder, su funcin mortfera slo puede ser
asegurada por el racismo.
Podrn comprender, por consiguiente, la importancia
-iba a decir la importancia vital- del racismo en el ejercicio de un poder
semejante: es la condicin gracias a la cual se puede ejercer el derecho de
matar. Si el poder de normalizacin quiere ejercer el viejo derecho soberano de
matar, es preciso que pase por el racismo. Y a la inversa, si un poder de
soberana, vale decir, un poder que tiene derecho de vida y muerte, quiere
funcionar con los instrumentos, los mecanismos y la tecnologa de la
normalizacin, tambin es preciso que pase por el racismo. Desde luego, cuando
hablo de dar muerte no me refiero simplemente al asesinato directo, sino
tambin a todo lo que puede ser asesinato indirecto: el hecho de exponer a la
muerte, multiplicar el riesgo de muerte de algunos o, sencillamente, la muerte
poltica, la expulsin, el rechazo, etctera.
Creo
que a partir de ah pueden comprenderse unas cuantas cosas. Puede entenderse,
en primer lugar, el vnculo que se anud rpidamente -iba a decir inmediatamente
entre la teora biolgica del siglo XIX y el discurso del poder. En el fondo,
el evolucionismo, entendido en un sentido amplio -es decir, no tanto la teora
misma de Darwin como el conjunto, el paquete de sus nociones (como jerarqua de
las especies en el rbol comn de la evolucin, lucha por la vida entre las
especies, seleccin que elimina a los menos adaptados)-, se convirti con toda
naturalidad, en el siglo XIX, al cabo de algunos aos, no simplemente en una
manera de transcribir en trminos biolgicos el discurso poltico, no
simplemente en una manera de ocultar un discurso poltico con un ropaje
cientfico, sino realmente en una manera de pensar las relaciones de la
colonizacin, la necesidad de las guerras, la criminalidad, los fenmenos de la
locura y la enfermedad mental, la historia de las sociedades con sus diferentes
clases, etctera. En otras palabras, cada vez que hubo enfrentamiento, crimen,
lucha, riesgo de muerte, existi la obligacin literal de pensarlos en la forma
del evolucionismo.
Y
tambin puede comprenderse por qu el racismo se desarrolla en las sociedades
modernas que funcionan en la modalidad del biopoder; se comprende por qu el
racismo va a estallar en una serie de puntos privilegiados, que son
precisamente los puntos en que se requiere de manera indispensable el derecho a
la muerte. El racismo va a desarrollarse, en primer lugar, con la colonizacin,
es decir, con el genocidio colonizador. Cuando haya que matar gente, matar
poblaciones, matar civilizaciones, cmo ser posible hacerlo en caso de
funcionar en la modalidad del biopoder? A travs de los temas del
evolucionismo, gracias a un racismo.
La
guerra. Cmo se puede no slo hacer la guerra a los adversarios sino exponer a
nuestros propios ciudadanos a ella, hacer que se maten por millones (como pas
justamente desde el siglo XIX, desde su segunda mitad), si no es, precisamente,
activando el tema del racismo? En la guerra habr, en lo sucesivo, dos
intereses: destruir no simplemente al adversario poltico sino a la raza rival,
esa [especie] de peligro biolgico que representan, para la raza que somos,
quienes estn frente a nosotros. Desde luego, en cierto modo no hay all ms
que una extrapolacin biolgica del tema del enemigo poltico. Pero, ms aun,
la guerra -y esto es absolutamente nuevo- va a aparecer a fines del siglo XIX
como una manera no slo de fortalecer la propia raza mediante la eliminacin de
la raza rival (segn los temas de la seleccin y la lucha por la vida), sino
tambin de regenerar la nuestra. Cuanto ms numerosos sean los que mueran entre
nosotros, ms pura ser la raza a la que pertenecemos.
Tenemos
aqu, en todo caso, un racismo de guerra, novedoso a fines del siglo XIX, que
era necesario, creo; en efecto, cuando un biopoder quera hacer la guerra,
cmo poda articular la voluntad de destruir al adversario y el riesgo que
corra de matar a los mismos individuos cuya vida deba, por definicin,
proteger, ordenar, multiplicar? Podramos decir lo mismo con respecto a la
criminalidad. Si sta se pens en trminos de racismo, fue igualmente a partir
del momento en que, en un mecanismo de biopoder, se plante la necesidad de dar
muerte o apartar a un criminal. Lo mismo vale para la locura y las diversas
anomalas.
En
lneas generales, creo que el racismo atiende la funcin de muerte en la
economa del biopoder, de acuerdo con el principio de que la muerte de los
otros significa el fortalecimiento biolgico de uno mismo en tanto miembro de
una raza o una poblacin, en tanto elemento en una pluralidad unitaria y
viviente. Podrn advertir que, en el fondo, aqu estamos muy lejos de un
racismo que sea, simple y tradicionalmente, desprecio u odio recprocos de las
razas. Tambin estamos muy lejos de un racismo que sea una especie de operacin
ideolgica mediante la cual los Estados o una clase tratan de desviar hacia un
adversario mtico unas hostilidades que, de lo contrario, se volveran contra
[ellos] o socavaran el cuerpo social. Creo que es algo mucho ms profundo que
una vieja tradicin o una nueva ideologa; es otra cosa. La especificidad del
racismo moderno, lo que hace su especificidad, no est ligada a mentalidades e
ideologas o a las mentiras del poder. Est ligada a la tcnica del poder, a la
tecnologa del poder. Est ligada al hecho de que, lo ms lejos posible de la
guerra de razas y de esa inteligibilidad de la historia, nos sita en un
mecanismo que permite el ejercicio del biopoder. Por lo tanto, el racismo est
ligado al funcionamiento de un Estado obligado a servirse de la raza, de la eliminacin
de las razas y de la purificacin de la raza, para ejercer su poder soberano.
La yuxtaposicin o, mejor, el funcionamiento, a travs del biopoder, del viejo
poder soberano del derecho de muerte implica el funcionamiento, la introduccin
y la activacin del racismo. Y creo que ste se arraiga efectivamente ah.
En
esas condiciones, podrn comprender entonces cmo y por qu los Estados ms
asesinos son al mismo tiempo, y forzosamente, los ms racistas. Aqu hay que
considerar, desde luego, el ejemplo del nazismo. Despus de todo, el nazismo
es, en efecto, el desarrollo paroxstico de los nuevos mecanismos de poder que
se haban introducido desde el siglo XVIII. Por supuesto, no hay Estado ms
disciplinario que el rgimen nazi; tampoco Estado en que las regulaciones
biolgicas vuelvan a tomarse en cuenta de manera ms porfiada e insistente.
Poder disciplinario, biopoder: todo esto recorri y sostuvo a pulso la sociedad
nazi (a cargo de lo biolgico, de la procreacin y de la herencia; a cargo,
tambin, de la enfermedad y los accidentes). No hay sociedad a la vez
ms disciplinaria y aseguradora que la que introdujeron o en todo caso
proyectaron los nazis. El control de los albures propios de los procesos
biolgicos era uno de los objetivos inmediatos del rgimen.
Pero, al mismo tiempo que exista esa sociedad
universalmente aseguradora, universalmente reguladora y disciplinaria, a travs
de ella se produca el desencadenamiento ms total del poder mortfero, es
decir, del viejo poder soberano de matar. Ese poder de matar, ese poder de vida
y de muerte que atraviesa todo el cuerpo social de la sociedad nazi, se
manifiesta, en principio, porque no se otorga simplemente al Estado sino a toda
una serie de individuos, a una cantidad considerable de gente (ya se trate de
las SA, las SS, etctera). En ltima instancia, en el Estado nazi todo el mundo
tiene derecho de vida y de muerte sobre su vecino, aunque slo sea por la
actitud de denuncia, que permite efectivamente suprimir o hacer suprimir a
quien tenemos al lado.
Por
lo tanto, desencadenamiento del poder mortfero y del poder soberano a travs
de todo el cuerpo social. De igual manera, como la guerra se plantea
explcitamente como un objetivo poltico -y, en el fondo, no simplemente como
un objetivo poltico para obtener una serie de medios, sino como una especie de
fase ltima y decisiva de todos los procesos polticos-, la poltica debe
conducir a la guerra, y sta debe ser la fase final y decisiva que coronar el
conjunto. Por consiguiente, el objetivo del rgimen nazi no es sencillamente la
destruccin de las otras razas. ste es uno de los aspectos del proyecto; el
otro consiste en exponer a su propia raza al peligro absoluto y universal de la
muerte. El riesgo de morir, la exposicin a la destruccin total, es uno de los
principios inscriptos entre los deberes fundamentales de la obediencia nazi y
los objetivos esenciales de la poltica. Es preciso llegar a un punto tal que
la poblacin ntegra se exponga a la muerte. Slo esta exposicin universal de
toda la poblacin a la muerte podr constituirla de manera efectiva como raza
superior y regenerarla definitivamente frente a las razas que hayan sido
exterminadas por completo o que queden decididamente sometidas.
En
la sociedad nazi tenemos, por lo tanto, algo que, de todas maneras, es
extraordinario: es una sociedad que generaliz de manera absoluta el biopoder
pero que, al mismo tiempo, generaliz el derecho soberano de matar. Los dos
mecanismos, el clsico y arcaico que daba al Estado derecho de vida y muerte
sobre sus ciudadanos, y el nuevo mecanismo organizado alrededor de la
disciplina y la regulacin, en sntesis, el nuevo mecanismo de biopoder,
coincidieron exactamente. De modo que podemos decir lo siguiente: el Estado
nazi hizo absolutamente coextensos el campo de una vida que ordenaba, protega,
garantizaba, cultivaba biolgicamente y, al mismo tiempo, el derecho soberano
de matar a cualquiera, no slo a los otros, sino a los suyos. En los nazis se
produjo la coincidencia de un biopoder generalizado con una dictadura a la vez
absoluta y retransmitida a travs de todo el cuerpo social por la enorme
multiplicacin del derecho de matar y la exposicin a la muerte. Estamos frente
a un Estado absolutamente racista, un Estado absolutamente asesino y un Estado
absolutamente suicida. Estado racista, Estado asesino, Estado suicida. Estos
aspectos se superponan necesariamente y condujeron, desde luego, a la vez, a
la "solucin final" (con la cual se quiso eliminar, a travs de los
judos, a todas las otras razas, de las que aquellos eran a la vez el smbolo y
la manifestacin) de 1942 y 1943 y al telegrama 71, mediante el cual Hitler
daba, en abril de 1945, la orden de destruir las condiciones de vida del mismo
pueblo alemn.[5]
Solucin
final para las otras razas, suicidio absoluto de la raza [alemana]. A eso
llevaba la mecnica inscripta en el funcionamiento del Estado moderno. Slo el
nazismo, claro est, llev hasta el paroxismo el juego entre el derecho
soberano de matar y los mecanismos del biopoder. Pero ese juego est inscripto
efectivamente en el funcionamiento de todos los Estados. De todos los Estados
modernos, de todos los Estados capitalistas? Pues bien, no es seguro. Yo creo,
justamente -pero sa sera otra demostracin, que el Estado socialista, el socialismo,
est tan marcado de racismo como el funcionamiento del Estado moderno, el
Estado capitalista. Frente al racismo de Estado, que se form en las
condiciones de vida que les mencion, se constituy un socialracismo que no
esper la formacin de los Estados socialistas para aparecer. El socialismo fue
desde el comienzo, en el siglo XIX, un racismo. Y ya se trate de Fourier,[6]
a principios de siglo, o de los anarquistas, al final, pasando por todas las
formas de socialismo, siempre constatamos un componente de racismo.
Me
resulta difcil hablar sobre esto. Hablar as es jugar a la afirmacin
contundente. Demostrarlo implicara otra serie de clases al final (cosa que
quera hacer). En todo caso, querra decir simplemente lo siguiente: de una
manera general, me parece -y son un poco palabras sueltas- que el socialismo,
mientras no plantea en primera instancia los problemas econmicos o jurdicos
del tipo de propiedad o el modo de produccin -en la medida en que, por
consiguiente, no plantea ni analiza el problema de la mecnica del poder, los
mecanismos de poder-, no puede dejar de volver a afectar, a investir los mismos
mecanismos de poder que vimos constituirse a travs del Estado capitalista o el
Estado industrial. En todo caso, hay una cosa cierta: el tema del biopoder,
desarrollado a fines del siglo XVIII y durante todo el siglo XIX, no slo no
fue criticado por el socialismo sino que, de hecho, ste lo retom, lo
desarroll, lo reinstal, lo modific en algunos puntos, pero no reexamin en
absoluto sus fundamentos y sus modos de funcionamiento. En definitiva, me
parece que el socialismo retom sin cambio alguno la idea de que la sociedad o
el Estado, o lo que debe sustituirlo, tienen la funcin esencial de hacerse
cargo de la vida, de ordenarla, multiplicarla, compensar sus riesgos, recorrer
o delimitar sus oportunidades y posibilidades biolgicas. Con las consecuencias
que ello tiene cuando estamos en un Estado socialista que debe ejercer el
derecho de matar o eliminar, o el de descalificar. Y de ese modo vamos a
comprobar, naturalmente, que el racismo -no el propiamente tnico, sino el de
tipo evolucionista, el racismo biolgico- funciona a pleno en los Estados
socialistas (del tipo de la Unin Sovitica), con respecto a los enfermos
mentales, los criminales, los adversarios polticos, etctera. Esto en cuanto
al Estado.
Lo
que tambin me parece interesante y durante mucho tiempo represent un problema
para m es que, una vez ms, no encontramos simplemente en el plano del Estado
socialista ese mismo funcionamiento del racismo, sino tambin en las diferentes
formas de anlisis o proyecto socialista, a lo largo de todo el siglo XIX, y,
me parece, alrededor de esto: en el fondo, cada vez que un socialismo insisti,
sobre todo, en la transformacin de las condiciones econmicas como principio
de transformacin y paso del Estado capitalista al Estado socialista (en otras
palabras, cada vez que busc el principio de la transformacin en el nivel de
los procesos econmicos), no necesit el racismo, al menos en lo inmediato. En
cambio, en todos los momentos en que el socialismo se vio obligado a insistir
en el problema de la lucha, la lucha contra el enemigo, la eliminacin del
adversario dentro mismo de la sociedad capitalista; cuando se trat, por
consiguiente, de pensar el enfrentamiento fsico con el adversario de clase en
la sociedad capitalista, el racismo resurgi, porque era la nica manera que
tena un pensamiento socialista, que de todas formas estaba muy ligado a los
temas del biopoder, de pensar la razn de matar al adversario. Cuando se trata
simplemente de eliminarlo econmicamente, de hacerle perder sus privilegios, el
racismo no hace falta. Pero desde el momento en que hay que pensar que vamos a
estar frente a frente, y que ser preciso combatirlo fsicamente, arriesgar la
vida y procurar matarlo, el racismo es necesario.
Por
lo tanto, cada vez que vemos esos socialismos, unas formas de socialismo, unos
momentos de socialismo que acentan el problema de la lucha, tenemos racismo.
De tal modo, las formas de socialismo ms racistas fueron sin duda el
blanquismo, la Comuna y la anarqua, mucho ms que la socialdemocracia, que la
Segunda Internacional y que el propio marxismo. En Europa, el racismo
socialista recin se liquid a fines del siglo XIX, por un lado debido a la
dominacin de una socialdemocracia (y, hay que decirlo, de un reformismo ligado
a ella) y, por el otro, a causa de cierta cantidad de procesos como el caso
Dreyfus en Francia. Pero antes del caso Dreyfus, todos los socialistas -bueno, la
gran mayora de los socialistas eran fundamentalmente racistas. Y yo creo que
eran racistas en la medida en que (y terminar con esto) no reconsideraron o
admitieron, si lo prefieren, como evidentes por s mismos esos mecanismos de
biopoder que haba introducido el desarrollo de la sociedad y el Estado desde
el siglo XVIII. Cmo se puede hacer funcionar un biopoder y al mismo tiempo
ejercer los derechos de la guerra, los derechos del asesinato y de la funcin
de la muerte si no es pasando por el racismo? se era el problema, y creo que
sigue sindolo.
* En el original, la frase es "le pouvoir laisse tomber la mort"; literalmente, "el poder deja caer la muerte" (N. del T.).
* En el manuscrito, "aseguradores" en lugar de "regularizadores".
* En el manuscrito, la frase prosigue: despus de
"nacional", "en la poca de la Revolucin". 217
[1] Sobre la cuestin de la tecnologa disciplinaria,
vase Surveiller et Punir, ob. ct.
[2] Sobre todas estas cuestiones, vase el curso en el
Collge de France del ciclo lectivo 1973-1974, Le Pouvoir psychiatrique de prxima aparicin.
[3] M. Foucault volver a todos estos mecanismos, sobre
todo en los cursos en el Collge de France, ciclo lectivo 1977-1978, Scurit,
Territoire et Population, y 1978-1979, Naissance de la biopolitique.
[4] Foucault se refiere aqu a la teora
elaborada en Francia a mediados del siglo XIX por ciertos alienistas, en
particular B. A. Morel (Traite des dgnrescences physiques,
intellectuelles et morales de lespce humaine, Pars, 1857; Traite des
maladies mentales, Pars, 1870), V. Magnan (Leons cliniques sur les
maladies mentales, Pars, 1893) y
M. Legrain y V. Magnan {Les Dgnrs, tat mental et syndromes pisodiques,
Pars, 1895). Esta teora de la
degeneracin, fundada en el principio de la transmisibilidad de la tara llamada
hereditaria, fue el ncleo del saber mdico sobre la locura y la
anormalidad en la segunda mitad del siglo XIX. Hecha suya tempranamente por la
medicina legal, tuvo considerables efectos sobre las doctrinas y las prcticas
eugnicas, y no dej de influir en toda una literatura, toda una
criminologa y toda una antropologa.
[5] El 19 de marzo, Hitler haba tomado previsiones para la destruccin
de la infraestructura logstica y las instalaciones industriales de Alemania.
Esas medidas se anunciaron en dos decretos del 30 de marzo y el 7 de abril.
Sobre ambos, cf. A. Speer, Erinnerungen, Berln, Propylen-Verlag, 1969
(traduccin francesa: Au coeur du Troisime Reich, Pars, Fayard. 1971)
[traduccin castellana: Memorias: Hitler y el Tercer Reich vistos desde
dentro, Barcelona, Plaza y Janes, 1974]. Foucault sin duda ley la obra de ].
Fest, Hitler, Francfort/Berln/Viena, Verlag Ullstein, 1973 (traduccin
francesa, Hitler, Pars, Gallimard, 1973) [traduccin castellana: Hitler,
Barcelona, Noguer, 1975].
[6] De Ch. Fourier, vase
sobre todo al respecto: Thorie des Quatre Mouvements et des Destnes
gnrales, Leipzig [Lyon], 1808 [traduccin castellana: Teora de los
cuatro movimientos y los destinos generales, Barcelona, Barral, 1974]; Le
Nouveau Monde industriel et socitaire. Pars, 1829; La Fausse Industrie
mrcele, repugnante, mensongre, Pars, 1836, dos volmenes.