BIBLIOTECA SOCIOLGICA INTERNACIONAL

 

James Mark Baldwin

 

Profesor de Psicologa en la Universidad de Princeton

 

 

EL DESENVOLVIMIENTO MENTAL

EN EL NINO Y EN LA RAZA

 

 

 

 

 

Versin directa del ingls

POR

LUIS UMBERT

 

 

 

Edicin ilustrada con varios grabados

TOMO I

 

 

 

 

 

 

 


INTRODUCCIN

 

CAPTULO PRIMERO

PSICOLOGA DEL NIO Y DE LA RAZA

 

El estudio de la psicologa ha adquirido tal desarrollo en estos ltimos aos, y es tan diferente el ideal que hoy persigue desde el punto de vista de los antiguos tratados de filosofa mental, que se experimenta la necesidad de introducciones especiales para cada una de las secciones creadas. Estas introducciones tendrn no slo la ventaja de servir para claridad de la exposicin, sino que permitirn defender algunos estudios objeto de serios ataques todava. La expresin nursery psychologist tiene indudablemente alguna aspereza de intencin por parte de su autor; pero sera de desear que el pblico, instruido, no la mirase ya como frase de zumba y de desprecio, sino como un ttulo de honor.

 

I.Psicologa del nio: Ontognesis

No ofrece duda que al xito creciente de la idea de evolucin debemos una parte al menos de los progresos de la psicologa durante los veinticinco o treinta aos ltimamente transcurridos. Ese renacimiento y expansin de la concepcin antigua de esta ciencia, estn verdaderamente en armona con las ideas tiempo ha dominantes en otras ramas de estudios cientficos. Una fase sin embargo de esa amplitud de investigacin psquica se produce muy caractersticamente bajo la influencia de la doctrina evolucionista, y puede llamrsela fase gentica o de crecimiento.

La antigua ciencia del alma consideraba a sta como una entidad inmutable dotada de atributos igualmente inmutables. La psicologa consciencial, alcanzando su objeto de un modo a la vez inmediato y adecuado, pareca una ciencia definitiva. Era tanto ms fcil estudiar el espritu cuanta ms plenitud de desarrollo hubiese adquirido, y crease que sus ms elevadas facultades, aun inactivas no cesaban jams de estar presentes, bien que adormecidas. Con tal concepto, nada de lo que est en la conciencia del hombre debe faltar en la del nio, y lo que en sta falta, nunca se encontrar en la del hombre.

Necesario era, pues, separar ya al hombre entero en las manifestaciones de su infancia, y si determinados fenmenos aparecan tan slo en la conciencia del adulto, deba tenrseles presentes en la conciencia del nio aunque escapasen a nuestros medios de investigacin. La argumentacin antigua y no lo es tanto que no se la encuentre an en ciertos libros modernos era sta: La conciencia nos sugiere ciertas grandes ideas evidentemente sencillas y primitivas. Por lo tanto, semejantes ideas son innatas, y si no las hallamos en la conciencia infantil, al menos es preciso leerlas en ella.

La idea de evolucin trastorna todo esto. En lugar de una sustancia inmutable, tenemos una actividad que crece y se desarrolla, y la psicologa de las funciones reemplaza la psicologa de las facultades. En vez de comenzar el estudio del espritu en el acto de su pleno crecimiento y de su entero desarrollo parcenos ms instructivo estudiar primeramente los fenmenos ms elementales de la actividad mental. El desarrollo de sta procede tanto por evolucin como por involucin, y los elementos primeros desaparecen pronto detrs de la urdimbre de los fenmenos ms complejos. Si hay en la conciencia del adulto principios que no se observan en la del nio, es preciso en lo posible explicarlos por lo que podemos colegir de la conciencia infantil, y si es imposible, al menos determinar con exactitud las circunstancias precisas de su aparicin y de su desarrollo.

Establecida esta concepcin evolucionista, admranos que no se hubiese dado ms pronto a luz, y admira tambin que la nueva psicologa la haya usado con tal restriccin. La diferencia entre la descripcin y la explicacin es tan antigua como la ciencia. Qu qumico se contentar por mucho tiempo con una simple descripcin de los cuerpos suministrados por la naturaleza? Ninguno, en verdad, pues no ignoran que la ciencia empieza por el anlisis. No le satisface al fillogo el exacto conocimiento de gramticas y lenguas; quiere adems reducirlas a elementos comunes y busca penetrar las leyes de su gnesis. Pero el psiclogo, en vez de ciencia, se ha contentado aos y aos con tal descripcin, aun cuando la naturaleza, con los datos que le ofreca, prestbase a ayudarla en el anlisis mental.

Entre las ventajas que esperamos de la psicologa del nio, existe precisamente la necesidad del anlisis, y esto en razn misma del crecimiento del espritu. Por lo dems puede desarrollarse esta asercin indicando varios puntos precisos que diferencian esta rama de psicologa general de las otras ramas actualmente reconocidas.

I.Por lo pronto, los fenmenos de la conciencia del nio son simples y no reflejos; esto es, sus representaciones y sus recuerdos se le presentan inmediatamente y no a travs de la observacin que podra hacer.

En el hombre, las influencias perturbadoras de la observacin interior no son descuidables: me es imposible conocer exactamente lo que siento, pues la atencin que le presto lo modifica. Mi voluntad es tambin un proceso complejo oscilante entre mil alternativas entre las que sobresalen el orgullo y el inters. A todos nos envuelve una red de convenciones y de prejuicios por nosotros mismos fabricados. No slo adoptamos la ceremoniosa etiqueta de los que nos rodean, con lo que perdemos las espontaneidades distintivas del nio, sino que cada cual establece dentro y frente a frente de s mismo todo un sistema de reserva y de formalismo personales. No solamente somos juguete de los dolos del foro, sino de los dolos de la caverna.

En el nio, la emocin es tan espontnea como un manantial, y pronto se traduce en actos exteriores, exentos de toda reserva, de todo clculo, de toda duplicidad. El nio no conoce su propia importancia, su genealoga, su gracia, su sitio social, su religin, su patrimonio: no se ha mirado ni observado a travs de sus innumerables lentes y no se percata de las mil circunstancias de tiempo, de lugar, de persona, de condicin, etc. Su yo no ha llegado a ser todava su dolo, y el mundo su templo; podemos estudiarle antes de que se oculte bajo los considerables aluviones que la creciente conciencia del yo no cesa de acumular.

Una de las mejores pruebas que podramos hallar de la realidad y de la exactitud de esta asercin sobre la naturaleza del espritu del nio, es el anlogo estado de espritu del hipnotizado. Creo en efecto que uno de los ms sealados servicios del hipnotismo es la demostracin de la fuerza motriz de la idea. Toda idea tiende a traducirse en acto. Desechadas todas las convenciones, las reservas, las vacilaciones, mustrase tal como es el espritu, como un complejo de reacciones mltiples. El hipnotismo no era sin embargo necesario para esta demostracin. La observacin paciente de los movimientos del nio durante su primer ao, habra permitido considerar esta verdad como una de las ms seguras generalizaciones de la ciencia del espritu. En ausencia de reflexiones y de vacilaciones, el nio obra siempre bajo la influencia de la primera sugestin, traduciendo sus ms mnimas impresiones en trminos de motilidad.

II. El estudio de los nios es generalmente el nico medio que tenemos de verificar nuestros anlisis mentales. Si afirmamos que cierto hecho complejo se compone de elementos mentales ms sencillos, slo a la vida intelectual del nio podemos apelar para comprender esta composicin en su gnesis. Es tan considerable la distancia del nio al adulto, y los comienzos de la vida mental en el nio estn tan bajos, en la escala de las capacidades morales e intelectuales, que casi no hay cuestin de anlisis sin resolver todava, que no pueda solucionarse por este mtodo.

Por otra parte, dicho mtodo parece encaminar a la obtencin de anlisis definitivos de numerosos estados o procesos mentales que se crey irreductibles. La distincin entre la simple conciencia y la conciencia de s mismo o conciencia refleja es un excelente ejemplo de este gnero de solucin o de anlisis. Se ha levantado sistemas sobre sistemas para sostener la teora de la conciencia sujeto-objeto y en especial para probar que la conciencia personal y subjetiva implicaba necesariamente, al menos en cierto grado, una oposicin consciente entre el yo y el no-yo. Puede establecerse sin embargo una prueba de lo contrario por la observacin de los nios en crianza de menos de seis meses.

Al llegar a este punto, observemos que la psicologa del nio es mucho ms til a la psicologa del hombre que el estudio de la conciencia animal. El animal no ser jamas un hombre, mientras que el nio llegar a serlo. En ciertos aspectos, los animales adquieren ms desarrollo que el ser humano; pero bajo otros, se quedan a gran distancia de l. Estudiando al animal, tmese siempre que resulte superficial la analoga y que ciertos elementos esenciales al desarrollo del humano espritu falten en absoluto a la bestia. Adems, en las cuestiones de anatoma comparada que tienen conexiones con la psicologa, como por ejemplo las de localizacin de las funciones motrices cerebrales, la comparacin casi no puede hacerse ms que con los animales superiores, tales como el mono. El mismo perro slo presenta muy remotas analogas. Pero en el estudio del nio podemos estar seguros de que si ste es un ser normal, dar un da un hombre normal.

Si comparamos la psicologa infantil a la patologa mental, es fcil observar que la ventaja est en favor de la primera. En las enfermedades mentales, estn ms o menos atacadas todas las funciones del espritu. Nunca tenemos la seguridad absoluta de que las simpatas y las conexiones funcionales no se hayan desarrollado a la par de otras simpatas ms ocultas y otras conexiones menos ostensibles unidas todas para el trastorno de una sola. As el instinto que se modific con el desarrollo de la voluntad, no permanece intacto si esa voluntad se debilita. Por este motivo, la aplicacin del mtodo de diferencia que consiste en examinar lo que es de un fenmeno si se suprime una parte de sus condiciones antecedentes, no siempre es posible, ya que semejante supresin trae consigo toda una serie de modificaciones de las circunstancias concomitantes. En el nio todas las funciones crecen armoniosamente; la ausencia de una funcin no ostensible todava no modifica violentamente las otras, como en las enfermedades mentales, la brusca supresin de una de ellas.

El sabio inclinado a la patologa animal tropieza con las mismas dificultades. As subsiste siempre el principio indefinido de error llamado choc. Los rganos que dej intactos la enfermedad o el escalpelo, simpatizan con el sufrimiento de los rganos heridos, y a menudo una funcin perdida reaparece cuando el tiempo permite la restauracin de los rganos.

El estudio del nio asegura las mismas ventajas de simplificacin sin las desventajas de una inhibicin posible de ciertas otras funciones. En otros trminos, la simplicidad del nio es normal, mientras que la del enfermo o del operado es anormal y acarrea a menudo lo que los mdicos llaman complicaciones.

III. La psicologa infantil presenta an una nueva ventaja, la de una simplicidad psicolgica correspondiente a la simplicidad psquica, de manera que podamos con facilidad darnos cuenta de los procesos biolgicos relativamente sencillos. Y digo relativamente sencillos porque en realidad, desde el nacimiento, son complejos de un modo sorprendente, y el embriologista hace remontar mucho ms alto sus estudios del desarrollo de la vida orgnica. Son no obstante sencillos si se considera lo que llegan a ser despus de la formacin de los hbitos, el establecimiento de las asociaciones motrices y cerebrales; en una palabra, despus que el sistema nervioso se ha adaptado por completo a las exigencias del medio. Tomemos un ejemplo. El psiclogo, que sostiene que tenemos el don innato del lenguaje, puede apelar a las ltimas investigaciones fisiolgicas, que le darn en efecto una confirmacin orgnica, al menos en la medida de lo que ya se conoce del aparato cerebral. El estudio del cerebro del nio no confirma sin embargo esta prueba. No slo dejamos de encontrar en l todos los diversos centros del lenguaje actualmente conocidos, sino que los ya existentes no llenan las funciones que tendrn cuando el nio hable. En otros trminos, el objeto primero de los centros verbales no es la palabra, sino alguna otra funcin ms sencilla, y el lenguaje slo aparece gracias a la unin de estas funciones separadas.

Existe, pues, un desarrollo psicolgico que armoniza con el desarrollo fsico. La serie de esas correlaciones de crecimiento no puede establecerse con exactitud sino comenzando por los orgenes. En cuanto a los hechos interiores cuyas correspondencias fisiolgicas no podrn establecerse, se apreciarn ms exactamente cuanto mejor se les ilumine.

IV. La observacin del nio permite en fin ms amplio empleo de la experimentacin[1]. Entiendo hablar a la vez de las experiencias sobre los sentidos y de las experiencias directamente conscienciales, como por ejemplo la sugestin, las influencias sociales, etc. En la experimentacin con los adultos, surgen graves dificultades por el hecho de que las reacciones (por ejemplo el cumplimiento de un movimiento voluntario al son de un timbre, etc.) se ven contrariadas por la deliberacin, los deseos habituales, la eleccin, etc., sin contar la decisin voluntaria final. El sujeto oye un sonido, lo identifica y oprime un botn, si acepta y decide hacerlo as. Qu ocurre en el intervalo de tiempo que media entre el proceso nervioso centrpeta y la descarga que sigue al proceso nervioso centrfuga? En todo caso, representa esto un proceso cerebral altamente complejo. Por tal razn, un mtodo que simplifique las correlaciones sensorio-motrices o los procesos centrales, da ciertamente mejores resultados.

As, las experiencias sobre las reacciones reflejas son preciosas y aun decisivas, cuando las experiencias similares sobre las reacciones voluntarias son inciertas y de dudoso valor. En cuanto al hecho de que la conciencia infantil es relativamente sencilla y ofrece as ms fructuoso campo a la experimentacin, evidncianlo los captulos en que se trata de la sugestin en el nio y de sus reacciones a las excitaciones fuertes, tales como los brillantes colores, etc.2 Por lo dems, ste es el punto en que debe ejercitarse la inteligencia, ya en la organizacin, ya en la prosecucin de las experiencias. Mejor estudiado el sujeto, las nuevas experimentaciones ofrecern el mismo nmero de dificultades que en las dems ciencias; pero actualmente el investigador puede dedicarse al estudio de los fenmenos ms sencillos de la vida y de la actividad del nio.

Despus de esta incompleta revista de las ventajas de la psicologa infantil, tal vez sera oportuno observar los peligros del abuso de semejantes investigaciones. Estos peligros son reales. La sencillez misma que parece caracterizar la vida del nio, es con frecuencia ilusoria, y es ilusoria porque dicha sencillez acaso no siempre es tpica y especfica, sino individual. Spencer tena presentes numerosos hechos cuando deca que el desarrollo orgnico comprenda un doble progreso, respectivamente complejo y especfico. Esta distincin entre la sencillez que indica una simple ausencia de toda cualidad compleja y la que indica la misin precisa de las funciones, se aplica con grandes limitaciones al crecimiento mental.

Dos reacciones nerviosas pueden parecer igualmente simples; pero la una no es sino una adaptacin adquirida con grandes trabajos y realmente muy compleja, mientras que la otra puede ser primitiva y realmente simple. En el nio, el estado de conciencia parecer no implicar ni complejidad ni integracin, y, no obstante, si se le examina, representa todo un cmulo de experiencias ancestrales e individuales, en razn de su sencillez y de su especificacin. Es un corolario de las leyes de herencia, que desde sus orgenes diferencian profundamente a los nios, aun en las ms simples manifestaciones de su vida consciente. Nunca se est seguro de poder decir exceptuando las reservas antes expresadas: Este nio ha hecho esto; pues tambin lo harn los dems. Lo ms que puede decirse habitualmente, segn una observacin aislada, es: Este nio ha hecho esto; es posible que otro nio lo haga. Sin embargo, los casos dudosos pueden reconocerse y eliminarse si no se olvida ciertos principios del desarrollo mental.

1. En primer lugar, en la historia del espritu no puede fijarse ningn tiempo preciso para la aparicin de un fenmeno mental. Las observaciones actualmente generalizadas y observadas como haciendo referencia ya al primero, ya al segundo ao, etc., tienden a demostrar perfectamente que no tienen un sentido estricto semejantes indicaciones. El sistema nervioso, igual en esto a un organismo cualquiera, puede desarrollarse ms o menos rpidamente segn le sean ms o menos favorables las circunstancias, y el desarrollo de las facultades mentales depende en gran parte de este desarrollo fsico. Sin embargo, pueden indicarse siempre estos perodos atenindose a las grandes lneas y a las ms amplias generalizaciones.

2. La posibilidad de la aparicin de un fenmeno mental debe siempre cuidadosamente distinguirse de su necesidad. La observacin autntica de un hecho nico es decisiva, pero nicamente contra aquellos que niegan que pueda producirse en tales condiciones, pues no est probado que el fenmeno sea observable en otras. Por ejemplo: los primeros movimientos del nio para tomar su alimento no pueden atribuirse a la voluntad; pero queda en pie la cuestin de saber cul es el motivo suficiente de su aparicin, y, por consiguiente, cul es el desarrollo nervioso requerido, qu grado de experiencia es necesario. Lcito es sostener que basta, un solo hecho para derribar una hiptesis, pero raramente son las condiciones suficientemente sencillas para poder establecer por su medio una teora.

3. Puede deducirse del principio mismo de la evolucin, que el orden del desarrollo de las funciones mentales es constante e invariable en normales condiciones. Por lo tanto, las observaciones ms fructuosas son las que establecen este orden de aparicin, determinando que tal funcin exista antes que tal otra pudiese haberse observado. Finalmente, el carcter complejo de los fenmenos mentales llega a ser tan considerable, que nada puede en l distinguirse, ni antes ni despus. Pero si la evolucin del nio muestra perodos en los que evidentemente faltan ciertos elementos, tenemos al menos algunas indicaciones sobre la ley de desarrollo: por ejemplo, si establece un solo hecho, de un modo concluyente, que el nio es capaz de deducir una conclusin antes de hablar, este solo caso es tan bueno como pudieran serlo mil para demostrar que el pensamiento, al menos en cierto grado, es independiente de la palabra3.

4. Si los ms directos resultados se obtienen mediante experiencias sistemticas guiadas por una idea preconcebida, no es menos importante establecer largas series de observaciones generales, regularmente llevadas a cabo y escrupulosamente registradas, sobre todo habiendo en cuenta la interpretacin que finalmente podr deducirse de ellas. La verdadera fuerza, all como en todas partes, est en el nmero de las experiencias. Tales experiencias deberan extenderse a cuanto se refiere al nio: movimientos, gritos, impulsos, sueos, preferencias personales, esfuerzos musculares, ensayos de lenguaje, juegos favoritos, etc., y deberan inscribirse en un peridico regular, con las diversas fechas en que viesen la luz. Conviene practicarse en discernir lo importante de lo que no lo es, y debemos desear que todos los observadores de la infancia se familiaricen con los principios de la psicologa general y de la fisiologa especial de la primera infancia, atenindose a los dictmenes prcticos de un observador ya experimentado4.

 

 

II.-Psicologa de la raza: Filognesis

 

Adoptando una distincin empleada en la terminologa biolgica, llamaremos ontognesis al desarrollo mental del individuo, y filognesis a la evolucin de la raza o al desarrollo de la conciencia en toda la serie animal. Todo cuanto he dicho de la psicologa del nio se contrae al primer estudio. Antes de entrar en el verdadero objeto de este libro, creo oportuno indicar la importancia de las investigaciones filogenticas.

La expresin psicologa de la raza suele tomarse en sentido harto restringido, como refirindose a los caracteres mentales de los diferentes pueblos, estudiados desde el punto de vista de la familia, del culto, de la civilizacin. En este sentido, la palabra raza se aplica exclusivamente a la humanidad. El estudio comparativo del hombre y del animal resurge de una ciencia especial llamada psicologa comparada. Amparndome en la autoridad de la expresin experiencia de la raza empleada para indicar todas las riquezas acumuladas por la herencia y la vida ancestral, ampliar el sentido de la palabra psicologa de la raza a toda la historia de la conciencia viviente. El problema que esta ciencia plantea convirtese entonces en el problema del desarrollo filogentico de la conciencia, a travs de todas sus manifestaciones animales y humanas, y corresponde al problema del desarrollo ontogentico, estudiado por la psicologa individual. Ambas son, por lo dems, ramas legtimas de la psicologa gentica considerada distintamente de la psicologa funcional.

La cuestin de la psicologa de la raza as comprendida es sumamente importante, y en estos ltimos tiempos se ha descuidado hasta el extremo. De la teora moderna de la evolucin biolgica surge en favor de la filognesis mental una presuncin que demanda ser sometida a un examen atento y minucioso, por la laboriosa intepretacin de las concomitancias evolutivas del cuerpo y del espritu. Opino que las cuestiones relativas a la naturaleza del espritu en cuanto distinto de sus funciones, son muy independientes de las cuestiones de origen; pero los datos genticos, al demostrar el mecanismo de las funciones, arrojarn al mismo tiempo torrentes de luz sobre el difcil problema de nuestra naturaleza mental5.

Admitido el problema filogentico, es decir, la posibilidad de un estudio de desenvolvimiento del espritu a travs de las series animales, podemos usar libremente de todos los recursos que nos proporciona la psico-fisiologa, tanto para los hombres como para los animales superiores. As llegaremos a la ms plausible hiptesis, percibiremos las lneas generales de las relaciones que habrn de establecerse entre el desarrollo mental y el desarrollo nervioso, y deduciremos las fases de la historia de la raza de las del desarrollo del individuo. Esta deduccin, por lo dems, se facilita por la recapitulacin, es decir, por el reflejo de las fases de la historia de la raza en cada desarrollo individual. Reconoceremos el plan de desarrollo paralelo de las dos series de hechos considerados como los elementos de un hecho nico cuya historia es la de la raza, y estamos absolutamente convencidos que lo descubriremos en la historia del individuo. Aceptaremos las certidumbres establecidas por la biologa, para las investigaciones orgnicas, y esperamos que los bilogos aceptarn asimismo los descubrimientos de la psicologa. Finalmente, admitiremos la posibilidad de principios absolutos en una y otra serie, de modo que los principios de una se sustraigan a los criterios de la otra. Por ejemplo, si la vida presupone necesariamente una funcin superior a las afinidades qumicas, tambin el psiclogo puede investigar a la luz de los hechos si el juicio moral no es un fenmeno que sobrepuje el poder de las funciones vitales.

Proponmonos tratar sucesivamente en este libro de todas estas diferentes cuestiones de la psicologa gentica. Una de ellas sin embargo supone tal nmero de conocimientos preliminares y ha sido hasta hoy tan poco estudiada, que es bueno exponerla con amplitud desde el comienzo de este trabajo. Quiero hablar de la cuestin de las analogas entre el desarrollo del individuo y el de la raza.

 

 

 

III.Analogas de desenvolvimiento

Los bilogos competentes consideran la hiptesis evolucionista perfectamente demostrada por la embriogenia. El embrin individual pasa por una serie de estados cuyas diversas formas recuerdan las fases actualmente reconocidas en el desarrollo de las series animales. Parecida analoga puede establecerse en lo referente a la conciencia. En efecto, observamos que sta adquiere incremento paralelamente a las fases de desarrollo del sistema nervioso en los animales, y este paralelismo de ambos procesos parece verificarse, al menos en lo que toca a sus grandes lneas, en el crecimiento del nio.

La evolucin de las razas parece exigir, tanto desde el punto de vista orgnico como del psquico, un desarrollo cuyos trminos principales se colocaran aproximadamente en este orden 6: 1., una simple contractilidad correspondiente a los primeros sentimientos de placer y de pena; 2., un acrecentamiento nervioso correspondiente a las sensaciones y comprendiendo grupos de impresiones musculares lo mismo que ciertas reacciones de adaptacin; 3., otro acrecentamiento nervioso correspondiente a las simples percepciones de los objetos, con el desarrollo completo de la organizacin motriz, de la atencin espontnea y del instinto; 4., una coordinacin creciente de los testimonios de la conciencia: memoria, imitacin, impulsos, emociones primeras; 5., finalmente la aparicin de la inteligencia y del pensamiento consciente: la accin voluntaria y las emociones superiores. Sin insistir en los detalles de este esbozo, pueden indicarse claramente ciertas grandes pocas de diferenciacin funcional. La primera es la poca de los procesos rudimentarios de los sentidos: procesos del placer y del dolor, procesos de la simple adaptacin motriz, cmodamente llamada, poca afectiva. La segunda, esto es, la poca de la representacin simple, de la memoria, de la imitacin, de la accin defensiva, del instinto que gradualmente nos lleva a la tercera; la de la representacin compleja, de la completa coordinacin motriz, de la conquista, de la accin ofensiva y de la volicin rudimentaria. Desde el punto de vista psquico, yo caracterizara de buen grado estas dos ltimas fases del nombre como poca de la referencia objetiva. En fin, la cuarta, la poca del pensamiento, de la reflexin, de la afirmacin del yo, de la organizacin social, de la unin de las fuerzas, de la cooperacin; es la poca de la referencia subjetiva, que, en la historia del hombre, se traduce por la accin social y moral. En el mundo animal, esas pocas forman una serie visible al primer golpe de vista, bien que sus trminos no sean rigurosamente distintos uno de otro y que sus sucesivas apariciones no presenten carcter de exclusivismo. Esto basta, por otra parte, para definir y fijar ciertos puntos que servirn de base a las verdaderas adquisiciones y de indicacin para estudios sucesivos. Encontramos estas cuatro pocas representadas por la mayor parte de los invertebrados: insectos y otros, los vertebrados inferiores, los vertebrados superiores y, en fin, el hombre.

La analoga de esta serie de pocas con las del desarrollo del nio es muy clara, al menos en conjunto. El nio comienza, en sus experiencias prenatales y postnatales, por sensaciones vagas de placer y de dolor y por las primeras adaptaciones motrices que de ellas derivan. Pasa por un perodo de percepcin de los objetos y de reacciones correspondientes por sugestin, imitacin, etc. Llega a ser ms o menos apto para guardarse a s mismo y adquiere la imaginacin y la voluntad; luego, en ltimo lugar, aparece el hombre reflexivo, el ser social y moral que conocemos.

Bueno es aadir, sin embargo, llegados a este punto y para profundizar algo ms, una postrera distincin, cuyo valor justificar ampliamente lo que se dir ms adelante7. Es evidente que si la poca objetiva precede a la subjetiva (si el nio reacciona a sus percepciones primero de un modo puramente reflejo, y con reflexin luego), se observar gran diferencia entre el modo cmo en estos dos diversos momentos mirar a las personas. Antes de hacer reflexiones sobre s mismo, es decir, en la poca objetiva, no puede comprender las otras sino como objetos exteriores; pero aprendiendo a reflexionar sobre s mismo, concluye tambin por considerar a los dems como sus iguales, es decir, como seres que, a imitacin suya, se defienden contra el mundo exterior. Hay, no obstante, cuatro fases muy distintas en la experiencia del nio con relacin a las personas; fases, por lo dems, posteriores todas ellas al perodo puramente afectivo de su desarrollo: 1. Las personas son simplemente objetos, partes de la materia, conocidas por sus sensaciones que se le representan como exteriores a l. 2. Son objetos de una naturaleza del todo particular, muy interesantes, muy activos, en extremo arbitrarios, verdaderos presagios de goce o de pena. Si estimamos esos objetos como plenamente representados, es decir, como situados en el espacio y objetivados exteriormente, podemos considerar estas premisas como proyectivas y decir que para el nio, en este perodo, las personas son personas proyectivas o personas proyectos. 3. El nio advierte que sus propias acciones emanan de l, bien que imitadas de sus semejantes proyectivos, que directamente le excitan a ejercer tambin su accin. Juzga como centro de sus actos su propio organismo y su conciencia como teatro de ellos, y adquiere de este modo conciencia de s mismo como sujeto. 4. En fin, ha descubierto ya ciertas particularidades anlogas en las dems personas sus iguales y entonces stas se presentan como personas objetivadas, como sujetos o personas ejects8, es decir, compaeros sociales.

Insisto aqu en esta serie de distinciones, por ms que luego habremos de profundizar en ellas, ya que su negligencia es la que ms ha viciado desde el principio los primeros trabajos de psicologa infantil y social. El sofisma del psiclogo9, tan cmodo y a la vez tan conocido, lo mismo para disfrazar la ignorancia que para velar el error, slo llegar a ser imposible por la adopcin de trminos precisos. Si entendemos por objeto lo que el nio toma como externo, por personas proyectos el conocimiento distinto que tiene de los dems antes de conocerse a s mismo, por sujeto la conciencia que adquiere de s, y por personas ejects el conocimiento de los dems como sujetos semejantes a s mismo, tenemos, a lo que juzgo, trminos ms precisos que antes, y nos queda tiempo para definirlos ms largamente segn las exigencias de los hechos.

Este nuevo punto de comparacin ilustra perfectamente el paralelismo del desarrollo individual con la serie animal. El nico perodo que los autores no han observado con claridad es el de objetivacin que se refiere a las personas proyectos. La asociacin, la vida comn organizada para la proteccin de la comunidad, las sociedades animales de diferentes especies, la divisin animal del trabajo, etc., sea cual fuere el origen de todas estas cosas, parecen presuponer una poca de ese gnero en la serie animal. Esos seres muestran un reconocimiento de los individuos entre s, una verdadera comunidad de vida y de accin enteramente opuestas al individualismo de una conciencia puramente sensacional y solitaria. Y, sin embargo, no es una conciencia refleja, organizadora y voluntaria al modo de la conciencia humana10. Pero es preciso que este instinto de agrupamiento descanse sobre una poca anloga del desarrollo de la conciencia animal.

Determinamos as una poca de la conciencia animal que no deja de tener valor, y a la vez evitamos el sofisma del psiclogo, tan habitual en los naturalistas. Grave error es el de creer que podr explicarse la sociedad humana por el instinto de asociacin de los lobos, cuando permanece sin explicar ese instinto, o bien creer que el altruismo reflexivo del hombre se explica por la simpata orgnica de la leona por su cachorro. En todos estos casos, queremos explicar lo superior que conocemos directamente por lo inferior anlogo que conocemos mal, y descuidamos estudiar los procesos esenciales, nicos en ofrecer desarrollos continuados en el total encadenamiento de las series que evolucionaron, y, por consiguiente, nicos explicativos.

 

 

 

IV. Variaciones en Ontognesis

Aun en las profundas tinieblas que oscurecen la aproximacin establecida entre el desarrollo de la raza y el del individuo, la teora biolgica ordinaria de la recapitulacin que afirma el estricto paralelismo de ambos procesos, exige al menos dos modificaciones11.

I. La aplicacin continua de las leyes del hbito y de la acomodacin, reforzadas por la fijacin de sus resultados, por la seleccin y la herencia, conduce a ciertas abreviaciones orgnicas. En otros trminos, ciertas fases o pocas de desarrollo necesarias para los progresos de los antepasados llegan a ser intiles para los descendientes.

Examinemos por lo pronto el hbito, y, para comenzar, estudimoslo de un modo abstracto. Una funcin particular del perro implicando los elementos a, b, c, d, e, etc., puede llegar a ejercer tan slo los elementos a, c, e, etc., sea por razn de la diferencia de las circunstancias o bien gracias a los perfeccionamientos adquiridos por el ejercicio habitual. Este fenmeno es muy conocido hoy en lo que toca a ciertos desenvolvimientos de los sentidos, considerados de una, parte entre los vertebrados inferiores, tales como el perro y el conejo, y por otra parte entre los vertebrados superiores, el hombre y el mono por ejemplo. Un perro al que se le arranca el centro cortical de la vista, queda temporalmente ciego, pero acaba por recobrar el sentido perdido, lo cual da a suponer la reintegracin de un centro inferior en la funcin que desempeaba en los antecesores del perro. Este centro inferior es el elemento b de la serie a, b, c. Pero el mono y el hombre que pierden la vista a consecuencia de una lesin del centro cortical, jams pueden recobrarla. En este caso, el centro inferior ha perdido el poder de suplir el centro visual y no es ya un trmino necesario en la serie de los rganos que cooperan a la funcin, y a-c representa perfectamente toda la serie. Fijan esta abreviacin la seleccin y la herencia, y al desarrollo individual fltale una de las fases del de la raza.

Como en otra parte he dicho: en los organismos donde predominan los reflejos, y cuando una progresin descendente ha determinado el predominio del sistema de los centros ganglionares, permanecen dependientes y sin especializar aun los centros de las ms elevadas funciones. Por consiguiente, aunque se uniesen para llenar alguna funcin particular, esos centros ganglionares, por razn de sus conexiones anatmicas, no pierden la capacidad de rehabilitarse a sus antiguas funciones. As los ganglios sensorio-motores dotados de ciertas conexiones que han desaparecido por falta de uso, pueden recobrar la actividad perdida, bajo el estmulo de una lesin notable y peligrosa. La cosa en s no significa sino una regresin de funcionamiento por un proceso regresivo de adaptacin. Opuestamente, en el hombre, la ley del progreso ascendente ha suministrado su aplicacin ms completa; los centros corticales han llegado a ser independientes de los ganglionares inmediatos, y su alteracin constituye una prdida irreparable. Este ltimo caso es el de un general de ejrcito herido en una accin y a quien no puede reemplazar un oficial subalterno; en el primer caso, es un capitn a quien con facilidad sustituye su teniente 12.

Habiendo estudiado Foster, desde el punto de vista del movimiento muscular, la hiptesis de la abreviacin o de los caminos a traviesa, dice13: Puede sostenerse que el hombre, ya desde el punto de vista del sistema nervioso, ya desde el punto de vista del cortex motor, no ha adquirido todo el desarrollo que hoy alcanza sino por haberse acostumbrado a no usar ms que del sistema piramidal, y que, por lo tanto, la voluntad ha perdido el poder de obrar sobre el mecanismo nervioso necesario al pensamiento por otra va que no sea la piramidal mientras que los animales inferiores lo poseen todava.

El resultado prctico en este ejemplo particular, acerca del cual hablaremos de nuevo14, puede resumirse de este modo: Los animales pueden llevar a cabo movimientos que parecen voluntarios con un aparato nervioso que sera inadecuado para producirlos en el hombre y en el nio15, lo cual significa que el hombre, en su crecimiento individual no pasa por esta fase de desenvolvimiento de la serie animal durante la cual esa funcin se desempea por simples ganglios.

En el hecho de la acomodacin y de la adaptacin podremos observar idntico fenmeno, el cual modifica tambin el estricto paralelismo afirmado por la teora de la recapitulacin.

Para la acomodacin de las recientes adaptaciones, se han destruido viejos hbitos, establecido nuevas y ms complejas coordinaciones y elaborado progresivamente nuevas simplificaciones orgnicas. Fijan a su vez estas adquisiciones la herencia o la seleccin y constituyen ms amplias desviaciones de la filognesis. Evidenciase este fenmeno en la volicin, y Foster lo observa tambin al tratar de la estructura de las fibras piramidales. No parece sin embargo ver la aplicacin de los dos principios antitticos de que he hablado, pues no indica con suficiente claridad que en el ltimo caso trata del origen de las fibras piramidales determinadas por nuevas adaptaciones, y en el primero, de la fijacin por el hbito de su capacidad de producir movimientos voluntarios. Dice as16: Cuando examinamos una serie de cerebros, desde el ms inferior hasta el ms elevado, y vemos el sistema piramidal invadir cada vez ms la superficie cerebral; cuando esa diferenciacin progresiva del motor cortical se nos presenta paralela al desarrollo de la motilidad inteligente, acaso sea lcito suponer que las fibras piramidales abren caminos traveseros a los nervios motores. La abreviacin, como ms til que la va primitiva que se contina de segmento en segmento a todo lo largo del eje cerebro-espinal, se fija por la seleccin natural y llega de este modo a ser el ms perfecto instrumento que de los movimientos voluntarios se conoce.

Esta influencia de la acomodacin significa, pues, en este caso particular, que los animales pueden tener un aparato nervioso casi enteramente igual al del hombre y, por lo tanto, incapaz de desempear las funciones del aparato humano correspondiente. La razn de este hecho es, repitmoslo, que el hombre tiene un aparato independiente para el ejercicio de las funciones superiores, y que este aparato jams sirvi en l para las funciones inferiores en que lo usaban los animales. Reconozcamos asimismo en este hecho una violacin del principio de recapitulacin.

Realmente es extraordinario ver hasta qu grado un simple detalle de estructura puede conservar a un aparato su gnero de funcin, aun cuando se adapte a condiciones totalmente nuevas y aun cuando sea propio para manifestar la conciencia. Hablar ms adelante de esto a propsito de la imitacin y del gnesis de las expresiones emocionales17, a propsito de la exposicin del principio del anillo cados El tipo de las reacciones o repeticiones circulares que llamamos imitacin, es un tipo fundamental siempre el mismo, comn a toda la actividad motriz. La nica diferencia entre las funciones superiores y las inferiores es que ciertas adaptaciones establecidas por el tiempo se han aadido a la reaccin original y que el estado consciente que la acompaa parece diferir esencialmente de la conciencia imitativa en la cual tienen su origen.

Estos hechos sugieren necesariamente modificaciones de la doctrina ontogentica, estableciendo que abrevia considerablemente la filognesis.

Mientras el organismo pasa progresivamente por una larga serie de fases regulares, es claro que a menudo la evolucin individual no representa exactamente sino las ltimas fases de la serie animal y pasa tan slo por un reducido nmero de las fases anteriores. Por ejemplo y luego estudiaremos mejor este punto sera falso decir que los primeros movimientos voluntarios del nio produjronse desde luego por medio de los surcos intra-segmentales, y que ms tarde esta funcin transfirise a las fibras piramidales. As procedi no obstante la evolucin filogentica. Por lo contrario, vemos que el nio no ejecuta acto de volicin alguno en tanto no usa las fibras piramidales y sus ligazones centrales. El perodo de la accin voluntaria intra-segmental que, si existe, representa en algunos animales una fase absolutamente necesaria del desarrollo, falta por completo en la serie ontogentica18. He aqu un ejemplo que ilustra no menos admirablemente las modificaciones que la acomodacin aporta a la recapitulacin. Segn la estricta interpretacin de esta doctrina, el nio pasa por un perodo instintivo, que le comunica el sentido admirable de los brutos para gobernarse, y slo pierde sus instintos al ampliarse la accin voluntaria. El nio sin embargo no muestra nada de esto. Al contrario, observamos que pasa directamente de la poca sugestiva sensorio-motriz a la poca voluntaria, omitiendo la fase instintiva que separa ambas pocas en la serie filogentica, y realiza este salto gracias a la herencia directa de un organismo profundamente diferenciado por innmeras selecciones.

La probabilidad de tal modificacin de la doctrina de la ontognesis aumenta an por la posibilidad de deducirla de la teora psquica del hbito. La cuestin est en saber si los efectos del hbito19, que es por s mismo un fenmeno de desarrollo, no se transmitirn por herencia o seleccin, abreviando as los procesos ontogenticos. Por ejemplo, un nio que mostrase tendencia a responder verbalmente a una excitacin visual, estara exento de una larga evolucin filogenticamente necesaria para establecer el estrecho vnculo que hoy existe entre los centros verbales y los centros visuales; el espritu es natural que tambin aprovechara de ello. Otro ejemplo sorprendente: una estricta reproduccin de las fases evolutivas de la raza pretende que el nio tenga desde luego el sentido exacto del espacio que se observa en los pequeuelos de algunos animales, y que slo despus desarrolle las funciones y el aparato que le permitirn estudiar las propiedades de dicho espacio, de modo que slo adquiriendo el sentido intelectual pierda el instintivo. Divagaciones.

Aun desde el punto de vista psicolgico, esas consideraciones parecen confirmar la teora general de la experiencia de la raza, comn, por lo dems, a los evolucionistas de ambas escuelas. Los actuales psiclogos admiten en absoluto que el progreso de las funciones depende del ejercicio. As la memoria no es ms que una forma de la inhibicin mental o del hbito; el carcter, una disposicin particular de la accin; el cerebro slo es un desarrollo funcional de una funcin primitiva, y el espritu vive de su pasado aun ignorndolo. Mis opiniones y mis actos demuestran perfectamente este valor de la experiencia ancestral: sea cual fuere la manera como se produzca, indudablemente hubo evolucin de mi padre a m.

En resumen, como consecuencia de la evolucin de la raza: el espritu es funcin del pasado20.

As, puede considerarse como probable que las modificaciones profundas de la filognesis consciente vuelven a encontrarse en el crecimiento del individuo. Estas modificaciones de la conciencia pueden fijarse tambin de una manera ms caracterizada que las diferentes fases del desarrollo nervioso.

Balfour lo confirma al decir: El tiempo de la evolucin y el subsiguiente del desarrollo de los rganos son variables; pero al fin, los detalles secundarios de estructura se fijan, y el embrin o la larva se adaptan a las condiciones particulares de su existencia. Al modo del erudito que estudia un manuscrito antiguo, el embriologista debe someter el desarrollo a un cuidadoso examen crtico, determinar las lagunas, observar las adiciones posteriores y poner en orden todas las partes21.

Marshall nos dice tambin: La evolucin tiene verdaderamente su historia, pero una historia de la que se han perdido muchos captulos, y las pginas que han quedado estn de tal modo manchadas y revueltas, que casi son ilegibles... Y aun no es esto lo peor, sino que se ha introducido en ellas tantas adiciones y alteraciones intiles, aunque hechas de antiguo y muy hbilmente, no hay que negarlo, que su lectura resulta ahora totalmente imposible.

II. La segunda gran modificacin que debe aportarse a la teora de la recapitulacin, relacinase con la teora infantil, bajo cuyo trmino comprendo el desarrollo de la vida desde el germen hasta la fase independiente en que el nio puede ya bastarse a s mismo.

La influencia del perodo extra-uterino de la infancia en el sentido usual de la frase sobre el total desarrollo del individuo, es de capital importancia, como ha demostrado Fiske. Los nios, durante su larga educacin, tienen todos los medios de desarrollarse lentamente y alcanzar la madurez, adaptndose a las condiciones naturales y artificiales del medio intelectual y social que exige la vida del adulto. Durante su larga infancia, el hombre futuro necesita la proteccin paternal, los cuidados de su madre; se le ha de alimentar, formar, instruir.

Hoy admiten los bilogos una poca correspondiente de circunstancias modificadoras y poderosamente influyentes; es el perodo prenatural, que, por lo dems, slo representa la primera fase de la infancia. La marcha evolutiva del embrin depende de la presencia en el huevo de una mayor o menor cantidad de alimento llamada food-yolk. Admtese como principio que existe una relacin directa entre esta cantidad de alimento y las fases de la ontognesis. Una abundante provisin de alimento lleva rpida y directamente a la madurez por la abreviacin de las fases de la recapitulacin; al nacer, el individuo est ya completamente formado para la vida independiente de la existencia solitaria22.

Cuando se emprende este estudio de la infancia y de su doble perodo pre y postnatal, parece que se vislumbren dos medios productores de influencias y de acciones opuestas. Hemos visto que un abundante alimento embrionario suaviza y abrevia el desarrollo prenatal, y que los recin-nacidos, prontos luego para la vida independiente y aun para la lucha, no tienen necesidad, por lo tanto, de una, larga infancia postnatal ni reclaman tampoco todos los cuidados artificiales que exigen los dems nios. Por otra parte, encontramos a veces un largo perodo de infancia postnatal, 'como en el hombre, acompaada de un largo perodo embrionario, y esto a pesar de la nutricin abundante suministrada por la placenta materna.

Esta contradiccin aparente parece explicarse si consideramos la parte de mentalidad propia de cada ser. En el primer caso, tiende ste al instinto que, por ms que sutil y variado, no es sino la fijacin filogentica de una estructura orgnica. El progreso instintivo puede estar completamente asegurado por la herencia y el perodo prenatal; por esta razn, el esfuerzo que sigue al nacimiento alcanza pronto plena madurez.

En el caso contrario de una larga infancia pre y postnatal, las aptitudes intelectuales que se trata de formar no podran cristalizar con tanta rapidez como las tendencias instintivas. Las aptitudes debidas a una herencia ancestral reciente exigen una larga evolucin individual. As, a pesar de todas las condiciones favorables, la abundancia de alimento, la proteccin contra las perniciosas influencias, la criatura dotada de gran mentalidad demanda prolongada educacin.

Las consideraciones psicolgicas a que tengo necesidad de atenerme, sin atravesar los lmites de la experiencia biolgicaparecen conducir a la frmula siguiente: El perodo extra-uterino de la infancia es al perodo intra-uterino (siendo igual todo), lo que la extensin de la ontognesis es a la extensin de la filognesis. Bien que para las criaturas de instinto, los dos perodos infantiles sean cortos, el perodo prenatal es relativamente largo, y para los seres inteligentes, bien que sean largos ambos perodos, el prenatal es relativamente corto.

Existe adems toda una variada serie de influencias mecnicas, tales como los esfuerzos o las presiones exteriores, los accidentes, los cambios bruscos de medio, susceptibles de modificar las condiciones fisiolgicas del crecimiento, y, por lo tanto, el orden y el nmero de las fases de todo el desarrollo infantil. Los bilogos reconocen, por otra parte, la necesidad de restringir el alcance de la teora de la recapitulacin en los casos de desarrollo producidos en normales condiciones.

Sin embargo, no hemos hablado todava de una causa muy grande de excepcin en la ley de recapitulacin. Refirome a los numerosos hechos biolgicos conocidos bajo el nombre de variaciones espontneas o fortuitas. La ley de suplencia, que permite que la seleccin natural concurra a la preservacin de los adultos y fije sus numerosas variedades, se aplica igualmente a los organismos jvenes. No slo sobreviven los adultos bien condicionados, sino que estn seguros de adquirir desarrollo los embriones bien organizados. Weissmann23 ha demostrado claramente una aplicacin profunda de esta ley. Ha descrito, bajo el nombre de intra-seleccin, los desarrollos privilegiados de los rganos ms sanos de una misma criatura24. Es fcil, pues, deducir de todo esto la posibilidad de numerosas alteraciones en la marcha del crecimiento individual y en la recapitulacin de las fases filogenticas. Adems, un embrin colocado en nuevas condiciones, tendr tanto ms seguro sobrevivir cuanto ms se desve de la serie evolutiva que representa otras condiciones de desarrollo25.

Sedgwick sostiene tambin que las variaciones de las formas adultas se reproducen en el embrin. En el artculo ya citado, dice: Las variaciones no afectan slo al perodo posterior de la vida, donde son, para el animal, de funcional e inmediata importancia; pero son inherentes al embrin y afectan ms o menos la totalidad del desarrollo.

Volviendo al desarrollo mental, deben encontrarse iguales modificaciones; la recapitulacin de la evolucin de la inteligencia es susceptible de tales lagunas. La abundancia del alimento del espritu, de las enseanzas intelectuales, de las sugestiones de todo gnero de su vida social, el curso de su educacin moral, todo esto debera apresurar la madurez de la inteligencia y abreviar las fases habitualmente requeridas para su desarrollo. La diferencia de los medios puede tambin producir los mismos efectos: el pilluelo, ms o menos abandonado a la educacin callejera, pronto llega a ser gil y despabilado; mientras que el hijo de familia, educado por un preceptor en el aislamiento y la soledad de la casa paterna, se desarrolla con lentitud.

Sin embargo, la variacin no es menos frecuente para el espritu que para el cuerpo, y en verdad no es posible hallar dos inteligencias iguales. Este vnculo comn tiene una significacin elevada; nada hay que admirar en el hecho de que el gusto y las aptitudes de A difieran de las de C; pero esta misma diferencia es la condicin del progreso humano y del triunfo de los ms aptos, bajo la influencia de un medio social progresivo.

No quiero extenderme ahora sobre los mltiples aspectos pedaggicos de este particular26. Hablo de la educacin del nio slo desde el punto de vista de la cuestin del desarrollo. Si es verdadera esta teora, es preciso que todas las observaciones realizadas sobre el nio se estudien a su luz. Los actos de un nio, observados y clasificados, aun por un hbil psiclogo, no pueden ofrecerse, por lo tanto, como tipos antes de un prolongado examen crtico, y este mismo examen presupone bastantes soluciones. Cmo sabremos que ese nio, hasta cierto punto de su vida, no ha recibido una educacin artificial? Quin nos asegurar que deje de haber sufrido la influencia de diversos medios sociales capaces de haber abreviado su crecimiento mental? Quin nos probar que su evolucin se ejerce sin anacronismos, y que ninguna particularidad de los miembros o del cerebro haya podido producir lagunas? Qu sabemos de las causas que pueden activar o retardar su muerte, o cul es, desde este punto de vista, la influencia del instinto filial, de la sexualidad prematura, de la precocidad o de la intensidad de las emociones nerviosas? Nada sabemos de todo esto.

Si el morflogo cuyos objetos de estudio estn inmovilizados, se confunde ante las perpetuas excepciones a la ley de recapitulacin y se ve as forzado a adoptar las mltiples precauciones indicadas por Balfour, Marshall, Adam, Sedgwick27 y otros, qu adivinacin, qu perspicacia y sobre todo qu prudencia y escrpulos no necesitar el psiclogo para descubrir el espritu tras la espesa cortina de las mltiples adiciones convencionales debidas a la crianza, a la educacin y al medio? A menudo, por desdicha, suelen faltar todas estas cualidades.

Acaso nosotros mismos no hemos hecho excesivas afirmaciones estableciendo en principio la regularidad y la constancia de las fases de la evolucin infantil? Su aplicacin no es justa sino en tanto la experiencia no nos haya enseado para cada fase observada que es regularmente universal y constante, situada entre dos fases asimismo constantes, para todos los casos conocidos. Tomada


esta precaucin, es preciso considerar todava la ley como ms o menos rigurosa; segn se aplique a la filognesis o a la ontognesis del hombre, es decir, segn constituya la regla del desarrollo de la raza humana, ya estudiada sola, ya como parte de la serie animal, o segn represente la evolucin del individuo desde la cuna a la tumba.

As pues, podemos establecer la ontognesis del hombre por medio de mltiples observaciones sobre los nios, y toda contribucin en este sentido tiene un verdadero valor para la ciencia y especialmente para la educacin.

Pero la ciencia de la morfologa comparada del espritu, o mejor an, la de la embriologa mental, son hoy verdaderas quimeras. Cmo podremos decir algo sobre la recapitulacin consciencial cuando nada casi sabemos de la ontognesis mental y tan poco de psicologa individual? Cmo comparar el desarrollo del nio al de la serie animal, cuando ignoramos todo lo de su conciencia durante las diferentes fases de su desarrollo intelectual?

 

 



[1] Acerca de la naturaleza y aplicacin de la experimentacin en psicologa, vase mi Handbook of Psychology, I, 2 ed., pgs. 25-31.

2 Vase ms adelante, caps. III al VI.

3 Sin embargo, esta regla est sujeta a modificaciones, indicadas en este capitulo, prr. 4, II.

4 Vase cap. XIII, 3, sobre el mtodo para observar las imitaciones del nio.

5 Para mayores datos sobre el origen y la naturaleza, vase mi artculo sobre esta materia en The Psychological Review, II, 1895, p. 551.

6 Estudiaremos estos puntos en algunos de los captulos siguientes.

7 Vase cap. VI, prr. 3, y cap. XII, prr. 3. Vase tambin el libro Social and Ethical Interpretations.

8 Propuso este trmmo (eject) W.-K. Olifford.

9 Psychologists fallacy, o sea pretensin de hallar en un estado inferior lo que nicamente se observa en las formas superiores de la vida mental. (N. del T.)

10 La vida social de ciertos himenpteros, notablemente las abejas y las hormigas, ilustra en extremo el desarrollo social proyectivo arraigado en el instinto.

11 Vase tambin cap. XVI, prr. 4. Consltese A.-M. Marshall, Biological Lectures and Addresses (1894). Esta teora dbese sobre todo a Ernst Van Baer, L. Agassiz, Fritz Mller, Haeckel y Balfour.

12 Handbook of Psychology, vol. II, p. 46. (3)

13 Textbook of Physiology, 5 ed., III, p. 1062.

14 Vase cap. XIII.

15 Soy de la misma opinin que el profesor H. F. Osborn, el cual cree probable que esta frmula la confirme la anatoma comparada.

16 Textbook of Physiology, p. 1063.

17 Vase cap. X, prr. 2, para la primera referencia, y cap. VIII, prr. 4, para la segunda.

18 Vase el estudio de Edinger sobre el desarrollo fetal de las fibras piramidales en su Structure of Central Nervous Sysetem.

19 Cap. XVI, prr, 2 y 3.

20 En su libro Neuroses of Development, Clouston ha indicado interesantes asuntos de investigacin sobre las condiciones nerviosas que resultan del hecho mismo del desarrollo. Llmase crisis a semejantes estados (skort-cuts), esto es, corta palabras. Tales son los preliminares de la pubertad.

21 Comparative Embriology, p. 3.

22 Vase la discusin de Marshall sobre la influencia de la provisin del alimento de la yema de huevo en Byological Lectures, XIII.

23 Romanes Lectures; Oxford, 1894.

24 Consltese la teora de la adaptacin motriz, desarrollada en el cap. VII.

25 Esta influencia de la variacin no parece que haya sido suficientemente estudiada por los bilogos, pero pueden consultarse sin embargo los ejemplos aducidos por Marshall. El artculo de Sedgwick (Quarterly Journal of Microscopic Science. -Abril 1894) se esfuerza en reconstruir la teora de la recapitulacin con los hechos de variacin conocidos.

26 Vase el captulo de referencia en Story of the Mind.

27 Artculo citado.