La relacin Razn-Sinrazn en la cultura
occidental: una historia de los lmites

Rodolfo Bernardo

 

 

 

1. Introduccin.

En el siguiente informe se abordar la problemtica planteada por Michel Foucault en relacin a la historia de la locura y su exclusin dentro de la cultura occidental. Para llevar adelante esta empresa ser necesario interrogar sobre la legitimidad adquirida por el discurso de la razn en la historia de Occidente y sus implicancias en los imaginarios sociales desde la Grecia clsica hasta la modernidad. Esto permitira en primera instancia dirimir entre lo que es aceptado y visible en una sociedad y lo que se rechaza o se oculta de sta. La libertad de la locura no se entiende ms que desde lo alto de la fortaleza que la tiene prisionera. Ahora bien, ella no dispone aqu ms que del moroso estado civil de sus prisiones, de su experiencia muda de perseguida, y nosotros no tenemos ms que sus seas de evadida[1].

Lo que Foucault propone es un estudio de la locura librada de un lenguaje que la clasifica bajo los preceptos racionales institudos y adoptar una postura neutra al respecto.

En el desarrollo del presente trabajo se realizar un anlisis crtico a travs de autores como Nietzsche y Chatelet sobre el surgimiento del Logos, su expansin en los diferentes campos del conocimiento y los lmites que demarc su aplicacin en relacin a la flexibilidad del pensamiento Occidental.

 

 

2. El surgimiento de la razn.

La razn, o Logos para los griegos, tiene su lugar de origen en la democracia ateniense, entre los finales del siglo V y comienzos del siglo IV A.C..

En este contexto la democracia estaba definida fundamentalmente por la nocin de igualdad, o sea que todos los ciudadanos van a tener la posibilidad de participar en las asambleas y hacer uso de la palabra al momento de debatir sobre cuestiones polticas o sociales por ejemplo. Aqu la palabra como recurso va a tomar una particular importancia pues, como sostiene Chatelet, la palabra se va a imponer y quien la domine va a dominar[2].

En este marco la lucha por el poder ser disputada por dos fuerzas que corresponden, por un lado a una corriente tradicional, y por otro a una nueva generacin de hombres denominada por Platn con el trmino sofistas.

La postura tradicional, constituida por una minora de aristcratas y filsofos pertenecientes a la nobleza, se rega por un discurso basado en la moral y en la educacin militar. El hombre se encuentra sometido a la determinacin de los dioses.

Los sofistas van a eregirse como una alternativa intentando dar soluciones a las demandas no escuchadas por la aristocracia haciendo uso de la lengua, a travs de discursos bien argumentados, con el objetivo de lograr consenso en las asambleas. En la estructura de estos discursos son visualizables dos caractersticas: la ambigedad y la multiplicidad, justamente porque al considerar todas las opiniones como vlidas, no es posible hablar de una verdad o falsedad.

Es contra estas dos posturas que va a surgir el discurso Socrtico-Platnico. Platn procede a una refutacin sistemtica del pensamiento de los maestros de la democracia. Muestra que no hay ninguna razn para que la mayora tenga razn. El nmero de voces no hace la verdad(...) El se propone, con la sola ayuda de la palabra, construir un discurso que sera juez de toda palabra[3]. El juez al que se refiere es, por supuesto, el Logos.

Platn sostendr que la verdad est en la idea(conceptos irreductibles y nicos). Para llegar a la esencia de la cosa en s Platn instaura un mtodo: la Dialctica. El trabajo del dilogo filosfico parte de lo que cada uno tiene asegurado desde estos pretendidos hechos para pasarlos por la prueba de sentido. Se trata pues en cada instante de preguntarse lo que significan esos hechos y verificar la validez de la significacin que ha sido establecida[4].

De esta manera, mediante el dilogo, la filosofa Platnica funda el concepto de Verdad(episteme) como universal y necesaria, y viene a llenar precisamente el vaco generado por la ambigedad del discurso sofista.

Plton ha sido uno de los pensadores mas preclaros de Occidente. Al menos uno de los ms exitosos. Construy un mundo de ideas trascendentes que nadie ve, escucha, toca, huele, ni degusta. Sin embargo este mundo concreto, slido, perceptible y obvio es solo un simulacro[5].

 

2.1. Expansin del logos.

Las ideas de Platn tuvieron un acatamiento masivo que gener como resultado un cambio significante en el pensamiento occidental y los imaginarios sociales que lo componen.

Uno de los filsofos que ms aportes realiz para que el logos se difundiera fue sin dudas Aristteles, quien aplic las bases del pensamiento platnico en el mbito de lo concreto. Aristteles jerarquiz los entes sublunares, les dio la posibilidad de ser reales(no mera apariencia como en Platn). He aqu una de las condiciones de posibilidad de la investigacin emprica, que ya se inicia con Aristteles y que en la poca moderna se convertir en experimento[6].

De esta manera, al caracterizar a los cuerpos terrestres y someterlos a leyes que explican sus cambios, Aristteles se diferencia de Platn que, si bien rescata el uso de la razn en las ciencias para llegar a la verdad, les critica a stas el hecho de basarse en lo sensible.

Pero las concepciones de stos dos grandes pensadores no van a circunscribirse solamente en el plano cientfico, de hecho, si se quiere puntualizar acerca de como el pensamiento de Occidente se impuso, convirtindose en algo dicotmico, abarcativo y excluyente, habr que observar la forma en que se inscribieron sus conceptos en lo ms profundo de los sistemas sociales y gubernamentales.

En la universalidad de la ratio occidental, hay esa particin que es el Oriente:(...) el Oriente se ofrece a la razn colonizante de Occidente, pero indefinidamente inaccesible, porque permanece siempre como lmite: noche del comienzo, donde Occidente se ha formado pero en la cual ha trazado una lnea divisoria; el Oriente es para l todo lo que l no es, an cuando deba buscar all lo que es su verdad primitiva[7]. Esta reflexin de Foucault resulta ejemplificadora para resaltar la manera en que Occidente se separa de lo mtico, el relato(porque la narracin jams puede ser objetiva) y la ambivalencia, y pasa a convertirse(alumbrado por la razn) en lo verdadero, lo real, incapaz de sostener incoherencias(vase el principio aristotlico de No Contradiccin).

Retomando la cuestin concerniente a la razn y su relacin con los mbitos de Poder, es pertinente hacer hincapi en el papel de la Iglesia en tanto sta, para fundamentar conceptualmente sus premisas, purific y bautiz la teora platnica primero y la aristotlica despus. Al mismo tiempo las relacionaba con sus propios dogmas y las instrumentaba comunitariamente para instaurar un rgido control social, en nombre de la moral y el orden. ste es un claro ejemplo histrico de un dispositivo de verdad-poder[8]. En la edad media las caractersticas del logos sern atribuidas a Dios y quien se opusiese a sus verdades ltimas recorrera muy probablemente el camino hacia la

hoguera.

 

3. La exclusin de la locura

En la modernidad el Logos permanecer como el ideal de rigor y fuente de toda certeza en la cultura occidental.

Michel Foucault en su abordaje sobre la experiencia de la locura remarca una constante en el pensamiento de Occidente: el rechazo y la exclusin hacia lo diferente, hacia lo que no encaja en el mundo racional. La existencia de la locura qu lugar puede tener en el devenir? Cul es su lugar?. Muy pequeo sin duda, algunas olitas que inquietan poco y no alteran la gran calma razonable de la historia[9]. Si en un primer momento la locura va a ser censurada(Edad media hasta el Renacimiento segn Foucault), en un segundo momento(a partir de la Modernidad) los pocos rastros que quedan de ella sern explicados a travs del lenguaje de la razn. Se tiene entonces una historia de la locura recortada y manipulada, definida por el discurso dominante.

Es justamente contra esta historia que Foucault va a situarse haciendo lo que l llama una arqueologa de ese silencio en el cual se halla la locura.

Foucault habra tenido razn al querer escapar del proyecto objetivista de la razn clsica, y sin duda al eludir el positivismo reinante en historia(all donde el discurso histrico ofrece una analoga con el discurso psictico, por no conocer la negacin o la negatividad), haciendo lugar, contra el historicismo, a la finitud que hace posible las positividades[10]. Foucault va intentar correrse de ese lenguaje que rompi el dilogo entre la razn y la locura, instaurando el reinado de la primera y excluyendo la libre subjetividad de la segunda.

La propuesta de Foucault manifiesta, adems del abordaje de la locura por medio de un lenguaje neutro, otro punto de vista sobre el cual acceder a sta experiencia y es tomndola en su sentido trgico; habiendo mostrado Nietzsche que la estructura trgica a partir de la cual se constituye la historia del mundo occidental no es otra cosa que el rehusamiento, el olvido, la cada silenciosa de la tragedia[11].

La tragedia entendida en relacin con aquello que para el sujeto es inevitable y necesario es imprescindible para comprender a un Nietzsche que se vali de sus padecimientos corporales utilizndolos como un elemento clave en sus producciones filosficas. En lugar del Logos que se separa del cuerpo para fijarlo, el flujo que metaforiza hacia uno y otro lado el cuerpo y el pensar(...) En lugar de una norma que descalifica la inundacin del pensar por el cuerpo, el reconocimiento de esos desbordes como intentos- fructferos o no- de recreacin de la voluntad[12]. La filosofa de Nietzsche es tan cambiante como lo fueron sus estados de salud. Sin dudas el perspectivismo nietzscheano produce malestar a la pretensin totalizante del Logos, de ah que el filsofo se defina a s mismo como alguien que naci pstumo. En una poca tan impregnada de racionalismo es particularmente difcil proponer verdades parciales que pongan en duda el valor de la gran verdad.

Si en la carne opera la lgica de los sentidos(errtica y a la vez fluida), y en el Logos opera la lgica de la invarianza, el delirio es el roce entre ambos: la dinmica aleatoria que cuadricula la voz de los sentidos con los ojos de la razn, e inunda la mirada de la razn con el torrente de los sentidos. El delirio no es distorsin, mentira ni error. Es el pensar mismo que se expande ms all de las fronteras de la razn[13].

Para el racionalismo el cuerpo es algo inestable que conduce al error, y por lo tanto lleva a la falsedad. Por supuesto, Nietzsche no ahorra en crticas al momento de referirse a posturas como esta: El cuerpo es una gran razn, una enorme multiplicidad dotada de un sentido propio, guerra y paz, rebao y pastor. Tu pusilnime razn, hermano mo, es tambin un instrumento de tu cuerpo, y a eso llamas espritu: un instrumentito, un juguetillo a disposicin de tu gran razn[14]

 

 

3.1. Conclusin

En el presente trabajo se intent mostrar como la razn, una vez instituida en la cultura occidental, no ces de producir lmites entre lo pensable y lo no pensable, bueno o malo, verdad o falsedad, Occidente u Oriente. A Occidente le pertenecen enormes procesos represivos que van desde la Cristiandad hasta la creacin del modelo Estado-Nacin. Como sostiene Chatelet Occidente tiene vocacin de universalidad[15], y en esta vocacin se encuentran el hermetismo, la intolerancia y muchas veces la violencia.

La No-razn del siglo XVI formaba una especie de peligro abierto, cuyas amenazas podan siempre, al menos en derecho, comprometer las relaciones de la subjetividad y de la verdad. El encaminamiento de la duda cartesiana parece testimoniar que en el siglo XVII el peligro se haba conjurado y que la locura est fuera del dominio de pertenencia en que el sujeto conserva sus derechos a la verdad: ese dominio para el pensamiento clsico es la razn misma[16]. El trato que se tuvo hacia los locos no hace mas que confirmar lo inflexible que puede tornarse una cultura cuando se apoya en conceptos absolutistas. No creo que los filsofos resulten tentados por el totalitarismo: existe en ellos una idea fundamental: la de libertad. Pero es cierto que la filosofa en manos de polticos que tienden al totalitarismo es un instrumento temible[17].

 

4.Bibliografa.

Bibliografa primaria

 

- Chatelet, F., Una historia de la razn, Buenos Aires, Nueva Visin, 1983.

- Foucault, M., "Prefacio" a la primera edicin de la Historia de la locura, 1961 en: http://elseminario.com.ar/

-Pardo, R. La ciencia y el imaginario social, Esther Daz (editora), Bs.As. Biblos,

1998.

 

 

Bibliografa secundaria.

-Chatelet, F. Historia de las Ideologas, Mexico, Premia Editora, 1980.

-Foucault, M. Historia de la locura en la poca clsica, Mxico, Fondo de Cultura

Econmica, 1993.

-Hopenhayn, M. Despus del nihilismo, Santiago de Chile, Andrs Bello Editores, 1997.

-Major, R. Crisis de Razn, Crisis de locura, en Pensar la locura, Buenos Aires, Paids,

1999.

-Nietzsche, F. As habl Zarathustra, Buenos Aires, Buro Editor, 2001.

 



Notas

 

[1] Foucault, M., "Prefacio" a la primera edicin de la Historia de la locura, 1961 en: http://elseminario.com.ar/., pag. 4.

[2] Chatelet, F. Una historia de la razn, Buenos Aires, Nueva Visin, 1983, pg. 17.

[3] Chatelet, F. Una historia de la razn, ob. cit., pg. 25.

[4] Chatelet, F. Una historia de la razn, ob. cit., pg 27.

[5] Pardo, R. La ciencia y el imaginario social, Esther Daz (editora), Bs.As., Biblos, 1998, pg. 23.

[6] Pardo, R. La ciencia y el imaginario social, ob. cit., pg. 26.

[7] Foucault, M. "Prefacio", ob. cit., pag. 2.

[8] Pardo, R. La ciencia y el imaginario social, ob. cit., pg. 23.

[9] Foucault, M. "Prefacio", ob. cit., pg. 3.

[10] Major, R., "Crisis de Razn, Crisis de locura", en Pensar la locura, Bs. As., Paids, 1999, pg. 111

[11] Foucault, M. "Prefacio", ob. cit., pg. 3

[12] Hopenhayn, M. Despus del nihilismo, Santiago de Chile, Andrs Bello Editores, 1997, pg. 190.

[13] Hopenhayn, M. Despus del nihilismo, ob. cit., pg. 181.

[14] Nietzsche, F. As habl Zarathustra, Buenos Aires, Buro Editor, 2001, pg. 30.

[15] Chatelet, F. Historia de las Ideologas, Mexico, Premia Editora, 1980, pg. 18

[16] Foucault, M. Historia de la locura en la poca clsica, Mxico, Fondo de Cultura Econmica, 1993, pg. 78.

[17] Chatelet, F. Una historia de la razn, ob. cit., pg 36.