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Charcot. Un hombre frontera Vs.
las fronteras de un hombre
Sabrina López

 

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"La teoría es buena, pero eso no impide que las cosas sean como son" (1)

 

ARRIBA EL TELON...

Nuestra cita con Charcot, a través de Gauchet, fue verdaderamente impactante. Luego de la lectura fue imposible soltarnos de esta figura que con su seducción nos envolvía.

Conmovidos por la ternura y comprensión con que Gauchet nos lleva a su encuentro, sentimos una insaciable necesidad de saber más, de indagar en su persona, su vida, su pasión, su impotencia.

Pero no sólo fue esta sugestiva personalidad la que nos atrapara, sino también, el hecho de tener delante de nuestros ojos, la evidencia de un momento histórico de cambio en el campo de las ideas.

Constatar con la lectura, ese instante preciso, fue un momento de éxtasis intelectual, en el cual pudimos ahogar nuestra avidez.

Pero Gauchet no estuvo solo en este despliegue, también fueron convocados por nosotros, Kenneth Lewin, Elisabeth Roudinesco y alguien que en esta cita no podía estar ausente, nos referimos sin lugar a dudas, al profesor Sigmund Freud.

Bueno, la función va a comenzar, esperamos que la disfruten...

 

HABIA UNA VEZ

Jean Martín Charcot (1825-1893), formado en la Facultad de Medicina de París, adhirió inicialmente a una orientación patoanatómica, firmemente arraigada por esa época en Francia. Su prestigio como neurólogo estaba fundado en su trabajo de "elucidación de lesiones anatómicas asociadas con una variedad de enfermedades... del cerebro y de la médula espinal".(2)

Sus primeras conceptualizaciones sobre la histeria eran coherentes con esta inclinación anatómica, apareciendo en la literatura neurológica de su época, por "haber demostrado lesiones anatómicas en pacientes histéricos".(3)

Durante una conferencia en 1882, Charcot reconoce que para las enfermedades del sistema nervioso "el progreso de la medicina y el de la anatomía patológica corren parejas"(4). Pero hace una salvedad con respecto a la histeria "...todavía existen actualmente un gran número de estados mórbidos... en el sistema nervioso, que no dejan en el cadáver ningún rastro material... Hay quienes ven en varias de estas afecciones tan sólo un conjunto de fenómenos raros e incoherentes, y que más valdría... confinar en la categoría de lo desconocido... [pero] Briquet ha tenido el gran mérito de establecer que la histeria está gobernada... por reglas y leyes, que unas observaciones atentas y suficientemente numerosas siempre nos permiten establecer".(5)

Con respecto a la simulación postula que "la simulación, de la que tanto se habla cuando se considera la histeria... es en el estado [actual] de nuestros conocimientos, tan sólo un fantasma, ante el cual sólo retroceden los miedosos y los neófitos".(6)

Rechazando una base anatómica para la histeria, Charcot dirige sus indagaciones clínicas desde una postura fisiológica de la enfermedad, en términos de una "anormalidad neurodinámica".(7)

Simultáneamente, Charcot se interesa por hallar una terapia aliviadora para el malestar de estos enfermos, interés que lo lleva a encontrarse con la hipnosis.

Presumiblemente, este interés por la hipnosis haya surgido en Charcot a partir del trabajo del fisiólogo Richet, quien en 1875 sostiene "... que la hipnosis entraña cambios fisiológicos en el sistema nervioso y es, de hecho, una forma de neurosis. Refuta a quienes hablan de simulación... y demuestra la... relación entre los fenómenos hipnóticos, los de otras neurosis y el sueño normal".(8)

En 1882, Charcot presenta a la Academia de Ciencias un artículo en el que describe las tres fases de su "Gran Hypnotisme"(9): la letárgica, la cataléptica y la sonambúlica. Según palabras de Pierre Janet "fue toda una proeza hacer que la Academia de Ciencias reconociera el hipnotismo, que durante el siglo pasado había sido condenado tres veces con el nombre de magnetismo".(10)

Teniendo en cuenta el prestigio médico del que gozaba Charcot, sugiere Kenneth Lewin, en su libro "Freud, y su primera psicología de las neurosis" que pudo haber sido su influencia, un estímulo para "el florecimiento de la literatura sobre la histeria"(11) en esos años.

Como en una pequeña reconstrucción de época Elisabeth Roudinesco nos pasea por una ciudad atravesada por el Sena y la enfermedad.

La Salpêtrière da cuenta del estado del saber médico por aquellos años, en que el "asilo y el hospicio" se confunden con la "gangrena y la escasez"(12). París es víctima de una epidemia de cólera ante médicos impávidos que "no saben si se trata de una enfermedad contagiosa o infecciosa".(13)

La cirugía aunque "se haya convertido en una práctica noble", sigue estando "marcada por la herencia de los barberos artesanos" (14) y la disección de cadáveres abre un debate con viejas creencias, algunos la consideran una nueva manera de "transgredir los cuerpos que puede contrariar a las oscuridades de la religión...". (15)

Antes de principio de siglo, Bichat funda la anatomía patológica. Habiendo aprendido la anatomía en Lyón, se inspira en la nosología de Pinel "para reunir la observación anatómica y la clínica en mutuo arreglo".(16)

Roudinesco nos acerca una cita de Foucalt quien sostuviera que "el gran corte en la historia de la medicina occidental data del momento en el que la experiencia clínica se convierte en mirada anatomo-clínica".(17)

Este será el suelo sobre el cual, Charcot "desencadena a las locas y les ofrece... una nosología adecuada" (18). Valiéndose de la clínica anatomo-patológica y de la fisiología, construye una nueva neurología enraizada en la herencia, con tal de alejar la cuestión sexual "descubierta en los pasillos de la Salpêtrière".(19)

Está cerca el momento en que "las lecciones, los cuadros y las lecciones magistrales de los maestros de la medicina están a punto de convertirse en un género literario".(20)

 

QUIEN QUIERA OIR, QUE OIGA

"El Verdadero Charcot" de Marcel Gauchet, está impregnado de alusiones poéticas referidas a la figura ambigua e injusta de un Charcot, víctima de los que escribieron la historia. Con una mirada romántica Gauchet parece querer, por su intermedio, que la historia se disculpe por las injusticias cometidas. Alusiones poéticas, que luego de la lectura siguen resonando en nuestros oídos, por el placer que causa el discurrir de las palabras, a la manera de una oda.

Ya desde el comienzo, en el simple acto de explicar el por qué de su título nos vemos envueltos en una viscosidad poética:

"...el verdadero Charcot, porque hay un hechizo que deshacer, un círculo de mitificación que romper... Charcot o aquel que no comprendió nada de lo que tenía ante sus ojos... No hay en Charcot ni una anticipación de Freud, ni una suerte de reverso ciego de Freud..."(21)

Aclara Gauchet que la finalidad de este texto es contribuir a evaluar lo que efectivamente pasó entre 1862 y 1893 en el interior de la Salpêtrière. Trabajo que tiene su origen en un seminario dictado por Gauchet junto a Gladis Swain entre 1980 y 1985. Para dicha investigación se basaron principalmente en los archivos guardados en la Salpêtrière, donde figuran los dossiers de estudios dejados por Charcot; evidencias de un trabajo intelectual del cual emergerá una nueva idea del hombre psicológico. Últimos 30 años del siglo XIX, momento histórico al que Gauchet califica de "bisagra... entre una edad de oro de la clínica, de la cual [Charcot] es una de las últimas figuras, y una renovación de las ciencias a las que favoreció, aunque sin comprometerse verdaderamente con ella".(22)

Bisagra que queda reflejada en la distancia conceptual y teórica entre el primer artículo de Charcot en 1865, donde ubica la histeria cercana a la esclerosis en placas, y su última lección en 1893 próxima a su muerte, dedicada al sueño y al poder de las representaciones sobre el cuerpo. Veinte años de un trabajo de despejamiento y acumulación de material para abrir un surco, como en una selva casi impenetrable, que desembocará en lo que hoy llamamos psiquismo.

Trabajo de despejamiento previo frente a tanto desorden y confusión en la clasificación de las parálisis. Para darle forma al concepto de enfermedad psíquica primero había que demarcar un límite con las enfermedades orgánicas vecinas. Camino arduo que irá desde la médula espinal hacia las funciones superiores de la ideación, lo cual nos permite tomar conciencia de "... lo que nuestra idea del psiquismo... debe, paradójicamente, al conocimiento del sistema nervioso central".(23)

En mayo de 1885 Charcot da un paso más sobre el concepto de traumatismo, que desde 1877 ya figuraba en los estudios sobre la histeria junto a la diátesis. Valiéndose del diagnóstico diferencial para descartar una lesión orgánica, su avance reside en la explicación de lo que se juega en la desproporción entre la causa (el traumatismo) y sus efectos.

Un punto de inflexión lo constituye el encuentro de Charcot con la histeria masculina a raíz de la apertura de un servicio de consultorios externos en la Salpêtrière. En esta desfeminización de la histeria juegan un rol importante los aportes de Bourneville, quien al frente de un servicio de epilépticos en Bîcetre, venía trabajando desde 1880 en un "estudio de conjunto sobre la histeria en el hombre".(24) Bourneville da por tierra la teoría uterina en relación con la histeria, dejando en claro su conexión con el sistema nervioso.

Pero así como Charcot, que a la par de esta neurologización de la histeria insiste sobre los signos ováricos, Bourneville hace un paralelo entre la hiperestesia ovárica en la mujer y una zona histerógena ilíaca en el hombre, manteniendo así el vínculo de la enfermedad con la sexualidad a pesar de todo.

Lo determinante para el avance de 1885 fue el estudio de las parálisis de origen psíquico, es decir aquellas producidas por hipnosis. Presionado por los cuestionamientos de Berheim, acerca del hipnotismo y su relación con la histeria, Charcot debe reorientar sus investigaciones durante todo 1884 para superar este desafío.

Berheim rechaza reservar el hipnotismo a una patología, tomándolo como una tendencia generalizada hacia la sugestionabilidad. Charcot profundizará sus investigaciones clínicas replicando que tales objeciones dejan un vacío que llenar: los fenómenos clínicos que expliquen la parálisis del miembro afectado. Siguiendo una línea fisiológica, esboza la hipótesis de un equivalente "dinámico"(25) de una lesión orgánica para las parálisis psíquicas. Los estudios se trasladan de los fenómenos neuromusculares hacia los fenómenos cerebrales superiores: "el hecho a explicar es la acción de una idea o de un grupo coherente de ideas que una voluntad externa introdujo en el espíritu de un individuo, el que se instala allí a la manera de un parásito y cuya consecuencia puede ser la producción de una parálisis motriz".(26)

Luego, Charcot puntualiza que es solamente en una fase particular del hipnotismo, el sonambulismo, que estas "ideoparálisis"(27) pueden provocarse; estado en el que el yo presenta una cierta obnubilación. Tras lo cual propone un modelo en el que también confluye un trabajo suyo sobre la afasia: "Es probable, dice Charcot, que bajo la influencia de la sugestión, transmitida por el oído, el brazo sea paralizado, que se produzca una imagen visual de la parálisis de ese brazo y también una imagen motriz negativa de los movimientos de ese brazo; bajo la influencia de la idea fija, impuesta, los elementos celulares, que son el asiento de las representaciones internas de los movimientos del brazo, están paralizados como consecuencia de un fenómeno de detención..."(28). Completando la idea, Charcot habla de una lesión cortical reversible a diferencia de una lesión destructiva, calificándola de "lesión cortical dinámica".(29)

Gauchet nos guía en este recorrido histórico apuntando que "lo que vemos dibujarse allí, desde el interior de la psicología fisiológica más militante, es la posibilidad de concebir algo así como una autonomía causal del elemento psíquico. Las perplejidades de Charcot nos dejan entrever... las condiciones gracias a las cuales pudo tener lugar la bifurcación conducente a ese mundo nuevo del que creemos poseer evidencia cuando hablamos de psiquismo".(30)

Es el encuentro con Pinaud, un caso de histeria masculina post-traumática, que echará luz sobre las cuestiones debatidas. La parálisis de su brazo, presenta unas características muy particulares que no concuerdan para nada con las de una parálisis orgánica.

Luego de una serie de ataques provocados por hipnosis, Pinaud despierta de uno de ellos con la sorpresa de haber recobrado repentinamente el movimiento de su brazo, lo que no hace sino confirmar el diagnóstico de histeria. Ante este desenlace prematuro que frustra la indagación clínica, Charcot tratará por medio de la hipnosis reproducir artificialmente esta parálisis. Cosa que sólo logró una vez y por el lapso de 24 hs., habiéndose llevado a cabo la sugestión en estado de vigilia, dado la resistencia de Pinaud a la hipnotización. Pero esta única experiencia fue suficientemente esclarecedora: "la parálisis sugerida es la misma que la parálisis histérica", con lo cual "es posible diferenciar clínicamente las parálisis histéricas... de las parálisis orgánicas"(31); lo que queda por explicar es su mecanismo.

Gauchet adelanta que es imposible para un "sacerdote de la clínica"(32) pensar un proceso mórbido sin su respectivo sustrato orgánico; tras lo cual deja hablar a Charcot: "No hay que dudarlo, una lesión de los centros nerviosos está presente en este caso; pero dónde se asienta? cuál es su naturaleza?...más que la ausencia de sustrato, hay que excluir la presencia de un sustrato de forma habitual... es seguro, prosigue Charcot, que no se trata de una lesión puntual orgánica, destructiva..., no se trata aquí más que de una de esas lesiones que escapan a nuestros medios actuales de investigación y que, a falta de algo mejor, convenimos en designar bajo el nombre de lesiones dinámicas o incluso funcionales"(33). Gauchet la define como una cómoda posición de compromiso entre lo psicológico y lo fisiológico, tomados por Charcot como equivalentes: "la lesión permite mantener el imperativo del discernimiento clínico, y la ausencia de materia de la lesión,... permite ampliar las concepciones del proceso mórbido".(34)

Nuevas demostraciones, centradas en Grenzard, una joven de 17 años que padecía de una monoplejía pos-traumática, señalan un punto oscuro por aclarar. Si bien es posible una reproducción idéntica de los síntomas por sugestión, las modalidades de producción son diferentes: "la acción de un agente traumático"(35) en el caso de las monoplejías; "la sugestión verbal"(36) en el caso de las parálisis sugeridas.

Charcot resuelve la cuestión "haciendo intervenir un agente análogo a aquel que ocasionó la monoplejía..."(37). Por medio de una palmada sobre el hombro obtiene un "equivalente artificial del mecanismo traumático"(38). Esto le permite develar que no se trata de un shock psíquico sino de la "sugestión por el shock"(39). El golpe imprime "la idea de impotencia motriz del miembro, la cual en función de la obnubilación del yo, puede... adquirir suficiente fuerza para realizarse objetivamente bajo la forma de parálisis".(40)

Este modelo que articula lo psíquico y lo orgánico será objeto de una rectificación por parte de Charcor como consecuencia de sus elucidaciones: "... la producción de una imagen o... representación mental... del movimiento a ejecutar, es una condición previa indispensable para la realización de ese movimiento" (41) entonces, "no se trataría tanto de una realización positiva de la idea de impotencia motriz como de una acción negativa de esta idea, que suprime o suspende la representación mental del movimiento".(42)

Siguiendo las palabras de Gauchet, " la sugestión traumática"(43) cuyo mecanismo Charcot devela, pone en escena " la sustitución del acontecimiento real por el acontecimiento fantaseado"(44) viraje que se continúa en el concepto de seducción desarrollado por Freud, en el cual encontrará su acceso al inconsciente.

"No habrá de ser, [Charcot]... un hombre de soluciones frente a este nuevo mundo que se descubre más allá de su reino neurológico"(45), reflexiona Gauchet, e inmediatamente agrega: "Pero dentro de su reino y en sus límites, habrá contribuido, más que cualquier otro, a hacer surgir los problemas que permitirán identificar y cartografiar este otro dominio... donde el mundo exterior no cuenta y no pesa más que a través de las representaciones que se forma el sujeto de él..."(46)

En la primavera de 1885 los trabajos de Charcot bucearán sobre el concepto de eficacia representativa, que el traumatismo develó.

El caso Le Logeais, un empleado de almacén de 29 años que sufre una paraplejia luego de haber sido atropellado por un coche, es quizás uno de los que más llamó la atención de Charcot. Posiblemente por ser un caso en que lo concerniente a la ideación, al trabajo psíquico y al papel de "la elaboración mental inconciente"(47) quedan a la vista. Asimismo, permite ver el proceso de "autosugestión"(48): si bien Le Logeais no recuerda nada del accidente debido a la " intensa conmoción cerebral"(49), está convencido de que el coche le pasó sobre sus piernas.

A partir de lo cual se le hace manifiesto a Charcot, "que es este accidente, tal como lo ha soñado e inventado inconcientemente, y no aquel que se produjo efectivamente, el que está en el origen de su paraplejia"(50). Pero entre el accidente y la parálisis de sus piernas transcurrió un lapso de tiempo, "una suerte de incubación, de elaboración mental inconciente"(51), bajo un estado de amnesia y de "torpeza intelectual"(52) a raíz del shock emocional; características muy cercanas al estado sonambúlico en la hipnosis: obnubilación de la conciencia y disociación del yo que facilitan "a una idea..., en ausencia de todo control, un poder de realización sin límites".(53)

Gauchet señala con acierto, una "inflexión del vocabulario de Charcot" (54) que puede reconocerse en términos como "disociación del yo", "inconciente" e "inconciencia"(55). Pero el inconciente invocado por Charcot es el inconciente cerebral: "fenómeno de cerebración,... de ideación inconciente o subconsciente".(56)

A su vez, esta conceptualización de la cerebración inconciente avanza un paso más por sobre el concepto clásico de inconciente cerebral, "asciende un escalón hasta el nivel de la ideación y se supone que... incluye los hechos del pensamiento".(57)

Este movimiento resulta especialmente didáctico para comprender por qué "... Charcot fue proyectado, a pesar suyo, mucho más allá de la esfera elemental, pero segura, en la que buscaba sostenerse"(58); movimiento dialéctico, resistencial, histérico (si se nos permite jugar con las palabras) porque como bien prosigue Gauchet, "... proyectado, pero también apelado, aspirado,... por la dinámica propia de su modelo de referencia".(59)

Nos encontramos frente a un momento crucial en la historia del psiquismo, decimos crucial porque Gauchet lo destaca como una "zona de pasaje y de cambio entre... el inconciente cerebral y el inconciente psíquico"(60). Momento de pasaje y de cambio porque además de "... esta cerebralización obsesiva, existe también en Charcot,... la vía de la psicologización..."(61), aunque de manera más sutil.

A partir de la bibliografía consultada por Charcot, Gauchet aventura que el mismo, fue conciente del cambio de orientación que se estaba gestando en el seno de su obra, lo cual le creaba la necesidad de ampliar sus horizontes conceptuales.

Su principal interés está puesto en "la marcha inconciente de los procesos de autosugestión"(62), siendo lo que tanto le atrajo en el caso Le Logeais: "no sólo son las representaciones mentales inducidas por el traumatismo... las que operaron, sino que esas representaciones fueron objeto de un verdadero trabajo de elaboración y de absorción del sujeto, sin que el sujeto lo sepa".(63)

Nada mejor que las propias palabras de Charcot para corroborar que las apreciaciones de Gauchet tienen su fundamento: "... Así, un hombre inconciente recuerda un coche que le pasa por sobre las piernas. Y se realiza una parálisis que tiene todas las características de una de esas paraplejías provocadas por sugestión en la hipnosis. Hay razones para creer que la sugestión se efectúa inconcientemente. Un sueño podría operar de la misma manera".(64)

Esta alusión al sueño refleja cómo su interés "... se desvía hacia la actividad de producción de los pensamientos..., y es lo que empuja a Charcot, más allá de la inconciencia de realización fisiológica, hacia el reconocimiento de un espesor psicológico en esta elaboración inconciente".(65)

Pero, en ese movimiento dialéctico del que hablamos en párrafos anteriores, Charcot "... se apresura a corregir el tiro..."(66), recurriendo a explicaciones fisiológicas basadas en localizaciones cerebrales y en diferentes "centros psíquicos o corticales".(67)

Piadosamente, Gauchet reflexiona: "Sería absurdo reprocharle por no decidirse. Simplemente no tenía los medios para decidirse..."(68). Y prosigue Gauchet con una frase que rescata a Charcot de un pasado nebuloso, a la vez que descubre para el lector la esencia conceptual de la figura retórica que propone para definir el rol histórico desempeñado por Charcot y su perseverante trabajo intelectual:

"Habrá sido el hombre-frontera: no aquel que atraviesa la frontera, sino aquel que indica que hay una frontera a atravesar".(69)

Sí es seguro, que con respecto a las parálisis psíquicas Charcot había llegado a conclusiones definitivas. Más aún, Charcot no se conforma con marcar la diferencia entre aquéllas y las parálisis orgánicas, "... da una indicación positiva sobre las parálisis histéricas, principio al cual Freud aportará su explicación completa en 1893"(70). Dice Charcot: "las parálisis histéricas se apoderan sistemáticamente de todo lo que concierne a la función"(71). Y a partir de una demostración experimental con una histérica en estado sonambúlico, obteniendo "... una parálisis de la muñeca cuando golpea con el revés de la mano y una parálisis del brazo, en cambio, cuando golpea con la palma de la mano"(72), Charcot avanza en sus conceptualizaciones: "...no es el cuerpo del sistema de las inervaciones el que está en juego... sino el cuerpo funcional del sujeto comprendido en su capacidad de movimiento integrado".(73)

Fiel a su destino de hombre-frontera se planta en el límite cuando, "como insaciable organicista"(74), atribuye lo expuesto, a una disposición integrada de los centros corticales.

Retomando palabras de Gauchet, Freud explotará el potencial de tales observaciones, para "... exorcizar este fantasma cerebral, al mismo tiempo que los equívocos de la noción de lesión dinámica".(75)

A partir de este momento la posta cambia de manos, Charcot delega en su alumno más brillante la gran aventura de ir más allá de la frontera. Antes de su regreso a Viena, Charcot le encarga a Freud un artículo comparativo sobre las parálisis orgánicas y las parálisis psíquicas, artículo que estará terminado en 1893, el mismo año de la muerte de Charcot.

Freud asistió a las clases de Charcot en la Salpêtrière desde octubre de 1885 a febrero de 1886. Acerca de su viaje, escribió: "... La escuela francesa de neuropatología... me parecía prometer algo poco familiar y característico en su modo de trabajo, y además haber incursionado en nuevos terrenos de la neuropatología" (76)

En su libro, Lewin comenta, que Freud no parecía estar del todo preparado para ese encuentro, a partir de lo que el mismo le escribiera a Martha: "Charcot, que es uno de los más grandes médicos... está simplemente demoliendo todas mis metas y mis opiniones... Después de estar con él, no tengo ya ninguna gana de trabajar en mis propias estupideces..., salgo de sus clases tan saciado como luego de una velada en el teatro"(77).

Freud, totalmente cautivado por las ideas de Charcot, escribe que "había dejado la Salpêtrière como un admirador incondicional de Charcot"(78). Y a continuación agrega "Charcot solía decir... que el trabajo de la anatomía había acabado...: ahora había que ocuparse de las neurosis. No cabe duda de que esta declaración puede considerarse... como una expresión del viraje que habían tomado sus propias actividades".(79)

Siguiendo el texto de Lewin, Freud comenta que hasta entonces, la histeria no había sido bien definida y que era frecuentemente tildada de simulación; y reconoce que es Charcot quien viene a poner orden en ese caos, estableciendo pautas en el cuadro clínico de la histeria.

Prosigue Lewin, que Freud quedó fascinado por las revelaciones de Charcot, aceptando totalmente el argumento de que la histeria es una entidad clínicamente genuina, como así también, que no podía ser explicada en términos de anormalidades anatómicas.

En su estudio comparativo de las parálisis psíquicas e histéricas, Freud termina de estatuir el concepto de lesión dinámica, propuesto incipientemente por Charcot: "... pienso que concuerda bien... siguiendo las enseñanzas de Charcot, que la lesión en las parálisis histéricas no consista en otra cosa que en la inaccesibilidad de la concepción del órgano o de la función para las asociaciones del yo conciente, que esta alteración puramente funcional... esté causada por la fijación de dicha concepción en una asociación subconsciente con el recuerdo del trauma, y que esta concepción no devenga libre y accesible hasta que el valor afectivo del trauma psíquico no haya sido eliminado por la reacción motriz adecuada o por el trabajo psíquico conciente". (80)

 

YO, QUISIERA PREGUNTAR...

Como consecuencia de esta breve recapitulación, algunas cuestiones se nos imponen: Qué motiva la melodía escondida en las frases que Gauchet construye, para hacernos sentir totalmente cautivados por la figura de un Charcot que de ellas emerge?

Antes de intentar una respuesta y quizás, contribuyendo con ella, no podemos dejar de mencionar una coincidencia que nos sorprende y orienta a la vez, en las palabras que el mismo Sigmund Freud utilizara, para evocar la persona de Charcot, en la necrológica que escribiera a su muerte:

"La joven ciencia de la neurología ha perdido prematuramente a su máximo promotor...No era un cavilador, no era un pensador, sino una naturaleza artísticamente dotada; era como el mismo se nombraba, un visuel-, un vidente...Se le oía decir que la máxima satisfacción que un hombre puede tener es ver algo nuevo, y sobre lo difícil y meritorio de ese ver-... Se preguntaba por qué en la medicina los hombres sólo veían aquello que ya habían aprendido a ver; se decía que era asombroso que uno pudiera ver de pronto cosas nuevas (nuevos estados patológicos) que, empero, eran tan viejas como el género humano... Y Charcot nunca cesó de abogar por los derechos del trabajo puramente clínico, que consiste en ver y ordenar, contra los desbordes de la medicina teórica... Como maestro, Charcot era directamente cautivante"(81); "...Cada una de sus conferencias era una pequeña obra de arte... de tan acabada forma y tan persuasiva que durante todo el día no conseguía uno quitarse del oído la palabra por él dicha, ni de la mente lo que había demostrado..."(82)

Evidencias de la admiración que sintiera Freud por quien consideraba su maestro e inspirador; ya en 1893, en su necrológica, Freud siente la necesidad de una reparación histórica:

"Es inevitable que el progreso de nuestra ciencia, con la multiplicación de nuestros conocimientos, desvalorice mucho de lo que Charcot nos ha enseñado; pero ningún cambio de los tiempos o de las opiniones podrá menoscabar la fama del hombre por quien hoy hacemos duelo."(83)

Nos permitirnos suponer, que una esencia poética hace a la figura misma, del hombre que fuera Charcot.

Será aquella misma viscosidad poética con la que atrapara a su audiencia, la que hoy logra hacerlo con nosotros, a través de Gauchet y sus palabras?

Sería aventurado presumir que Charcot compartiera esa cadencia poética con el despliegue escénico que protagonizaban sus histéricas?, teniendo en cuenta, que este despliegue fuera admirado y catalogado por los surrealistas de la época, como el más importante hecho artístico de fines del siglo XlX.

Creemos que no, Roudinesco nos ayuda a sostener este argumento "...sus lecciones cautivan la mirada del público como verdaderas escenas teatrales; redacta de antemano el texto de sus conferencias y se lo aprende de memoria...; exhibe a sus enfermos y se muestra capaz de representar varios papeles a la vez (84)... Charcot es uno de los primeros que adopta aparatos de proyección durante sus conferencias; sus dibujos y sus fotos proporcionan una documentación espectacular sobre las angustias de toda una generación". (85)

 

APLAUSO FINAL

Creemos que a esta altura sobran las palabras, la revelación y el goce están allí en la lectura misma.

Podemos sí confesar, que más de cien años después, Charcot nos sigue transmitiendo esa pasión por develar las oscuridades de la enfermedad psíquica.

Admiramos su esfuerzo y perseverancia, su intuición y en especial su arte que desde los orígenes mismos estuvo ligado, como lo sigue estando, a la esencia misma del psicoanálisis. Aquellos que, a modo de resistencia, creen desmerecerlo sentenciando, que el mismo no es una ciencia sino un arte, no perciben la profundidad de sus palabras que, más que un desprecio es todo un halago a través del cual, emerge su piedra fundacional.

 

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

1-Freud, Sigmund; "Charcot" (1893),O.C., Bs.As., Amorrortu, 1994,T.3, p.15, (frase dicha por Charcot en una de sus clases).
2-Lewin, Kenneth; "Freud y su primera psicología de las neurosis", México, FCF,1985, p54.
3-Ibid
4-Ibid, p.55
5-Ibid
6-Ibid, p.56
7-Ibid
8-Ibid, p.62
9-Ibid, p.57
10-Ibid, p.63
11-Ibid, p.64.
12-Roudinesco, Elisabeth; "La Batalla de cien años, Historia del Psicoanálisis en Francia (1885/1939)", Madrid,
Fundamentos, 1988, T.1, p.19
13-Ibid
14-Ibid
15-Ibid, p.20
16-Ibid, p.19
17-Ibid, p.21
18-Ibid, p.22
19-Ibid
20-Ibid, p.23
21-Gauchet,Marcel; "El Verdadero Charcot", Bs.As., NuevaVisión, 2000, p.7
22-Ibid, p.8
23-Ibid, p.10
24-Ibid, p.138
25-Ibid, p.143
26-Ibid, p.144
27-Ibid
28-Ibid, p.145
29-Ibid, p.146
30-Ibid, p.147
31-Ibid, p.149
32-Ibid, p.151
33-Ibid
34-Ibid
35-Ibid, p.152
36-Ibid
37-Ibid
38-Ibid, p.153
39-Ibid
40-Ibid
41-Ibid, p.156
42-Ibid
43-Ibid, p.155
44-Ibid
45-Ibid, p.156
46-Ibid
47-Ibid, p.160
48-Ibid
49-Ibid
50-Ibid
51-Ibid, p.160-161
52-ibid, p.160
53-Ibid
54-Ibid, p.161
55-Ibid
56-Ibid
57-Ibid
58-Ibid
59-Ibid
60-Ibid, p.162
61-Ibid
62-Ibid
63-Ibid
64-Ibid, p.163
65-Ibid
66-Ibid
67-ibid
68-Ibid
69-Ibid
70-Ibid, p.164
71-Ibid
72-Ibid
73-Ibid
74-Ibid, p.p.164-165
75-Ibid, p.165
76-Lewin, Kenneth; op.cit., p.68
77-Ibid, p.p.68-69
78-Ibid, p.69
79-Ibid
80-Freud,Sigmund; "Algunas consideraciones con miras a un estudio comparativo de las parálisis orgánicas e histéricas", Bs.As., O.C., Amorrortu, 1994,T.1, p.210.
81-Freud,Sigmund; "Charcot" (1893), op.cit., p.p.13 a 23.
82-Gauchet, Marcel; "El Verdadero Charcot", op.cit., p158.
83-Freud,Sigmund; "Charcot"(1893), op.cit., p.24.
84- Roudinesco, Elisabeth; "La Batalla de cien años, Historia del Psicoanálisis en Francia (1885/1939)", Madrid, Fundamentos, 1988, T.1, p.29.
85- Roudinesco, Elisabeth; "La Batalla de cien años, Historia del Psicoanálisis en Francia (1885/1939)", Madrid, Fundamentos, 1988, T.1, p.30.


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

  • Gauchet, Marcel; "El Verdadero Charcot", Bs.As., Nueva visión, 2000.
  • Lewin, Kenneth; "Freud y su primera psicología de las neurosis", México, FCF, 1985.
  • Freud, Sigmund; "Charcot" (1893), O.C., Bs.As., Amorrortu, T.3., 1994.
  • Freud, Sigmund; "Algunas consideraciones con miras a un estudio comparativo de las parálisis orgánicas e histéricas", Bs.As., O.C., Amorrortu, T.1., 1994.
  • Roudinesco, Elisabeth; "La Batalla de cien años, Historia del Psicoanálisis en Francia (1885/1939)", Madrid, Fundamentos, 1988, T.1.

 

Fuente:

Trabajo presentado por Sabrina López en el Seminario Los orígenes de la psicoterapia. La histeria como objeto encrucijada. Entre la neurología y las curas milagrosas. Dictado por Marcela Borinsky