La dualidad femenina en el cristianismo de la era medieval: entre el cuerpo y el alma
Romina Felicetti
ndice
Introduccin
Contexto histrico
El estatuto del cuerpo en la Edad Media
El cuerpo femenino, el cuerpo masculino
La dualidad en la concepcin cristiana del cuerpo femenino
El cuerpo: Eva
El alma: Mara
La redencin: Magdalena
Msticas y brujas. Entre la prctica religiosa y la prctica hertica
Conclusin
Bibliografa
Introduccin
Desde las primeras lneas del Gnesis Bblico, la figura femenina ha sido representada durante siglos como precursora de un pecado de orgullo, sin embargo los sucesos poltico religiosos que inundaron la Edad Media convirtieron al cuerpo mismo en un aparato de pecado.
La asuncin de la feminidad en este perodo estuvo cargada de paradojas extremas, fundadas en el pensamiento eclesistico de la contrarreforma, que se constituyeron en saberes sociales perdurables hasta nuestros das.
El cristianismo,elemento fundamental de nuestra identidad colectiva[2], se instaura partir de este perodo en el cuerpo de Cristo, lo que da lugar a la dualidad que signar al cuerpo femenino: la glorificacin y la exaltacin de la santa o la represin y el rechazo de la pecadora.
El cuerpo de la mujer va a tomar uno de estos lugares, quedando resignado a la subordinacin a la que la somete el imaginario anclaje de su debilidad corporal.
Este informe se propone dilucidar la mirada de varios autores respecto del lugar que el cuerpo femenino obtuvo en la Edad Media y el significado particular que le atribuy la iglesia cristiana.
Partiendo de la importancia del sentido de la mujer en la masculina sociedad medieval, y las categorizaciones brindadas al cuerpo en el pensamiento popular y cientfico de la poca, es que surgen las diferencias de gnero, diferencias, que no fueron ms que meras estratificaciones sociales, las que dieron lugar a las distintas dualidades que dentro de la concepcin eclesistica se expandieron al entendimiento social como verdades fundadas.
Verdades que en la mujer, se construyeron como una serie de figuras que condicionaron el quehacer natural de la inclinacin femenina. La cultura del cuerpo las funda, el pensamiento masculino las ejecuta, y la mujer vuelve a ser dicotmica: permanecer en el lugar impuesto o rehacer su historia apartndose de los preceptos religiosos para convertirse en algo que no merece ser nombrado.
Contexto histrico
La Edad Media se caracteriz por un importante auge de la espiritualidad como autntico indicador de movimiento social y cultural. Esta espiritualidad, que estuvo caracterizada por la bsqueda de la experiencia directa con Dios, ya sea a travs del xtasis personal o de la iluminacin mstica, tiene su significacin en el cuerpo como expresin de la fe.
La experiencia, concebida como un don divino de carcter personal, resultaba totalmente independiente del rango social o del nivel de educacin pues era indescriptible, irracional y privada.
La particular forma de expresin, sumada a las condiciones singulares de los sectores ms desprotegidos y la catastrfica irrupcin de la peste negra que azot a Europa en la dcada de 1340, promovieron la bsqueda de la sencillez y pureza apostlica que desembocaran en la Reforma protestante generada por Martn Lutero.
La Contrarreforma, supuso un intento por revitalizar la imagen de la Iglesia como oposicin al protestantismo, oposicin enmarcada en la instauracin del monaquismo que se intentar imponer como el modelo ideal de la vida cristiana.[3]La ascesis instaurada as, plantea la renuncia al placer y la lucha contra las tentaciones[4] , la inhibicin del cuerpo, en contraposicin a la exaltacin que promueve la glorificacin del Cuerpo de Cristo como sacramento eclesistico y la creciente importancia del culto a la Virgen Mara, actitud desconocida en la Iglesia hasta este momento, que tenia el mismo carcter emotivo.
El cuerpo de Cristo, martirizado y crucificado, sufriente, da lugar al surgimiento de los mrtires eclesisticos y las prcticas corporales devotas, que, caracterizadas como experiencias femeninas, se contraponen a partir del siglo XIII con el surgimiento de la Inquisicin, como organizacin religiosa que hizo uso de ciertas formas de tortura aplicadas sobretodo en mujeres que ejercan cultos paganos, los cuales eran fijados a las cualidades de su naturaleza femenina y por sobretodo, a su debilidad como generadora de pecado.
El estatuto del cuerpo en la Edad Media
La concepcin corporal de la poca, basada en la teora aristotlica de los humores[5] y la lectura mgica del mundo sobre la interaccin del cuerpo con los factores externos, dan lugar a una explicacin cientfica del contagio, sobre la cual Gmerk concluye que las ideas de contaminacin moral, del pecado original, de culpabilidad patgena y de castigo divino la acompaan ya sea abiertamente, ya sea de manera subrepticia[6]. La falta de modelos explicativos de la enfermedad, dio origen a la proliferacin de lo desconocido, a los elementos de una cultura del cuerpo agredida por fuerzas morbosas invisibles podan ser trasladados al mito del aquelarre[7].
As, el culto al cuerpo que caracteriz a la Antigedad, es, en la Edad Media, desterrado a una gran renuncia en la que, tanto las exaltaciones corporales, como sus manifestaciones sociales, deben ser reprimidas.
La promocin de las prcticas encaminadas a la liberacin del espritu, introducidas por el monaquismo eclesistico en el siglo XI, generaron un cuerpo en el que la operacin del poder[8], dio lugar a la socavacin del cuerpo sexuado, acentuando la represin del placer que regir hasta la instauracin en el siglo XIII, de un mecanismo de control corporal y sexual: la reglamentacin del matrimonio.
De esta forma la doctrina cristiana se constituir en lo que Le Goff considera como operador de un gran vuelco[9], vuelco a partir del cual, la concepcin del pecado original como el destierro de Adn y Eva del jardn del Edn tras ser tentados por el demonio a probar el fruto del rbol del conocimiento y desposeer a Dios de este atributo, se transforma mediante un giro ideolgico, en un pecado de la carne y fuente de la desdicha humana[10].
La dominacin del pensamiento simblico que regir las interpretaciones bblicas, llevar a la inscripcin del pecado original en el cuerpo de la concupiscencia, que ser a partir de entonces el cuerpo femenino.
El cuerpo femenino, el cuerpo masculino
En conjuncin con las creencias populares, la medicina funda la dicotoma original a partir de las emanaciones corporales, asociadas con la humedad y la temperatura de los cuerpos, as la mujer abunda en excreciones, y a causa de sus reglas despide un mal olor, que empeora todas las cosas y destruye sus fuerzas y facultades naturales[11] mientras que el calor natural del hombre es vaporoso, dulce y suave, y casi como impregnado de un olor aromtico[12]. Asumindose as que el olor natural masculino era pervertido por el veneno de lo femenino, en cuya exhalacin se vea la infeccin de las cosas ms puras, el pecado de la carne.
Preponderante en el pensamiento y la escritura de los clrigos de este perodo, ninguno de los cuales senta el deseo de instruir al pueblo sino de arrebatarlo de admiracin, de reprender pblicamente a los disidentes, de ensear tan solo cosas nuevas, inhabitales, propias para asombrar al vulgo[13], es la exaltacin de la figura masculina, la que toma mayor notoriedad mediante las oportunas interpretaciones bblicas acerca de la Creacin[14], que dan lugar a la desigualdad: el cuerpo femenino presentado como imperfecto, es destinado a la subordinacin de lo masculino, la sede de la razn.
A esta criatura inacabada, cuya naturaleza perteneca al costado sombro de la Obra del Creador, ms prxima al diablo que la naturaleza del hombre, inspirada por Dios[15], considerada como irritable, desvergonzada, mentirosa, supersticiosa y lbrica[16] que () no se mova ms que por los impulsos de su matriz[17] se le opondr la exaltacin de una figura femenina de carcter divino, un bien supremo, que permitir elevar el estatuto de la feminidad a travs de una nueva dualidad esta vez, en el seno de la Iglesia Catlica.
La dualidad en la concepcin cristiana del cuerpo femenino
La sociedad medieval se constituy como resultado de una serie de dualidades, siendo una de las ms significativas, la contienda que se dirimi en el interior del cuerpo mismo, en la que segn la concepcin cristiana el cuerpo es despreciado, condenado, humillado[18], en la que la penitencia corporal era smbolo de salvacin.
Por otro lado la glorificacin del cuerpo, surga de la Encarnacin de Jess, hijo de Dios, en un cuerpo hecho hombre, cuerpo que vence a la muerte y con su resurreccin permite que hombres y mujeres puedan volver a encontrar un cuerpo para sufrir en el Infierno o gozar en el Paraso.
Pero no solo el cuerpo es el que queda atravesado por esta dualidad: y tomando un cliz dio gracias y se lo dio diciendo `Bebed todos de l, que esta es mi sangre del nuevo testamento, que ser derramada por muchos para remisin de los pecados[19], la sangre de Cristo, sacrificio que es renovado continuamente a travs de la eucarista, ser a los ojos de la religin predominante, privilegiada como el pecado en relacin con la mancha.[20]
El celibato establecido para modelar la vida incluso ms all de los muros clericales, intenta liberar a la institucin eclesial de las potencias terrenales que se haban apoderado de su control[21], este retorno a la pureza evanglica que sustituy al martirio, permitira apartar a la mujer tentadora del seno de la Iglesia.
As, la mujer, culpable, en la que se compendian los pecados de la carne y la sangre, Eva en todas las mujeres, dejar de ser nombrada como tal, producto de la etimologa de su nombre:Eva es vae, la desgracia, pero tambin la vida[22], Eva es Ave que otrora lanzara Gabriel a la nueva Eva y evocar a Eva es invocar a Mara.[23]
Lo innombrable, entonces, debe ser salvado. Lo misgino, redimido.
Para dirimir a la mujer del mal tan grande al que ha dado origen, es necesario instituir un bien igualmente grande originado en una mujer.
Al pecado de Eva innominada, se opone la redencin de Mara, inaccesible.
El cuerpo: Eva
La primera mujer surge en el relato del Gnesis, como producto del flanco de Adn[24], y es ella quien seducida por los influjos de la serpiente lleva a su compaero a la desobediencia. Es ella quien cargar con la desazn de Yahv: multiplicar tus dolores en tus preeces; con dolor parirs los hijos, y estars bajo la potestad de tu marido y l te dominar[25]. Como consecuencia de desestimar la prohibicin, Yahv Dios expuls a la pareja de los jardines del Edn y fue entonces cuando la mujer fue nombrada por su marido: llam Eva a su mujer, por que ella fue la madre de todos los vivientes.[26]
Origen del hombre en la tierra, es el principio y causa de su desgracia, Eva es vista como la tentadora del varn, persuadida por su semejante, la serpiente, cuya imagen se representa a la del Diablo: la mujer es quien ha sido la autora de la falta para el hombre, no el hombre para la mujer[27].
Entonces el dictamen se impartir a todas las mujeres por igual: No sabes que tambin tu eres Eva? La sentencia de Dios conserva an hoy todo su vigor sobre este sexo, y es menester que su falta tambin subsista. T eres la puerta del Diablo, t has consentido a su rbol, t has sido la primera en desterrar la ley divina[28].
La iglesia medieval necesitar, entonces, separarse de la mujer, rechazar la carne, lo moralmente horrible desde el origen y cuya belleza superficial constituye el peor de los seuelos[29], iniciando lo que Dalarum llama un combate de envergadura[30] a fin de impulsar la reforma de las costumbres eclesisticas.
As Eva, deja de ser nombrada en los claustros y la apreciacin de su espritu se caracterizar por distintos eptetos: la mujer una cosa frgil, nunca constante, salvo en el crimen, jams dejar de ser nociva espontneamente. La mujer, llama voraz, locura extrema, enemiga ntima, aprende y ensea todo lo que puede perjudicar: La mujer, vil forum, cosa pblica, nacida para engaar, piensa haber triunfado cuando puede ser culpable. Consumndolo todo en el vicio, es consumida por todos y, predadora de los hombres, se vuelve ella misma su presa[31]
El alma: Mara
El siglo XII se funda como el gran surgimiento mariano: la poca de Nuestra Seora. Mara es la Madre por excelencia, en su seno los indignos pueden sumir su vergenza, es la puerta del Cielo, el refugio del pecador, esperanza de los hombres [32]
Cristo, hombre y Dios, engendrado por el Espritu Santo en la carne de una mujer, la convierte en la Madre de Dios, verdad ya proclamada en el Concilio de feso.[33]
A raz de esto la maternidad virginal ya no se discute[34], sino que es explicada a travs de las interpretaciones bblicas que no han logrado una formulacin exacta: Mara dijo al ngel: Cmo ser esto pues no conozco varn? Y el ngel le contest: El Espritu Santo vendr sobre ti, y el poder del Altsimo te cubrir con su sombra; por eso el nio que nazca ser santo y llamado Hijo de Dios[35].
Sin embargo las fervientes alabanzas a la Virgen Madre no significaron un homenaje para el resto de las mujeres, Mara deja de ser un modelo cercano para protegerla en el cielo inaccesible de una maternidad virginal sin la menor fisura[36].
Dalarun se pregunta, entonces, qu proponen a las mujeres de este mundo?[37] y la respuesta se simplifica en la imitacin del modelo mariano: la preservacin de la virginidad. As surge la figura de la santa que, aunque tmidamente, rehabilita a la mujer en su funcin social, pese a no poder hablar de su salvacin.
Mara ha dado a luz a Cristo y como madre de Cristo, es madre de todos los cristianos madre de todos los que viven por la gracia, en oposicin a Eva, madre de todos los que mueren por la naturaleza[38], y todo tiene lugar en el vientre de una madre cerrada para todos salvo, misteriosamente para uno.[39]
La figura de Eva, en caso de no ser borrada, era compensada por la de la Virgen Mara, lo que permitir el surgimiento de una tercera figura, la de Mara Magdalena, el camino de la penitencia y el arrepentimiento de la pecadora.
La redencin: Magdalena
Si el camino virginal ya no era factible, qu posibilidad de salvacin ofreca entonces la iglesia a las mujeres?, la nica direccin posible era dada por la redencin: no hay apelacin posible para la prdida del sello virginal, ni en lo fsico, ni en lo moral. El nico camino es la penitencia, el arrepentimiento de la pecadora, de la meretrix[40].
La redencin del alma pecadora est dada en la confesin de las faltas siguiendo el modelo de Mara Magdalena penitente[41] y como el alma tiene gnero femenino, es lgico que una pecadora femenina sea la que oriente al pecador arrepentido.
Magdalena, la pecadora que se puso por detrs, junto a sus pies, y llorando, comenz a regarlos con sus lgrimas y los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los besaba y unga con el perfume[42], peca a travs de la carne, peca a travs de su esencia femenina, por lo que su salvacin solo es posible mediante el arrepentimiento de la carne culpable.
Dividida entre la esperanza y el miedo se convierte en acusadora de sus pecados y es precisamente su redencin lo que la salva[43], Cristo la recibe y la redime, Magdalena se convertir en la pecadora que anuncia la resurreccin esto se hizo para que la mujer que llev la muerte al mundo no quedara en el oprobio, de la mano de la mujer, la muerte pero de su boca el anuncio de la Resurreccin[44].
La Iglesia la transforma en metfora, Magdalena es, adems de pecadora, quien abre las puertas del cielo a todo aquel que desee arrepentirse, la mujer gloriosa que ha curado no solo sus heridas, sino las de muchos pecadores, y no deja de curarlos cada da[45].
Disociada de Eva, la mujer despreciable que debe ser alejada, y de Mara, la figura inmaculada que queda fuera de todo alcance mundano, Magdalena se inviste del sentimiento de conciencia: entre la puerta de la muerte y la puerta de la vida, la bienvenida pecadora es una puerta entreabierta a una redencin posible, pero al precio de la redencin, del arrepentimiento, de la penitencia[46], y la penitencia ser en el caso de la mujer doblemente costosa: redimirse del pecado y de su condicin de mujer.
Msticas y brujas
Entre la prctica religiosa y la prctica hertica
Explosin de una profunda inquietud religiosa, durante el siglo XIII, se rechazaron las formas tradicionales de devocin y se comenz a buscar las salvacin de las almas por caminos distintos a los propuestos por la Iglesia Catlica. En su mayora compuesto por mujeres, este movimiento en el que el amor a Dios pas a constituir uno de los puntales de esta nueva vida, ms agradable a los ojos de Dios[47], promulgaba la renovacin, a travs del cambio de los valores de la cristiandad.
Aquellas, a las que la doctrina paulista les impeda el acceso a la predicacin, hacen uso de la exaltacin de ese cuerpo, como el lugar de acceso a lo sagrado, el instrumento de comunicacin con Dios. El misticismo se torna, entonces, como una reivindicacin para ese cuerpo del pecado, el cuerpo femenino, del que incluso Cristo estar dotado: el cuerpo de Cristo, era una personificacin femenina[48].
As la humanidad de Cristo hecha mujer, no puede dejar de asociarse con las figuras femeninas realzadas por la Iglesia: nacido de Mara, sin padre terrenal, asume la representacin materna: tanto los hombres como las mujeres msticas llamaban a Jess madre pues alimenta eucarsticamente a los cristianos con el lquido destilado de su pecho[49], Cristo que se conquista as mismo en el sufrimiento del cuerpo, se asocia a Eva como la parturienta con dolor.
La proliferacin de experiencias que desdibujan completamente la lnea que separa lo espiritual de lo psicolgico por un lado, y de lo corporal e incluso sexual[50], gener un auge social respecto de la prctica religiosa las mujeres eran encendidas por el otro, elevadas a una afectividad o sensualidad que iba ms all de los sentidos[51], hablaban normalmente de saborear a Dios, de besarle intensamente, de adentrarse en su corazn o en sus entraas, de ser cubiertas por Su sangre.[52]
.La multiplicacin de reliquias corporales, la participacin de los santos en la vida cotidiana y la representacin pictrica de la devocin, mantuvieron una intensidad cuya represin sirvi de apoyo para impedir la expansin de ciertos grupos herticos.[53]
A partir del Concilio de Trento[54], la Iglesia es la nica mediadora de la devocin litrgica, la nica forma de llegada a Dios, fuera de esto, ya no podra quedar nada. Los grupos y comunidades que adoptaron otras formas de vida, sobretodo en el mbito rural, en el que abundaban las religiones, que, anteriores al cristianismo,
dieron en llamarse paganas, comenzaron a ser perseguidos en pos de un proceso de expansin del catolicismo ante la amenaza de la Reforma Luterana.
Una vez ms, la figura principal de este proceso es la mujer, sobre la que se fijan prcticas mgicas relacionadas con la debilidad de su sexo, peligrosa por que tentadora, la mujer, es ms propensa a aceptar un pacto demonaco: es comnmente infiel, vanidosa, viciosa y coqueta. Es el cebo de que Satn se sirve para atraer al otro sexo al infierno[55].
Sentenciadas por el tribunal inquisitorial, la hoguera, era mayormente el lugar reservado para aquellas que osaban ser influidas por lo malfico.[56] Los mismos inquisidores se encargaran de caracterizarlas eternamente en sus manuales como
un enemigo de la amistad, un castigo inevitable, un mal necesario, una tentacin natural, una calamidad deseable, un peligro domestico, un deleitable detrimento, un mal de la naturaleza pintado con alegres colores.[57]
La dualidad explicada a travs de Mara y Eva se reitera en la mstica y la bruja: el contacto, aunque carnal, es la salvacin de la mano de Cristo y el pecado a travs del Diablo. La bruja es la analoga de Eva, as como la serpiente al ngel cado o quizs en palabras de Favre Saada: Hablar de Satn era tal vez una manera de nombrar el malestar que se sita en otra parte en un lugar distinto de la conciencia o de la sociedad y en primer lugar en el cuerpo.[58]
Conclusin
Sea masculino o femenino, el cuerpo no deja de ser una construccin social, metfora de sus instituciones, se edifica en la genealoga del poder que lo atraviesa.
Poder de la religin medieval, del que ha surgido un ideal de mujer ambiguo, en el que sin lugar el cuerpo femenino deambula de un extremo al otro. Exaltada en la mayor virtud o repudiada en la peor falta, la dualidad en la que est inmersa la obliga a elegir.
Las razones de una nueva disciplina clerical dejan al hombre, y a la mujer, como hijos de Eva, naciendo en el pecado consumado, naciendo carne y cuerpo, y la excelsamente acabada figura de Mara, los convierte en sus hijos cristianos, aunque la Madre del nico Hijo se torne inaccesible a toda mujer terrena. Apartada la feminidad, y sobretodo su sexualidad, del mbito clerical, es necesario dar a luz una nueva figura que condense a las anteriores, esperanza y pecado, Magdalena es la imagen a ser vivida.
Las tres figuras se entrelazan indisolublemente para dar explicacin a la esencia femenina. Sin embargo, esta explicacin no puede esparcirse a las manifestaciones de la fe, base de las creencias de la religin cristiana, que hizo extensiva a otras prcticas su dificultad, expandiendo sus fundamentos con el apoyo de la hostilidad.
La construccin ideal de la mujer se ha visto ensombrecida por el miedo, quizs porque el sexo femenino es misterioso para la mujer misma, oculto, atormentado[59], no puede expresarse para el hombre en otra cosa que la eterna contradiccin viviente[60].
Afirmacin y negacin, la mujer vuelve a inscribirse en la dualidad, completa y fragmentaria, en la que todo es oscuro[61], que quizs, solo deba conocerse como el costado de Adn que le dio origen, la compaera, creada para que le hombre no este solo, o ms fervientemente como su complemento, hueso de sus huesos, carne de su carne [62] y parte de su cuerpo.
Bibliografa
Fuentes primarias:
DALARUN, JACQUES: La mujer a los ojos de los clrigos, en Duby, Georges; Perrot, Michelle, Historia de las mujeres, Vol. 3: La Edad Media. La mujer en la familia y en la sociedad. Buenos Aires, Taurus Ediciones, 1992.
LE GOFF, Jacques; Truong, Nicolas: Una historia del cuerpo en la Edad Media, Buenos Aires, Paidos, 2003, Prefacio: Las aventuras del cuerpo, Introduccin: Historia de un olvido.
MUCHEMBLED, Robert, La historia del diablo, Buenos Aires, FCE, 2000. Cap. 3: El diablo en el cuerpo.
OPITZ, CLAUDIA, Vida cotidiana de las mujeres en la Baja Edad Media, en Duby, Georges, Perrot Michelle, Historia de las mujeres, vol.3: La Edad Media. La mujer en la familia y en la sociedad, Buenos Aires, Taurus Ediciones, 1992.
WALKER BYNUM, CAROLINE: El cuerpo femenino y la prctica religiosa en la baja edad media en Feher, Michel (comp.), Fragmentos para una historia del cuerpo humano, Madrid, Tauro, 1990, 3 tomos.
Fuentes secundarias
DELUMEAU, Jean: El miedo en Occidente, Taurus, Madrid, 1981; Cap. 10: Los agentes de Satn: la mujer.
FOUCAULT, Michel: Histoire de la sexualit, tomo I, La Volont de savoir (1976) Pars, Gallimard, 1984.
KRAMER; Heinrich; Sprenger, Jacobus, Malleus Maleficarum (1487), Buenos Aires, Ediciones Orin, 1975.
LAQUEUR, Thomas: La construccin del sexo. Cuerpo y gnero desde los griegos hasta el Freud, Madrid, Ctedra, 1994.
SARRION MORA, Adelina: Beatas y endemoniadas. Mujeres heterodoxas ante la inquisicin. Siglos XVI a XIX, Madrid, Alianza, 2003, Cap. 2: El inicio de la represin inquisitorial, Cap. 3:Cuando el demonio es el protagonista.
Obras de referencia
DICCIOENCICLOPEDIASUMMA DOS, Barcelona, Ediciones Danae, 1980.
LA SANTA BIBLIA, Madrid, Centro de Ediciones Paulinas, 1978
TRADUCCION DEL NUEVO MUNDO DE LAS SANTAS ESCRITURAS, New York, Watch Tower Bible and Tract Society Of Pennsylvania, 1967.
[1] Trabajo realizado en el marco del seminario de grado Historias de la sexualidad, la carne cristiana, la confesin y el pecado, las posedas y las histricas, la sexualidad del nio dictado por el profesor Hugo Vezzetti con la colaboracin del Lic. Mauro Vallejo.
[2] Jacques Le Goff; Nicolas Truong: Una historia del cuerpo en la Edad Media, Buenos Aires, Paidos, 2003, Introduccin Historia de un olvido p. 29.
[3] Jacques Le Goff; Nicolas Truong, Op. Cit. p. 35
[4] Ccile Caby, Ascse asctisme, en Andr Vauchez (comp.), Diccionaire encyclopdique du Moyen ge, vol. 1, Pars, Cerf., 1997 en Jacques Le Goff ; Nicolas Truong, Op. Cit., p. 35.
[5] La antigua doctrina de los humores, trataba sobre la correcta, y por ello, saludable mezcla de humores (lquidos) corporales.
[6] Mirko Grmek (dir.), Historie de la pense mdicale en Occident, T. 2, De la Reinaissance aux Lumires, Pars, Seuil, 1997, p. 8 en Robert Muchembled, La historia del diablo, Buenos Aires, FCE, 2000
Cap. 3 El diablo en el cuerpo p. 93
[7] Robert Muchembled, Op. Cit., p. 94.
[8] Sobre el cuerpo Foucault escribe:las relaciones de poder operan en l un efecto inmediato, lo cercan, lo marcan, lo enderezan, lo torturan, lo obligan a trabajos a ceremonias, exigen de l signos en Michel Foucault, Surveiller et punir, Pars, Gallimard, 1975, tambin Histoire de la folie lge classique, Pars, Plon, 1961; Histoire de la sexualit, tomo I, La Volont de savoir (1976); tomo II, LUsage des plaisirs; y tomo III, Le Souci de soi, Pars, Gallimard 1984, citado en Jacques Le Goff; Nicolas Truong, Op. Cit. p. 26.
[9] Jacques Le Goff; Nicolas Truong, Op. Cit. p. 45.
[10] Jacques Le Goff, Op. Cit. p. 12.
[11] Levinus Lemnius, Les Occultes Merveilles et Secretz de nature, Pars, Galot du Pr, 1574, folio 213
p. 132 134 en Robert Muchembled, Op. Cit., p. 98.
[12] Levinus Lemnius, Op. Cit. p. 98.
[13] Spinoza, Trait thologico-politique, notas de Charles Appuhn, Pars, Garnier Flammarion, 1965, citado en Jacques Le Goff; Nicolas Truong, Op. Cit. p. 47.
[14] Las distintas versiones sobre la Creacin se dan lugar en: Gnesis 1, 26-27; Gnesis 2, 21-24 extrado de Traduccin del nuevo mundo de las Santas Escrituras, New York, Watch Tower Bible and Tract Society Of Pennsylvania, 1967.
[15] Robert Muchembled, Op. Cit., p. 96.
[16] Robert Muchembled, Op. Cit., p. 95.
[17] Robert Muchembled, Op. Cit., p. 95.
[18] Jacques Le Goff; Nicolas Truong, Op. Cit. p. 12.
[19] Evangelio segn San Mateo 26, 26-29.
[20] El pecado relacionado a la mancha refiere a la repugnancia de la religin catlica hacia los lquidos corporales: el esperma y la sangre. En Jacques Le Goff; Nicolas Truong, Op. Cit. p. 36.
[21] Jacques Dalarun: La mujer a los ojos de los clrigos, en Duby, Georges; Perrot, Michelle, Historia de las mujeres, Vol. 3: La Edad Media. La mujer en la familia y en la sociedad. Buenos Aires, Taurus Ediciones, 1992, p.33.
[22] Isidoro de Sevilla, PL 82, col 275 en Jacques Dalarun, Op. Cit., p.38.
[23] Jacques Dalarun, Op. Cit., p.38.
[24] Gnesis 2, 22 24.
[25] Gnesis 3, 16.
[26] Gnesis 3, 20 .
[27] Ambrosio de Miln, PL 14, col 303 en Jacques Dalarun, Op. Cit. p. 34.
[28] Tertuliano PL 1, col 1305, Jacques Dalarun, Op. Cit. P. 35.
[29] Geoffroy de Vandme PL 157, col 168, Jacques Dalarun, Op. Cit. p. 35.
[30] Jacques Dalarun, Op. Cit. p. 37.
[31] Hildeberto de Lavardin, PL 171, col 1428, Jacques Dalarun, Op. Cit. p. 37.
[32] Geoffroy de Vandme PL 157, col 234 - 235, en Jacques Dalarun, Op. Cit. p. 40.
[33] Concilio Ecumnico de la Iglesia Cristiana celebrado en el ao 431 en el que se aprob el nombre de Madre de Dios para la Virgen Mara.
[34] Jacques Dalarun, Op. Cit. p. 40.
[35] Evangelio segn San Lucas 1, 35 38.
[36] Jacques Dalarun, Op. Cit. p. 41.
[37] Jacques Dalarun, Op. Cit. p. 41.
[38] Pedro Crislogo, PL 52, col 576, Jacques Dalarun, Op. Cit. p. 41.
[39] Jacques Dalarun, Op. Cit. p. 41.
[40] Jacques Dalarun, Op. Cit. p. 45.
[41] Geoffroy de Vandme PL 14, col 279, Jacques Dalarun, Op. Cit. p. 48.
[42] Evangelio segn San Lucas, 8, 38
[43] Jacques Dalarun, Op. Cit. p. 48.
[44] Jacques Dalarun, Op. Cit. p. 48.
[45] Geoffroy de Vandme PL 157, col 270 - 272, Jacques Dalarun, Op. Cit. p. 48.
[46] Jacques Dalarun, Op. Cit. p. 51.
[47]Claudia Opitz, Vida cotidiana de las mujeres en la Baja Edad Media, en Duby, Georges, Perrot Michelle, Historia de las mujeres, vol.3: La Edad Media. La mujer en la familia y en la sociedad, Buenos Aires, Taurus Ediciones, 1992, p.385.
[48] Valerie Lagorio, Variations on the Theme of Gods Motherhood in Medieval English Mystical and Devotional Writings, Studia mystica 8 (1985), p. 15 37 en Caroline Walker Bynum: El cuerpo femenino y la prctica religiosa en la baja edad media en Feher, Michel (comp.), Fragmentos para una historia del cuerpo humano, Madrid, Tauro, 1990, 3 tomos, p. 180
[49] Caroline Walker Bynum, Op. Cit., p. 171.
[50] Caroline Walker Bynum, Op. Cit., p. 172.
[51] Caroline Walker Bynum, Op. Cit., p. 172.
[52] Caroline Walker Bynum, Op. Cit., p. 171.
[53] Referencia especfica a los ctaros, grupo hertico caracterizado por su rgido ascetismo, cuya creencia se basaba en un universo compuesto por dos mundos en conflicto: uno espiritual creado por Dios y uno material forjado por Satn.
[54] Decimonoveno Concilio Ecumnico llevado a cabo entre 1545 y 1563 convocado para responder a la Reforma protestante, supuso una reorientacin general de la Iglesia.
[55]Jean Delumeau: El miedo en Occidente, Taurus, Madrid, 1981; Cap. 10: Los agentes de Satn: la mujer, p. 487.
[56] El influjo era la forma de explicar como un espritu carente de materia poda accionar sobre el cuerpo de una mujer.
[57] Heinrich Kramer; Jacobus Sprenger:Malleus Maleficarum (1487), Buenos Aires, Ediciones Orin, 1975. p. 49.
[58] Jeanne Favre-Saada:Critique, abril de 1971, retomado en Corps pour corps. Enqute sur la sorcellerie dans le bocage (con Jos Contreras) Pars, Gallimard 1981. en Jacques Le Goff; Nicolas Truong, Op. Cit. p. 18.
[59] Simone de Beauvoir, Le Deuxime Sexe, Pars 1949, 2 vols., I, pg. 147. en Jean Delumeau, Op. Cit. pg. 472.
[60] Jean Delumeau, Op. Cit., p. 475.
[61] Sigmund Freud, Ueber die weibliche Sexualitt, en Ges. Werke, IX, p. 180 en Jean Delumeau, Op. Cit., p. 472.
[62] Gnesis 2, 24.