La sexualidad femenina en la sociedad burguesa europea
de fines del siglo XIX y el impacto de la obra freudiana.

Nadia Ins Aduco


 

 

"Nunca estuvo tan oculto

el cuerpo femenino

como entre 1830 y 1914"

Philippe Perrot.

 

"Nada proteger su virtud

de manera ms segura que la

enfermedad"

Sigmund Freud.

 

INTRODUCCIN

 

 

     Uno de los ms interesantes interrogantes acerca de la historia de Occidente es cules habran sido los factores que hubieron determinado la aparicin de semejante nmero de enfermos de neurosis en la Europa de fines del siglo XIX. Resulta interesante, por lo tanto, investigar acerca de la sociedad burguesa, cmo pensaban a su sexualidad, a la mujer, cules eran sus valores morales; quizs, buscar en ellos algunas pistas sobre las posibles causas de dichas enfermedades nerviosas.

 

     Por qu el psicoanlisis caus tal controversia? Resulta muy difcil pensarlo desde el marco cultural nuestra sociedad "liberal" postmoderna. Hoy por hoy estamos muy acostumbrados a hablar abiertamente (aunque quizs no tanto) acerca de la sexualidad, del sexo entre los jvenes, del sexo en la tercera edad; incluso empezamos a integrar a la comunidad homosexual dentro de nuestra sociedad (tal es el caso de la reciente Ley de Unin Civil, aprobada por la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires). A partir de la revolucin sexual de la dcada del '60, tras la aparicin de la famosa "pldora" -lo cual permiti una liberacin de la sexualidad femenina-, son muy pocos quienes se escandalizan al or hablar con desenfado acerca del sexo.

 

     Pero qu ocurra con esos mismos temas hace un siglo atrs? Cmo se vivan el amor, las pasiones, los deseos? Es de conocimiento popular el soslayamiento generalizado respecto a tales temas, considerados tab. Pero, cules seran las consecuencias -de las que tampoco se hablaba- para los miembros de la sociedad burguesa decimonnica? Seran esas mujeres histricas las resultantes de una comunidad femenina oprimida, obligada a acallar y enmascarar sus deseos y placeres? Sera una sociedad machista y paternalista, con valores morales utpicos e irrealizables la desencadenante de sus propias miserias?

 

     A travs del presente informe, se intentar echar un poco de luz sobre los temas que se acaban de mencionar y se har un esfuerzo por encontrar respuestas para, al menos, algunas de las preguntas que han sido planteadas aqu.

 

 

LA SOCIEDAD BURGUESA PUERTAS ADENTRO

 

LA PRIVATIZACIN DEL CUERPO Y LOS ESPACIOS

 

     Poco a poco, a lo largo del siglo XIX, comenz a darse en la sociedad burguesa europea un movimiento de individualizacin y de privatizacin de los espacios que no haba sido experimentado hasta el momento. Como dice Elas, "En pocas pasadas, en la Edad Media por ejemplo, era completamente inusual que una persona durmiera sola, sola en una cama y desde luego lo era que durmiera sola en un cuarto."[1]. Lentamente, y en gran parte gracias a la insistencia de los mdicos, se fueron dejando de lado los lechos colectivos y la promiscuidad fue empezndose a considerar como fuente principal de contagio de numerosas enfermedades infecciosas, en especial de las venreas.

 

     Al mismo tiempo, comenzaron a privilegiarse los espacios privados de cada individuo: la alcoba, el tocador, se constituiran poco a poco como sitios restringidos a los que muy pocos o ninguna otra persona que no fuese su ocupante tendra acceso. Consecuentemente, se incrementara el misterio en torno al otro, a aquello que su privacidad no dejaba conocer. En el caso de las mujeres, esto se potenciara an ms. "El camisn dej poco a poco de tolerarse fuera de la alcoba. Se convirti en el smbolo de una intimidad ertica a la que en adelante parecera inconveniente la menor alusin, incluso implcita [...] una toilette de maana con la que una mujer que se estime no deber dejarse ver por un extrao [...] La mujer circula por su casa "destocada"; mientras que en el espacio pblico, semejante forma de presentarse designara a la sirvienta... o a la prostituta"[2]. Presenciamos entonces el apogeo de un marcado fetichismo: el encaje, los bordados y la ropa ntima se erigen como los portadores de un secreto incalculable, prometedor de inmensos deleites. La ocultacin del cuerpo, en especial del de la mujer, se hace entonces indispensable: a fines de evitar la exaltacin del deseo, de provocar en el otro incontenibles pasiones, surge la preocupacin por proteger la silueta de la mirada o el pensamiento de los dems. Se instauran en la sociedad burguesa (y, como es de esperarse, con mayor rigurosidad para las jovencitas y mujeres en general) fuertes sentimientos de pudor, vergenza y desagrado.

 

 

EL PUDOR, LA VERGENZA Y EL DESAGRADO

 

     En trminos de Elas, definimos vergenza como un "miedo a la degradacin social", y sta radicara en que "quien la padece est haciendo o piensa hacer algo que le obligue a incurrir en contradiccin con las personas a las que se encuentra unido de una u otra forma [...] El individuo teme perder el aprecio o la consideracin de otros cuyo aprecio y consideracin le importa o le ha importado"[3]. Durante gran parte del siglo XIX, la sociedad en general, y los mdicos de familia en particular, se encargaron de remarcar a las mujeres, y en especial a las jvenes, la importancia de valores como la castidad, la pureza y la cautela. Paulatinamente, comenz a magnificarse el modelo angelical y virginal, con el cual toda jovencita digna debera identificarse. La explotacin del sentimiento de pudor fue llevada al extremo por los mdicos, quienes aconsejaban a los padres evitar el inters de sus hijas por los temas relacionados con el sexo, y exigan "ensear la prudencia, hacer que la joven tenga sus manos ocupadas permanentemente, que tema su propia mirada, que sepa hablar en voz baja y, lo que es an mejor, que se persuada de las virtudes del silencio"[4]. Sin duda, cualquier mujer -ya fuera hija, esposa o hermana- que no cumpliera con semejantes designios paternos y, a escala ms amplia, mandatos sociales, albergara en su interior fuertes sentimientos de vergenza ante la incapacidad de resguardar el pudor y la dignidad personal y familiar.

 

 

EL MDICO DE FAMILIA

 

     Por aquellos aos era costumbre frecuente entre la burguesa que el mdico familiar visitara a diario a sus pacientes y pasara horas charlando con los diferentes miembros de la familia. Incluso era un honor tenerlo como invitado a tomar el t y, desde luego, era el mejor candidato y el ms indicado para convertirse en confesor de las mujeres de la casa, en especial de las jovencitas. Por lo expuesto, la gran influencia del mdico y de sus consejos se hace ms que evidente: el mdico no es aqu un profesional, sino ms bien un amigo, un ntimo, con autoridad equiparable a la de un esposo o un padre. El mdico de familia goza, por esta poca, de un gran prestigio; su diagnstico y sus consejos son escuchados atentamente y cumplidos al pie de la letra.

 

     Como fue mencionado anteriormente, a lo largo de todo el siglo, los mdicos pelearon por erradicar la promiscuidad y los lechos colectivos de la sociedad, debido a que los consideraban fuente primordial de numerosas enfermedades. Hicieron fuerte hincapi en la higiene personal y, como tambin anteriormente fue subrayado, en el cuidado y preservacin de la intimidad corporal. A su vez, enfermedades preponderantemente femeninas como la clorosis o la histeria, eran resultado de disfunciones de determinados rganos del aparato reproductor femenino, combinadas con exteriorizaciones involuntarias de deseos y pasiones amorosas imprudentes. Como es de esperarse, se impuso "la prctica de una teraputica preservativa, basada en la prohibicin de cuanto favorezca la pasin; todo ello a la espera del verdadero remedio, o sea del matrimonio [...] [los mdicos] incitaron a los adultos a velar con una atencin ininterrumpida sobre el despertar del deseo femenino y a poner en prctica una higiene moral capaz de retrasarlo, as como incitaron tambin al matrimonio de las jvenes"[5].

 

 

LA SEXUALIDAD FEMENINA DECIMONNICA

 

 

LA HISTERIA SALIDA OBLIGADA?

 

     Como hemos visto, sexualidad y sensualidad eran palabras sacrlegas en el escenario de la vida cotidiana de la Europa de hace un siglo atrs. Las mujeres se encontraban prcticamente "forzadas" a ocultar y contener sus sentimientos amorosos, ya fuera por preservar su dignidad, la de su familia, o bien para no ser inculpadas de despertar maliciosamente pasiones desenfrenadas en los hombres. El modelo de mujer casta, pura, angelical, romntico por un lado, pero inalcanzable por el otro, se impuso de forma generalizada en las sociedades burguesas. Una moral sexual cada vez ms exigente fue ganando terreno, y la consecuente culpabilidad ntima fue, de manera silenciosa, dando sus frutos.

 

     Ciertos pasajes de "Historia de la vida privada", ilustran la situacin femenina en ese momento: "El tab que pesa sobre la manifestacin del deseo femenino obliga al amante a simular la presa que no est dispuesta a "entregarse" sin que el vigor del asalto justifique al menos la "derrota". Un cuerpo demasiado indiscreto en el placer impone, despus del "xtasis", las posturas redentoras de la pureza."; "Tocar el piano es algo que participa en definitiva de la inutilidad del tiempo femenino; permite pasarse las horas muertas a la espera del hombre."; "[...] la herona, consciente del ardor subterrneo de su deseo, se siente incapaz de resistir, sin la ayuda de la Virgen, a las tentaciones del baile."[6]

 

     Hace su aparicin en escena, entonces, la histeria. Enfermedad misteriosa, de origen desconocido, se convierte en la obsesin del mbito mdico a lo largo de todo el siglo. Achacada exclusivamente a la condicin femenina, comienza a acusarse a las mujeres de simulacin, malicia, engao... las brujas de antao, quemadas en la hoguera por la Santa Inquisicin, resurgen de sus cenizas como el Ave Fnix en un nuevo formato: el de la histrica. Todo tipo de consideraciones se tejen en torno a este nuevo interrogante: teoras uterinas, en las que el tero, vido de hijos que no llegan, se desprende de su ubicacin original y comienza a recorrer el cuerpo femenino enfurecido, inervando diferentes centros nerviosos; teoras que hablan de un mal femenino, de una enfermedad de la pasin, o hasta incluso que describen a la histeria como una caracterstica propia de la inestabilidad, emotividad y debilidad femeninas; finalmente, Briquet introduce la idea de "neurosis del encfalo" y de enfermedad nerviosa.

 

     Lo cierto es que la histeria surge en la sociedad burguesa como una suerte de vlvula de escape ante la moral sexual opresora que vena implementndose con tanto empeo. "La mujer de esta poca, cuando no se siente empujada al delirio o al grito para hacerse escuchar, utiliza todo tipo de enfermedades y trastornos a fin de llamar la atencin de su entorno sobre su ntimo sufrimiento.[...] La histeria expresa as -y tal vez sobre todo- el malestar individual de unas muchachas en busca de su identidad, que no pueden bailar, a las que desazona el miedo a la soltera y que acaban encontrando placer en imitarse unas a otras sobre la escena del delirio colectivo. Las jvenes proclaman indiferencia con respecto a sus padres; las madres, con respecto a sus hijos."[7] Carroll Smith-Rosenberg seala que "el rol de enferma de la mujer [] es una forma pasiva de resistencia contra el sistema de expectativas sociales organizado en torno a su sexo, tanto el producto como la denuncia de esa cultura."[8]

 

 

LA APARICIN EN ESCENA DE SIGMUND FREUD

 

     Sigmund Freud no es un caso aislado en la medicina europea de fines del siglo XIX. Numerosas investigaciones historiogrficas han dado cuenta de los importantes avances que haban sido ya obtenidos por Janet, Charcot, Breuer y otros en relacin con las neurosis, y en especial la histeria. Freud simplemente avanz un poco ms all. Con esto no se pretende desmerecer el inconmensurable aporte de Freud al conocimiento de las enfermedades nerviosas y de la sexualidad humana, sino remarcar el hecho de que su trabajo retoma e integra gran cantidad de trabajos anteriores; no se trata de una creacin original, nica y caprichosa, sino de una muy buena compilacin de numerosos trabajos en psiquiatra, una minuciosa observacin clnica y la gran capacidad de plasmar e integrar todo lo anterior con un incisivo anlisis de su sociedad contempornea.

 

     Freud inici su trabajo con las pacientes histricas (a quienes visitaba a diario, como era costumbre entre los mdicos de su poca), quienes lentamente iran convirtindose en la punta de un ovillo que el mismo Freud se encargara de desenmaraar a lo largo de toda su carrera, y de quienes Freud aprendera gran parte de lo que ms tarde constituyeron tanto su teora como su mtodo. Es paradigmtico, por ejemplo, el caso de Ccilie M., a quien Freud se referira en numerosas oportunidades como su "ex paciente e instructora"[9]. Poco a poco, Freud comenzara a advertir la importancia que la sexualidad cobraba en todas y cada una de las neurosis que trataba (factor que, a diferencia de lo que comnmente es credo, tambin fue notado por Breuer y otros), la necesidad de sus pacientes de hablar y de contar sus desventuras, y el peso de la significacin de las palabras, tanto para la formacin de un sntoma como para hablar de aquello de lo que "no poda o no deba hablarse".

 

 

 

 

EL ANLISIS DE SU POCA

 

     El tema de la sexualidad y su relacin con la cultura fue tratado por Freud en numerosos artculos, tales como "Ttem y Tab" o "El malestar en la cultura", por citar slo algunos. En "La moral sexual "cultural" y la nerviosidad moderna", Freud critica abiertamente a la moral sexual de su poca (a la que me he estado refiriendo anteriormente) y advierte que la misma es causa de los males ms aquejantes de su poca: "Si se prescinde de las maneras vagas de "estar enfermo de los nervios" y se consideran las genuinas formas de enfermedad nerviosa, el influjo nocivo de la cultura se reduce en lo esencial a la daina sofocacin de la vida sexual de los pueblos (o estratos) de cultura por obra de la moral sexual "cultural" que en ellos impera"[10]. Al referirse a las neurosis, en el mismo artculo, vuelve a dejar en claro el perjuicio de la sofocacin sexual para la salud mental de sus contemporneos: "[] brotan de las necesidades sexuales de unos seres humanos insatisfechos y figuran para ellos una suerte de satisfaccin sustitutiva. As, en todos los factores que perjudican la vida sexual, sofocan su quehacer, desplazan sus metas, nos vemos precisados a ver unos factores patgenos tambin de las psiconeurosis"[11].

 

     En cuanto a la sexualidad femenina, tema que interesa al presente informe, Freud retrata, de forma un poco cnica, cmo la neurosis parece la nica solucin viable ante los mandatos morales sociales y las tensiones sexuales internas de las muchachas: "[] cuanto ms severa haya sido la crianza de una mujer, cuanto ms seriamente se haya sometido al reclamo cultural, tanto ms temer esta salida y, en el conflicto entre sus apetitos y su sentimiento del deber, buscar su amparo otra vez... en la neurosis. Nada proteger su virtud de manera ms segura que la enfermedad."[12]. Recalca, a favor de las mujeres, que en muchas familias de la poca, los varones eran sanos pero inconvenientemente inmorales, mientras que las jvenes eran nobles y bien educadas, pero neurticas.

 

 

EL IMPACTO DE SUS CONCEPTUALIZACIONES

 

     El pensamiento de Freud fue revolucionario en diversos aspectos para su poca. l mismo autodefini su obra como la tercera "herida narcisista" de la humanidad y, a juzgar por las repercusiones que sta obtuvo en numerosos crculos intelectuales de la burguesa, podra decirse que quizs no estaba tan equivocado. Ya fuera por sus adelantos en el estudio de las neurosis y la sexualidad, por su personalidad soberbia y socarrona, o por sus comentarios cidos hacia sus contemporneos, Sigmund Freud se gan en numerosas oportunidades el rechazo y las crticas desmedidas tanto hacia su obra como a su persona.

 

     Teoras sobre la sexualidad de los nios (quienes hasta el momento eran considerados seres puros y angelicales, asexuados hasta la pubertad), hiptesis acerca del papel etiolgico de la sexualidad en las neurosis, o consideraciones tales como que la abstinencia sexual crea "pusilnimes de buen comportamiento"[13] le valieron a Freud innumerables opositores e incluso valiosas prdidas dentro de su crculo de allegados.

 

     Pero lejos de querer determinar si Freud fue en realidad un ngel, un demonio, un visionario o un charlatn, lo que este trabajo se propone es evaluar el impacto de su obra en su sociedad, cmo influyeron sus ideas en el pensamiento de su poca.

 

     En numerosas oportunidades, Freud se autoproclam como a un revolucionario, incomprendido y vapuleado por su poca, y al Psicoanlisis como una disciplina nica, innovadora, que llegaba a la sociedad burguesa de fines de siglo para establecer una nueva mirada, ms incisiva y ms crtica sobre la sexualidad y el comportamiento de los seres humanos de entonces. Esta versin es parte del famoso "mito de origen" del Psicoanlisis, que el mismo Freud se encarg de construir alrededor de s mismo y de su obra. Pero si tomamos trabajos como el de Appignanesi y Forrester, "Las Mujeres de Freud", encontramos versiones diferentes en relacin con la funcin del Psicoanlisis dentro de la sociedad que lo vio nacer: "La primera ola de historiografa feminista de la histeria describi a la histrica simplemente como a una vctima. Debido a los crecientes cambios en la organizacin social, la posicin de las mujeres se volvi ms ambigua, ms un punto dbil; los mdicos reaccionaron con una misoginia intensificada que hall expresin en la aversin moral hacia la histrica, en las teoras ginecolgicas sobre su condicin y la intervencin quirrgica de sus genitales. El rtulo "histrica" constitua un estereotipo que legitimaba el statu quo cada vez ms comprometido en una poca de crecientes demandas de igualdad e independencia por parte de grupos de mujeres. Las autoridades masculinas se confabularon tcticamente, impelidas por el temor sexual y la hostilidad."; "El psicoanlisis freudiano fue considerado como el legitimador de la doctrina segn la cual el lugar social de la mujer estaba en el hogar cuidando de sus sustitutos del pene y su realizacin resida en el matrimonio y en el sometimiento pasivo a la voluntad sexual y social del hombre".[14]

 

     Podemos ver entonces que aquello que comnmente ha sido tomado como una teora sexual que provoc escozor en la sociedad acartonada en la que surgi, termina al fin y al cabo por ponerse al servicio de quienes se suponan blanco de sus crticas. La estructura patriarcal y machista toma al Psicoanlisis y lo utiliza como medio para mantener la jerarqua preexistente de los roles de gnero. Es una interesante paradoja, por tanto, que el mismo Freud, que critica arduamente la moral sexual exagerada de su poca, que habla sin tapujos de sexualidad y que redefine y ampla conceptos en torno a ella, sea a su vez, partcipe de una misoginia exacerbada y legitime mediante su teora la dominacin social masculina por sobre las mujeres. Recordemos que fue Freud quien alguna vez expres que "las mujeres no pueden ser ms que hombres frustrados". Pero, por otro lado, no podemos culpar a Freud por haber sido un hombre de su poca.

 

 

CONCLUSIONES

 

 

     Por un lado, se apunt a ampliar la visin con respecto al contexto socio-cultural general de la Europa de fines del siglo XIX, al momento de la aparicin del Psicoanlisis. Esto, a su vez, posibilit que se entendiese la importancia de las coceptualizaciones freudianas y que se comprendieran a las neurosis, ya no como enfermedades irracionales, sino como consecuencias lgicas de un estilo de vida particular. Los epidemilogos sostienen que cada momento histrico-cultural es generador de determinadas enfermedades "de moda", que la mayora de los miembros de dicha sociedad padece. Esto es claramente aplicable a lo que sucedi con las neurosis de fines del 1800. No es extrao, por lo tanto, que con el advenimiento de la liberacin de la mujer, y con la consecucin de un protagonismo femenino mayor en diversos mbitos sociales, los hoy incomprensibles casos de histeria se hayan extinguido.

 

     Por otro lado, tambin se mostr una nueva perspectiva en relacin con el Psicoanlisis: es dable que gran parte de sus teorizaciones sean acordes al contexto del que surgen. Muchas veces se acusa a Freud de atribuir demasiada relevancia al tema de la sexualidad dentro de toda su obra. Esto es lgico, en tanto se comprenda que toda su obra fue escrita en un momento histrico y cultural en el que se condenaba y reprima a la sexualidad. Su trabajo simplemente refleja las falencias del sistema de normas morales y de valores imperantes en su sociedad, y las consecuencias de las mismas sobre la salud de sus miembros. Las neurosis seran a los contemporneos de Freud lo que el estrs es, por ejemplo, a nuestra sociedad posmoderna. Con respecto al machismo y la misoginia omnipresentes en los trabajos freudianos, si bien execrables desde la condicin femenina de la autora, puede sostenerse -como anteriormente fue mencionado- que no puede culparse a Freud por ser un hombre de su poca y pensar determinadas cuestiones como un victoriano decimonnico.

 

     En suma, puede considerarse que se ha logrado tratar todo aquello que se propuso al inicio del informe. No obstante, hay muchsimo ms que merece ser dicho con respecto al tema que elegido. No faltar, sin duda, oportunidad de establecer nuevos acercamientos a esta temtica que an sigue cautivando el inters de muchos.

 

    

 

Bibliografa consultada

 

 

APPIGNANESI, L; FORRESTER, J. "LAS MUJERES DE FREUD". Bs. As. Planeta. 1992. Segunda Parte, "La invencin del Psicoanlisis". Ptos. 3 ("Las primeras pacientes) y 16 ("El feminismo y el Psicoanlisis"). Pgs.81-135, 494-515.

 

ARIS, Philippe y DUBY, Georges. "HISTORIA DE LA VIDA PRIVADA". "Sociedad burguesa: aspectos concretos de la vida privada". Madrid. Taurus. 1992. Tomo VIII. Parte II, "Entre bastidores". Pgs. 142-157, 187-193, 206-263, 265-274, 278-282, 290-298, 308 y 309.

 

ELAS, Norbert. COMPILACIN. "EL PROCESO DE LA CIVILIZACIN. INVESTIGACIONES SOCIOGENTICAS Y PSICOGENTICAS". Mxico. FCE. 1989. Caps. "Bosquejo de una teora de la civilizacin", ptos. 5 ("La contencin de los instintos. La psicologizacin y la racionalizacin") y 6 ("Vergenza y desagrado").

 

ELAS, Norbert. "LA CIVILIZACIN DE LOS PADRES Y OTROS ENSAYOS". Bogot. Norma. 1998. Art.: "'L'Espace priv', o 'Privatum' o 'espacio privado'?" (1983).

 

FOUCAULT, Michel. "HISTORIA DE LA SEXUALIDAD". Bs. As. Siglo XXI editores. 1992. Tomo I, "La voluntad de saber". Caps. "Scientia Sexualis" y "El dispositivo de sexualidad", ptos. 3 y 4. Pgs. 65-92, 126-159.

 

FREUD, Sigmund. "OBRAS COMPLETAS". Bs. As. Amorrortu Editores. 1992. Tomo IX, "El delirio y los sueos en la "Gradiva" de W. Jensen y otras obras". Art.: "La moral sexual "cultural" y la nerviosidad moderna" (1908). Pgs. 159-181.

 

 



Notas:

 

[1] ELAS, Norbert. "'Le'Espace priv', 'Privatum' o 'espacio privado'?".

[2] ARIS, Philippe, y otros. "Historia de la vida privada". Tomo VIII, pg. 148.

[3] ELAS, Norbert. "Vergenza y desagrado".

[4] ARIS, Philippe, y otros. "Historia de la vida privada". Tomo VIII, pg. 153.

[5] ARIS, Philippe, y otros. "Historia de la vida privada". Tomo VIII, pgs. 272-273.

[6] ARIS, Philippe, y otros. "Historia de la vida privada". Tomo VIII, pgs. 232, 191 y 154, respectivamente.

[7] ARIS, Philippe, y otros. "Historia de la vida privada". Tomo VIII, pgs. 276, 277.

[8] CARROLL SMITH-ROSENBERG, citado por APPIGNANESI, L. y FORRESTER, J. "Las mujeres de Freud", Parte II, pg. 85.

[9] APPIGNANESI, L. y FORRESTER, J. "Las mujeres de Freud", Parte II, pg. 106.

[10] FREUD, SIGMUND. "Obras Completas". Tomo IX, pg. 166.

[11] FREUD, SIGMUND. "Obras Completas". Tomo IX, pg. 167.

[12] FREUD, SIGMUND. "Obras Completas". Tomo IX, pgs. 174-175.

[13] FREUD, SIGMUND. "Obras Completas". Tomo IX, pg. 176.

[14] APPIGNANESI, L. y FORRESTER, J. "Las mujeres de Freud", Parte II, pgs. 86 y 495, respectivamente.

 

 

SEMINARIO: "Los orgenes de la psicoterapia. La histeria como objeto encrucijada. Entre la neurologa y las curas milagrosas".

 

PROFESOR A CARGO: BORINSKY, Marcela.