Compendio de Psicología
Wilhelm Wundt



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§ 22.-Concepto del alma.

1. Toda ciencia empírica tiene como próximo y especial contenido, determinados hechos de la experiencia cuya naturaleza y relaciones reciprocas se esfuerza por indagar. Para desempeñar esta tarea ciertos conceptos generales subsidiarios que no se hallan contenidos directamente en la experiencia, sino que únicamente se consiguen en conformidad á una elaboración lógica de la experiencia misma, se ofrecen como indispensables, á menos que se quiera renunciar por completo á una comprensión de los hechos bajo puntos de vista directivos. El concepto subsidiario más general, con fuerza en todas las ciencias empíricas, es el concepto de causalidad, que trae su origen de la necesidad de nuestro pensamiento de ordenar todas las experiencias dadas á nosotros según causas y efectos y de eliminar, mediante conceptos subsidiarios secundarios, eventualmente de naturaleza hipotética, los obstáculos que se oponen á que de tal modo se establezca una conexión lógica. En este sentido, todos los conceptos subsidiarios que entran en acción para la interpretación de un dominio de la experiencia pueden considerarse como una aplicación del principio general de la causalidad; están justificados mientras se requieren por este principio, ó cuando menos por él demostrados como probables; ya no están justificados cuando se presentan como funciones arbitrarias que procedentes de cualquier motivo extraño, nada llevan á la interpretación de la experiencia.

2. En este sentido el concepto de materia es un concepto subsidiario fundamental en la ciencia natural. En la más amplia significación designa el subs-tractum que se supone persistente en el espacio cósmico y del cual consideramos efectos todos los fenómenos naturales. En este sentido más general, el concepto de materia es indispensable para toda explicación de las ciencias naturales. Si en tiempos recientes se ha intentado elevar á principio dominante el concepto de energía, no por ello se ha puesto de lado el concepto de materia, sino que se le ha dado un contenido distinto.
El concepto adquiere este otro contenido, sólo mediante un segundo concepto subsidiario que se refiere á la eficiencia causal de la materia. El concepto de materia que hasta aquí se ha mantenido en las ciencias naturales, concepto que se apoya en la física mecánica de Galileo, se sirve para tal concepto subsidiario del concepto de fuerza, definida como el producto de la masa por la velocidad momentánea. Una física de la energía, en lugar de esto, debería, en todos los campos de la ciencia, valerse del concepto de energía, que en la forma especial de energía mecánica puede definirse como la mitad del producto de la masa por el cuadrado de la velocidad. Pero teniendo, tanto la energía como la fuerza, asiento en el espacio objetivo, y pudiendo en condiciones determinadas, tanto los puntos de que parte la energía como los puntos de que parte la fuerza, variar de lugar en el espacio, el concepto de materia, como de un substractum contenido en el espacio, continúa subsistiendo en ambos casos y la única diferencia, importante sin duda, es en que toma como subsidiario el concepto de fuerza; se supone la reductibilidad de todos los fenómenos naturales á procesos mecánicos de movimiento, mientras que, recurriendo al concepto de energía, se atribuye á la materia, además de la propiedad del movimiento por inmutables formas de energía, la propiedad de que, aun conservándose inmutable la magnitud de energía, formas de energía cualitativamente diversas se pueden transformar unas en otras.

3. Así como el concepto de materia es un concepto subsidiario de las ciencias naturales, el de alma es un concepto subsidiario de la psicología. Es asimismo indispensable, porque nos hace falta un concepto que abrace la totalidad de las experiencias psíquicas que se desenvuelven en la conciencia individual. También aquí, sin embargo, el contenido del concepto depende, naturalmente, en todo de los otros conceptos subsidiarios que mejor dan á conocer la naturaleza de la causalidad psíquica. En la determinación de este contenido la psicología ha seguido la suerte de la ciencia natural en que el concepto de alma, como el de materia, se ha derivado, por de pronto, no tanto de la necesidad empírica de explicación, como de la aspiración á una construcción fantástica del sistema cósmico universal. Pero mientras la ciencia natural hace ya mucho tiempo que ha traspasado esta etapa mitológica de la formación de los conceptos y se ha servido de algunas ideas salidas en él para tener determinados puntos de partida de una concepción metódica más estricta, en la psicología el concepto mitológico-metafísico de alma ha conservado su dominio hasta tiempos recientisimos, y en parte todavía domina en esta ciencia. Sirve, no como un concepto general subsidiario que deba, en primer lugar, recoger los hechos psíquicos, y en segundo lugar, dar la interpretación causal de los mismos, sino como un expediente para encaminarse, en cuanto sea posible, á una representación general cósmica que comprenda igualmente la naturaleza y el ser individual.

4. En esta exigencia mitológico-metafisica, encuentra sus raices el concepto de la sustancialidad del alma en sus diversas formas. Si en su evolución nunca han faltado tentativas para satisfacer, en lo posible, las exigencias de una explicación causal de los hechos psíquicos, tales tentativas siempre han surgido sólo posteriormente; y no se puede desconocer que la experiencia psicológica, independientemente de los motivos metafisicos á ella extraños, nunca habría conducido á un concepto del alma como sustancia y que, sin duda, este concepto ha reobrado de una manera perjudicial sobre la concepción de la experiencia. La opinión, por ejemplo, de que todos los contenidos psíquicos son representaciones y que las representaciones son objetos más ó menos estables, difícilmente se podrá entender donde no existieran tales suposiciones. El que este concepto de la sustancialidad es realmente extraño á la psicología, lo demuestra también el intimo nexo con que el concepto de sustancialidad del alma se encuentra con el concepto de sustancia material. El primero se ha considerado como completamente idéntico al segundo, ó bien como un concepto especial en el cual los caracteres formales más generales se reducen á una forma determinada de la materia, esto es, al átomo.

5. Se pueden, pues, distinguir dos aspectos del concepto de la sustancialidad del alma, que corresponden á las dos direcciones de la psicología metafísica de las que se trató en el § 2; el materialista, que considera los procesos psíquicos como efectos de la materia ó de ciertos complejos materiales como las partes constituyentes del cerebro, y el espiritualista, que considera los procesos psíquicos como estados ó modificaciones de una esencia inextensa, indivisible y persistente, que tiene una naturaleza especifica espiritual. En este caso también se considera á la materia como consistente de átomos semejantes, pero de grado inferior (esplritualismo monístico ó monadológico), ó bien al átomo del alma, se le considera específicamente distinto de la verdadera materia (espiritualismo dualistico).
En ambas formas, la materialista y la espiritualista, el concepto de sustancia no se presta á la interpretación de la experiencia psicológica. El materialismo prescinde de la psicología y la sustituye con una fisiología cerebral imaginaria del porvenir, ó bien mientras se enfrasca en teoria, presenta hipótesis dudosas insuficientes sobre la fisiología del cerebro. Renunciando esta concepción á una verdadera psicología, se comprende cómo también tenga que renunciar, en todo y por todo, al propósito de dar un buen fundamento á la ciencia del espíritu. Ciertamente el espiritualismo deja subsistir la psicología como tal, pero se produce de modo que la experiencia real se halla á merced de hipótesis metafísicas, completamente arbitrarias, las cuales turban la observación libre de prejuicios de los procesos psíquicos. En efecto, este inconveniente se manifiesta en que tal dirección metafísica establece inexactamente la tarea de la psicología, considera las experiencias externa é interna como campos completamente heterogéneos, aunque, por otra parte tengan entre si algunas relaciones exteriores.

6. Ahora bien, como ya se puso en claro en el § 1 tanto la experiencia de la ciencia natural como la de la psicología, son partes constituyas de una experiencia única, considerada desde puntos diversos: aquélla como una conexión de fenómenos objetivos y por lo mismo, á causa de la abstracción del sujeto cognoscente, como experiencia mediata, ésta, por el contrario, como experiencia inmediata y originaria.
Reconocida esta relación, en el puesto del concepto de sustancia, el concepto de la actualidad se presenta por si mismo como el único que puede darnos la comprensión de los procesos psíquicos. Del hecho de que el punto de vista psicológico es la integración del de la ciencia natural, en cuanto el primero tiene por contenido propio la inmediata realidad de la experiencia, se sigue, naturalmente, que en la consideración de los hechos psíquicos, no pueden encontrar lugar oportuno conceptos subsidiarios hipotéticos como los que se hacen necesarios en la ciencia natural á causa de la noción de un objeto independiente del sujeto.
En este sentido, el concepto de la actualidad del alma no es, en manera alguna, un concepto que necesite, como el de la materia, de atributos hipotéticos para que se defina mejor su contenido, antes excluye, desde luego, tales elementos hipotéticos, en cuanto designa como esencia del alma la realidad inmediata de los procesos. Pero puesto que una parte importante de estos procesos, esto es, la totalidad de los objetos representables, constituye al mismo tiempo el objeto de estudio de la ciencia natural, dicho queda que, sustancialidad y actualidad, son conceptos que se refieren á una misma experiencia general, considerada por cada uno de ellos únicamente desde un punto de vista especialmente distinto. Si, considerando el mundo de la experiencia, hacemos abstracción del sujeto cognoscente, este mundo de la experiencia nos aparece como una variedad de substancias que están entre sí en reciproca relación; si, por el contrario, consideramos el mundo de la experiencia como el contenido total de la experiencia del sujeto, incluso el mismo sujeto, este mundo de la experiencia nos aparece como una variedad de acontecimientos ligados unos con otros. Considerándose en el primer caso los fenómenos como externos, en el sentido de que igualmente hubieran tenido lugar sin variaciones de ninguna especie aunque el sujeto  cognoscente no estuviera presente, la forma de experiencia propia de la ciencia natural viene también á llamarse externa. Por el contrario, considerándose en el segundo caso todos los contenidos de la experiencia como puestos inmediatamente en el mismo sujeto, el punto de vista -en que se coloca la psicología para la consideración de la experiencia viene también á calificarse de experiencia interna.
Por lo tanto, en este sentido, experiencia externa é interna, equivalen en todo á forma mediata é inmediata, ó también objetiva y subjetiva de la experiencia. Designan, precisamente del mismo modo que estas últimas expresiones, no dominios distintos de la experiencia, sino puntos de vista diversos que, sin embargo, se integran, desde los cuales se considera la experiencia que es en sí perfectamente única.

7. Si se tiene en cuenta el interés práctico ligado con la determinación de los fenómenos naturales regulares que se piensan como independientes del sujeto, no habrá dificultad en comprender que de estos modos de considerar la experiencia, el de la ciencia natural se haya desarrollado antes que el otro y que luego fuera casi inevitable el que esta prioridad del conocimiento natural aportase durante largo tiempo en el modo de considerar la ciencia natural y la psicología confusión y obscuridad, cual se manifestaron en los diversos conceptos psicológicos de sustancia. Por esta razón la reforma de las concepciones fundamentales que busca la tarea peculiar de la psicología, no en la diversidad del dominio empirico, sino en el modo de aprehender todos los contenidos de la experiencia dados á nosotros en su realidad inmediata, no alterada por conceptos subsidiarios hipotéticos, no ha tenido su punto de partida en la psicología, sino en las ciencias especiales del espíritu. La consideración de los procesos psíquicos desde el punto de vista del concepto de actualidad, era desde hace mucho tiempo á éstas familiar, antes de que encontrase acceso en la psicología. La razón de la diversidad, en si inadmisible, existente entre la psicología y las ciencias del espíritu concernientes á las ideas fundamentales, se debe buscar en que la psicología hasta ahora ha cumplido sólo en pequeña parte la tarea de ser fundamento de la totalidad de las ciencias del espíritu.

8. Desde el punto de vista del concepto de actualidad viene á resolverse una gran cuestión que por largo tiempo ha dividido los sistemas metafísicos de filosofía; la cuestión referente á la relación entre el cuerpo y el alma. Si se consideran sustancias tanto al cuerpo como al alma, la tal relación será un enigma, sea la que fuere la determinación de los conceptos de las dos sustancias. Si se trata de sustancias homogéneas, el diverso contenido de la experiencia natural y de la psicológica resulta incomprensible y no queda más que negar dé un modo categórico el valor independiente de una de estas dos formas de conocimiento. Si se trata de sustancias heterogéneas, su conexión es un milagro continuo. Ahora bien; desde el punto de vista de la teoría de la actualidad, la realidad inmediata de los fenómenos se halla contenida en la experiencia psicológica. Nuestro concepto fisiológico de organismo corpóreo no es otra cosa que una parte de esta experiencia; parte que, al par de los otros contenidos de experiencia de las ciencias naturales, habíamos obtenido en conformidad con el supuesto de un objeto independiente del sujeto cognoscente. Algunos componentes determinados de la experiencia mediata pueden corresponder á otros de la experiencia inmediata, sin que por ello tenga que reducirse la una á la otra ó derivarse una de otra; antes bien, semejante derivación se excluye á causa del punto de consideración en los dos casos completamente distintos. Quizá la circunstancia de que aquí no se dan respecto á una misma experiencia objetos diversos, sino puntos de vista distintos, lleve consigo la consecuencia de que entre los dos existen relaciones generales. Pero se considera también, de un lado, que existe un número infinitamente grande de objetos que únicamente son accesibles para nosotros bajo la forma de experiencia mediata, esto es, mediante las ciencias naturales; á esta clase pertenecen todos los objetos que no nos vemos obligados á estudiar como substcractos fisiológicos de procesos psíquicos y, por otro lado, que existe un número no menor de hechos que únicamente se nos ofrecen en la forma de experiencia inmediata ó psicológica: á esta clase pertenece, en nuestra conciencia subjetiva, todo lo que no posee el carácter de un objeto de representación, esto es, de un contenido que viene referido directamente á objetos externos.

9. Consecuencia de esta relación es que todos los hechos que siendo partes constitutivas de una sola experiencia única, sólo que considerada siempre desde una posición distinta, simultáneamente pertenecientes á la experiencia mediata, propia de las ciencias naturales y á la inmediata, propia de la psicología, se hallen entre si en relación, puesto que, dentro de este dominio, á cada proceso elemental del lado psíquico, debe también corresponder un proceso del lado físico. A esta ley se la llama principio del paralelismo psico-fisico, el cual, en su significación empírico-psicológica es en absoluto distinto de ciertas leyes metafísicas que si á las veces se designan con el mismo nombre, tienen, en verdad, un valor completamente distinto. Estos principios metafísicos están en el terreno de la hipótesis de una sustancia psíquica y procuran resolver el problema de las relaciones entre el cuerpo y el alma, admitiendo dos sustancias reales, cuyas propiedades son distintas, pero procediendo en sus modificaciones paralelamente, ó bien suponiendo una sola sustancia con dos atributos distintos cuyas modificaciones son correspondientes. En ninguna de estas formas el principio metafísico del paralelismo se funda en la proposición de que, á cada hecho físico corresponde un hecho psíquico y viceversa, ni tampoco á la de que el mundo del espíritu no es más que un espejo del mundo corpóreo, y el mundo corpóreo una realización objetiva del mundo del espíritu. Esa suposición es, sin embargo, una suposición completamente indemostrable y arbitraria; en sus aplicaciones psicológicas conduce á un intelectualismo que está en contradicción con toda experiencia.
Por el contrario, el principio psicológico, como se ha formulado más atrás, parte del hecho de que existe una sola experiencia, la cual, sin embargo, cuando llega á ser contenido de un análisis científico, admite, en algunas de sus partes, una doble forma de consideración científica; una mediata, que estudia los objetos de nuestras representaciones en sus reciprocas relaciones objetivas, y una inmediata que los estudia en su naturaleza intuitiva en relación con todos los otros contenidos de experiencia del sujeto cognoscente. Mientras haya objetos que estén sometidos á esta doble consideración, el principio psicológico del paralelismo exige una relación general entre los procesos de los dos lados. Esta exigencia se halla apoyada por el hecho de que, en estos casos, ambas formas de análisis se refieren, en realidad, á un mismo contenido de experiencia. De esto resulta que el principio psicológico del paralelismo no puede, por la misma naturaleza del asunto, referirse á todos los contenidos de experiencia, que son únicamente objetos del análisis de la ciencia natural, ni tampoco á los que forman el carácter especifico de la experiencia psicológica. A estos últimos pertenecen las formas particulares de conexión y relación de los elementos psíquicos y de las formaciones  psíquicas. Con estas formas marchan, si, paralelamente conexiones de procesos físicos, puesto que siempre, cuando una conexión psíquica muestra una coexistencia ó una sucesión regular de procesos físicos, éstos deben, directa ó indirectamente estar igualmente en un nexo causal; este nexo no puede, sin embargo, comprender nada del contenido particular de la conexión psíquica. Los elementos que, por ejemplo, constituyen una representación de espacio ó de tiempo, están también en sus substractos fisiológicos en una relación regular de coexistencia ó de sucesión; ó bien á los elementos representativos de que se compone el proceso de la relación y de la comparación de contenidos psíquicos, corresponderán ciertas combinaciones de excitaciones fisiológicas que igualmente se repiten siempre que se reproducen aquellos procesos psíquicos.
Pero aquellos procesos fisiológicos no podrán contener nada de cuanto constituye la naturaleza psíquica de las representaciones de tiempo y de espacio, de los procesos de relación y de comparación, porque en el análisis de la ciencia natural se hace abstracción de propósito de todo lo que va unido á dichos procesos fisiológicos. De esto se deduce, además, que también los conceptos de valor y de fin, para cuya formación se emplean las conexiones psíquicas y los contenidos sentimentales que están con ellos en relación, se hallan completamente fuera de la esfera de los contenidos de experiencia, que pueden ordenarse bajo el principio de paralelismo. Las formas de las combinaciones que se nos presentan en los procesos de fusión en las asociaciones y combinaciones aperceptivas, asi como también los valores que á ellas pertenecen en la conexión total del desarrollo psíquico, únicamente pueden reconocerse mediante un análisis psicológico, al modo que los fenómenos objetivos de gravedad, sonido, calor, etc., ó los procesos del sistema nervioso, únicamente son accesibles á un análisis físico ó fisiológico; esto es, que opere con los conceptos subsidiarios de sustancia propios del conocimiento natural.

10. De este modo, el principio del paralelismo psico-físico en la significación empírico-fisiológica que indiscutiblemente á él pertenece, también conduce necesariamente á reconocer una causalidad psíquica independiente. Ciertamente, ésta presenta en todas partes relaciones con la causalidad física y no puede caer con ella en contradicción, pero de ella es aún distinta tanto cuanto el punto de vista de la experiencia inmediata subjetiva, propio de la psicología, difiere del de la experiencia mediata objetiva por abstracción que sirve para la ciencia natural.
Asi como la naturaleza de la causalidad física únicamente se nos descubre en las leyes fundamentales de la naturaleza, así también sólo procurando abstraer de la totalidad de los procesos psíquicos ciertas leyes fundamentales de los procesos psíquicos, podremos darnos cuenta de la naturaleza especial de la causalidad psíquica. Tales leyes fundamentales pueden dividirse en dos clases: las unas se manifiestan con especialidad en los procesos en que tienen su fundamento el surgir y la inmediata relación de las formaciones psíquicas; las llamamos leyes psicológicas de relacion; las otras son de naturaleza derivada, consistiendo en efectos compuestos que producen estas leyes de relación, combinándose dentro de series cada vez más extensas de hechos psíquicos; las llamamos leyes psicológicas de evolución. Para llegar á una apreciación exacta de estas leyes, que á seguida examinaremos, es preciso reflexionar que su valor, al modo que el de las leyes naturales más generales, descansa, no tanto en su forma abstracta como en el número de sus aplicaciones; precisamente como el principio de inercia, considerado en si mismo, se demuestra como una proposición pobre y su valor se manifiesta únicamente en las particulares aplicaciones mecánicas y físicas.