La historicidad de los objetos de conocimiento en psicología.

The historicity of psychological objects of knowledge.

Ana María Talak

 

 

Trabajo publicado en el XI Anuario de Investigaciones. Año 2003, pp. 505-514. Facultad de Psicología, UBA. ISSN: 0329-5885.

 

Resumen:

El trabajo aborda cuestiones ontológicas y epistemológicas implicadas en una historia de la psicología que indaga la construcción histórica de objetos de conocimiento y  de los criterios epistémicos usados en la psicología académica. Asume la tesis de que "todos los objetos de conocimiento en psicología son históricos". Esta tesis deriva de una tesis más amplia, ya explorada en otros trabajos históricos (Daston 2000), que sostiene que "todos los objetos científicos son históricos". Se analizan aquí algunos debates actuales en filosofía de la ciencia, haciendo especial hincapié en las posibilidades del "realismo interno" de Hilary Putnam, y los aportes y limitaciones de la sociología de las ciencias. Más específicamente, se argumenta que los objetos de conocimiento de la psicología son históricos en un doble sentido. Finalmente, se muestra que este abordaje propuesto constituye una innovación en los estudios locales e internacionales de historia de la psicología.

Palabras claves: historia de la psicología, realismo interno, sociología de las ciencias, objetos de conocimiento en psicología

 

Abstract: In this paper we discuss ontological and epistemological questions about a history of psychology that researchs the historical construction of objects of knowledge and epistemological criteria used in academical psychology. It is claimed that "all psychological objects of knowledge are historical". This statement derives from another wilder one, that "all scientific objects are historical" (Daston 2000). The current debates of philosophy of science, specially the "internal realism" of Hilary Putnam, and the possibilities and limitations of sociology of sciences are revised. Then the double sense of the historicity of psychological objects is analysed. Finally, it is argued that this approach constitutes an innovation in the local and international studies of history of psychology.

Key words: history of psychology, internal realism, sociology of sciences, psychological objects of knowledge.

 

 

 

 

 

 

El presente trabajo tiene como objetivo realizar una reflexión que contribuya a la  elaboración de un marco conceptual para una historia de los objetos de conocimiento en psicología (1): una historia que indague cómo se constituyen esos objetos en el ámbito académico de la psicología, qué transformaciones sufren, cómo, en ocasiones, se transforman en otros, y cómo en otros casos desaparecen del horizonte científico; una historia que se ocupe de los criterios que legitiman el conocimiento de esos objetos como "científicos", teniendo en cuenta tanto las argumentaciones de carácter lógico-metodológico, pero también especulativo, las formas de lograr consensos y la difusión de ciertos saberes como "conocimientos" o "hechos científicos"; una historia que indague las relaciones entre estos "objetos científicos" en psicología y la experiencia previa sobre ciertos fenómenos psicológicos.

 

La tesis central de este marco conceptual sostiene que «todos los objetos de conocimiento científico en psicología son históricos». Esta tesis deriva de una tesis más amplia, utilizada por Lorraine Daston en una obra publicada en el año 2000, Biography of Scientific Objects, en la que se desarrollan estudios históricos sobre diferentes «objetos científicos» de ciencias formales y empíricas, de ciencias naturales y ciencias sociales, de ciencias básicas y aplicadas. Los trabajos de este libro tienen en común sostener la historicidad de tales objetos.

 

En la elaboración de este marco conceptual, se intenta recuperar en la indagación histórica los problemas epistemológicos presentes en la producción del conocimiento psicológico. Los debates en filosofía de la ciencia de estos últimos años han mostrado un acuerdo creciente acerca de la falta de autonomía de los criterios epistemológicos usados en la evaluación de la racionalidad del cambio científico, y de ahí, en la naturaleza dependiente de la filosofía de la ciencia de "otros" factores. Este análisis de la construcción histórica misma de los criterios normativos que intervienen en la producción del conocimiento es el que nos permite pensar en una línea de indagación histórica que integre los aportes de historias institucionales, de la profesionalización, de las ideas, pero no como una simple yuxtaposición de enfoques, sino mostrando su participación articulada en la producción del conocimiento. Reconocemos que no hay criterios normativos absolutos, suprahistóricos, para evaluar el conocimiento. No obstante, de hecho usamos criterios al conocer. Saber que nuestros conocimientos son históricos y contingentes, que están condicionados, aumenta nuestra prudencia, pero este "efecto crítico" es insuficiente. Aún en la relatividad histórica de nuestras vidas, de nuestros saberes y juicios, no podemos dejar de elegir. Surgen cambios, innovaciones conceptuales, resultados inesperados. Discutimos otras posiciones, aspiramos a fundamentar de la mejor manera nuestras elecciones y no podemos renunciar a saber por qué elegimos. Esta aspiración constituye una razón que nos motiva a seguir buscando nuevas y mejores respuestas.

 

1. La unidad de análisis: los objetos de conocimiento científico.

La noción de objeto.

La noción de objeto nos sumerge en un presente histórico, cargado de múltiples tradiciones. Si bien nuestra reflexión se centra en los objetos de una indagación considerada "científica", no se puede soslayar la diversidad de sentidos y elaboraciones conceptuales del término objeto desde los comienzos de la modernidad. Su revisión nos conduce no sólo a problemas del conocimiento, sino también a problemas ontológicos.

 

De esta historia, retendremos aquí sólo algunas cuestiones. Ante todo, recordemos su significado a partir del participio pasado latino objectum (derivado del verbo objicio), como "lo ofrecido", "lo presentado a los ojos", y, en general, "lo contrapuesto". Este primer sentido es importante para entender algunas significaciones ulteriores que se le darán a la palabra "objeto". Ya en el vocabulario de la escolástica (por ejemplo, Juan Duns Escoto, Guillermo de Occam), se extiende el uso de la palabra "objeto" como "objeto en tanto pensado", "lo representado", sentido que perdurará en alguno autores modernos del siglo XVII, para los cuales "ser objetivo" equivale a menudo a "ser representado". En este contexto, el "objeto" no queda determinado como "lo real" frente al "sujeto". En Kant, el objeto de conocimiento pasa a ser lo contrapuesto al sujeto, en tanto lo "objetivo" designa "lo que no reside meramente en el sujeto", y "sujetivo" "lo que está en el sujeto". Pero, en esta concepción, el objeto de conocimiento sólo se contituye si están presentes las formas a priori del sujeto, por lo tanto, "lo subjetivo" debe participar en la constitución del objeto, y es condición del conocimiento universal y necesario. Desde Kant, será frecuente usar el término objeto como "objeto de conocimiento", y se privilegiará la relación objeto-sujeto. Así, mientras en el siglo XIV el significado de "lo objetivo" se refiere principalmente a los objetos de la conciencia, en el siglo XVIII, llega a usarse principalmente para los objetos externos a la conciencia. Es justamente durante este siglo XVIII que se convierte en una especie de axioma metafísico la distinción entre lo que es y lo que es hecho, entre objetivo y subjetivo, entre descubrimiento e invención. La imaginación es valorada ambiguamente. Por un lado se reconoce la necesidad de la imaginación en la ciencia, pero por otro, queda planteado como problema la posibilidad de confusión entre lo que la imaginación pone y lo que pertence propiamente al objeto. El peligro es entonces la posibilidad de no distinguir claramente entre las invenciones de la mente y los auténticos descubrimientos. En el ámbito de las ciencias, a partir de entonces, lo que es hecho, lo producido, se acerca más a las nociones de invención o fabricación pero en un sentido peyorativo.

 

Los objetos científicos.

La distinción y relación entre objetos de la experiencia cotidiana y objetos científicos abre problemas específicos. En general, los filósofos, los historiadores y los sociólogos de la ciencia distinguen ambos tipos de objetos, y se reconoce que los objetos de la ciencia no son tan accesibles como los objetos de la experiencia cotidiana. Sin embargo, su articulación requiere abordar otro tipo de cuestiones. El debate no se reduce solo al enfrentamiento entre posiciones realistas y contruccionistas, o bien realismo versus relativismo, sino también en el interior mismo del realismo, entre realismo interno y realismo externo (llamado también "realismo científico"), siguiendo la distinción realizada por Hilary Putnam (1988). Esta última distinción es imprescindible, dado que en la literatura no filosófica (por ejemplo, el citado libro de Lorraine Daston), el debate entre realistas y construccionistas suele simplificar, sin explicitarlo, la descripción de la posición realista bajo la forma más precisa del "realismo científico", y el construccionismo en el relativismo, cuando el relativismo tiene significados muy diversos.

 

El objeto según el realismo científico.

Para el realismo externo, existe una realidad independiente, concebida como una totalidad de objetos que existen independientemente de nuestro conocimiento (es decir, de nuestra mente, lenguaje y esquemas conceptuales). Esta concepción, también llamada realismo metafísico, muestra un compromiso metafísico con una noción absoluta de "objeto". Insiste en distinguir lo que es en sí de lo que es sólo para nosotros. Supone categorías ontológicas absolutas y, en última instancia, que el mundo de lo que es en sí es responsable del valor de verdad de nuestros juicios empíricos.

 

El "realismo científico" constituye una versión específica del realismo externo. En el debate acerca del estatus ontológico de las entidades teóricas de la ciencia, los realistas científicos se oponen a los antirrealistas. Los primeros sostienen que las teorías científicas tienen un valor de verdad en el sentido de correspondencia, y que las entidades por ellas postuladas realmente existen. La ciencia, especialmente la física, brindaría un conocimiento independiente de toda perspectiva local, y sería capaz de converger hacia una teoría verdadera del mundo.

 

Ahora bien, ¿cómo se relacionan los objetos de la experiencia cotidiana y los objetos del sentido común según esta concepción? Recordemos el ya clásico ejemplo de las dos mesas de Arthur Eddington. "Una mesa es la del hombre común y corriente, la mesa de madera donde escribe, la cual es un objeto sólido -en su mayor parte materia-, con cierta textura y color, con bordes definidos, etc. La otra es la mesa del científico, la cual es más espacio vacío que materia, dado que la distancia entre partículas es inmensa comparada con el radio de los electrones o de los núcleos  de los átomos que la componen, y donde ninguna de las propiedades que el físico atribuye a ese agregado de partículas puede identificarse con las propiedades de la mesa del hombre común" (Pérez Ransanz 2000: 215). El realista científico considera que es verdadera sólo la imagen científica de la mesa, mientras que la imagen de la mesa del hombre en su experiencia cotidiana es falsa, como lo es toda la concepción del hombre común acerca de los objetos materiales de tamaño medio (por ejemplo Sellars 1962).

 

Los antirrealistas, aunque no constituyen un bloque homogéneo, consideran que las entidades postuladas por las teorías científicas no suponen un compromiso ontológico. Las teorías que las postulan sólo son herramientas intelectuales para explicar y predecir, pero no para describir el mundo tal cual es (por ejemplo Van Fraassen 1980).

 

El objeto según el realismo interno.

El realismo interno, en la versión de Hilary Putnam, sostiene que: "Los 'objetos' no existen independientemente de los esquemas conceptuales. Nosotros recortamos el mundo en objetos cuando introducimos algún esquema de descripción" (1981:52). Los esquemas conceptuales no son simples intermediarios entre los sujetos y los objetos, sino que intervienen en la constitución misma de los objetos. De ahí que: "los 'objetos' mismos son tanto algo que se hace como algo que se descubre, tanto productos de nuestra investigación conceptual como del factor 'objetivo' de la experiencia, el factor independiente de nuestra voluntad..." (Putnam 1981:54) (el subrayado es mío).

 

Esta noción de objeto resulta clave para la inspiración de nuestro trabajo. Por un lado se trata de objetos que no son cosas puramente externas, con propiedades y relaciones intrínsecas. La mente no se limita a copiar un mundo "ya hecho". Pero a la vez, los objetos no son simples invenciones libres de la mente, sin restricciones. La mente no hace el mundo. No se trata de un puro idealismo porque hay algo independiente de nuestra voluntad (que Putnam llama "insumos"). Las restricciones a nuestra invención nos hablan de un sustrato de la experiencia a partir del cual se conforman los objetos. No obstante, esto no implica que pueda distinguirse entre la "contribución conceptual del sujeto" y "aquello que forma parte del mundo tal como es en sí mismo" (lo cual sería cometer la falacia de la división), puesto que el objeto es siempre ya objeto para nosotros. Se rechaza en esta perspectiva la idea de que detrás de los objetos de conocimiento haya otros objetos que son los que realmente existirían (cosas en sí). Los objetos no son proyecciones, ilusiones o apariencias, sino que son los únicos objetos que existen en tanto tales, es decir, que están constituidos dentro de esquemas conceptuales.

 

A diferencia de Kant, que consideraba un esquema de categorías único y de validez universal, este realismo interno sostiene la tesis de la relatividad conceptual y la tesis del pluralismo ontológico. Según la primera, ningún concepto tiene una interpretación única o absoluta. Esto es, no hay un concepto privilegiado de objeto que sea el correcto (metafísicamente hablando). No habría una correspondencia única entre lenguaje y mundo, entre nuestros conceptos y las cosas. La segunda tesis sostiene que es posible tener concepciones del mundo con ontologías distintas que sean igualmente adecuadas en ciertos contextos, en función de determinados objetivos. Sólo es posible plantear y contestar preguntas ontológicas desde el plano del conocimiento, es decir, desde un sistema específico de conceptos, lenguaje o teoría. Y es desde ese esquema específico que se puede afirmar que hay hechos y objetos que están para ser descubiertos.

 

Los objetos de conocimiento y el "mundo".

Ya desde La estructura de las revoluciones científicas (1962), Kuhn ha planteado el problema ontológico del "nuevo mundo" que implica un cambio de paradigmas (2). ¿No podría tratarse de un realismo de tipo nominalista? Esta posición considera que con el cambio de paradigmas no cambia el mundo como conjunto de entidades individuales; cambian sólo las clases de cosas que creemos que existen en el mundo. Desde esta interpretación nominalista, lo único que cambia es la manera de agrupar o clasificar la entidades existentes (el mundo de clases de cosas), ya que toda interacción con el mundo requiere alguna descripción, y toda descripción supone una clasificación de las cosas individuales en clases (3). Este mundo nuevo de clases supondría también la tesis de la inconmensurabilidad, la cual impide la reducción de los diversos mundos a uno solo. Hablar de mundos diferentes, entonces, no sería para un nominalista simplemente una metáfora o forma retórica. Sin embargo, este tipo de nominalismo conduce a un realismo de corte metafísico, ya que se compromete con una ontología de entidades individuales, independientes, que no se desprende necesariamente de la obra de Kuhn. Ahora bien, una posición realista interna consideraría que las categorías taxonómicas no sólo permiten describir el mundo de cierta manera, sino también que son constitutivas de las entidades de esos mundos. Y si el mundo de la experiencia depende de manera constitutiva de los sistemas de categorías, entonces los objetos o entidades individuales no podrían permanecer idénticos a través del cambio de paradigmas o marcos conceptuales.

 

La experiencia impone restricciones a nuestras representaciones y manipulaciones. La "naturaleza" no encaja en cualquier estructura conceptual, de ahí que no cualquier teoría resulte aceptable. Si bien esto permite suponer que el mundo tiene una estructura, la tesis de la subdeterminación de teorías por la evidencia no permite afirmar un isomorfismo entre las teorías y la realidad. No habría una correspondencia unívoca entre palabras y cosas, entre enunciados y hechos. Ninguna perspectiva epistémica sería privilegiada, aunque no cualquiera sería posible. A su vez, la diversidad de estructuras conceptuales posibles impidiría suponer que las diversas concepciones del mundo convergen hacia una concepción teórica última, o que son reducibles entre sí.

 

Las "lecciones" de la filosofía de la ciencia.

Luego de Kuhn, distintos autores han desarrollado enfoques alternativos de la filosofía de la ciencia. Los autores más destacados de la década del '60 han sido Hanson, Toulmin, Feyerabend, y en la década del '70, Lakatos, Laudan, Stegmüller, Mary Hesse, Dudley Shapere entre otros. Más allá de las diferencias entre ellos, se han instalado en estos últimos años ciertas ideas, de las cuales señalaremos algunas que tienen relevancia para el marco de una historia sobre los objetos de conocimiento en psicología.

1. La ciencia no es una empresa totalmente autónoma, ya que la construcción y contrastación de teorías están sujetas a factores antes llamados "externos", de carácter social, ideológico, psicológico, etc.

2. Los criterios epistémicos de comparación y evaluación de teorías tampoco son autónomos. Ellos resultan de la dinámica de las diversas disciplinas, y, por lo tanto, sólo el estudio histórico de esa dinámica puede permitir elucidar el tipo de racionalidad presente en cada contexto de investigación.

3. De ahí que se haya desarrollado un movimiento de naturalización de la epistemología, pero, a la vez, resulte todavía problemática la relación entre la historia de la ciencia (nunca neutral) y la filosofía de la ciencia (que debe aprender de ella las dinámicas específicas de cada disciplina y poner a prueba en los ejemplos históricos sus propios modelos descriptivos o explicativos).

4. La subdeterminación de las teorías por la evidencia empírica y por los estándares de evaluación aceptados en cada contexto de investigación. No hay una única manera de organizar conceptualmente la experiencia. Esto relativiza, aunque no elimina, el papel de la evidencia empírica en la construcción de las teorías.

5. Las unidades de análisis se han desplazado de los enunciados y teorías científicas, a los marcos de supuestos dentro de los cuales la investigación es posible y, a la vez, limitada. Estos marcos generales son conceptualizados a su vez de diferentes formas (paradigmas, programas de investigación, tradiciones de investigación, redes de teorías, etc.).

6. Se debilita la consideración de que los marcos tienen una estructura jeráquica (núcleos sin cambios mientras cambian otros componentes de la tradición, etc.) y se refuerza la idea de que los marcos tienen una estuctura reticular, es decir, que tanto las teorías como los métodos y objetivos interactúan y se modifican mutuamente.

7. De ahí la necesidad de estudiar más los cambios locales que se dan dentro de los marcos, y no sólo los cambios globales, de todo o nada, más excepcionales.

8. Por último, si se quiere determinar un patrón general básico para todas las disciplinas científicas, ya no será posible hacerlo a partir del estudio de una sola ciencia (generalmente, la física o la biología) y extender luego sus resultados a las demás disciplinas. Debido a lo dicho en los puntos anteriores, se deberá encarar el estudio de los desarrollos específicos de cada disciplina, y luego, a partir de ahí, la búsqueda de un parámetro básico común. Incluso se plantea como pregunta si hay un patrón general de desarrollo científico en el que encajen los diversos fenómenos diacrónicos.

 

La sociología de las ciencias.

En el siglo XX, la sociología de las ciencias ha contribuido decisivamente a la renovación de los estudios históricos de las ciencias. La sociología de las ciencias no constituye un movimiento único y homogéneo. Su desarrollo se ligó a las diversas relaciones que la disciplina fue estableciendo con la epistemología (4). En definitiva, todo análisis del conocimiento intenta ser un conocimiento acerca de cómo conocemos.

 

Nace en la década de 1930, con Robert K. Merton. La ciencia es estudiada aquí no como un tipo de saber, sino como una estructura social. El sociólogo debe estudiar sus modos específicos de regulación y, especialmente, los modos de regulación que aseguran el desarrollo de la ciencia. En los años '60, Merton concibe la ciencia como un mercado, como un sistema de intercambio, y de la cual estudia el sistema institucionalizado de gratificaciones y los bienes específicos que allí se intercambian. Esta idea se encuentra también trabajada por Pierre Bourdieu con la noción de "campo" y "capital simbólico".

 

Durante los años '60 y '70, los estudios sociológicos tratan de abordar el "cuerpo" de la ciencia, es decir, sus modos de organización, sus instituciones, su estratificación (jerarquía, desigualdades, etc.), y las dimensiones informales de su organización (grupos, redes). Esta sociología se conocerá luego como sociología institucional de la ciencia, por oposición a otros desarrollos que surgen en la década del '70, que se abocan al contenido mismo de la ciencia. En estos desarrollos posteriores, la ciencia es estudiada como se estudian las culturas exóticas o las culturas de los pueblos primitivos. De aquí surge el cuestionamiento de la autonomía de la ciencia en relación con la sociedad, y la necesidad de indagar cómo se modelan mutuamente ciencia y sociedad. Simultáneamente, los trabajos de Kuhn abren nuevos interrogantes en relación a los determinantes sociales de los saberes científicos, y a cómo los conocimientos llegan a obtener legitimidad en contextos particulares. En este contexto surgen el "programa fuerte en sociología del conocimiento científico" (Universidad de Edimburgo), que procura identificar los determinantes sociales de la ciencia, en un nivel macrosociológico, y el "programa empírico del relativismo", que intenta identificar los determinantes sociales pero más a un nivel microsociológico. Ambos se consideran relativistas, al reivindicar la determinación del contenido de la ciencia por la sociedad y la cultura.

 

En los años '80, la ciencia comienza a ser analizada por la sociología, como un conjunto de prácticas. Estas prácticas son vistas como realidades locales, y el sociólogo se convierte en etnólogo: observa los procedimientos, las acciones concretas, las negociaciones de los científicos, en el terreno mismo en que se realiza la investigación ("estudiar la ciencia mientras se hace"). Cobra vital importancia el análisis de los procedimientos a través de los cuales los investigadores se ponen de acuerdo sobre los resultados. Se define así la concepción "constructivista" de la ciencia: ésta aparece como una construcción, como el producto de un proceso social por el cual los enunciados son elaborados, transformados, aceptados o rechazados. Los hechos científicos son el resultado de un proceso práctico por el cual los científicos elaboran sus enunciados y los separan de las circunstancias locales de su elaboración. Los científicos no describen simplemente la realidad o la naturaleza, sino que la construyen. La "realidad" constituye el resultado del trabajo científico. La actividad de los científicos se dirige hacia las operaciones que permiten pasar de un enunciado relativo a una situación temporal y social dada, a un enunciado general ampliamente aceptado.

 

Las "lecciones" de la sociología de las ciencias.

Estos estudios, si bien diferentes y no convergentes, nos han mostrado cuestiones relativas a la producción del conocimiento científico que nos permiten enriquecer el estudio histórico de los objetos científicos en psicología:

1. El análisis del conocimiento científico debe ser pluridimensional. El desarrollo del conocimiento científico depende de una conjunción de factores estrechamente ligados unos a otros, tales como los factores sociales, cognitivos, técnicos, institucionales, etc. La naturaleza por sí sola no impone la orientación de las investigaciones.

2. Las controversias científicas constituyen momentos en que los saberes todavía están en debate. En esos momentos se pueden observar los grados de flexibilidad interpretativa de los resultados empíricos, y conducen a indagar los factores por los cuales una o ciertas interpretaciones serán preferidas a otras (mecanismos de cierre). Los factores extralógicos (entre ellos la credibilidad y reconocimiento social) siempre están presentes.

3. Las nociones de "objeto frontera", "actores-redes" y la teoría de la traducción (5), en el momento de la difusión de los conocimientos científicos constituyen herramientas de análisis que podrían enriquecer el abordaje histórico de los objetos de conocimiento científico.

4. Un análisis exclusivamente sociológico, en cualquiera de los enfoques señalados, cae en un sociologismo al privilegiar sólo ciertos tipos de factores, y hacer caso omiso de la pluridimensionalidad del conocimiento científico. Lo social y lo racional no necesariamente se oponen.

5. Los distintos enfoques proponen ciertas nociones que son a su vez producto de construcciones teóricas y sociales, como por ejemplo, la categoría de interés. Los intereses de los investigadores son el resultado de negociaciones, discusiones y alianzas. El sociólogo debe explicarlas, y no invocarlas simplemente.

 

2. La historicidad de los objetos científicos: cuestiones ontológicas y cuestiones epistemológicas.

Una vez revisadas estas cuestiones, analizaremos la propuesta de Lorraine Daston (2000), de estudiar la "historicidad" y "realidad" de los objetos científicos, "reviviendo las cuestiones ontológicas en los abordajes de historia de la ciencia". En el prefacio, Lorraine Daston asume la tarea de fundamentar este abordaje histórico. Propone "revivir" la ontología en la historia de la ciencia, la cual se ha mantenido por prudencia alejada de las cuestiones ontológicas y se ha ocupado de las cuestiones epistemológicas con una actitud agnóstica. Se acepta que la historia de la ciencia podría mostrar si la ciencia mejora el alcance y la precisión de las predicciones, si las explicaciones son más amplias y unitarias, pero en cambio sería más discutible si la historia de la ciencia podría determinar si la ciencia se aproxima al conocimiento de la realidad, tal como Dios podría comprenderla. La historia de la ciencia se ha ocupado más de lo que se conoce que de lo que es, de las categorías intelectuales más que de las cosas en sí mismas. Incluso al sostener que los objetos científicos son históricos, los historiadores de la ciencia, según Daston, se deslizan otra vez al terreno epistemológico.

 

Daston sostiene que los objetos científicos pueden comenzar a ser, transformarse y dejar de ser, es decir, son mutables, históricos, pero a la vez, son reales. Esta afirmación exige mostrar en el estudio histórico de los objetos científicos, en cada caso particular, en qué consiste y cómo se da a la vez esa realidad e historicidad. Daston propone tomar como modelo la "metafísica aplicada" de Aristóteles, haciéndose eco del título de la obra Sobre la generación y la corrupción, que desarrolla una metafísica sublunar del cambio. De ahí que Daston proponga para la historia de la ciencia una "metafísica aplicada", que estudie el mundo dinámico de lo que emerge y desaparece en el horizonte del trabajo científico.

 

La "metafísica aplicada" propuesta da por supuesto que:

1. "la realidad es una cuestión de grado";

2. los fenómenos "pueden llegar a ser más o menos intensamente reales", según cómo lleguen a formar parte del pensamiento y la práctica científicas.

Sin embargo, la noción de que la realidad es una cuestión de grados, de que hay grados de intensidad de lo real, no es es una verdad autoevidente y tampoco está suficientemente fundamentada por Daston. La comparación con Aristóteles, no resulta clara ya que éste distingue grados de realidad sólo para diferenciar el "ser en acto" del "ser en potencia", y para mostrar que el "ser en potencia" no es lo mismo que el no ser o la nada.

 

La comparación de esta propuesta ontológica con la metafísica sublunar de Aristóteles es por lo menos problemática, ya que esta metafísica se refiere a entes obsevables, cuya "forma" no es histórica. En la metafísica sublunar del cambio, las cosas que se engendran, según Aristóteles, encarnan una forma que es "la fórmula que expresa la naturaleza esencial" de las cosas físicas. En la generación y la destrucción de los seres, hay transformación de una substancia en otra, pero no hay cambio de materia. Ahora bien, así como la materia no es engendrada, tampoco lo es la forma. Para Aristóteles, la forma es universal, no cambia, es eterna. La forma, en los seres naturales, preexiste al acto de generación del nuevo ser, en el padre (Ross 1981).

 

Los trabajos del libro Biography of Scientific Objects no obligan a sacar conclusiones metafísicas. Intentan ir más allá del debate entre realismo y construccionismo social. Ponen el acento, en cambio, en la "novedad" de la ciencia. Muestran cómo fenómenos dispersos o desconocidos son transformados en objetos científicos que pueden ser observados y manipulados, que pueden producir "sorpresas empíricas", que pueden ser objetos de postulaciones teóricas y que pueden pasar por entidades ontológicas, por un tiempo. No obligan a tener que decidir entre "invención" y "descubrimiento".

 

La historicidad de los objetos científicos estudiados en este libro (los sueños, el yo, la cultura, la sociedad, la mortalidad, el valor económico, etc.) es analizada según cuatro abordajes diferentes: saliencia, emergencia, productividad e incrustación.

 

La saliencia se refiere a fenómenos que antes (o después) de convertirse en objetos científicos tienen una "realidad innegable" pero la indagación científica los modifica de maneras significativas: la representación científica estabiliza sus regularidades, amalgama fenómenos antes dispersos, los hace más "visibles" y muestra la riqueza de sus implicancias (por ejemplo, los sueños y la identidad personal). La investigación científica, podría decirse, según Daston, "intensifica su realidad".

 

La emergencia supone un tipo de novedad más radical, ya que sugiere un cambio más controvertido con la metafísica supuesta previamente, en la ciencia y en la experiencia cotidiana (por ejemplo, considerar las magnitudes matemáticas más como indeterminadas que como determinadas; estudiar la "sociedad" y la "cultura", que son a su vez el contexto para los mismos investigadores). Estos objetos no tendrían una "prehistoria cotidiana".

 

La productividad se refiere a cómo los resultados, implicaciones, manipulaciones, explicaciones, aplicaciones y sorpresas otorgan a los objetos científicos un "mayor estatus ontológico". La esencia de un objeto científico es su potencial para la sorpresa, para superar las expectativas vigentes en el pensamiento y en el trabajo científicos. Por eso los objetos científicos suponen concatenaciones inestables de representaciones, que pueden llegar a estabilizarse por un período.

 

La incrustación ("embeddedness") se refiere a la persistencia que los objetos científicos pueden adquirir a través de la institucionalización de las prácticas y los aparatos que se ocupan de ellos. Otra vez la realidad aparece como una cuestión de grado, que depende de los grados de fijación o incrustación en los sistemas organizados de técnicas e instrumentos.

 

Podríamos intentar una fundamentación de la historicidad de los objetos científicos desde otra perspectiva. La teoría de la especularidad de Jean-Louis Voullierme (1991) sostiene que la sociedad emerge de los comportamientos de los agentes y que éstos determinan sus propios comportamientos sobre la base del modelo que se han forjado de su entorno social. De manera que la diferencia entre el comportamiento primitivo (“instintivo”) y el comportamiento psicológicamente evolucionado radica en el grado de complejidad. Los procesos cognitivos puestos en acción en la emergencia de un sistema social no están preconstituidos en el nivel “atómico” de los agentes: su forma proviene del sistema. Así, un sistema social es un sistema de comportamientos determinados por el estado cognitivo de los agentes que lo componen, el cual a su vez está condicionado por el sistema de comportamientos. Dicho de otra manera, los agentes reproducen las interacciones que los producen, adoptando los esquemas de comportamiento que se corresponden con el modelo que ellos tienen de su propia interacción dentro del sistema. Al mismo tiempo, cada agente encuentra ciertas restricciones a sus comportamientos dentro de un contexto determinado. Incluso sus “decisiones” experimentan estas restricciones impuestas por el contexto. Los agentes se preguntan, explícita o implícitamente, cómo sería más conveniente reaccionar a cada perturbación del estado en que se hallan en el momento en que la perturbación se manifiesta. Ahora bien, la respuesta a esta demanda, la cual se reitera constantemente (porque siempre hay cambios más o menos notorios), puede ser reinventada en cada caso: el agente actúa como es conveniente según su modelización de su propia situación en el mundo. De este modo, el sistema evoluciona dinámicamente y genera un proceso global de cambio. Para el caso de la ciencia, la evolución dinámica de las comunidades científicas involucra el cambio de teorías y, por lo tanto, de objetos científicos (entendidos como aquellos objetos definidos desde teorías). Las así llamadas “teorías de revisión de creencias” o de “dinámica de creencias” procuran dar cuenta de este fenómeno. Dentro de este marco, la noción de “arraigo” o entrenchement (Cresto y García 2002) parece adecuada para ofrecer una explicitación más clara de la afirmación de Daston. Las teorías de revisión de creencias distinguen diversos tipos de arraigo para los objetos científicos a los que se refieren las teorías. En su desarrollo, las teorías tienden a abandonar los conceptos que tienen menor grado de arraigo pero se resisten a cambiar los conceptos fuertemente incrustados (sentido que podría acercarse al usado por Daston con la palabra "embeddedness").

 

Consideramos que el estudio de la historicidad de los objetos científicos se refiere al estudio de las transformaciones conceptuales, que pueden ser entendidas desde el realismo internalista. Estas transformaciones conceptuales pueden suponer en ocasiones también transformaciones en los compromisos ontológicos. A diferencia de Daston, consideramos preferible  mantener el estudio de la historicidad de los objetos científicos en el plano epistemológico, más que ontológico. No queda claro a qué se refiere Daston con "revivir las cuestiones ontológicas en historia de la ciencia", ya que en la fundamentación del abordaje histórico propuesto, no aclara la noción de objeto que utiliza y la fundamentación de su postura acerca de la ontología de estos objetos.

 

La historicidad de los objetos científicos de la psicología.

¿Qué significa afirmar que los objetos de conocimiento en psicología son históricos? Significa que debe considerarse que tienen una realidad, una realidad que es esencialmente histórica, una realidad que supone transformaciones a lo largo del tiempo. Quiere decir que se reconoce que la experiencia científica es un tipo de experiencia diferente a la cotidiana, y que los objetos de conocimiento psicológico pueden coincidir o no con lo que se cree conocer a partir de la experiencia psicológica cotidiana. Significa afirmar que los objetos de conocimiento en psicología son “producidos” por formas específicas de teorización, por procedimientos específicos de indagación. Pero a la vez, que ese estatus de construido, no los hace menos reales, que realidad e historicidad no son incompatibles.

 

En el caso de los objetos científicos de la psicología, entonces, consideramos que además de las mencionadas transformaciones conceptuales, hay que tener en cuenta que los seres humanos se transforman en sus relaciones sociales e históricas, "recreándose" a sí mismos a través de sus propias categorías interpretativas. Por lo tanto, los objetos científicos de la psicología pueden transformarse siguiendo estas transformaciones humanas, históricas y sociales. En este sentido, los objetos científicos en psicología pueden sufrir una transformación histórica que intenta aprehender la transformación ontológica, además de los cambios que, como todos los objetos científicos, pueden tener en relación a su referencia ontológica. Esa transformación de los seres humanos es inseparable de las propias categorías interpretativas, pero a la vez constituyen las "restricciones" que limitarán las teorías psicológicas posibles.

 

Una historia de la psicología como historia de los objetos científicos en psicología, desde el punto de vista analizado, podría tener en cuenta la historicidad de sus objetos de conocimiento en el doble sentido señalado: las transformaciones conceptuales que pueden incluir cambios de compromisos ontológicos, y las transformaciones conceptuales que tratan de aprehender los cambios históricos de los seres humanos.

 

3. La renovación de los estudios históricos de la psicología

Si bien los estudios sociales de la ciencia han constituido un aporte imprescindible para la historia de la psicología, el enfoque muestra ciertas limitaciones que, en la década de 1990, han sido mencionadas en diversos trabajos (Boudon y Clavelin 1994, Talak 1998) y han sido objeto de debate en numerosas revistas especializadas (por ejemplo, The History of the Human Sciences). Abandonar la idea de que los criterios epistémicos suponen una racionalidad suprahistórica no significa que no usemos criterios en absoluto. De hecho los historiadores usamos continuamente criterios en el planteo de las preguntas históricas que consideramos valiosas y en la forma en que elegimos contestarlas. Este abandono de la epistemología por más de dos décadas en la historia de las ciencias humanas y, más específicamente, de la historia de la psicología, ha resultado en general en un alejamiento de esta con respecto a la historia de la ciencia. Los trabajos históricos locales han indagado ya sobre psicología del niño y del adolescente, la familia y los grupos, en el cruce entre conocimientos académicos, el psicoanálisis, prácticas y representaciones culturales y estudios de recepción. Un enfoque como el propuesto, que indague la construcción de objetos psicológicos y de los criterios epistémicos presentes, en el ámbito de la producción  académica en Argentina, en el marco de una historia de la ciencia, resulta una innovación en los estudios locales realizados hasta ahora como historia de las ideas, historias institucionales e historias de la profesionalización.

 

Una historia de los objetos de conocimiento en psicología.

Implicancias epistémicas y metodológicas.

Los primeros objetos delimitados, tales como niño, adolescente, familia, grupo, aptitudes, así como podrían ser también los sueños, el yo, la inteligencia, etc., guardan cierta relación con experiencias cotidanas previas a la formulación científica de esos objetos. En este sentido, los trabajos históricos indagan cómo fenómenos o experiencias dispersas son convertidas en “objetos de estudio científico” en la psicología, y desde ese lugar son observados, manipulados, pasibles de teorizaciones, y que pueden dar lugar a sorpresas contraintuitivas. En el caso de los mencionados objetos psicológicos, la indagación científica no los crea de la nada, ya que forman parte de una experiencia cotidiana independiente. Pero la indagación científica modifica estas experiencias de maneras significativas: nuevas formas de representación parecen estabilizar regularidades, ciertos fenómenos dispersos se juntan bajo una categoría coherente, se muestra la riqueza de sus implicancias, y adquieren relevancia cultural. Esto es lo que, siguiendo a Lorraine Daston, se podría llamar “saliencia cultural”.

 

El historiador puede encarar el estudio de la historicidad de estos objetos de conocimiento psicológico indagando cómo ciertos objetos llegan a convertirse en objetos de atención de los científicos y se tranforman en “objetos científicos”. En este sentido, es imprescindible indagar la forma y el grado de saliencia cultural, ya que esta los hace “visibles”, pero también es necesario indagar las técnicas de investigación científica, que los hace más sólidos y estables, ordenados, intrigantes, lo suficientemente interesantes y prometedores como para suscitar investigaciones y explicaciones teóricas. Esto se articula con los abordajes de la productividad y la incrustación.

 

Estas investigaciones responden básicamente a la concepción de una historia de la psicología entendida como una historia de la ciencia, que se nutre de la historia de las ideas y del campo profesional e intelectual relacionado con la psicología. Parte de la idea de que la psicología está constituida por diversas disciplinas de conocimiento e investigación, por un conjunto de prácticas y usos de los saberes que a su vez participan en su constitución, por una organización profesional, y por discursos que poseen una implantación amplia en la cultura. Los “objetos psicológicos” resultan de una construcción igualmente compleja, situados en el cruce de representaciones, discursos y prácticas y su análisis exige articular diversos problemas históricos. Dentro de este enfoque se han realizado trabajos sobre el conociminto psicológico del niño y el adolescente y su utilización en discursos educativos (Talak 2003), el estudio de las aptitudes (Talak 2003), de la familia (Macchioli 2002), y de los criterios de cientificidad en los debates sobre las relaciones entre psicología e ideología (Scholten y Del Cueto 2003).

 

Se trata de indagar ciertos “objetos” de los saberes de la psicología, teniendo en cuenta tanto los espacios de legitimación académica (cátedra, publicaciones, congresos, sociedades científicas), los modos de la recepción de autores y corrientes de pensamiento, las prácticas de investigación en relación a esos objetos, así como las prácticas de intervención profesional relacionadas a ellos, en el marco de instituciones de la salud, la educación, y otros campos profesionales.

 

Notas:

1. Este marco conceptual es el que ha sido propuesto para un proyecto de investigación en historia de la psicología actualmente en curso (UBACyT P609): «La construcción de objetos psicológicos en el desarrollo académico de la psicología en Argentina».

2. Con respecto a este problema, véase P. Horwich (ed.) (1993), World Changes. Thomas Kuhn and the Nature of Science, Cambridge, The MIT Press.

3. Véase la solución nominalista planteada por I. Kacking (1993), "Working in a New World: The Taxonomics Solution", en P. Horwich (ed.) (1993), ob. cit., pp. 275-310.

4. Para esta breve presentación se toma como base, principalmente, el trabajo de Olivier Martin (2003), Sociología de las ciencias, Buenos Aires, E. Nueva Visión.

5. Véase el capítulo 5 de Olivier Martin (2003), Sociología de las ciencias, ed. cit.

 

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