La
psicología de las masas en Francia:
entre
la teoría y la ideología
Alexandre Métraux**
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Introducción.-
Los historiadores de la ciencia, hasta el
momento, no han prestado mayor atención a los estudios de la conducta y la
comunicación de masas. Quizás esto se deba a que desde sus comienzos, hacia
1880, en ese campo han intervenido un conjunto de disciplinas: psiquiatría, criminología, antropometría,
etnología, sociología, psicología y teoría de la comunicación. Además,
"psicología de las masas", "psicología colectiva",
"psicología de las multitudes", o cualquier otra denominación
parecida, hacen referencia no sólo a una empresa de diferentes disciplinas,
sino también a un campo que, para los historiadores de la ciencia, se ha
convertido, por sí mismo, en un tema confuso.
La investigación de la conducta y de la
comunicación de masas no ha seguido una evolución lineal, más o menos continua,
más bien emerge súbitamente y desaparece, en el marco de paradigmas que no
guardan relación entre sí. Dicha área temática, entonces, nunca fue definida de
un modo preciso ni como investigación básica ni como investigación aplicada;
tampoco estuvo libre de connotaciones ideológicas y compromisos políticos,
mayormente provenientes del liberalismo economico y el conservadurismo
político. Y finalmente, esa línea de investigación, sobre la conducta y la
comunicación de masas, no fue capaz de ofrecer ningún acuerdo acerca de
soluciones verificables que pudieran aplicarse a los muchos problemas que venía
a señalar; en cambio, se adaptaba, de un modo mayormente acrítico, a los
cambiantes problemas sociales con los que se enfrentaba desde fuera.
Sin embargo, lo confuso de este campo de
investigación no debería ser un motivo de rechazo. Por el contrario, permite
explorar en una disciplina joven, que todavía está emergiendo, aspectos que
suelen permanecer invisibles en las ciencias establecidas.[1] Esto se aplica particularmente a la vertiente francesa
de la psicología de las masas, la psychologie des foules, a pesar de sus
ambigüedades y del estatuto controvertido de sus proposiciones, tanto
científicas como prácticas.
A continuación se intentará abordar un
aspecto específico de la emergencia de la psicología de las multitudes, las
transformaciones sufridas por un sistema más o menos coherente de creencias y
prejuicios acerca de la naturaleza de las multitudes, que se convierten en una
batería de teorías interrelacionadas y aparentemente verificadas sobre la
conducta de las masas.[2] Esbozaré brevemente la situación histórica de la
psicología de las masas en Francia entre 1880 y 1920. Luego, trataré de
analizar el contexto ideológico encubierto en la retórica aparentemente neutral
del discurso de la psicología de masas, delimitando un solo tópico clave: la
manipulación social por medio de la sugestión y la hipnosis.[3] Finalmente, discutiré los resultados de la
investigacion desde un punto de vista historiográfico para indicar de qué modo
los estudios en la historia de la disciplina desafían los enfoques tradicionales
de la psicología social.
La
situación histórica de la psicología de las masas en Francia (1880-1920).-
Serge Moscovici ha sostenido recientemente
que la psicología de las masas se desarrolló como reacción al poder que las
clases bajas adquirieron en Francia después de 1850.[4] También señaló que la psicología de las masas fue
establecida con el propósito de aportar los fundamentos de un análisis
sistemático y científico de los fenómenos múltiples de la conducta de masas. El
objetivo de los psicólogos franceses de masas era, entonces, doble. Por una
parte, apuntaba a entender la transformación contemporánea de la sociedad
francesa; por otra, estaban buscando remedios, científicamente válidos, contra
una seria enfermedad social: la lenta desorganización de la sociedad o la
nación originadas por la rebeldía de las masas o las turbas contra el orden
tradicional.[5]
Aunque las masas habían constituído ya una
fuerza histórica mucho antes de 1870,[6] su impacto sobre la vida social y política creció rápidamente
en el último tercio del siglo XIX. Las masas comenzaron a ser influyentes a
través de la organización de movimientos de masas, como los sindicatos, pero
también a través de los grupos anarquistas, cajas obreras, etc.[7] En 1881, el Parlamento votó la primera ley de libertad
de prensa y, en 1884, la primera ley de sindicatos.[8] Ambas leyes aportan el marco legal para la propagación
de las ideas sociales y económicas liberales, pero al mismo tiempo provocaron
la reacción de los conservadores, entre ellos los psicólogos de masas, quienes
comenzaron a polemizar en sus escritos científicos contra las doctrinas y
programas anarquistas y comunistas.
Para algunos psicólogos, el fenómeno nuevo
de las masas como fuerza social era sólo el resultado de la industrialización y
de la urbanización acelerada. Joseph Maxwell escribe en su Psychologie
sociale contemporaine, en 1911, que la revolución industrial empuja a un
gran número de personas hacia ciudades sobrepobladas que no ofrecen condiciones
de vivienda decentes, ni siquiera suficientes. Al mismo tiempo, la mecanización
del trabajo (maquinisme) contribuye al empobrecimiento de la
habilidades, tanto intelectuales como prácticas. La revolución industrial da
lugar, en particular, a la formación de "multitudes homogéneas",
concebidas como grupos de "aproximadamente los mismos elementos sociales,
el mismo orígen, la misma educación, el mismo espíritu, las mismas necesidades
y los mismos impulsos".[9]
Sin embargo, tal caracterización de las
masas es una excepción en la literatura francesa; más a menudo, psicólogos y
sociólogos emplean un vocabulario cargado valorativamente para caracterizar al
objeto de su investigacion. Es así como se atribuye a la masa ser instintiva,[10] criminal,[11] crédula,[12] primitiva,[13] simple,[14] irascible[15], brutal[16], incoherente[17], violenta[18], femenina,[19] y así de seguido. Parece claro que la actitud de estos
psicólogos de masas hacia los grupos que estudian no está dictada centralmente
por la imparcialidad científica.
Si se intenta reconstruir la psicología de
las masas será necesario, entonces, distinguir claramente dos procesos
históricos diferentes que tienen lugar en la sociedad francesa durante las
primeras décadas de la Tercera República. Por una parte, la trasnformación
objetiva que es consecuencia de la industrialización, la urbanización y otros
acontecimientos socioeconómicos; por otra, la percepción o interpretación
subjetiva de esas trasnformaciones hecha por científicos que, aunque estaban
formados en distintas disciplinas y trabajaban bajo condiciones diversas,
compartían, por lo menos, un común marco de referencia y de evaluación. Y,
desde luego, tanto las transformaciones objetivas de la sociedad francesa como
esas interpretaciones subjetivas, fueron determinantes para la emergencia de la
psicología de las masas. Sin embargo, su punto de vista, su contenido y su
retórica probablemente estuvieron determinados por ese marco de referencia
evaluativo compartido más que por cualquier otro factor.
Por lo tanto, cuando Jean Bourdeau en 1905
proclama con estridencia que "Entramos en la era de las masas"[20], no se infiere de ello que el fenómeno de la masa
estaba siendo interpretado adecuadamente por los cientistas sociales franceses,
sino sólo que su investigación era motivada por lo que aparecía como una
profunda transformación societal. Tal como lo afirma correctamente Nye a
propósito de la psicología de las masas en general, "a nuestro pesar
debemos aceptar que una concepción 'falsa' es historicamente válida si es
creída como tal"[21].
La psicología francesa de las masas
disfruta de un gran prestigio público hasta aproximadamente 1920. Sus trabajos
fueron recibidos aprobatoriamente por los conservadores, intelectuales,
políticos, escritores y académicos y fuertemente criticados por los grupos
progresistas y de izquierda. En este punto, como en cualquier otro de la
sociedad y la cultura francesas, el caso Dreyfus se constituyó en el foco de un
enconado antagonismo. Y tal división política probablemente tiene que ver con
el hecho de que la psicología de las masas permaneció al margen del sistema
universitario, excluída por Emile Durkheim, sus colegas y amigos en la gestión
de la universidad.[22] El antagonismo entre Durkheim y sus seguidores, por una
parte, y el grupo más o menos coherente de psicólogos de masas, por otra,
arroja cierta luz sobre la situación social e institucional de la psicología en
general, y de la psicología de las masas en particular, hasta la irrupción de
la primera guerra mundial.
El modelo de Durkheim para la institucionalización
de las ciencias sociales había sido el laboratorio de psicología fundado por
Wilhelm Wundt en la Universidad de Leipzig.[23] Con el apoyo de funcionarios superiores del ministerio
de Educacion Pública, Durkheim había impulsado una reforma institucional de las
ciencias sociales que incluía la psicología colectiva. Había logrado algún
progreso en esa dirección cuando comenzaron las demandas de los psicólogos de
masas por alcanzar posiciones y privilegios en la universidad, a las que creían
tener derecho por la reputación que habian logrado. Sin embargo, esas
solicitudes, que se repitieron cada año, no tuvieron respuesta.
La tensión entre los cientistas sociales
encabezados por Durkheim y los psicólogos de masas no disminuyó con la
fundación del laboratorio de psicología en la Ecole Pratique des Hautes
Etudes, en Paris, el 28 de enero de 1889.[24] Los dos primeros directores del laboratorio, Henri
Beaunis y Alfred Binet, habían realizado investigaciones en temas como la
sugestión, el hipnotismo y el automatismo inconsciente, es decir, en un campo
afín con el dominio al cual habían prestado especial atención los psicólogos de
masas. Sin embargo, los objetivos del laboratorio eran análogos a los del de
Leipzig y se orientaban a realizar observaciones de variables dependientes,
sensoriales y motoras, bajo condiciones experimentales diversas. La separación
entre estas dos líneas divergentes de investigación psicosociológica y
sociológica se mantuvo inalterada en el tiempo. El resentimiento de Le Bon y sus
seguidores por la exclusión de la universidad se refleja en sus reiterados
ataques al sistema universitario francés y a sus principios educativos.[25]
Y sin embargo, si se atiende solamente a
la visibilidad social y a las influencias, ese grupo marginal de psicólogos de
masas triunfó sobre el círculo de Durkheim y sobre los psicólogos del
laboratorio. Gustav Le Bon (1841-1931), sin duda el representante más franco,
más dogmático y pintoresco del grupo, tuvo éxito en la construcción de una red
eficiente de comunicaciones por fuera del espacio oficial de las ciencias
sociales. Sólo de sus libros se alcanzaron a vender aproximadamente medio
millón de ejemplares y llegaron a un público más extenso que el de muchos
escritores famosos de su tiempo.[26] Los ingresos que alcanzó con sus escritos eran
ciertamente mayores que los que ganaban usualmente los hombres de ciencia, lo
suficiente como para que pudiera vivir de ellos. Al mismo tiempo, como editor
de una serie de trabajos científicos, la Biblioteque de Philosophie
scientifique de Flammarion, en Paris, alcanzó cierto control ideológico
sobre los autores; no se privaba de imponerles cambios en los contenidos de los
trabajos que editaba cuando se separaban demasiado de sus propias opiniones
políticas.
Gracias a su famoso salon en la rue
Vignon, que se reunía semanalmente, y a su relación informal con políticos ‑Poincaré
y Clémenceau, para mencionar sólo a dos de ellos, lo veían como un experto en
psicología política y una eminencia en los temas del liderazgo, el renacimiento
nacional y la estrategia política‑ Le Bon pudo ejercer cierta influencia
directa sobre procesos de toma de decisión en los centros de poder de la
Tercera República.
Como un divulgador prolífico de muchas de
las doctrinas científicas del momento,[27] constantemente dió pruebas de su competencia y
ocasionalmente aceptó encargos para realizar investigaciones experimentales
para otros en su laboratorio privado.[28] Sin embargo,
esa actividad no detuvo a sus enemigos, quienes continuaron acusándolo de una
recalcitrante adhesión a teorías que se habían demostrado como falsas, así como
de reclamos injustificados de prioridad; en ese sentido, su debate con Einstein
acerca de la prioridad en el descubrimiento de la teoría de la relatividad
terminó en un verdadero desastre.[29] Con todo, esas dificultades no alcanzaron a deteriorar
su prestigio. Por el contrario, hasta contribuyeron a incrementarlo frente a
sus seguidores, quienes no veían otra cosa que una injusta persecución desatada
contra un gran hombre.
Finalmente, Le Bon cumplió un papel
instrumental en la introducción del estudio sistemático del comportamiento de
las masas en el campo de la psicología militar. Así fue como el establishment
militar, dominado por tendencias antidemocráticas, no solo reconoció a Le Bon
como un aliado político, sino como un científico cuyas teorías podían formar
parte de los cursos de la Ecole de Guerre Superieure y de Saint-Cyr,
las principales escuelas militares francesas. La convergencia de Le Bon, y
otros psicólogos de masas, con el sistema militar fue la consecuencia de dos
procesos históricos que, siendo independientes, se cruzaron en determinado
momento.
Por una parte, los psicólogos de masas
había construído sus teorías con el propósito de dar cuenta del poder que las
masas eran capaces de adquirir en ciertas circunstancias. Se pensaba que el
análisis de esas circunstancias específicas, y de los mecanismos actuantes en
la manipulación de las masas, permitiría establecer reglas prácticas a partir
de esos conocimientos teóricos. Si las reglas eran aplicadas apropiadamente por
los agentes sociales ‑el gobierno, la policía, los tribunales, el
ejército‑ se haría posible mantener a las masas bajo control.
Por otra parte, el ejército francés
enfrentaba dificultades muy serias después de su derrota en la guerra de
1870-71. Dado que la industrialización no progresaba en Francia tan rápido como
en el imperio alemán,[30] el equipamiento militar francés era inferior al
armamento alemán, más sofisticado y poderoso. Por otra parte, en el último
tercio del siglo XIX, el descenso en la tasa de natalidad en Francia provocaba
problemas económicos y estratégicos en el largo plazo; de allí las medidas de
gobierno en contra de toda liberalidad moral,[31] y la preocupación de la dirección militar por un
eventual número insuficiente de soldados. La inferioridad básica del ejército
francés en cuanto a recursos técnicos y humanos debía ser compensada de algún
modo por una superioridad psicológica y moral. Y se consideraba que la psicología
de las masas proporcionaba los medios adecuados para ello; sus aplicaciones no
eran costosas, podían enseñarse facilmente y parecían adecuadas para que un
número grande de soldados, asimilable a una masa, pudiera ser manipulado por
líderes expertos de modo de alcanzar niveles de heroismo mayores que los de los
soldados con un entrenamiento corriente.[32] La elite militar de la Tercera República y la mayor
parte de los psicólogos de masas compartían actitudes conservadoras y aun
antidemocráticas. Hubo, por lo tanto, consideraciones prácticas que
determinaron convergencias políticas y contribuyeron considerablemente al éxito
social de la psicología de las masas.
La psicología de las masas francesa
constituye, entonces, un ejemplo adecuado para poner en cuestión algunos puntos
de vista históricos acerca del desenvolvimiento inicial de la psicología
moderna. La psicología de las masas fue, por lo menos en Francia, más
importante socialmente que su contraparte contemporánea, la psicología
experimental, la que es tomada todavía como el prototipo histórico de la
ciencia psicológica como tal. Y alcanzó ese prestigio a pesar de que, a
diferencia de la psicología experimental de tipo wundtiano, no poseía una
infraestructura institucional en la universidad y que fue marginada
permanentemente por la ciencia oficial. Hacia el fin de siglo, la psicología
experimental de tipo wundtiano se expandió rapidamente a escala internacional.
La psicología de las masas, en cambio, se mantuvo como una expresión limitada
geográficamente a Francia y, en menor grado, a Italia. Después de la primera
guerra mundial tuvo algunos seguidores en Egipto, Turquía, Rumania y Japón, lo
que demuestra nuevamente su condición marginal.[33] Paradojicamente, cuando el prestigio de la psicología
de las masas comenzó a declinar en Francia, después de 1920, algunos de sus
temas principales fueron tomados en cuenta por psicólogos pertenecientes a las
corrientes vigentes o bien fueron redescubiertos de un modo independiente
respecto de los autores franceses. Pero la continuidad en el tiempo de los
temas de la psicología de las masas no ha sido reconocida por los historiadores
de la psicología, probablemente porque han estado dominados por las líneas de
clivaje de las diferencias idiomáticas. Apenas se advierte un común denominador
entre la terminología peculiar de Le Bon y sus allegados, el vocabulario de
estímulo-respuesta adaptado por Floyd Allport, las modalidades psicoanalíticas
con que Freud y Martin se refieren a las masas y el lenguaje, actualmente más familiar,
que emplean los estudiosos de la comunicación de masas.
Esa continuidad en los temas de la
psicología de las masas es en sí misma una cuestión de interés para
historiadores y teóricos de la psicología social. En efecto, el hecho que
escuelas y tendencias en psicología social que difieren significativamente
respecto de marcos conceptuales y métodos de investigación, no se distingan en
cuanto a algunas ideas básicas sobre la naturaleza de las masas, al papel del
líder en ellas, a la sugestibillidad de tal agregado social, y temas por el
estilo, puede ser una indicación de los rasgos generales que han dominado la
investigación en esa área en los últimos cien años. Volveré sobre este punto
después de analizar el componente teórico central de la psicología francesa de
las masas: la teoría de la sugestión hipnótica.
El
paradigma de la sugestión
Los psicólogos de masas en Francia se
encontraban tratando simultáneamente varios problemas, de importancia teórica y
empírica aproximadamente equivalente. Sus obras principales incluían capítulos
dedicados a temas tales como la psicología diferencial, los caracteres
nacionales y sus diferencias y la evolución de las razas; pero también se
ocupaban, en otros capítulos, de tópicos como la sugestión, la estructura de
los agregados sociales, el papel del líder, la teoría de la emoción, la teoría
del egoísmo colectivo y del altruismo individual, etc. La psicología de las
masas, entonces, incluía componentes o subteorías, en parte importadas de otras
ciencias y en parte elaboradas por los propios psicólogos de masas. Con todo,
una lectura cuidadosa de los textos conduce, tarde o temprano, a la conclusión
de que la subteoría acerca de la manipulación de las masas a través de la
influencia social, la persuasión u otros medios, constituía la parte esencial
de la psicología de las masas, y que las consideraciones teóricas respecto de
problemas ligados con otras subteorías psicólogicas aplicadas a las masas
tenían, finalmente, una importancia secundaria.
Por otra parte, los psicólogos de masas no
tenían acuerdos básicos sobre ninguna de esas subteorías. Un ejemplo puede
bastar para ilustrar estos desacuerdos. Gabriel Tarde distinguía entre el
público y la masa, con el propósito de resolver un problema concerniente a la
subteoría de la estructura de los agregados sociales. Su concepción del público
era la "una comunidad puramente espiritual" o "una diseminación
de individuos separados fisicamente entre los cuales existe una cohesión que es
sólo mental".[34] La masa, en cambio, es un agregado de individuos que
actúan en estrecho contacto físico entre sí y en un espacio limitado.[35] Pero Tarde no admite que los procesos de influencia
social puedan ser diversos en agregados sociales estructuralmente diferentes.
Para él, creencias, opiniones y actitudes se transmiten de un individuo a otro
según la ley de imitación. En la imitación el cerebro de un individuo
produce, a través de cierta acción a distancia, la réplica de sus ideas en el cerebro
de otro individuo; y esto último, por su parte, desencadena la conducta
imitativa del segundo individuo.[36]
Un enfoque bastante diferente de la
influencia mental era el sostenido por Maurice Milloud. En un artículo
publicado en 1910, Milloud proponía que una condición necesaria pero no
suficiente de la propagación de ideas era la existencia de una semejanza
afectiva o emocional previa entre el individuo o el grupo influenciante y el
influenciado.[37] La semejanza emocional funciona, entonces, en la
concepción de Milloud, como un explanans [explicación] de la
receptividad de una influencia social dada por parte de algunos grupos y, por
oposición, de la resistencia de otros grupos. Brevemente, la tesis de Milloud
es que tales influencias se producen sólo en grupos estructuralmente homogéneos,
mientras que la tesis de Tarde venía a afirmar que los individuos se influyen
recíprocamente al margen de su status social, rol o semejanza.
Sin embargo, a pesar de estas divergencias
más o menos serias a propósito de componentes subteóricos de la teoría de las
masas, los psicólogos franceses están de acuerdo con los dos principios
siguientes. Primero, los agregados sociales, en particular las masas,
permanecen en estado de sugestión, es decir, bajo cierta forma de poder, físico
o no, por el cual un individuo ejerce su influencia sobre otros individuos.[38] Segundo, como consecuencia de la sugestión o de alguna
otra forma de influjo, la conducta colectiva, especialmente la de las masas,
presenta rasgos que son sintomáticos de un estadio temprano, inferior, de
evolución social. Dicho de otro modo, la sugestión lleva a una regresión moral
e intelectual.
El término genérico "sugestión"
ha sido usado en contextos diversos por psiquiatras, psicólogos y sociólogos en
Francia. Se refería a un acontecimiento o un proceso en el que intervenían tres
aspectos distintos. Haciendo abstracción de lo específico de los discursos
médico, psicológico o sociológico en los que el término se incluía, se refereía
a: 1) un agente, 2) un paciente y 3) un medio, fuerza o poder a través del cual
el agente actúa sobre el paciente. La tarea de la investigación científica
consistía en describir, especificar y explicar ese medio, fuerza o poder; con
ello se agregaba a la comprensión precientífica del proceso de sugestión algo
que, o bien no era reconocido como medio, fuerza o poder, o bien era
considerado como un poder sugestivo pero atribuído erróneamente a algún demonio
o espíritu maligno.
Los escritos médicos y psicosociales
franceses contienen innumerables descripciones del fenómeno denominado
"sugestión". Observaciones clínicas de la folie à deux,
descripciones de manifestaciones de masas o turbas, relatos de histerias
colectivas, o de la propagación de modas y de rumores, y temas semejantes,
habían sido vinculados con la cuestión. Sin embargo, respecto de ello, y de la explicacion
científica válida de la sugestión, se tiene la impresión de que aun con
décadas de investigación no desaparecía cierta dificultad en los expertos.
George Dumas, con algo de impotencia, señalaba en 1911 que el mecanismo de
propagación de estados motores, efectores o representacionales, no había sido
determinado todavía.[39] Después de treinta años consecutivos de trabajo, el
propio Le Bon admitía que había llegado al límite de la "ciencia
positiva" y que la sugestión continuaba siendo todavía "un mecanismo
misterioso".[40] No es extraño, entonces, que se hayan propuesto y
debatido explicaciones concurrentes. Estas explicaciones tomaron la forma de
tres abordajes que deben ser diferenciados:
1)
el abordaje epidemiológico, que recibió la influencia de la ciencia de
la bacteriología;
2)
el abordaje sociológico, que se inspiraba en parte en la psicología y en
parte en la etnología y la sociología general;
3)
el abordaje psiquiátrico, que derivaba de la nosología psiquiátrica, las
disciplinas mentales, y tomaba algo de la química y el magnetismo.
El
abordaje epidemiológico.-
De acuerdo con este enfoque, la sugestión
de ideas, actitudes o patrones de conducta, sean normales o patológicas, es
sólo otro caso de contagio. La literatura médica menciona no sólo el contagium
vivum sino también el contagium psychicum, que es análogo al
provocado por agentes orgánicos como los microbios, y produce que la mente de
una persona se contamine con las ideas, los hábitos o actitudes de otra.[41]
Es importante destacar que este abordaje
se configuraba de un modo estrictamente paralelo al modelo de la epidemiología
bacteriológica. En este enfoque era común separar el proceso por el cual se
propaga una enfermedad de las condiciones ‑higiénicas, metereológicas,
etc.‑ facilitadoras del contagio. De un modo similar, se decía que las
condiciones educativas, el alcoholismo, los credos religiosos y otras
situaciones, eran factores que podían facilitar el contagio de ideas. Pero esas
condiciones eran diferenciadas rigurosamente del agente causal propiamente
dicho, que era considerado como teniendo lugar sólo entre dos individuos.[42]
El abordaje epidemiológico posee interés
histórico por la luz que arroja sobre el papel, y los límites, de la metáfora
en una disciplina emergente, como la psicología de las masas. En efecto, las
ciencias de la bacteriología y la epidemiología sirven de modelo a la
psicología de las masas. En la medida en que habían propuesto una descripción
coherente y verificable del contagio de las enfermedades, se convirtieron en la
lente a través de la cual podía percibirse un nuevo explanandum: el
contagio mental. Pero el referente de la expresión "contagio mental"
permanecía, por así decirlo, impreciso, en la medida en que el contagium
psychicum no había sido descubierto. En otras palabras, el lugar del agente
causal del contagio mental, en la trama de leyes con las cuales opera el
enfoque epidemiológico, está definido formalmente, no de modo material.[43]
El
abordaje sociológico.-
Los que sostienen este enfoque afirman
que la sugestión es, según las palabras de Crocq, una "idea introducida en
el cerebro humano, sea que esa idea provenga de un ser humano o de una
impresión externa".[44] La sugestión puede ser igualada, sin forzar el texto,
con la receptividad del organismo humano a impresiones físicas o sociales. Pero
se exige alguna precaución. En efecto, Tarde parece haber advertido que una
concepción tan amplia no clarificaba el proceso de sugestión y que más bien
provenía de la incorporación de hipótesis psiquiátricas generalizadas y
aplicadas a la psicología social y la sociología. Un párrafo de su obra más
famosa, Les lois de l'imitation, de 1890, corrobora esta interpretación:
"¿Conocemos la esencia de esa
sugestión de persona a persona que constituye la vida social?. No. Ya que si
consideramos a la sugestión en sí misma, en su condición más pura y más
intensa, resulta ser uno de los fenómenos más misteriosos, el mismo que
nuestros psiquiátras y filósofos investigan en estos días con una apasionadad
curiosidad, sin éxito en cuanto a una completa intelección: el
sonambulismo."[45]
La referencia a la psiquiatría muestra que
estamos, de hecho, frente a un rapprochement [aproximación] de carácter
especial. En efecto, la teoría de la hipnosis y del sonambulismo hipnótico
proporcionaba el modelo con el cual era definida toda relación social,
incluyendo la que relación entre los miembros de una masa.
El
abordaje psiquiátrico
Desde el punto de vista de la elaboración
teórica, el enfoque fundamental parece haber sido el psiquiátrico. Se ocupaba
de problemas que no habian sido resueltos por el abordaje epidemiológico y,
además, constituía la base de la cual derivaba el enfoque sociológico. Por
ello, se hace necesario insistir en que ocupaba un lugar central en la búsqueda
de una teoría coherente de la sugestión. Sin embargo, en los hechos, no fue
propiamente la psicología de las masas la que aportó las bases para la
comprensión de la dinámica de los agregados sociales, sino la psicología
general. Tarde, por ejemplo, insistía en que tanto la sociología como la
psicología social se sostenían, en última instancia, en principios psicológicos
individuales.[46] Le Bon y sus seguidores también utilizaban principios de
psicología individual cuando se ocupaban genuinamente de los problemas
psicológicos de la masa. Consecuentemente, se puede decir que la psicología de
las masas, en cuanto se propone tratar los temas de la formación y el
movimiento de las masas, deriva de la psicología general y diferencial;
y esto es particularmente cierto en cuanto a su empleo de la teoría de la
sugestión. El análisis que hace Alfred Binet del mecanismo de percepción en
sujetos hipnotizados, es, hasta donde conozco, el mejor ejemplo del uso del
paradigma psiquiátrico como un enlace entre la psicología general y la teoría
de la sugestión en la psicología de masas.[47]
Hacia 1885, el asociacionismo era la idée
fixe [idea fija], el principio guía de psicólogos franceses tales como
Théodule Ribot, Pierre Janet, Binet y otros.[48] Los trabajos de Hyppolite Taine y John Stuart Mill
fueron la fuente primaria de inspiración. Pero una particularidad de la
evolución de la psicología en Francia consistió en que los psicólogos se
interesaron fuertemente por la psiquiatría y ocasionalmente trabajaron en
contacto con ella. De modo que el pensamiento médico vino a imprimir un estilo
específico en la teoría asociacionista. En ese sentido, son significativos los
estudios de la percepción en histéricos y neuróticos bajo hipnosis, publicados
por Binet entre 1884 y 1887 en colaboración con Charles Féré, quien era un
discípulo de Charcot en la Salpêtrière; y son significativos porque contienen
el esbozo de una teoría cerebral ‑o neurofisiológica‑ de la
asociación.[49]
Según Binet, cada vez que una sensación
llega al cerebro a través del sistema de nervios aferentes, es asociada con una
imagen, definida como la huella de una sensación anterior que está actualmente
almacenada en el sistema nervioso central. El propio cerebro es concebido como
una especie de reservorio, un recipiente en el que están depositados los datos
elementales iniciales (imágenes) en espera de ser activados y procesados, esto
es, combinados con los elementos sensoriales afluentes (sensaciones). Este
recipiente, reservorio o contenedor, se presenta como un conjunto diferenciado,
estructurado anatómica y fisiológicamente, de regiones o centros, a cada uno de
los cuales corresponde una función orgánica o mental determinada.[50] Por ejemplo, de acuerdo con las circunstancias, una
sensación acústica actual provoca, en el centro correspondiente a la función
auditiva, una imagen y da lugar a la percepción de un sonido. En otras
palabras, la síntesis asociativa de sensaciones e imágenes constituye lo que
Binet llama el "percepto", que es aquéllo de lo cual la persona se da
cuenta.[51] Pero, esa misma sensación puede, además, activar el
centro visual; evoca, entonces, la imagen de un color y produce, en combinación
con la imagen auditiva, un fenómeno de sinestesia.
No hay dudas de que Binet considera al
cerebro como un sistema de compartimientos o vasos, funcionalmente distintos y
comunicados reciprocamente. Pero la asociación de sensaciones e imágenes es
concebida de un modo diferente al de la asociación de diferentes centros
cerebrales. Lo que habia sido considerado, por Binet, desde el punto de vista
psicológico, como una síntesis de elementos mentales (sensaciones e
imágenes) es seguidamente tratado como una adición de centros cerebrales
que funcionan simultáneamente pero son diferenciables topográficamente.
Sin esa interpretación aditiva de la
asociación cerebral, no tendría sentido hablar del funcionamiento de centros
individuales. Más aun, sin ella sería teóricamente defectuoso el diseño empleado
por Binet en varios cuasi-experimentos destinados a verificar la doctrina
sensorio-cerebral de la asociación. La idea cuasi-experimental consistía en
interrumpir el aflujo de un tipo de sensaciones para inhibir algunas
actividades cerebrales localizadas y activar otros centros cerebrales
localizados por medio de otro tipo de sensaciones, de modo tal que las imágenes
producidas deberían ser análogas a la percepción completa. El método empleado
para alcanzar este objetivo, así definido teóricamente, era la hipnosis.
Una breve reseña de uno de esos
cuasi-experimentos de Binet sobre la percepción puede contribuir aclarar este
punto. Se le presenta al sujeto hipnotizado una hoja de papel en blanco. El
experimentador sugiere que en el centro de la hoja debe verse una cruz roja, y
se requiere del sujeto que se concentre en el centro de la cruz. Pasado un
momento, la hoja de papel es cambiada por otra, igualmente blanca, y se le
pregunta que color está viendo. Para los sujetos de Binet la respuesta, invariablemente,
es que la cruz es verde.
La explicación que se propone para este
fenómeno es la siguiente: debido al efecto de la hipnosis, el aflujo de
sensaciones visuales se halla inhibido y por lo tanto no afecta ya al centro
visual; pero el mensaje del experimentador estimula, a través de la mediación
del centro del habla, en el centro visual la imagen de un color habitualmente
asociado con el color mencionado. El cerebro produce, entonces, la postimagen
con el nombre del color complementario usado en la respuesta del sujeto al
experimentador.[52]
En un segundo cuasi-experimento, Binet y
Féré dan un paso más. Estaban investigando un proceso causado por una fuerza
puramente física, pero que fenoménicamente era análogo al proceso que viene de
describirse. Se decía que algunos pacientes histéricos eran sensibles a la
fuerza magnética y manifiestaban una "polarización mental". Esta
polarización se manifestaba de muchas formas porque implicaba "la
inversión de cualquier estado funcional".[53] Se sugiere a un sujeto histérico hipnotizado la
alucinación generalizada del amarillo; el sujeto ve todo lo que lo rodea ‑personas
o cosas‑ como si lo hiciera a través de anteojos amarillos. Se le aplica
un imán en la cabeza y el sujeto, después de un momento, ve que el amarillo
desaparece y que todo lo que lo rodea se oscurece, como si la luz del día se
retirara. El fenómeno es explicado por la polarización mental que provoca la
emergencia de la alucinación complementaria, esto es, la sustitución del color
amarillo por su complementario, el violeta.[54]
Los dos cuasi-experimentos (así como
otros similares) se referían, sobre todo, a la inhibición de las sensaciones
visuales actuales por medio de la hipnosis, la activación de imágenes en el
centro visual a través de mensajes verbales y la causación natural o artificial
de la postimagen complementaria. Pero dado que las fuerzas magnéticas pueden
polarizar cualquier función, es decir que pueden provocar que desaparezca de la
memoria un item que era recordado antes de la aplicación del imán, o pueden
provocar la inhibición de una acción motora en el curso de su ejecución, esas
fuerzas tienen (o pueden tener) exactamente el mismo efecto que el mensaje
verbal del experimentador para el sujeto hipnotizado. Todos estos fenómenos,
particularmente el caso clásico de la pérdida de memoria o de la re-evocación
de un item de la memoria inhibido, también pueden ser debidos sólo a la
hipnosis. De este modo, Binet despliega una especie de
"fisicalización" o "materialización" de la influencia
social, es decir, del impacto del hipnotizador sobre el sujeto hipnotizado. Es
evidente que esa "fisicalización" les venía bien a los psicólogos de
masas, en la medida en que permitía atribuir el impacto extraordinario de una
persona y de sus mensajes sobre agregados sociales a una fuerza física.
A partir de lo que ha sido dicho hasta
aquí se comprende que el abordaje psiquiátrico de la sugestión resulte
formulado de un modo más completo. La "sugestión", como término
técnico, se refiere a los procesos por los cuales, por medio de mensajes
verbales o de otro tipo, se crean las condiciones de una modificación en el
funcionamiento del cerebro de un individuo; el agente causal eficaz puede ser
tanto una fuerza física, como es el caso del imán o de una sustancia química,
como una causa que se considera desconocida.
En cuanto a la validez de la concepción
de Binet sobre la sugestión hipnótica, es necesario distinguir cudadosamente
dos aspectos. Por una parte, es posible reconstruir críticamente la teoría de
Binet en relación con el estado científico actual de la cuestión; la conclusión
es que, de acuerdo con los criterios hoy aceptados, tanto el asociacionismo en
general como la doctrina neurofisiológica de la localización cerebral deben ser
rechazadas. Pero un punto de vista tan "presentista" es de poca
ayuda, en la medida en que no permite captar la relevancia que ciertas
concepciones, paradigmas o teorías han tenido en el pasado. En segundo lugar,
es posible recoger las críticas al abordaje psiquiátrico que son contemporáneas
a los trabajos de Binet; las mismas señalaban que la teoría fisiosociológica de
la sugestión era sólo el resultado de especulaciones vacías sobre datos
empíricos, que, por otra parte, fueron objeto de pruebas de verificación.
Joseph Delbouef era no sólo un
especialista destacado en psicofísica en los países de habla francesa sino un
experto en magnetismo; mostró, bajo condiciones controladas, que podía obtener
fácilmente el mismo resultado que Binet y Féré en un sujeto no neurótico al
cual había entrenado en sólo cuatro horas para ejecutar las mismas tareas. Más
aun, mostró que el fenómeno de la polarización observado por Binet podía ser
logrado aplicando un pedazo de madera en lugar de un imán. Finalmente, afirmaba
que el abordaje psiquiátrico de la sugestión cometía un error de categoría al
fisicalizar el agente causal de los procesos mentales, que eran concomitantes a
los procesos orgánicos en un sujeto bajo condiciones hipnóticas.[55] A pesar de que el abordaje psiquiátrico de la sugestión
era el más elaborado y estructurado, tanto que podía ser tomado como una
especie de paradigma, hacia 1890 estaba probado que no se fundaba en evidencias
empíricas y que resultaba conceptualmente insatisfactorio. En otras palabras,
la teoría de la sugestión que Binet había elaborado tan trabajosamente dió un
giro y dejó de ser una teoría aun para sus contemporáneos.
El
uso ideológico del paradigma sugestivo en la psicología de las masas.-
Pero, entonces, ¿por qué los psicólogos
de masas seguían todavía haciendo un extenso uso del enfoque psiquiátrico?.
¿Cuáles eran las razones para basar mayormente sus intentos de explicación de
la conducta de las masas en ese enfoque, si al mismo tiempo admitían, de un
modo más o menos forzado, que podía ser fallido, incompleto o incluso
equivocado?
Una prueba inicial de la relevancia
teórica del abordaje psiquiátrico se encuentra en las innumerables referencias
que recibe en la literatura psicológica sobre las masas. Le Bon vincula sus
estudios con el trabajo de "investigadores contemporáneos"[56] en el campo de las causas subliminales de la acción
humana y se refiere explícitamente, en otro pasaje, a los estudios que se han
hecho sobre el automatismo inconsciente.[57] Otra prueba de ello es el uso concreto que hace de la
teoría del hipnotismo. En su Psychologie des foules, Le Bon afirma:
"Observaciones cuidadosas parecen demostrar que un individuo inmerso por
un cierto tiempo en una masa activa, y debido a los influjos que de ella
emanan, o a causas todavía desconocidas, cae en un estado particular que se
asemeja mucho al estado de fascinación de una persona hipnotizada bajo la
influencia del hipnotizador".[58] Mas aun, Le Bon y otros psicólogos atribuyen al líder
de una masa la capacidad de actuar sobre ella a través de la sugestión
hipnótica.[59]
Sin embargo, esta segunda prueba no es
verdaderamente conclusiva en la medida en que puede estar en relación con algún
otro enfoque de la sugestión. Es necesaria una tercera prueba y para
establecerla se requiere una breve disgresión en dirección a un tema clave
ligado a la teoría de la sugestión hipnótica. El sujeto sometido a la
influencia del hipnotizador pierde, por así decir, el contacto inmediato con el
mundo físico, en la medida en que la inhibición del aflujo sensorial provoca
que la vida mental sea dominada por simples imágenes. Se puede también decir
que la mente del sujeto está restringida a imágenes de contenido
pseudo-representacional, dado que esas imágenes son evocadas por los mensajes
verbales del hipnotizador. Pero hay más que eso, ya que el sujeto hipnotizado
produce esas imágenes de forma automática. La mente del sujeto no sólo está
limitada en sus actividades a actos de imaginación, sino que está también
impedida de cualquier posible observación de autocontrol. Por lo tanto,
imaginación pseudo-representacional y automatismo inconsciente van de la mano.
Y, por supuesto, lo mismo sucede, por extension, con los actos: el sujeto
hipnotizado ejecuta exactamente acciones que permanecen bajo el comando externo
del hipnotizador.
Este lazo esencial entre palabras,
imágenes y actos ‑que es característico del abordaje psiquiátrico‑
se convirtió en un componente esencial de la teoría psicológica de las masas.
El mismo sirve para establecer dos cuestiones. Primero, los miembros de una
masa están, ante todo, impresionadas por imágenes evocadas por algún líder
hipnotizante y, como resultado de ese predominio de las imágenes ya no es
posible un exámen racional o aun científico que los confronte con la realidad.
Segundo, los miembros de una masa regresionan a un nivel de evolución anterior,
en el que dominan patrones de comportamiento y de pensamiento que son
instintivos, automáticos e inconscientes. De allí el paralelismo
filo-ontogenético que se observa en el comportamiento de la masa, del niño y de
las llamadas tribus primitivas.[60]
Más aun, en la medida en que los
individuos integrantes de una masa son todos receptores de los mensajes de un
líder hipnotizante, cada individuo en una masa posee las mismas imágenes, tiene
un comportamiento orientado hacia las mismas metas, y permanece así tanto
tiempo cuanto dure su sujección a la influencia del líder. Es por esto que tal
masa puede ser considerada como una entidad singular y puede ser tratada como
si fuera una única persona. Y esto conduce claramente a una reducción de la
complejidad de agregados sociales, como las masas, a estructuras teóricamente
más simples, con las cuales se puede tratar en los términos de la psicología
individual y la psicología diferencial.
El enunciado principal de la psicología
de masas, que decía que las masas son entidades singulares fácilmente
manipulables por un líder, queda ahora especificado sobre las bases del enfoque
psiquiátrico y expresado en términos científicos. En la medida en que sólo se
incorpora ese enunciado, se puede concluir que está mínimamente justificado por
evidencias empíricas, o incluso que es erróneo, pero no que sea formalmente
contradictorio con las proposiciones teóricas principales del enfoque psiquiátrico.
Como sea, ese enunciado psicológico sobre
las masas fué objeto, además, de una manifiesta interpretación ideológica.
Dicho de otro modo: la brecha entre el componente teórico principal de la
psicología de las masas ‑la teoría empíricamente dudosa de la sugestión
hipnótica‑ y la psicología de las masas como un todo, fue rellenada con
puntos de vista que pertenecían por entero a la ideología y no a la ciencia.
Unas cuantas contradicciones que pueden encontrarse en los trabajos de Le Bon y
sus seguidores hacen manifiesta esa discrepancia.
Le Bon señaló en alguna oportunidad que
los líderes de masas son mayormente neuróticos que, por medio de la
autosugestión, están hipnotizados por la idea que propagan. Y dado que el
estado hipnótico equivale a un estado mental dominado por el automatismo
inconsciente, considera que tanto el líder como la masa actúan de modo
irracional. Pero, al mismo tiempo, Le Bon sostiene que si bien las masas son
generalmente destructivas y moralmente perversas, también pueden actuar
heroicamente bajo el liderazgo de un experto que posea habilidades para
hipnotizar. La aplicación militar de la psicología de masas se justificaba por
esa posibilidad; el líder allí vendría a ser un experto, científicamente
formado, capaz de manipular a los soldados racional y deliberadamente. Ahora
bien, ¿cual de las dos alternativas es la que debe aceptarse?. Si la sugestión
hipnótica es concebida como un proceso en el que interviene una causalidad
interpersonal, no recíproca, las masas no son ni mejores ni peores que las
ideas en las que creen; en ese caso, ya no pueden ser consideradas como buenas
o malas, destructivas o heroicas, esclarecidas o primitivas intelectual y
moralmente. En otras palabras, cualidades como "agresiva",
"violenta" o "cruel" sólo pueden ser atribuidas a las masas
en relación con el contenido del mensaje del líder. Y, entonces, se plantea una
contradicción entre los enunciados que hablan del carácter regresivo de las
masas en general y los enunciados referidos a ciertas propiedades psicológicas
de las masas bajo el liderazgo de un hipnotizador experto, racional, bien
entrenado y autoconsciente.
Existe otra contradicción bastante
evidente que es sintomática de la perspectiva especulativa e ideológica de la
psicología francesa de la masas. Le Bon y sus seguidores acentuaron a menudo
las fuentes instintivas e irracionales de proyectos utópicos como el de los
programas socialista y comunista. Afirmaban que tales programas se dirigían a
mentes incapaces de crítica e invocaban imágenes referidas a un paraíso futuro
o una sociedad ideal. Y esto era particularmente evidente con respecto a la
idea programática, del socialismo y el comunismo, que, en contra de toda
evidencia científica y de una actitud más realista ante el mundo, pugnaba por
transformar una sociedad diferenciada en una sociedad homogénea e igualitaria,
en la que las diferencias interindividuales serían abolidas. El socialismo, se
afirmaba, conduce a la formación de una especie de macro-masa en la que no queda
espacio para el cuestionamiento crítico, la innovación, la independencia o
alguna otra forma de disenso.
Los psicólogos de masas dirigían su
teoría de las elites directamente en contra de tales programas colectivistas.
Al mismo tiempo postulaban que la elite alcanzaba su posición social dominante
en virtud de su inteligencia superior y de su integridad moral. Desde esa
posición social se debía asumir el deber de educar al pueblo. Sin embargo, la
educación había sido definida por Le Bon como "el arte de lograr que lo
consciente pase al dominio de lo inconsciente".[61] Una vez más, el movimiento socialista y comunista,
considerado primitivo y regresivo, no era diferente de los grupos de educación
superior, en la medida en que en ambos casos se trataba de que un líder fuera
capaz de lograr que procesos mentales inconscientes fueran la causa dominante
del comportamiento. De modo que la manipulación de una masa por un conductor
socialista o comunista se basaba en los mismos principios que la educación de
las elites: sugestión y control externo por el líder.
Esta segunda contradicción, a la que
podrían añadirse varias más, muestra que los psicólogos de masas extraían
conclusiones demasiado rápidas a partir de hipótesis específicas sobre la
sugestión hipnótica. Y al aplicar esas conclusiones a los temas de la
naturaleza de las masas y otros agregados sociales semejantes, crearon una
disciplina sesgada especulativa e ideológicamente. Más aun, al atribuir rasgos
regresivos y primitivos a las masas, a partir de los efectos irracionales de la
sugestión hipnótica y del predominio de una imaginación no realista y en la
medida en que subrayaban que su propio conocimiento científico, realista y
crítico, se basaba en el esfuerzo individual de inteligencias superiores puestas
al servicio del progreso, ofrecían paralelamente el pretexto de una batería de
argumentos consistentes en contra de los socialistas y los comunistas de su
tiempo.
Pero ni la falta de evidencias ni esas
notorias contradicciones propias de la psicología francesa de las masas
preocuparon demasiado a Le Bon, sus seguidores y admiradores. En última
instancia, era más importante proporcionar la apariencia de una teoría
psicológica dotada de un enfoque científico, de una estructura muy clara y
ampliamente corroborada por centenares de observaciones. Tal teoría podía ser
empleada como herramienta de análisis o como un arma en la protección de
valores individuales: la eficiencia económica y la superioridad de la elite
contra la amenaza del socialismo igualitario. En vez de tomarse el trabajo de
investigar cuidadosamente las causas históricas y sociales de ese fenómeno
temido,[62] los teóricos franceses psicologizaron superficialmente
problemas sociales complejos.
Conclusión.-
Los análisis históricos de la psicología[63] de las masas pueden ser también relevantes para la
reconstrucción de la investigación del comportamiento y de la comunicación de
masas; y esto por dos razones:
Primero, un exámen retrospectivo de la
investigación realizada en el campo del comportamiento de masas muestra un
número de temas e ideas que son frecuentemente recurrentes desde 1880; entre
ellos están el rol y el impacto de los líderes en grupos más o menos
estructurados, la irracionalidad de las masas, la amenaza potencial para la
sociedad de las minorías rebeldes; la receptividad a la sugestión, las formas
ocultas de la persuasión, el efecto adormecedor [sleeper effect], la pérdida
del autocontrol individual en la masa y el predominio de las emociones en el
comportamiento colectivo. Esa continuidad temática contrasta fuertemente con la
discontinuidad y diversidad de los abordajes teóricos en esa área de
investigación. Tal contraste enfrenta al historiador crítico de la psicología
con una serie de preguntas. ¿Es que esa recurrencia de temas e ideas se debe
primariamente a un sesgo ideológico o de otro tipo, que rellena la
interpretación incompleta de observaciones y datos experimentales con enfoques
o paradigmas teóricos diferentes y parcialmente incompatibles?. ¿Proporciona la
investigación empírica sobre el comportamiento de masas bases suficientes para
una distinción neta entre las creencias de sentido común y las hipótesis
científicas sólidas acerca de la naturaleza de la masa o la multitud?. ¿O es
que la evolución de la investigación en este campo llevó gradualmente a un
cambio en el vocabulario técnico sin que se acompañara de una modificacion de
la comprensión de los fenómenos del comportamiento colectivo, de modo tal que
se puede estar pensando que algo se conoce sobre esos fenómenos cuando sólo se
produce un desplazamiento del vocabulario vulgar al de las ciencias del
comportamiento?. Un marco analítico como el desarrollado en este capítulo se
propone, por lo menos, abrir perspectivas que permitan plantear razonablemente
esta clase de cuestiones.
Segundo, a pesar de la promisoria solidez
de rótulos como "psicología social", "psicología
colectiva", y "psicología de las masas", varios investigadores
destacados, desde 1880, han mantenido por razones diferentes una perspectiva
individualista. Una consecuencia implícita de ello es que el comportamiento de
las masas podría explicarse adecuadamente en los mismos términos que la
conducta individual. Dicho de otro modo, se podría decir que no hay nada
esencialmente diferente en el comportamiento de masas o multitudes si se lo
compara con el comportamiento de individuos reunidos. Pero, entonces, es
posible preguntar si la reducción de un asunto complejo a sus elementos y la
negación de las propiedades que son características del conjunto ‑el
agregado social, la multitud, la masa‑ resultan adecuadas a la tarea de
un análisis científico. La reconstrucción de la psicología francesa de las
multitudes, la primera doctrina psicológica sobre las masas, proporciona un
esquema orientador para encarar problemas tales como la orientación
individualista, el sesgo metodológico y la psicologización de problemas
sociales en la investigación del comportamiento de masas y la comunicacion de
masas desde 1880.
Notas:
** Quiero agradecer a William Woodward y Mitchell Ash por
su ayuda en la preparación y redacción de este capítulo. Al mismo tiempo deseo
expresar mi reconocimiento por las provechosas conversaciones sostenidas con
Serge Moscovici (Paris) y Michael Sommer (Heidelberg).
[1].
Sobre la importancia de tales análisis comparativos en la historia y la teoría
de la psicología, ver Kurt Lewin, Wissenschaftstheorie I, ed. A. Métraux, Bern/Stuttgart,
Huber & Klett-Cotta, 1981.
[2]. La
sospecha de que la psicología francesa de las masas es meramente ideología
expuesta bajo las formas de un discurso científico, ha sido expresada
nítidamente por Theodore Zeldin, quien afirma que Gustav Le Bon "de hecho
ofrece orientaciones metodológicas más que conclusiones basadas sobre una investigación
integral que abordara algo así como las regularidades de la sociedad de.. su
tiempo". Véase France 1884-1945, vol.II: Intellect, Taste and
Anxiety, Oxford, Clarendon, 1977, p. 28. Aunque Zeldin ofrece evidencias
mínimas para fundar sus sospechas me parecen, en principio, legítimas. Pero,
por otra parte, su tesis de que Le Bon desarrolló su punto de vista sobre las
masas sobre la base de la observación de caballos, es una simplificación
grosera que no resiste el menor exámen.
Una sospecha similar sobre la psicología de las masas se halla
en B.F.Porshnev, "Kontrsuggestiya i istoriya" [Contrasugestión e
historia], en B.F.Porshnev & L.I. Antsiferova, eds., Istoriya y
psikhologiya [Historia y psicología], Moscú, Izdatel'stva,
"Nauka", 1971, pp.7-35. En su artículo, Porshnev sostiene que la
historia de la humanidad transcurre entre dos polos: sugestión y
contrasugestión. Le Bon y otros psicólogos de las masas en Francia, reflejarían
solamente el aspecto de la sugestión mientras descartan, acríticamente, el
aspecto contrario de progreso desde la sugestión a la racionalidad científica.
[3]. El único estudio histórico
publicado sobre la psicología de las masas es el de Robert A. Nye, The
Origins of Crowd Psychology: Gustav Le Bon and the Crisis of Mass Democracy in
the Third Republic, London/Beverly Hills, Cal., Sage, 1975. El libro se concentra principalmente en la vida y obra
de Le Bon, asi como en la situación sociohistórica de su tiempo y contiene
información valiosa proveniente de materiales inéditos. Sin embargo, solo
ocasionalmente se ocupa de sus teorías sobre la psicología de las masas, y el
tratamiento de la teoría de la sugestión, que considero central en esa
psicología de las masas, es bastante superficial. Es por ello que prestaré
particular atención al tópico de la sugestión.
[4].
Cf. Serge Moscovici, "Bewusste und unbewusste Einflüsse in der
Kommunikation", Zeitschrift für Sozialpsychologie, 12 (1981), 94.
Moscovici es un autor que suele combinar el estudio de la historia de la
ciencia y la ideología con la investigación empírica en psicología social y
sociología. Entre
sus escritos de historia de la ciencia pueden citarse: L'experience du
mouvement: Jean-Baptiste Baliani disciple et critique de Galilée, Paris,
Herrmann, 1967; "Notes sur le 'De Motu Tractatus' de Michel Varro", Revue
d'Histoire des Sciences et de leurs Applications, II (1958), 108-129;
"L'histoire des sciences et la science des historiens", Archive
Européen de la Sociologie, 7 (1966), 116-126; y su obra La psychanalyse,
son image et son public, 2ª edic. revisada, Paris, PUF, 1976 [traducc.
castellana: Buenos Aires, Ed. Huemul, 1977]. Su última obra trata de la
psicología de las masas en general: L'age des foules.Un traité historique de
psychologie des masses, Paris, Fayard, 1981.
[5]. A
pesar del uso habitual de términos médicos en la psicología de las masas, el
concepto "organismo social" es ajeno a esta disciplina. Ver, por ejemplo, Gabriel Tarde,
Etudes de psychologie sociale, Paris, V.Giard & E.Briere, 1898, p.
135.
[6]. Ver George F. Rudé, The
Crowd in History: A Study of Popular Disturbances in France and England,
N.York, John Wiley and Sons, 1964.
[7].
Acerca de la fallida insurrección anarquista conducida por Kropotkin en Lyon el
18 de marzo de 1870 y los disturbios anarquistas en Montceau-les-Mines en 1879,
que fueron temas de investigación psicológica de las masas, véase, por ejemplo,
Jean Bourdeau, Socialistes et sociologues, Paris, Felix Alcan, 1905, pp.
173-174.
[8].
Sobre la importancia histórica de la prensa como medio de comunicación de la
clase obrera francesa, ver el sugerente trabajo de Jacques Rancière, La nuit
des proletaires, Paris, Fayard, 1981.
La ley de sindicatos hizo
posible la fundación de la Confederation General du Travail, el primer
sindicato francés bien organizado. Sobre el tema de los sindicatos como
cuestión de la psicología de las masas, ver, por ejemplo, Gustav Le Bon, La
Psychologie politique et la défense sociales, Paris, Flammarion, 1912,
pp.202-225; la primera edición es de 1910.
[9]. Joseph Maxwell, La Psychologie
sociale contemporaine, Paris, Felix Alcan, 1905, p. 110.
[10]. Paul Pottier, "La Psychologie
des manifestations parisiennes", La Revue des Revues, 15 de junio
de 1899, 580.
[11]. Gabriel Tarde, L'opinion et la
foule, Paris, Félix Alcan, 1901, pp. 159-226.
[12]. Pottier, "La Psychologie des
manifestations", p. 571. Ver también Le Bon, Psychologie politique,
p. 131.
[13]. Ibid., p. 131.
[14]. Ibid., p. 126.
[15]. Gustav Le Bon, Psychologie des
foules, Paris, Félix Alcan, 1916, p. 25. La primera edición es de 1895.
[16]. Ibid., p. 36; véase también
Maxwell, Psychologie sociale, p. 62.
[17]. Gabriel Tarde, La Philosophie
penale, Lyon, A. Storck, 1890, p. 310.
[18]. George Dumas, "La contagion
mentale, I", Revue Philosophique, 70 (1910), 226.
[19]. Le Bon, Psychologie des foules,
p. 26.
[20]. Bourdeau, Socialistes, p.
127.
[21]. Nye, Le Bon, p. 2.
[22]. La excepción fue Gabriel Tarde,
cuyo trabajo ha sido analizado extensamente por Jean Millet, Gabriel Tarde
et la philosophie de l'histoire, Paris, Librairie philosophique J. Vrin,
1970.
[23]. Ver Alexandre Métraux, "Die
zeitgenössische Würdigung des Wundtschen Instituts durch den französischen
Soziologen Durkheim", en Wolfram Meischner & Annerons Metge (eds.), Wilhelm
Wundt-progressives Erbe, Wissenschaftsentwicklung und Gegenwart, Leipzig,
Karl-Marx Universität, 1980, pp. 244-256. También A. Métraux, "Wilhelm
Wundt und die Institutionalisierung der Psychologie", Psychologusche
Rundschau, 31 (1980), 84-98.
[24]. Véase Alfred Binet et al., Introduction
à la psychologie expérimentale, Paris, Félix Alcan, 1894, pp. 1-16.
[25]. Véase, por ejemplo, Le Bon, Psychologie
politique, pp. 102-117.
[26]. Ver Nye, Le Bon, p. 3.
[27]. Entre los libros de Le Bon que se
orientan claramente a la divulgación pueden ser mencionados los siguientes
títulos: L'évolution de la matière, Paris, Flammarion, 1905 y L'évolution
des forces, Paris, Flammarion, 1907.
[28]. En
los libros mencionados en la nota 27 se incluyen fotografías de los
instrumentos usados por Le Bon en su laboratorio.
[29]. Ver Nye, Le Bon, pp.
256-257.
[30]. La
comparación de la producción de acero ilustra la fuerza de la industria
alemana, que producía, en 1870, 1.262.000 toneladas frente a las 1.178.000
francesas. El incremento en los índices de producción ppor décadas, hasta 1900,
fue para Alemania de 95,95%, 66,13% y 84,15% y para Francia: 46,43%, 13,74% y
39,75%. El tratado posterior a la guerra de 1870-71 obligaba al gobierno
francés a pagar cuatro mil millones de marcos oro a Alemania, a pesar de que
los costos de la guerra habían sido menores para Alemania, aproximadamente dos
mil doscientos millones. La diferencia se usó en inversiones industriales, de
modo que Francia indirectamente contribuyó, con sus propios recursos, a la
industrialización alemana. Véase también Wilhelm Treue, Gesselschaft,
Wirtschaft und Technik Deutschlands im 19. Jahrhundert, Munich, Deutscher Taschenbuch
Verlag, 1975, pp. 229-237.
[31].
Acerca del movimiento neomalthusiano en Francia ver Francis Ronsin, La grève
des ventres. Propaganda
neo-malthusienne et baissé de la natalité en France (XIXe-XXe siecles), Paris, Aubier-Montaigne, 1980.
[32]. La fuente principal de trabajos de
psicología de las masas con orientación militar es François de Négrier,
"Le moral des troupes", Revue de Deux Mondes, 25 (1905),
481-505; Commandant de Grandmaison, Dressage de l'infanterie en vue du
combat offensif, Paris, Berger-Levrault, 1906; y brevete Gaucher, Etude
sur la psychologie de la troupe et du commandement, Paris, Lavauzelles,
1909. Sobre el tema de la superioridad psicológica y moral, véase en particular
Volker Wieland, Zur Problematik der französischen Militärpolitik und
Militärdoktrin in der Zeit zwischen den Weltkriegen, Boppard am Rheim,
Harald Boldt Verlag, 1973, pp. 35-45.
[33]. Ver Nye, Le Bon, pp.
164-166.
[34]. G.
Tarde, L'opinion, p. 2.
[35].
Ibid., p. 13.
[36].
Véase G. Tarde, Etudes, p. 49.
[37]. Ver Maurice Milloud, "La
propagation des idées", Revue philosophique, 69 (1910), 580-600, y
70 (1910), 168-191.
[38]. Para una discusión general del
concepto de sugestión en la psicología de la época, ver R. Brugeilles,
"L'essence du phénomène social: la suggestion", Revue
philosophique, 75 (1913), 593-602.
[39]. Ver G. Dumas, "La contagion
mentale, II", Revue philosophique, 71 (1911), 384.
[40]. Le Bon, Psychologie politique,
p. 139.
[41].
Para una consideración más amplia de la discusión médico-psicológica sobre el
contagio, véase Vladimir M. Bekhterev, La sugestion et son rôle dans la vie
sociale, Paris, Boulangé, 1910, cap. 1. Es la traducción francesa, hecha
por P. Keraval, de Vnushenie i ego rol' v obshchestvennoi zhisni, al
cual se refieren ocasionalmente algunos autores franceses.
[42].
Ver G. Dumas, "La contagion mentale, II", p. 406.
[43].
Sobre el tema de las metáforas y los modelos en la teoría y la historia de las
ciencias, ver Mary Hesse, Revolutions and Reconstructions in the Philosophy
of Science, Brighton, Harvester Press, 1980, pp. 111-124.
[44]. Jean Crocq, L'Hypnotisme
scientifique, Paris, Société d'éditions scientifiques, 1896, p. 205.
[45]. Gabriel Tarde, Les lois de
l'imitation, Paris, Félix Alcan, 1890, p. 82.
[46]. G.
Tarde, Etudes, p. 47.
[47]. Acerca del trabajo de Alfred
Binet, véase Theta M. Wolff, Alfred Binet, Chicago/London, The Univ. of
Chicago Press, 1973. Lamentablemente los
trabajos iniciales de Binet sobre sugestión e hipnotismo no son adecuadamente
tratados por Wolff.
[48].
Sobre la interpretación que Binet hace del asociacionismo, ver su obra La
psychologie du raisonnement, Paris, Félix Alcan, 1896, cap. 1. La primera
edición fue publicada en 1886 y contiene material relevante de los estudios
hechos por Binet durante su estadía en la clínica de Charcot.
[49]. Véase también Alfred Binet &
Charles Féré, Le magnetisme animal, Paris, Félix Alcan, 1887.
[50]. Es
preciso recordar que la fisiología cerebral del momento estaba dominada por la
estricta teoría de las localizaciones, sostenida firmemente por los
descubrimientos de Broca y Wernicke acerca de la neurofisiología del habla.
[51]. Ver Binet, La psychologie du
raisonnement, pp. 64-68.
[52].
Ibid., p. 35.
[53].
Ver A. Binet & Ch. Féré,
"La polarization psychique", Revue philosophique, 10 (1885),
369-402.
[54]. Ibid., p. 390.
[55]. Ver Joseph Delboeuf, Le
magnetisme animal. A propos d'une visite à l'ècole de Nancy, Paris, Félix
Alcan, 1889, pp. 5-24.
[56]. Le Bon, Psychologie politique,
p. 139.
[57]. Ibid., p. 141.
[58]. Le Bon, Psychologie des foules,
p. 18.
[59].
Ibid., p. 103.
[60].
Aunque las teorías evolucionistas formaban parte del pensamiento psicológico
francés sobre las masas, su impacto exacto no ha sido aun analizado. Acerca de
la introducción de la teoría evolucionista en la filosofía y la ciencia
francesas, véase el excelente estudio de Yvette Conry, L'introduction du
darwinisme en France aun XIXe siècle, Paris, J. Vrin, 1974.
[61]. Gustave Le Bon, La Psychologie
de l'education, Paris, Flammarion, 1902, p. 4.
[62].
Hasta lo que conozco, el único autor que realizó un tímido intento de análisis
de las causas socioeconómicas de los fenómenos de masas fue el psicólogo G.-L.
Duprat en su obra La psychologie sociale, sa nature et ses principales lois,
Paris, Librairie Octave Doin, 1920.
[63]. Véase también Erika Apfelbaum,
"Origines de la psychologie sociale en France", Revue Française de
sociologie, 22 (1981), 397-407; Ian Lubek, "Histoire de psychologies
perdues: le cas de Gabriel Tarde", Revue Française de sociologie,
22 (1981), 361-395.
Fuente:
Metraux, Alexandre: "French Crowd Psychology: Between Theory and Ideology", extraído de
W.Woodward y M.G.Ash, The Problematic Science. Psychology in
Nineteenth-Century Thought, New York, Praeger, 1982.
Traducción:
Hugo Vezzetti