CAPÍTULO XVII

EL PSICÓLOGO Y LAS ESCUELAS DE PSICOLOGÍA

 

1. EL PSICÓLOGO

 

El psicólogo es un técnico que trabaja en un campo específico de la psicología o, mejor dicho, es el que trabaja sistemáticamente con la psicología en cualquier campo de la actividad humana. Ser psicólogo es ejercer el oficio de la psicología. Con esto queremos significar, entre otras cosas, que no se es psicólogo con la información teórica o la versación bibliográfica, sino con la aplicación del conocimiento a una tarea que, a su vez, enriquece, confirma o rectifica el conocimiento. Conocer implica, necesariamente, la aplicación del conocimiento. Teoría y prác­tica son dos momentos de un solo proceso en permanente interjuego e interacción dialéctica, de tal manera que desarrollan entre sí todas las posibilidades de la contradicción y la síntesis dialéctica.

Las contradicciones entre teoría y práctica constituyen todavía un hecho común en psicología; nos referimos a las contradicciones que permanecen estereotipadas, que no se dinamizan, que no hacen eclo­sión y que, por lo tanto, no tienden a ninguna resolución. Peor aún, toda solución o adelanto intentado por otros es vivido como un ataque o movilización de la estructura realmente neurótica, de inmovilización y estereotipia. A veces se llama a sí mismo psicólogo, aquel que critica y rechaza todas las psicologías; o aquel que espera que algún día se re­suelvan los problemas de la psicología. De la actitud de los psicólogos frente a la psicología se puede realizar un estudio, que se va haciendo indispensable, sobre la psicología y psicopatología del psicólogo y de la investigación psicológica.

El psicólogo debe tender a una insensible continuidad entre su quehacer como oficio y su experiencia como ser humano, por el mero hecho de vivir. Esto, que es tan difícil de conseguir, resguarda el disociar y separar la psicología de la vida concreta de los seres humanos, que es el objeto de estudio.

El psicólogo enfrenta problemas muy peculiares en su tarea frente al objeto de estudio, junto con otros que son comunes a todo campo científico. El ser humano a quien tenemos que estudiar es muy seme­jante a nosotros, y estudiando al otro nos estudiamos e investigamos, en cierta medida, nosotros mismos. Este hecho hace más intensas y agudas las ansiedades que crea todo campo de trabajo y toda investigación. Por otra parte, el instrumento con el que trabaja el psicólogo es su propia personalidad. El contacto directo, personal, con el objeto de estudio es condición impostergable de la tarea psicológica. Y —en psicología- el objeto de estudio son siempre seres humanos.

Investigar implica siempre enfrentarse con lo desconocido e —in­clusive— desconocer, extrañar lo que conocemos o lo que creíamos ya conocer; es decir, problematizar y crear ansiedades. La investigación implica siempre la necesidad y posibilidad de tolerar un cierto cuantum de ansiedad en el campo de trabajo, que actúa como un incentivo de la tarea, pero cuando dicha ansiedad sobrepasa un cierto límite se constituye en un obstáculo para el conocimiento.

Con todo esto señalamos la necesidad de integrar no solamente teoría y práctica, sino que esta integración, que es la base de la tarea del psicólogo, no puede realizarse si no se investiga siempre lo que se hace y cómo se lo hace, mientras se lo está haciendo.

Las ansiedades en el campo de trabajo del psicólogo son mucho más intensas que en cualquier otro campo científico. Y ello explica, en parte, el que las ciencias del hombre se hallen en retraso con respecto a las ciencias de la naturaleza. La psicología problematiza indefectiblemente situaciones personales y —sin esto— no hay psicología, pero si la ansiedad resulta exagerada, también se perturba el aprendizaje, la aplicación y la investigación.

Por todo ello, las distintas formas de evasión son muy comunes en los psicólogos, tanto como las distintas formas de racionalizar dichas eva­siones. El bloqueo frente al objeto de conocimiento es también un hecho muy frecuente, al que se agregan —como defensas— la estereotipia y el dogmatismo. No se olvide que las ideologías y teorías científicas refle­jan un cierto grado de la realidad pero, además, son conductas y —por lo tanto— manifestaciones con las que se elaboran tensiones y ansieda­des a las cuáles el sujeto se opone (aunque sea psicólogo), porque le implica movilizar conflictos. En todo este proceso, un recurso frecuente es el de evadirse del contacto directo con el objeto de estudio, recu­rriendo a instrumentos y técnicas auxiliares, distorsionándolos; el ins­trumento o la técnica dejan, con frecuencia, de ser un medio auxiliar para convertirse en el objeto que tiene que estudiar el psicólogo. Por ejemplo, el psicólogo en estos casos ya no estudia los seres humanos con un test, sino que pasa a estudiar e investigar el test mismo mientras los seres humanos pasan a constituir un medio (de estudiar el test), y lo que tiene que ser parte de su tarea se convierte en lo fundamental, desplazando la relación directa y personal con el hombre. Especial-mente los tests se han convertido con gran frecuencia en medios de transacción que permiten evadirse de la psicología, en una evasión a medias.

El psicólogo debe trabajar con un cierto grado de disociación: en parte identificado proyectivamente con el objeto de estudio y en parte fuera, observando lo que ocurre. Esta disociación debe a su vez ser dinámica y no estereotipada, tiene que establecerse y ser mantenida con una distancia óptima.

El trabajo en equipo o el trabajo grupal es una exigencia básica para el psicólogo, porque resulta más fácil cualquier u distorsión de su tarea cuanto más trabaje en forma individual y aislada. Esto último es lo que ha pasado hasta ahora, en gran medida, porque el aislamiento era lo único en que podía confiar el psicólogo, para no ver lesionado su narcisismo al tomar conciencia de sus limitaciones teóricas vio prácticas.

 

 

2. TRABAJO DE CAMPO

 

El psicólogo no solo debe tener un campo de trabajo, sino que ade­más tiene que hacer trabajo de campo; es la exigencia fundamental para integrar teoría y práctica y superar las situaciones en las que es distinta la gente que realiza las observaciones de la que teoriza sobre las mismas, o —inclusive— que se observe y opere con un fenómeno mientras se teoriza sobre otros. Esto no implica la prohibición de espe­cular, pero obliga a que se tenga en cuenta cuándo se está especulando sobre hechos directos y cuándo se ha perdido el contacto con los mismos. Hay que tener siempre la posibilidad de distinguir entre hipótesis, teo­rías y opiniones.

El trabajo de campo surge como exigencia contra la especulación vacía, es decir, no apoyada en hechos concretos y reales o directamente recogidos. El trabajo de campo es la tarea que tiene que desarrollar per­sonalmente el investigador, en el campo de trabajo y en relación con .los hechos o fenómenos que se estudian, recogiendo los datos mediante su participación directa.

No basta estar o concurrir al sitio o al campo de trabajo, sino que, como hemos dicho, se requiere que se haga trabajo de campo. Inclusive, es deseable también para el dedicado a la psicología filosófica que rea­lice intensivamente un trabajo de campo.

La exigencia de trabajo de campo no es solamente un mejor con­trol de los datos con los que tiene que trabajar el psicólogo, sino que es la condición para superar antinomias, para ir ya trabajando con los datos mientras son recogidos, y esto ya repercute sobre la forma más adecuada de recogerlos; de esta manera, el trabajo de campo se puede transformar en una verdadera indagación operativa, en la que coinciden en gran medida la investigación con la aplicación, la teoría y la práctica. En este sentido, la técnica psicoanalítica es un procedimiento privile­giado, en el que no se puede llenar el objetivo (terapéutico en ese caso), si no se investiga al mismo tiempo: solo se logra lo propuesto (curar) investigando y aplicando los resultados de dicha investigación.

 

3. ¿CUÁNTAS PSICOLOGÍAS?

 

Tenemos evidentemente derecho a preguntar si la psicología es una ciencia, o si hay muchas psicologías, cada una de las cuales es —por se-parado— una ciencia en sí misma. Con frecuencia, la exposición y las polémicas lo pueden hacer creer así. Estamos todavía frente a una frag­mentación y dispersión del conocimiento psicológico, una verdadera división esquizoide, una enfermedad infantil de la psicología por la que —por otra parte— han pasado o están pasando todas las disciplinas científicas; la matemática, por ejemplo, solo se inicia en el siglo XIX, hasta entonces fueron "las matemáticas".

Las corrientes o escuelas psicológicas son presentadas exclusiva-mente como contradictorias, solo en los aspectos en que las mismas se oponen; pero falta, sin duda, considerar que la contradicción no excluye la unidad y que tampoco es un índice decisivo, por sí misma, de incom­patibilidad. Aquí, otra vez, operamos con la fragmentación y disocia­ción metafísica, o bien aplicamos el materialismo dialéctico reconstru­yendo el proceso de donde han derivado todas las posiciones. El pano­rama de la psicología contemporánea es altamente promisorio, y la crisis de las escuelas y los métodos, la consiguiente fragmentación y dispersión, es una crisis de desarrollo, totalmente positiva. De otro modo, sería como quejarse de la crisis de la adolescencia, o desear que no haya tenido lugar, cuando ella es la condición indispensable del desa­rrollo, integración y madurez.

De cada innovación o descubrimiento se puede hacer un sistema. Lo peor es que solamente se ha procedido así. Lo que tenemos que llevar a cabo en la actualidad es "desmontar" los sistemas y reubicar lo que realmente se ha hallado. La complicación reside en que lo hallado tiene sentido dentro del sistema. De esta manera, encontrar el proceso uni­tario no es una mera adición o superposición: significa una nueva cons­trucción que contenga las anteriores, pero que no sea ninguna de ellas, que las niegue dialécticamente, sobrepasándolas a todas, pero contenién­dolas. De lo que se trata, en última instancia, es de romper esquemas metafísicos y falsas antinomias, recogiendo en la teoría las contradicciones del proceso mismo y no pretendiendo "enderezar" las contradicciones. Éstas nunca se resuelven por exclusión o eliminación, sino solo por una superación dialéctica (Aufhebung).

Refiriéndose a todo esto, dice Piéron que "la diversidad de las cien­cias de la naturaleza proviene más de la ciencia que de la naturaleza" y, en forma similar, Murphy: "las escuelas de psicología pueden pelearse con respecto a ellas, pero el conflicto no está en la naturaleza, sino en los esquemas escolásticos". No creo que sea así. El conflicto está en la naturaleza y en los hechos que estudiamos, y éste es el conflicto que se refleja en las escuelas y las peleas de los psicólogos. La escolástica de

los esquemas no reside en reflejar esta lucha y contradicción de la reali­dad, sino en escindirla y dispersarla en elementos que luego se contra-ponen metafísicamente como excluyentes. La metafísica reside en la necesidad de exclusión, en la premisa "de uno u otro". La superación de los esquemas escolásticos no reside en escoger uno de los términos del conflicto, sino en admitir el conflicto como carácter fundamental de todo proceso, en reconstruir la unidad del proceso. La síntesis dialéctica im­plica conceder un lugar preponderante a la interacción de los contrarios.

Cada escuela psicológica se ha construido sobre un segmento de la realidad total, con un momento del proceso dialéctico de la investigación y con esquemas referenciales privativos o relacionados con los sistemas ideológicos con los que .han trabajado los psicólogos, explícita o implí­citamente, consciente o inconscientemente. Una complicación más reside en el hecho de que en función de todo el proceso que acabamos de exponer, los hechos y fenómenos sufren con gran frecuencia una tras-posición que los transforma en entes de independencia propia. De esta manera, cada escuela es un fragmento de una única totalidad, que hay que reconstruir. Pero esta tarea solo es posible ahora por el desarrollo fragmentario y metafísico que, de todos modos, ha sido la forma en que pudo irse dando el desarrollo científico en psicología.

"Para la discusión viva —escribió Lefebvre— hay algo de verdad en toda idea. Nada es entera e indiscutiblemente verdadero; nada es abso­lutamente absurdo y falso. Confrontando las tesis, el pensamiento busca espontáneamente una unidad superior. Cada tesis es falsa por lo que afirma en forma absoluta, pero verdadera por lo que afirma relativamente (su contenido); y es verdadera por lo que afirma relativamente (por su crítica bien fundada de lo otro) y falsa por lo que niega absolutamente (su dogmatismo)."

Entre nosotros, todavía y en gran medida, las teorías no se emplean para investigar, sino como garrotes para discutir y como casilleros para filiar a los psicólogos. Ocurre, aquí también, lo que según Piéron se da en Estados Unidos, donde "parece que un psicólogo debe pertenecer a una escuela, de la misma manera en que un estudiante forma parte de alguna sociedad o de algún club".

De una u otra manera, lo que han estudiado las distintas escuelas en psicología ha sido siempre la conducta, pero tomando de ella distintos fragmentos o distintos momentos de su proceso, en el que tienen ubica­ción como momentos subordinados unos a otros y que en la totalidad alcanzan otro sentido.

 

4. CONDUCTA Y ESCUELAS

 

La conducta, como totalidad unitaria, ha sufrido en la historia de la psicología una división que aún subsiste, en gran medida, sin ser superada: por un lado se reconocen los fenómenos del área de la mente y, por otro, los de las áreas dos y tres. Todas las escuelas o corrientes psicológicas que han estudiado el área uno, considerándola como el objeto de la psicología, o que —aun— habiendo estudiado además las áreas dos y tres, las consideran subordinadas, supeditadas o dependientes del área uno, son las corrientes que se han denominado "Mentalistas". Por el contrario, todas las que han definido el objeto de la psicología con los fenómenos de las áreas dos y tres, negando la existencia de los fenómenos del área de la mente o bien supeditándolos a los primeros, se llaman genéricamente "Behavioristas". Entre los primeros se cuentan tanto el Estructuralismo introspectivo de Wundt y Titchener, como el psicoaná­lisis. Entre los segundos se ubica indudablemente el Behaviorismo de Watson. Entre los esquemas mentalistas de Wundt y Titchener por un lado y el psicoanálisis por otro, la diferencia reside —entre otras— en que este último incluye también las áreas dos y tres, pero haciéndolas depender de un previo contenido mental, de una calidad distinta (inconsciente).

Un intento de sobrepasar o superar esta división entre mentalismo y behaviorismo lo constituyen las corrientes fenomenológicas y el beha­viorismo intencional de Tolman. Igualmente, el concepto de conducta que postulamos y que hemos desarrollado hasta aquí.

La reflexología debe ser también ubicada entre las escuelas behavio­ristas y, contrariamente a lo que se cree con frecuencia, la reflexología se basa mucho más en la psicología y la psicopatología que lo que estas últimas se basan en la reflexología. En rigor, no hay psicología reflexo­lógica, y lo que se llama así es no otra cosa que la psicología tradicional reinterpretada reflexológicamente, o bien la utilización de conocimientos aportados por el psicoanálisis y otras escuelas, con un encubrimiento de sus fuentes, como es el caso, por ejemplo, de Platonov o de Sviadosch. Tampoco lo que se llama psicología reflexológica es una psicología expe­rimental, sino, en todo caso, una psicología experimentalista que con toda lógica debiera ser llamada Metarreflexología.

 

5. LA CRISIS DE LA PSICOLOGÍA

 

El concepto de crisis está demasiado ligado a ruptura, decadencia prolegómeno de muerte. Mucho menos se relaciona la crisis con lo que se está gestando, con lo que está naciendo en el seno de lo que ha llegado a su destrucción y desaparición. Lo mismo señaló Unamuno para la palabra agonía.

Todo esto se aplica a la psicología, en la que todo su florecimiento y desarrollo está ligado a una crisis y ruptura con la psicología tradicio­nal y al mantenimiento de un permanente estado de crisis o estado agónico. La psicología va a dejar de evolucionar y progresar en el mo­mento en que deje de estar en crisis. La crisis de la psicología tradicional comienza a fines del siglo pasado y comienzos del presente, en que el advenimiento de distintas escuelas ataca sus postulaciones o pilares bási­cos. Es así como en el curso de pocos años aparecen el psicoanálisis, la Gestalt, el conductismo, la reflexología, la topología, la psicología fenome­nológica y una gran cantidad de sus escuelas.

Si admitimos unitariamente la existencia de una psicología tradicio­nal —como es lícito hacerlo—, podemos decir que sus características eran las siguientes:

a)   Su condición de psicología de la conciencia, es decir, la concien­cia como objeto de estudio de la psicología.

b)   Su estrecha dependencia de un método que se consideraba irrem­plazable para el estudio de la conciencia: la introspección.

c)    A semejanza de las ciencias de la naturaleza, se aceptaba la for­mulación elementalista: la necesidad de reducir los fenómenos complejos a elementos (átomos), es decir, unidades irreductibles, con los que se podía reconstruir y formar todos los fenómenos complejos. Compañero insustituible del elementalismo es siempre, de una u otra manera, el asociacionismo.

Conciencia, introspección y atomismo son los pilares de la psicolo­gía tradicional, a los que vienen a atacar y poner en crisis las modernas escuelas psicológicas. El psicoanálisis se opone fundamentalmente al punto a de la psicología tradicional; amplía el campo de la psicología con la inclusión y estudio de los fenómenos inconscientes, destronando la conciencia de su puesto central en la psicología. La Gestalt ataca fun­damentalmente el punto c, introduciendo sistemáticamente el concepto de la totalidad originaria de los fenómenos psicológicos; ya antes del advenimiento de la escuela de la Gestalt, un principio similar fue des-arrollado por las escuelas funcionalistas. El conductismo ataca básica-mente los puntos a y b de la psicología tradicional. La reflexología ataca igualmente los puntos a y b.

Pero cada una de estas escuelas queda con un compromiso con alguno de los supuestos fundamentales de la psicología tradicional. El psicoanálisis, el behaviorismo y la reflexología se estructuran sobre la tra­dición elementalista y asociacionista. La Gestalt ataca específicamente este último punto, pero su compromiso queda establecido con la psicología de la conciencia y la introspección. La psicología fenomenológica, en alguno de sus cultores, tiende a superar este parcelamiento de la crisis, pero con inconsecuencia, confusión y mezcla de innovaciones y compro­misos, utilizando ampliamente tanto el aporte de la Gestalt, como del psicoanálisis.

Politzer, ya en 1928, entrevió este panorama y se propuso el enfren­tamiento de los progresos y contradicciones de todas las escuelas, porque ninguna de ellas alcanzó una visión unitaria y total, concreta y realista de los fenómenos psicológicos. La disolución de los límites entre las escuelas es la disolución de una fragmentación metafísica, y ésta es la

crisis de la psicología contemporánea. Y éste es el índice de su pujanza y perspectiva. No tiene futuro lo que no es capaz de entrar en crisis y agonía.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

BUYTENDIJK, F. J. J.; EVANS PRITCHARD, E. E.; GRAMSCI, A.; LAGACHE, D. (b, c, e); MURPHY, G. (b); PIÉRON, H.; PICHON RIVIÉRE, E. (e); POLITZER, G. (a, b); REIK, T.

 

 

 

 


ESCUELAS

Estructuralista

Funcionalista

Gestalt

Behaviorismo

Psicoanalisis

Topología

Reflexología

Objeto de estudio

Conciencia

Conciencia y conducta

Conciencia

Comportamiento

Inconsciente

Comportamiento

Comportamiento

Tópicos principales

Sensación

Adaptación, Learning

Percepción y memoria

Comportamiento animal

Neurosis

Psicología Social

Condicionamiento

Método

Introspección y Experimental

Introspección y Observación

Introspección y Observación

Experimental

Método clínico: Asociación libre.

Experimental

Experimental

Encuadre

Atomista

Totalista

Totalista

Elementalista

Elementalista

Totalista

Elementalista

Nivel de integración

Biológico

Biológico

Biológico y Psicológico

Biológico

Biológico y Psicológico

Físico y Fisiológico

Biológico

Áreas

Mente

Mente y mundo exterior

Mente

Cuerpo y Mundo exterior

Mente

Cuerpo y Mundo exterior

Cuerpo y Mundo exterior

Año de comienzo (aproximado)

1879

1896

1912

1913

1892

1912

1902

Autores

Wudt

Titchener

Dewey

Woodwörth

Wertheimer

Koehler

Koffka

Watson

Freud

Lewin

Pavlov