Libido y Sociedad: civilización, sexualidad y represión.
¿Es posible pensar una ficcionalizacion del hombre, a partir de la perspectiva de Marcuse acerca de los procesos de civilizacion y especializacion del trabajo?

Cristian Tomás Roque Forciniti

Introducción:

           El desarrollo de este informe, consiste en abordar la pregunta acerca de si desde las conceptualizaciones de Herbert Marcuse, en relacion al hombre atravesado por los procesos de civilización y especialización del trabajo, se puede pensar en un hombre ficcionalizado, es decir, un hombre que deja de ser verdadero para pasar a ser un sujeto que vive y trabaja para necesidades que le son impuestas desde afuera, un individuo que reprime la satisfacción de sus instintos, que posterga sus propias necesidades de satisfacción; en suma, que se aleja de su propio deseo para vivir en función de los deseos del otro. 

           Para referirme al tema, tomaré los desarrollos de Herbert Marcuse (1898-1979), en su libro ¨Eros y Civilización¨ del año 1955, en el que toma la teoría freudiana para hacer un análisis de cómo la civilización impone la represión de los instintos humanos y la postergación de su satisfacción inmediata; reemplazando de este modo el principio del placer por el principio de la realidad, al que propondrá llamar principio de actuación.

           El trabajo estará dividido en diferentes apartados, comenzando por el reemplazo del principio del placer por el de realidad, seguido haré un análisis de cómo se van desarrollando las diferentes instancias en el aparato psíquico en paralelo con el de un aparato represivo.  En los apartados siguientes tomaré la represión como mecanismo que está afectado por el tiempo, dejando así de ser del orden de la naturaleza, y la enajenación del hombre que me posibilita pensar en una ficcionalización.

Civilización y principio de realidad

           Para comenzar el trabajo sería interesante plantear primero una cuestión de base que guiará las futuras explicaciones más detalladas acerca de la pregunta que me propongo responder y para poder entender los conceptos que subyacen a las mismas.

           Herbert Marcuse, toma de Freud la idea de que el desarrollo del hombre a nivel social, cultural o histórico, es a la vez la historia de la represión,  y esto porque a medida que el hombre va adentrándose en la civilización, se encuentra con la necesidad de controlar la satisfacción de sus instintos.   El autor incluso propone que la civilización comienza en el punto donde esa satisfacción es abandonada. 

           Con lo cual, se podría decir que se produce un pasaje de gobierno del principio del placer al principio de realidad, esa satisfacción inmediata por la que lucha el principio del placer comienza a entrar en conflicto con el ambiente y el individuo debe aceptar que la satisfacción deja de ser inmediata para pasar a ser retardada y por lo tanto el placer restringido.  A partir de aquí se puede ver un cambio en el sujeto y es que éste comienza a hacer uso de su razón, el hombre ¨Llega a ser un sujeto consciente, pensante, engranado a una racionalidad que le es impuesta desde afuera¨[1]

           Se puede observar entonces el desarrollo de un individuo que va creciendo y desarrollándose en un sistema de instituciones que materializan el principio de realidad a través de la ley y el orden, por ejemplo.  Éstos requerimientos se introyectan en el aparato psíquico y nos permiten ver cómo a partir de procesos sociohistóricos es que se va desarrollando el individuo reprimido; ambos temas serán abordados en los apartados subsiguientes.

Aparato psíquico y represión

           En este apartado me propongo hacer un recorrido por las diferentes instancias que van configurando el aparato psíquico del ser humano, y que si tenemos en cuenta  que éstas se van formando en el interjuego con el mundo exterior, van a estar íntimamente ligadas al desarrollo de la represión.

           Freud en su segunda tópica plantea tres instancias en el aparato psíquico del ser humano: el ello, el yo y el superyó, éstas enfrentan por un lado a las necesidades instintivas y por otro a la sociedad y sus requerimientos.

           Comenzaré con el Ello que es la sede de los instintos, es una instancia que se caracteriza por tratar de mantenerse al margen de las exigencias del principio de realidad y está en constante lucha por obtener la satisfacción de tales necesidades, es decir que está bajo el mandato del principio del placer.  Es interesante destacar que este Ello, es ahistórico, es decir que no está afectado por el tiempo, aunque un fragmento del mismo que es aquél que está encargado de la recepción de los estímulos se va diferenciando y constituyendo el Yo o ego de acuerdo a los términos propuestos por H. Marcuse en su obra Eros y Civilización.

           El ego entonces, se convierte en el representante del mundo exterior frente al ello y desarrollará las funciones de coordinar, alterar, organizar y controlar los instintos del id o ello para que estos no entren en conflictos mayores con la realidad, con lo cual no estamos hablando de otra cosa más que de la represión, o sea de la modificación o suspensión de los impulsos para que estos sean acordes a la civilización, es así que el yo se encarga de reemplazar el principio del placer por el principio de la realidad, tema tratado en la sección anterior del informe. 

           Por último resta caracterizar la otra entidad, es decir el Superyó.  Antes hablaba de cómo son introyectados aquellos requerimientos sociales en el aparato psíquico, éstos, encuentran su sede en el Superyó, de este modo, será el representante de la moral humana y por lo tanto del sentido de la culpa que surgirá frente aquellas transgresiones o deseos de transgredir, será el encargado de indicarle al ego la puesta en marcha de la represión.

Éstos mandatos se van transformando de esta manera en reacciones inconscientes automáticas, y esto es fundamental para el desarrollo de la civilización dado que los instintos son así reprimidos, congelados en pos de la ¨adherencia a un status quo¨ .  Esto me lleva a pensar en la renuncia a la libertad que implica para el individuo entrar en la civilización, que no es otra renuncia que la de dejar de ser auténtico para convertirse en lo que yo propongo llamar hombre-ficción, en la renuncia a las propias necesidades en pos de la organización sociohistórica vigente.

Historicidad de la represión:

           ¨El principio de la realidad sustenta al organismo en el mundo exterior.  En el caso del organismo humano, éste es un mundo histórico[2]

¿Qué quiere decir esto?  Vimos que el ser humano al enfrentarse con el ambiente debe ir introyectando aquellos mandatos que la sociedad le impone, generando en su aparato psíquico una instancia que es la encargada específicamente de eso, pero ese ambiente que el sujeto enfrenta no es igual  al que se enfrentan otros seres vivos, es decir que no es natural sino un mundo exterior caracterizado por su historicidad.  Asimismo, esas instituciones, las leyes, el orden, modos de comportamiento, etcétera; responden a una determinada organización sociohistórica de la realidad. 

           En este punto, el autor  plantea una naturalización del proceso represivo en la obra freudiana de acuerdo a la generalización del impacto del principio de realidad en el aparato psíquico, dejando de este modo la variable sociohistórica al margen.  Sin embargo Herbert Marcuse argumenta que si bien esta crítica es válida, en toda la teoría psicoanalítica está tomada en cuenta la organización sociohistórica al tomar como responsable de la puesta en marcha de la represión, al principio de realidad.

           Hay dos términos importantes que surgen a partir de estas consideraciones, es decir a partir de la inclusión del componente histórico en los términos freudianos y que serán útiles para el posterior desarrollo del informe.  Por un lado el de represión excedente, ésta es diferente de la represión básica que se refiere a la modificación de los instintos para perpetuar la raza humana, ya que hace referencia más bien, a las restricciones adicionales resultantes de las diferentes formas de dominación y sus correspondientes instituciones, es decir que de acuerdo al tipo de organización social, el individuo estará sujeto a determinadas normas, formas de comportamiento y establecerá relaciones sociales adecuadas para ese tipo de dominación, pero este concepto apunta fundamentalmente a aquellos controles que exceden a los necesarios para el funcionamiento de la sociedad.   El ejemplo que propone Marcuse para este concepto es el de las restricciones que se imponen para el mantenimiento de la familia patriarcal monogámica, que por supuesto, es una restricción contingente para el funcionamiento de la sociedad civilizada.

Además, propone el concepto del principio de actuación, que es la forma histórica del principio de realidad.  En el apartado primero, hice referencia a cómo en el proceso de civilización, el principio del placer es reemplazado por el principio de realidad, es decir que el sujeto se ve obligado a retardar la satisfacción de sus deseos o incluso resignarla para no entrar en contradicciones con el ambiente que lo circunda, con lo cual el control y la coordinación de los impulsos que el Yo llevará a cabo, no estará aislado de la realidad prevaleciente, no estará al margen de la época y del modo de dominación, sino que por el contrario, tomará la forma que estos vayan tomando.  Un ejemplo breve de ello, es la influencia de la duración de la jornada laboral; continuando con los aportes del autor, el individuo durante el día de trabajo se ve obligado a suspender la satisfacción de los instintos, es decir, que está sujeto a un proceso represivo, pero este no será igual en una organización en la que la jornada laboral ocupa prácticamente el día entero que en otra que es más breve, de este modo se observa, al menos desde un aspecto, el principio de realidad en relación a las formas históricas prevalecientes, es decir, el principio de actuación.

Una vez aclarados estos puntos, es decir, el desarrollo del aparato psíquico en el ser humano a partir del contacto con el ambiente, además que este ambiente es sociohistórico y teniendo en cuenta estos dos últimos conceptos, trataré a continuación la ficcionalización del hombre que planteo en la pregunta que guía mi informe de lectura.

Enajenación y ficcionalización del hombre:

           Retomo el tema de la satisfacción, dado que para satisfacer las necesidades hay que encontrar los medios para lograrla, y eso me lleva a hablar del trabajo.

Si se observa el tiempo que el hombre destina al trabajo en la civilización, se hace evidente que el tiempo que el hombre se ve obligado a  destinarle, ocupa prácticamente la existencia entera del individuo y por lo tanto el placer se ve absolutamente acotado, el placer deja de prevalecer y la represión comienza a imperar. 

           Se me hace necesario aclarar que esto corresponde al trabajo en una determinada organización, en la que la escasez no es distribuida equitativamente o por lo menos de acuerdo a las necesidades individuales, que me hace pensar en el modo de organización del sistema capitalista en el que tanto la distribución de la escasez como las formas de trabajo necesarias para superarla han sido impuestas a los individuos por el poder racional.  Y la racionalización puesta al servicio de la dominación ha generado diferentes formas históricas de represión, según si la producción social tiene como eje el consumo individual o la ganancia, si prevalece una economía de mercado o una economía planificada, si la propiedad es privada o colectiva, etc.

           Entonces, de acuerdo a estas formas del principio de realidad, se van a ir desarrollando instituciones, leyes y relaciones sociales que van transmitiendo la represión de los impulsos de acuerdo a sus necesidades.  Y así, el control deja de ser en base a aquellos requerimientos necesarios para el desarrollo de la civilización y exceden este campo, y aquí Herbert Marcuse, utiliza el concepto de represión excedente, un ejemplo de la misma es el control de los impulsos sexuales parciales. 

           La sexualidad, si partimos de la teoría freudiana, es perversa y polimorfa, es decir que no se limita a la genitalidad sino que cualquier parte del cuerpo puede ser objeto de placer sexual, cualquier parte puede convertirse en una zona erógena.  Pero en la organización de la civilización esta sexualidad parcial se ha visto obligada a emprender una unificación en la zona genital.  Esto quiere decir que los mismos impulsos sexuales también han sufrido el impacto del principio de la realidad y han tenido que subordinarse a esta primacía de lo genital, y con esto obviamente lo que se produce es que la sexualidad no solo deja de ser así polimorfa sino también perversa, porque ya no sería una sexualidad por placer sino una sexualidad con un instrumental, de un medio y no de un fin.  ¿Por qué un medio?, porque pasa a ser un medio de reproducción de la especie.

           Ahora bien, se desprende por contraste de lo anterior, que la idea del autor acerca de la sexualidad es que ésta apunta al placer, y para avalar esta afirmación, me valeré de una cita: ¨El contenido primario de la sexualidad es la <función de obtener placer de las zonas del cuerpo>; esta función solo subsecuentemente es puesta al servicio de la reproducción¨[3].  Si partimos de esta concepción de la sexualidad, vemos que hay una alteración de la misma, la gratificación de los instintos parciales pasa a ser un tabú o pasa a ser solo el preludio para la reproducción. 

           El hombre así, durante el día de trabajo renuncia a su libertad de ser el sujeto-objeto libidinal que es y desea ser.  Entonces, aparece la pregunta ¿es una ficción del hombre lo que aparece aquí?.

           Podríamos pensar que es en la organización capitalista donde se hace más presente esta ficcionalización del hombre, porque el trabajador está al servicio de un aparato que es incontrolable desde su lugar, que ejerce un poder al que los individuos deben someterse para no quedar al margen y que este poder se independiza cada vez más a medida que la división del trabajo se hace cada vez más especializada, con lo cual como resultado del principio de actuación de la sociedad capitalista, se obtiene un hombre que mientras trabaja no satisface sus propias necesidades sino que solo realiza funciones preestablecidas,  Por consiguiente, si es un hombre que no está respondiendo a su propio deseo sino al ajeno, ¿es un verdadero hombre o es una ficción del mismo?

Valiéndome de los argumentos de Herbert Marcuse, me es plausible responder que el individuo está actuando de acuerdo a lo que se supone que debe desear, y obtiene satisfacción para él y para los demás, pero este hombre que se satisface aparece en los momentos de ocio, aunque también en algunos momentos de la jornada laboral, que son momentos en los que la represión desaparece y le permite de este modo continuar sus acciones y perpetuar su trabajo y el de los demás.

Pero, si volvemos a la ontogénesis del aparato psíquico, en la que hice referencia a la formación del Superyó, sede de las introyecciones de los mandatos sociales, culturales y morales, podemos también recordar que por medio de esta instancia y con la represión proveniente del ego, se van configurando en el sujeto modos de actuar automáticos, inconscientes.  Y con esto surge otra pregunta que quedará en suspenso: ¿El hombre enajenado frente a los mandatos impuestos por el ambiente y por determinados modos de organización, renuncia a ser un verdadero hombre para ser una ficción; o la introyección de los mandatos sociales y culturales que generan esas respuestas automáticas muestran a un hombre actuando de acuerdo a su propio deseo?

CIERRE:

En este informe, he hecho un recorrido por aquellos conceptos que propone Herbert Marcuse para pensar los procesos a los que se ven sometidos los sujetos en el desarrollo de la civililzación y la especialización del trabajo y que dan como resultante un hombre que se ve obligado a suspender la satisfacción de sus instintos y de sus propios deseos, en virtud de las diferentes formas de dominación.

El autor parte de la idea de que el ser humano en pos de la vida en civilización se ve obligado a postergar la satisfacción de los instintos, o sea, a reemplazar el principio del placer por el de realidad.  Durante este desarrollo de la civilización y de la especialización del trabajo, que por supuesto va a ir adquiriendo diferentes formas, se le irán imponiendo al sujeto determinados comportamientos, algunos van más allá de aquellos que son necesarios para la vida en sociedad y tienen que ver exclusivamente con el modo de dominación prevaleciente.  De este modo, el ser humano se va alejando de sus propios deseos y comienza a vivir respondiendo a los deseos de los demás, a enajenarse, y es a partir de aquí que surge mi pregunta acerca de una posible ficcionalización del hombre.

Para responder a ella, también hice un breve recorrido por la ontogénesis del aparato psíquico, en el que se muestra la introyección de esos requerimientos sociales que exceden la voluntad del sujeto y pasan a formar parte de su aparato psíquico.

Teniendo en cuenta entonces, la postergación de la satisfacción de los instintos, la represión excedente y la introyección de los mandatos sociales que imponen las diferentes formas de dominación, creo que es muy factible responder positivamente a mi pregunta, dado que a partir de todas estas influencias el individuo se aleja de sus propios requerimientos y vive en función de los necesarios para el mantenimiento de determinadas organizaciones sociales.



Notas:

[1] Herbert Marcuse, ¨Eros y civilización¨, Biblioteca Breve de Bolsillo, Ed. Seix Barral, S.A. Barcelona 1970, p. 27.

[2] Herbert Marcuse, ¨Eros y civilización¨, Biblioteca  Breve de Bolsillo, Editorial Seix Barrial, Barcelona 1970, p. 44.

[3] Herbert Marcuse, ¨Eros y civilización¨, Biblioteca Breve de Bolsillo, Ed. Seix Barral, S.A. Barcelona, 1970, p 51